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EL MÉTODO DE LAS CUATRO MIRADAS: Introducción.
Este es un ejercicio muy sencillo que recurre a las “miradas” de los diversos protagonistas del encuentro con la Palabra de Dios. Tras elegir un texto bíblico, proclamarlo, escucharlo (en lo posible varias veces) y meditarlo, el método de las cuatro miradas sugiere reflexionar en torno a lo que nos pide Dios frente a:
– La mirada cristológica (la mirada de Jesús que nos exhorta a través del Evangelio)
– La mirada comunitaria (la sociedad que en sus aciertos, desaciertos, miedos y esperanzas debe ser mirada desde los ojos de Jesús y en cuyas acciones el discípulo debe reflejar el Evangelio).
– La mirada eclesial (la Iglesia de Cristo que desde el Evangelio está llamada a ser transformada y transformadora)
– la mirada antropológica (el creyente que se deja cuestionar por la Palabra, se deja transformar por la Palabra y que transforma su realidad con la fuerza de la Palabra.
ESQUEMA DEL MÉTODO DE LAS CUATRO MIRADAS
1. INVOCAR AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO Espíritu Creador, Tú que pusiste el aliento de la vida en el ser humano para que fuese un ser viviente, conduce a tus creaturas a la apertura de su intimidad para que sea acogida la Palabra de la Vida. (Gn 2,7). Espíritu Divino, Tú que eres la voz que hablas en el sueño de tus elegidos, abre los oídos de nuestra alma para que despertemos ante el llamado de Dios, que resuena con la fuerza de sus palabras. (Gn 37,2-36; 1Sam 3,10; Mt 1,20). Susurro de Dios, separa de tus mensajeros todo cuanto nos perturba y nos hace ruido para que arda de celo nuestro corazón de discípulos por la brisa suave de tu Espíritu. (1Re 19,14). Serafín pregonero, que con una brasa en la mano has tocado nuestros labios, da a la boca profética de los bautizados la gracia de convertir y curar a quienes no comprenden tus palabras o se resisten a vivirla (Is 6,1-13). Sabiduría celestial, inclina los oídos de quienes peregrinamos por este mundo para que nuestros pies avancen por el camino recto y sigamos tus huellas (Ecl 51, 13-16). Guía de tu rebaño, repara las fuerzas de quienes se sientes débiles y frágiles. Acompáñanos todos los días de nuestra vida para que con nuestras acciones hagamos honor a tu santo Nombre (Salmo 23 (22)). Alegría del Padre, que tu anuncio conturbe nuestra interioridad y nos cuestione profundamente, para que podamos guardar y meditar tu mensaje salvífico en nuestro corazón. (Lc 1,26-38). Nube luminosa, que cubres con tu sombra a tus hijos, transforma nuestro miedo en fortaleza para que nuestros ojos solamente contemplen el rostro de Jesús, tu Hijo. (Mt 17,1-8). Llama del Espíritu, llénanos de tu calor y tu gracia concediéndonos el don de sabernos expresar, para que lo que oímos podamos proclamarlo donde Tú nos envíes a anunciarte. (Hch 2,1-13). |
2. Leer y releer el texto que acompañará la meditación personal y grupal.
3. FRENTE AL TEXTO PREGUNTARSE:
¿Que nos pide Dios que hagamos frente a:
- La mirada de Jesús. (Qué nos dice Jesús a partir de la escucha de su Palabra)
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- La mirada a la sociedad (Cuál debe ser nuestra reacción frente a la sociedad según lo que hemos escuchado de Jesús)
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- La mirada a la Iglesia (Cuál debe ser nuestro compromiso activo con la Iglesia a la sociedad según lo que hemos escuchado de Jesús)
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- La mirada a nosotros mismos (Qué responsabilidad debemos asumir con nosotros mismos a partir de lo que hemos escuchado de Jesús)
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4. CONCLUIR CON UNA ORACIÓN PERSONAL Y GRUPAL
5. ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
| ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA ESCUCHA Virgen María, esposa de José, de la casa de David, tú que eres la llena de gracia, da a nuestros corazones la alegría plena al escuchar el saludo que nos anuncia la llegada de la Palabra. (Lc 1,26-29). Creyente de la anunciación, haz que al escuchar la voz de Dios hallemos gracia delante de Dios y se disipen de nuestra alma los miedos y las perturbaciones que no nos permiten comprender el mensaje del Evangelio. (Lc 1, 29-30). Esclava del Señor, que el Espíritu Santo venga sobre nosotros y nos cubra con el poder del Altísimo para que se haga en nosotros la voluntad divina según su Palabra. (Lc 1,35.38). Sierva del Pesebre de Belén, al encontrarnos con el Verbo Encarnado, danos la alegría de contar todo lo que contemplamos en tu Hijo para que podamos maravillarnos guardando y meditando la Palabra en nuestro corazón. (Lc 2,17-19). Señora del Templo, que nuestra alma sea atravesada por la Palabra de la vida para que alcancemos la purificación y conversión de corazón. (Lc 2,33-35). Peregrina de Jerusalén, que nuestras vidas tengan como único fin, el buscarte ansiosamente para que podamos encontrar a tu Hijo en el anuncio de la Palabra. (Lc 2,48). Madre de Jesús, enséñanos a ser disponibles a los momentos perfectos de la Providencia para que sea transformada nuestra vida en fiesta y gozo pascual. (Jn 2,1-12). Bendita entre las mujeres, tómanos de tu mano y acompáñanos en el camino que debemos emprender como misioneros y discípulos de Jesús ante el llamado del Evangelio a llevar la buena Nueva a todos los corazones para que salten de gozo por la presencia transformante del Espíritu Santo. (Lc 1,39-45) Portadora del Espíritu Santo, reúnenos a todos en torno a la llegada de tu Hijo Resucitado de modo que podamos discernir las lenguas adecuadas con las cuales traspasar las fronteras de la fe y proclamar al mundo las maravillas de Dios. (Ap 2,1-13). |
RECOMENDADO
PAPA Francisco – Catequesis 22. La oración con las Sagradas Escrituras[1]
[1] https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2021/documents/papa-francesco_20210127_udienza-generale.html
