Domingo I de Cuaresma. A
SATANÁS NO!. EL ESPÍRITU ES QUIEN LO LLEVA AL DESIERTO
El evangelista San Mateo nos ha llevado pedagógicamente a contemplar en los primeros domingos del tiempo litúrgico el nuevo bautismo del Espíritu, la proclamación de Jesús como el Mesías, el sermón de las bienaventuranzas y en continuidad con él, las indicaciones a los discípulos para que sean en el mundo sal y luz del mundo.
La humanidad empezaba entonces en aquel siglo I, a ser testigo de la presencia de Aquel que a lo largo de los siglos era esperado y vendría para salvar al pueblo de Dios. Ahora el pueblo de Dios podía contemplar signos de esa presencia poderosa, misericordiosa y redentora.
Jesús ha sido consagrado Mesías y el mismo Espíritu que había proclamado su mesianismo en el bautismo frente a Juan Bautista, lo empujaba ahora al desierto[1] de Judá, uno de los yermos más terribles del mundo ubicado a 5 kilómetros de la ciudad entre Jericó y Jerusalén, durante 40 días, aludiendo a los 40 años del pueblo de Israel en el mismo escenario. La razón de la ida al desierto es demostrar que, a diferencia del primer Adán, Jesús no va a sucumbir.
EL TENTADOR Y ACUSADOR
En el desierto el Señor será tentado. El enemigo lo encontrará allí cara a cara. El Espíritu no lo hace librar de la prueba. Jesús tendrá que enfrentar la dificultad tras serle encomendada la misión: llegan las tentaciones. En griego tentar (peirázo) que viene de peiro, significa punta, e indica la acción de atravesar, romper, pasar mas allá dividiendo la unidad de algo para traspasar. Es justamente lo que desea realizar Satanás. Será aquella lanza maligna, enemiga, traidora la que intentará cumplir con la tarea de aniquilar moralmente a Jesús, apartándolo de su misión y quebrantando su confianza en el Padre.
En esta misma línea, las tentaciones se constituyen en una tesis para someterlo a una violenta prueba. Tres tentaciones contra el amor de Dios: no amarlo con todo el corazón, no amarlo con toda el alma, no amarlo con todas las fuerzas. Parecía extraña, por tanto, la no presencia de aquella serpiente que había inducido a la desobediencia en el libro del Génesis (Gn 3). Ahora aparece en el evangelio de San Mateo. De este modo, en la construcción narrativa de esta perícopa, encontramos tres actos entre Jesús y Satanás.
| Mt 4, 3-4 | Mt 4, 5-6 | Mt 4, 7-10 |
| La tentación del pan | El espectáculo en el Templo | El poder, la riqueza y la violencia |
PRIMERA TENTACIÓN: La tentación del pan
- Va contra la filiación divina. En esta tentación el demonio busca inducir a la desobediencia de Jesús contra la voluntad del Padre, al abuso egoísta de su poder mesiánico y a la búsqueda de lo milagroso en beneficio propio.
- Jesús no se defiende recurriendo a palabras propias. Le basta dejar en claro que “Está escrito”. De esta manera satanás es vencido por la Palabra de Dios en el primer intento de fracturar las convicciones de Jesús.
- Al vencer a satanás, Jesús demuestra que Dios puede sostener y mantener la vida del hombre con el sustento de la Palabra y no solo el pan material.
- Finalmente, para el Señor es claro que no se depende del mundo sino de la providencia del Padre.
SEGUNDA TENTACIÓN: El espectáculo en el Templo
- El demonio aprovecha la presencia de Jesús en la ciudad santa y lo tienta a abusar de la protección que tiene de Dios por ser su Hijo.
- Satanás busca que Jesús cometa sacrilegio desafiando nuevamente el poder de Dios.
- Mateo muestra con la redacción de esta tentación que Jesús no se aprovechará jamás de su mesianismo para provecho propio como quisiera demostrar el acusador.
- Una vez más el Señor recurre a lo que “está escrito”. Con la misma Palabra de Dios que venció en la primera tentación se repite en esta segunda ocasión la hazaña.
- Jesús se afirma en la completa obediencia al Padre.
TERCERA TENTACIÓN: El poder, la riqueza y la violencia
- Satanás es en esta ocasión más agresivo. Ofrece a Jesús todos los reinos enteros para embriagar a Jesús del deseo de poderío.
- El demonio le entrega el mundo pues se considera el príncipe y “dios” de él.
- Le es impuesta a Jesús una condición: debe postrarse.
- El demonio no entiende el sentido del siervo sufriente, sino que le parece un mesianismo político y de gloria terrena.
- Por tercera vez el demonio es vencido con una expresión categórica y firme de Jesús: Apártate, porque está escrito…
RETÍRATE SATANÁS
- Apártate: Es una orden categórica de Jesús, no la solicitud de un favor.
- Es satanás quien debe someterse finalmente al Señor y huir.
- Satán no puede incitar a Jesús al abandono de su misión mesiánica.
- El inicio de la misión de Jesús es justamente el inicio de la derrota de satanás.
Las tentaciones también forman parte del plan de Dios, las permite y surgen para que Jesús consiga la perfecta obediencia al Padre que alcanzará su máxima expresión en el acontecimiento de la cruz. Jesús se muestra como el que ama a Dios absolutamente, vence y humilla a Satanás con la Palabra de Dios y advierte que el acusador nos acusa implacablemente cuando hemos caído para crucificarnos en nuestra culpa. Pero paradójicamente en la cruz hemos sido salvados y el enemigo destruido.
TOMAR CONCIENCIA DE LOS QUE HEREDAMOS
En el bautismo sacramental hemos sido reseñados para contribuir a la misión de Jesús, ser corresponsables con ella y hacer parte de la construcción del reinado de Dios en el mundo y en la historia. Es un gesto lleno de amor que Dios nos hereda y nos renueva todos los días, pero del que nos olvidamos constantemente.
No tomamos en serio la necesidad de construir conciencia de ese amor del Padre expresado en la misión recibida por el bautismo. El mundo pondrá siempre bajo el impulso acusador de satanás la tentación de ofrecernos la oportunidad de ser “dios” en el mundo, mediante la hipócrita seducción del poder, del tener, del aparentar y del sentir.
Jesús ha destruido al maligno, pero satanás una y otra vez reconstruirá las veces que sea necesario las estructuras que lleven a la destrucción no del creyente de Jesús, sino la destrucción de lo que Jesús ha construido en el corazón del creyente. A satanás no le interesamos nosotros sino lo que Dios ha hecho en nosotros.
CÓMO VENCERLO?
¿Cómo vencerlo? ¿Cómo tener la firmeza de Jesús para que las jugosas seducciones del mal no logren el propósito de derrotarnos en la fe? Con la Palabra de Dios. Jesús deja perfectamente claro a quien se vence no es a las tentaciones sino a su gestor, el demonio. Es el Padre mediante la fuerza contundente de la Palabra quien lo destruye.
No de trata de vencer las tentaciones sino a su calculador: satanás. Por esta razón puede entenderse la expresión de San Jerónimo: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo”. Quien desconoce las Escrituras ignora los peligros que lo asechan y no tiene bajo su adquisición aquello que logra derrocar la lanza que rompe el corazón para herirlo y desangrarlo de la Gracia divina adquirida.
ESCUCHAR, AYUNAR, ESTAR JUNTOS: León XIV
Es tiempo de conversión, reconciliación y acogida mutua. Tiempo de escuchar, ayunar y estar juntos[2]. Parte de la conversión profunda a la que nos llama el evangelio es conocer, interiorizar, amar la Palabra de Dios para alejar del alma todo cuanto nos impide acercarnos a la resurrección de Jesús y el acontecimiento de la Pascua. Lo sintetizan bien los salesianos:
La palabra de Dios nos llama a una conversión continua. Conscientes de nuestra fragilidad, respondemos con la vigilancia y el arrepentimiento sincero, la corrección fraterna, el perdón recíproco y la aceptación serena de la cruz de cada día. El sacramento de la Reconciliación lleva a su plenitud el esfuerzo penitencial de cada uno y de toda la comunidad. Preparado con el examen de conciencia diario y recibido frecuentemente, según las indicaciones de la Iglesia, nos proporciona el gozo del perdón del Padre, reconstruye la comunión fraterna y purifica las intenciones apostólicas.[3]
En este texto podemos encontrar las herramientas fundamentales para favorecer la conversión:
- La vigilancia
- El arrepentimiento sincero
- La corrección fraterna
- El perdón recíproco
- La aceptación serena de la cruz de cada día
- El SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN
- El examen de conciencia personal y comunitario
Y agregamos tres más, recomendadas por el evangelio: el ayuno, la caridad y la oración.
| CUANDO LLEGUE LA NOCHE DE LA VIGILIA PASCUAL ¿QUÉ NOS PROPONEMOS ENTREGARLE A JESÚS RESUCITADO COMO FRUTO DE NUESTRA CUARESMA? |
ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN
¡TARDE TE AMÉ! ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti. Agustín de Hipona – LAS CONFESIONES – |
[1] Desierto. Viene de un compuesto de dos palabras hebreas: mid -bar dabbar: palabra. El desierto es el lugar de donde sale la Palabra. Dios habló a su pueblo en el desierto y sigue hablándonos desde el desierto de nuestros corazones.
[2] https://www.youtube.com/watch?v=nEyg62g8RqM
[3] Art. 90 constituciones salesianas. www.sdb.org
