EL SEÑOR DE LOS MILAGROS
EL SEÑOR DE LOS MILAGROS

LOS MILAGROS DE JESÚS. Homenaje al Señor de los milagros de Buga 014.

LOS MILAGROS DE JESÚS. Por lo general, los milagros son comprendidos por la piedad popular como el alcance de una carencia (salud, trabajo, un bien material o espiritual particular) que es posible alcanzar gracias a la intervención extraordinaria de Jesús, la Virgen María, visitando un santuario, un lugar santo o realizando algún acto piadoso en particular como las novenas, entre otros. Sin embargo, ¿Qué son realmente los milagros y qué nos dice la Sagrada Escritura sobre ellos?. HOMENAJE AL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE BUGA. TEOEDUCANDO

LOS MILAGROS DE JESÚS

LOS MILAGROS DE JESÚS. Se puede observar frecuentemente cómo en los títulos que dividen las perícopas de los textos bíblicos de las diferentes versiones en biblias, se usa el encabezado “milagros de Jesús” para señalar los hechos extraordinarios que el Señor realizó durante su ministerio público.

Por lo general, los milagros son comprendidos por la piedad popular como el alcance de una carencia (salud, trabajo, un bien particular) que es posible alcanzar gracias a la intervención extraordinaria de Jesús, la Virgen María, un santo o algún rito en particular como las novenas, entre otros.

Sin embargo, ¿Qué son realmente los milagros y qué nos dice la Sagrada Escritura sobre ellos?

LOS MILAGROS EN LOS EVANGELIOS

No son pocos los textos que presentan los diversos milagros de Jesús: La boda de Caná (Jn 2,1-11); En Caná y Cafarnaúm realiza algunos milagros (Jn 4,43-54); La curación del paralítico de la piscina de Silo (Jn 5,1-3.5-16); Primera multiplicación de los panes (Jn 6, 5-13); La curación del ciego de nacimiento (Jn 9,1- 41);; La resurrección de Lázaro (Jn 11,1- 45).

La primera pesca milagrosa (Lucas 5, 1-11); La resurrección del hijo de la viuda de Naím (Lc 7,11-17); Jesús cura a una mujer en sábado (Lc 13, 10-17).

El endemoniado en la sinagoga (Mc 1,21-28); La suegra de Pedro (Mc 1,29-39); La curación del leproso (Mc 1,40-45); El endemoniado de Gerasa (Mc 5,1-20); La hija de Jairo y la hemorroísa (Mc 5,21-43); El ciego Bartimeo (Mc 10,49- 52); La tempestad calmada (Mc 4,35-40); El demonio mudo y la fe (Mc 9,14-29).

Curación de dos ciegos y un endemoniado mudo (Mt 9,27-31); Otros milagros en la región de Tiro y Sidón (Mt 15,21-28); La curación del paralítico (Mt 9,1-8);

Observemos algunos términos bíblicos hebreos y griegos que nos permitan comprender bíblicamente el término milagro de manera asertiva y adecuada.

LOS MILAGROS EN EL HEBREO BÍBLICO

En el hebreo bíblico no existe una palabra única para referirse a los milagros. El Antiguo Testamento describe los actos extraordinarios de YHWH (que es lo que generalmente asume la piedad popular) a través de tres términos principales.

אוֹת (‘Ot): La Señal

Se interpreta como una marca, un distintivo que visualiza algo. Una ‘ot es un milagro que sirve como evidencia visual de un pacto en el que Dios responde a una urgencia humana, una advertencia o una prueba de la autoridad de YHWH sobre una particular situación que viviese el pueblo elegido. Un ejemplo lo encontramos en Ex 7,3: haré muchas señales y cosas asombrosas en Egipto. Evidentemente aparecerá el arcoíris tras el diluvio universal.

מוֹפֵת (Mofet) – El Prodigio o Maravilla

Se interpreta como un presagio, un portento, un acontecimiento que genera estupefacción propia de quienes viven una experiencia profunda que les causa estupor, asombro y que es esencialmente difícil de explican dentro de las leyes ordinarias de la lógica. Este es el caso de Ex 4,21 cuando Moisés debe presentarse ante el Faraón y YHWH le anuncia: considera todos los prodigios que yo te di el poder de realizar: tú los harás delante del Faraón.

נִפְלָאוֹת (Nifla’ot) – Lo oculto a la lógica humana

Se interpreta como aquellos hechos difíciles e incluso imposibles de comprender bajo el raciocinio humano. Nifla’ot es una expresión hebrea utilizada para expresar aquellos acontecimientos que provienen o tienen su origen en lo que sólo puede ser explicado desde la fe y no es decodificable por la lógica humana.

El modo de explicarlo tiene un profundo trasfondo teológico: Lo que aparentemente no es racional ni explicable a la razón humana viene de las intervenciones directas de Dios en la creación y en sus creaturas demostrando que nada es imposible para Él, pues es Eterno y no está condicionado por leyes matemáticas del tiempo y del espacio.

En esta línea viene la hermenéutica teológica de Ex 3,20 cuando el pueblo de Israel debe decidir entre cruzar el mar rojo y permanecer en tierra egipcias, por tanto, en la esclavitud: Pero yo extenderé mi mano y castigaré a Egipto, realizando ante ellos toda clase de prodigios. Ante la inminente muerte o esclavitud, YHWH abre el paso de su pueblo hacia la libertad y la vida.

נֵס (Nes)

Esta es un término hebreo posterior נֵס (nes) utilizado con cierta frecuenta para referirse al milagro. Sin embargo, en el hebreo bíblico, nes significaba estrictamente una señal en alto (como una bandera militar puesta en lo alto para convocar un ejército) “Fue en épocas posteriores (en el hebreo rabínico y el Talmud) cuando esta palabra mutó su significado hacia “milagro”.

La hermenéutica teológica que alcanza la expresión נֵס (nes) es muy profunda: El milagro es la acción en la que Dios alza en alto como una bandera, un hecho fuera de lo ordinario para lograr la atención de la creación entera y todas sus creaturas. Nos anticipamos a decirlo, Cristo.

EL MILAGRO EN EL GRIEGO BÍBLICO

En el griego bíblico del Nuevo Testamento no existe una palabra exclusiva para referirse a los milagros, particularmente los de Jesús. Diversos son los términos utilizados por los escritores sagrados, en esencia los evangelistas, para describir estos eventos propios del poder extraordinario de Dios mediante el Hijo, Jesús. Cada palabra expresa teológicamente un aspecto diverso de los milagros neotestamentarios.

Dýnamis (δύναμις) – El Poder

 Es interpretado como fuerza, potencia o capacidad sobrenatural o extraordinaria. De esta raíz proviene «dinamita» o «dinámico» que nos indican la forma como se comprende en el hebreo esta expresión. Dýnamis es, por tanto, la fuente, el origen, la causa del milagro.  

Sēmeíon (σημεῖον) – La Señal

 Se interpreta como la Señal o el signo que indican un camino, como una señal de tránsito. Aquí nace el propósito de la Palabra divina a través de la cual se da causa a un milagro, revelando donde es posible adquirir aquella necesidad extraordinaria. Particularmente el cuarto evangelio es el que más recurre a la expresión Sēmeíon.

Téras (τέρας) – ser maravillado

Como el término נִפְלָאוֹת (Nifla’ot) del Antiguo Testamento, Téras (τέρας) se refiere a la reacción que causa el milagro, el asombro, la estupefacción o la maravilla que se despierta en quienes son testigos de un acontecimiento que no es explicable a su razonabilidad ni a las leyes de la lógica interpretándolas como acción de Dios que no está limitado por la temporalidad ni la espacialidad. Es común encontrar en el Nuevo Testamento esta expresión acompañada de sēmeíon: «señales y prodigios».

ABREBOCAS TEOLÓGICO SOBRE LOS MILAGROS

Al acercarnos a los relatos de los cuatro evangelios es posible discernir, al menos en un nivel elemental, el sentido de lo que realmente significan los milagros. ¿Significa acudir a famosos santuarios para solicitar favores especiales como la curación de un enfermo, conseguir un trabajo, librarse de un problema que parecía no tener solución o tener el dinero que hacía falta para un proyecto?

En realidad, no. Al menos, no únicamente. El milagro es mucho más que eso. Con frecuencia es visible que durante un tiempo de dificultad, dolor, sufrimiento o crisis profunda muchos creyentes e incluso los no creyentes se acojan intensamente mediante lo espiritual a la mano de Dios, pero tristemente, cuando han recibido la gracia solicitada, inicia progresivamente el retorno al abandono de la vida espiritual, sacramental e incluso al ejercicio de la caridad. No hubo realmente milagro.

Veamos algunos detalles:

Empezando por el evangelio Joánico, en las bodas de Caná de Galilea, ante la ausencia de vino, Jesús deja para el final el mejor de los vinos. Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados ya han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú has guardado el vino bueno hasta ahora. San Juan concluye posteriormente afirmando: Esto que Jesús hizo en Caná de Galilea fue la primera de sus señales milagrosas. Así mostró su gloria y sus discípulos creyeron en Él. Jn 2, 1-12.

En la curación del funcionario real en Jn 4,46 y siguientes, el evangelio afirma: este fue a Él y le rogó que bajara a curar a su hijo porque estaba a punto de morir; posteriormente en la curación del ciego de nacimiento este realiza una profesión de fe ¡Creo Señor! Y se postró ante Él (Jn 9,38).En el diálogo con Marta, ella igualmente hace ante la pregunta de Jesús una profesión de fe Sí, Señor, yo creo que eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo (Jn 11,27).

En el evangelio de San Marcos el evangelista nos recuerda que acudían a Él de todas partes (Mc 1,45); en el encuentro con el endemonio de Gerasa nos impresiona la reacción del esclavo del mal: Al ver de lejos a Jesús, corrió, se postró ante Él y gritó con fuerte voz: ¿Qué tengo que ver yo contigo Jesús, Hijo de Dios Altísimo? (Mc 5); Es tierno y muy profundo contemplar el gesto de la mujer hemorroisa: habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás de la gente y tocó su manto (Mc 5,27).  

En el evangelio de san Lucas, el episodio de la mujer encorvada que recurre a Jesús nos da otro elemento fundamental al instante se incorporó y glorificaba a Dios Lc 13,14.

El evangelio Mateano, al presentarnos la vocación de Mateo nos cita un hermoso episodio vocacional sígueme, y él se levantó y lo siguió (Mt 9,9); Posteriormente, en el episodio de los ciegos curados, el evangelio describe al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron, y él les preguntó: «¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?».

Ellos le respondieron: «Sí, Señor». Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Que suceda como ustedes han creído». Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: «¡Cuidado! Que nadie lo sepa». Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región (Mt 9,28-31).

Los textos del evangelio que hemos someramente citado, nos muestran desde su más profunda teología que el milagro no es el trabajo recibido, la salud en peligro que ha sido recuperada o el bien que solicitado ha llegado. Por el contrario. El milagro no es un objeto, ni una situación resuelta, incluso un bienestar espiritual alcanzado. El milagro es una persona, la persona de Jesús.

El milagro es Jesús. La expresión bíblico – hebrea נֵס (nes) utilizada para referirse a una señal en alto (como una bandera militar puesta en lo alto para convocar un ejército)recuerda el milagro de la cruz, Cristo puesto en lo alto para redención y salvación de la humanidad.

El hecho extraordinario no es otra cosa que el amor de Dios Padre que nos da en sacrificio a Jesús, el Hijo, elevado en el signo de la cruz, elevado en el pan y el vino eucarístico durante la consagración, elevado durante la doxología final de la liturgia eucarística, e incluso cuando el sacerdote levanta la mano para dar la bendición mediante el signo de la cruz.

Jesús es, por tanto, ¡el Milagro! Él es origen de toda bondad que de su misericordia brota hacia el pueblo santo de Dios, lo que el griego bíblico denomina Dýnamis (δύναμις).

CREER

En esa línea, la misma Palabra de Dios indica lo que debe motivar a la persona para alcanzar de Jesús su gracia y su bendición: la fe. El servidor público del evangelio joánico Creyó (Jn 4,50) … en otra ocasión Jesús reclama a Pedro ¿Por qué no tenéis fe? (Mc 4,40); A otro dirá tu fe te ha salvado (Mc 5,34); Creyó el hombre en la palabra que Jesús (Jn 4).

Creer no solo es la absoluta confianza en que crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración y lo obtendrán (Mc 11,24) sino poner en Él absoluta confianza Todo el que confíe en Él no será defraudado (Rom 10,11).

Este creer, afirmaba el Papa Francisco, no es el credo de los loros. «Una cosa es recitar el Credo desde el corazón y otra como loros: creo en Dios, creo en Jesucristo, creo… ¿Creo en lo que digo? ¿Esta confesión de fe es auténtica o lo digo de memoria porque se debe decir? ¿O creo a medias? Por lo tanto, se debe «confesar la fe y confesarla toda, no una parte. ¡Toda!». En efecto «quien confiesa bien la fe, toda la fe, tiene la capacidad de adorar a Dios».

Es un «signo» que puede parecer «un poco extraño porque sabemos cómo pedir a Dios, cómo dar gracias a Dios. Pero adorar a Dios, alabar a Dios es algo más. Sólo quien tiene esta fe fuerte es capaz de la adoración».[1]

Quien considera que un milagro es recibir una gracia extraordinaria, pero no le reconoce a Él como el único y verdadero Milagro, desarticulando la propia vida de la experiencia personal y eclesial de la fe, está convirtiendo el mensaje del Evangelio en un rito vacío, una magia ficticia, desvirtúa a la persona misma de Jesús, alimenta la banalidad y convierte la experiencia de fe en un árbol vacío, sin frutos y efímero desprendido de su raíz fundamental: Cristo.

CREER COMO SECUELA DEL ORAR.

Se puso de madrugada a hacer oración. (Mc 1,35). La Sagrada Escritura abunda en textos en los que Jesús ora, es más, generalmente y previo toda actividad kerigmática, Jesús ora, ora una y otra vez. La madrugada eso es lo que indica. Previo a cualquier accionar humano, la primera responsabilidad del día es orar, el diálogo con Jesús, el poner a disponibilidad del Padre la propia vida y el permearse del Espíritu para que sea Él quien inspire y guie toda bajo la voluntad divina.

Creer surge de la experiencia profunda de la oración. Quien recibe de la generosidad de Dios una gracia, pero abandona la vida espiritual o la experiencia orante, ha confundido en gran medida la vivencia religiosa con los impulsos emocionales y, por tanto, impulsos devocionales pasajeros.

Benedicto XVI afirmaba al respecto: “Contemplando la oración de Jesús, debe brotar en nosotros una pregunta: ¿Cómo oro yo? ¿Cómo oramos nosotros? ¿Cuánto tiempo dedico a la relación con Dios? ¿Se da hoy una educación y formación suficientes en la oración? Y, ¿quién puede ser maestro en ello?

Escuchar, meditar, callar ante el Señor que habla es un arte, que se aprende practicándolo con constancia. Ciertamente, la oración es un don, que pide, sin embargo, ser acogido; es obra de Dios, pero exige compromiso y continuidad de nuestra parte; sobre todo son importantes la continuidad y la constancia.

Precisamente la experiencia ejemplar de Jesús muestra que su oración, animada por la paternidad de Dios y por la comunión del Espíritu, se fue profundizando en un prolongado y fiel ejercicio, hasta el Huerto de los Olivos y la cruz. Los cristianos hoy están llamados a ser testigos de oración, precisamente porque nuestro mundo está a menudo cerrado al horizonte divino y a la esperanza que lleva al encuentro con Dios.

En la amistad profunda con Jesús y viviendo en Él y con Él la relación filial con el Padre, a través de nuestra oración fiel y constante, podemos abrir ventanas hacia el cielo de Dios”[2].

Fruto de la oración será el seguimiento de Jesús, puesto que la experiencia orante nos disminuye a nosotros mismos, para que Él crezca: Es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe (Jn 3,30).

EL MILAGRO ES SEGUIR A JESÚS

En este sentido leemos la perícopa de Lc 17,11-19: En su camino a Jerusalén, pasó Jesús entre las regiones de Samaria y Galilea. Y llegó a una aldea, donde le salieron al encuentro diez hombres enfermos de lepra, los cuales se quedaron lejos de él gritando: —Jesús, Maestro, ¡ten compasión de nosotros!

Cuando Jesús los vio, les dijo: —Vayan a presentarse a los sacerdotes. Y mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad. Uno de ellos, al verse limpio, regresó alabando a Dios a grandes voces, y se arrodilló delante de Jesús, inclinándose hasta el suelo para darle las gracias. Este hombre era de Samaria.

Jesús dijo: —¿Acaso no eran diez los que quedaron limpios de su enfermedad? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Únicamente este extranjero ha vuelto para alabar a Dios? Y le dijo al hombre: —Levántate y vete; por tu fe has sido sanado.

Este es un claro ejemplo, como sucede en la vida de tantos peregrinos, en el que Jesús alcanzó una gracia muy especial, vamos a decir “extraordinaria” en la vida de 10 leprosos, o tantos devotos de la fe cristiana de todos los tiempos. La lepra era considerada un castigo de Dios a consecuencia del pecado de sus padres, pero también tenía efectos religiosos, sociales, culturales y afectivos devastadores.

No se les permitía compartir espacios públicos, tampoco podían asistir al Templo. Debían cubrir su rostro y caminar con la cara cubierta gritando: ¡leproso! ¡Leproso!, auto señalándose y siendo tratados con humillación. Los demás debían alejarse y evitar con ellos el contacto so pena de ser castigados. Eran discriminados, muchas veces tratados con violencia e incluso asesinados. Mientras sufrían la dolorosa enfermedad eran sometidos por la muerte religiosa y social de la época, esto cuando no acababan con su vida. Un escenario estremecedor de injusticia, dolor y muerte.

Pues bien, a estos diez Jesús los curó y, por tanto, los restituyó en la salud corporal, los reincorporó a la normalidad y cotidianidad social, los acogió de nuevo en el derecho al templo, los libró de la discriminación y la exclusión, les devolvió su dignidad humana y les salvaguardó la vida. Podríamos decir un verdadero milagro múltiple.

Tristemente nueve de ellos no vuelven. Sólo uno regresó alabando a Dios a grandes voces, y se arrodilló delante de Jesús, inclinándose hasta el suelo para darle las gracias. Sólo en uno sucedió realmente el milagro, a saber, reconocer en Jesús el poder divino, regresar a Él, arrodillarse en signo de reconocimiento y expresión de su gratitud. Sin duda fue tras de Él para seguirlo porque ya no hacía parte del grupo de los diez.

El Papa Francisco reflexionaba en una catequesis al respecto: “hay diversas actitudes que un cristiano puede asumir: quien le siga hasta cierto punto, quien sin embargo le siga hasta el fondo. El peligro que se corre es el de ceder «a la tentación del bienestar espiritual», o sea, de pensar que tenemos todo: la Iglesia, Jesucristo, los sacramentos, la Virgen, y por lo tanto no debemos buscar ya nada. Si pensamos así «somos buenos, todos, porque al menos debemos pensar esto; si pensamos lo contrario es pecado».

Pero esto «no basta. El bienestar espiritual es hasta cierto punto». Lo que falta para ser cristiano de verdad es «la unción de la cruz, la unción de la humillación. Él se humilló hasta la muerte, y una muerte de cruz. Éste es el punto de comparación, la verificación de nuestra realidad cristiana. ¿Soy un cristiano de cultura del bienestar o soy un cristiano que acompaña al Señor hasta la cruz?».

Para entender si somos los que acompañan a Jesús hasta la cruz la señal adecuada «es la capacidad de soportar las humillaciones. El cristiano que no está de acuerdo con este programa del Señor es un cristiano a medio camino: un tibio”[3]

No hay verdadero milagro cuando tras recibir de Dios sus bondades, volvemos la espalda al Señor y seguimos otros caminos distintos a Él y su Evangelio. El seguimiento conlleva por consecuencia natural y espontánea a una nueva realidad: la misión que recibe quien cree y quien sigue a Jesús.

EL MILAGRO ES ANUNCIAR A JESÚS

San Juan nos recuerda que el funcionario real, tras recibir la indicación de Jesús de irse, porque su hijo vive se puso en camino. También el endemoniado de Gerasa se fue y empezó a proclamar lodo lo que Jesús había hecho con él (Mc 5,20); San Lucas recuerda el episodio en el turbulento mar tras no lograr pescar: por tu palabra echaré las redes (Lc 5,5).

“Este viaje, el andar anunciando, arriesgando la vida, porque yo me juego la vida, mi carne, sólo tiene el billete de ida, no el de vuelta. Regresar es apostasía. Anuncio de Jesucristo con el testimonio. El testimonio quiere decir jugarse la vida. Lo que digo, lo hago”.

El anuncio de Jesucristo es, en efecto, traer «no una simple noticia», sino «la única gran Buena Nueva». Francisco explica entonces lo que es el anuncio:

“No es un trabajo de publicidad, hacer publicidad de una persona muy buena, que hizo el bien, curó a mucha gente, y nos enseñó cosas buenas. No, no es publicidad. Ni siquiera es hacer proselitismo. Si alguien va a hablar de Jesucristo, a proclamar a Jesucristo para hacer proselitismo, no, esto no es el anuncio de Cristo: esto es un trabajo de predicador, gobernado por la lógica del marketing. ¿Qué es el anuncio de Cristo? Que no es ni proselitismo, ni publicidad, ni marketing: va más allá. En primer lugar, es ser enviado”[4].

El impulso incontrolable de anunciar el Evangelio, hace también parte del verdadero milagro que el Espíritu da a quienes se dejan permear de la acción salvadora de Cristo.

EL TEMPLO, LUGAR DE FE, PEREGRINACIÓN Y ENCUENTRO

En la Sagrada Escritura, el Templo es evidentemente el signo fundamental de la presencia de Dios y punto de comunión entre el pueblo que sube al encuentro de su Creador y el Creador que sale, baja, al encuentro con sus amadas creaturas.

Este lugar sagrado es el espacio litúrgico propicio para llevar las ofrendas, participar de los sacrificios rituales, suplicar el perdón de los pecados y dialogar con el Señor. Por ello, cuando se ve prostituido, Jesús no duda en limpiarlo y purificarlo como sucede en el episodio de la expulsión de los mercaderes en Mc 11,13-38.

Sin embargo, la fuerza del Templo, como lugar de peregrinación, radica en dos elementos fundamentales. En él Dios manifiesta de modo particular su presencia y acción providente ante las súplicas de su pueblo, y de otro lado, es donde el mismo Señor convoca masivamente a la comunidad creyente para que ella, la comunidad, con la fuerza de la oración común, permita a Dios mismo obrar en beneficio de su pueblo, manifestarle su amor, renovar con él su alianza, revitalizarlo en las fuerzas espirituales y corporales y reafirmar la comunión de toda la Creación en Él, Único Dios vivo y verdadero.

Esta es la raíz teológica, eclesial y pastoral de los santuarios en el mundo entero que alimentan la fe, renuevan el Credo en el Señor como origen y causa de todo lo bueno, animan al seguimiento de Jesús, comprometen a su anuncio y continúan la construcción del reinado de Dios en la historia.

Templo y fe, templo y seguimiento, templo y anuncio van de la mano. Estos elementos deben caminar en armonía para que los milagros sean auténticos a la luz del Evangelio en la vida de los discípulos de Jesús. Al peregrinar al Santuario del Señor de los milagros (como a cualquier otro santuario de nuestra devoción), se asume este itinerario de fe.

HISTORIA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS

En el año de 1.550, Buga era un pequeño caserío. El río Guadalajara corría en aquel entonces por el sitio donde ahora está el Templo del Señor de los Milagros. Al lado izquierdo del río había un ranchito de paja, donde vivía una indígena anciana, cuyo oficio era lavar ropa.

Su ilusión era comprarse un crucifijo y para ello reunió setenta (70) reales, los cuales se los entregaría al cura párroco para que le comprara su cristo; cuando pasó por allí un hombre, padre de familia, llorando pues le iban a mandar a la cárcel porque debía setenta reales y no tenía con qué pagarlos; Ella se llenó de tristeza y prefirió dejar su anhelo para más tarde y le ayudó al pobre hombre que la bendijo por haberle salvado.

Días después, estaba lavando, cuando traído por la corriente del río, llegó a sus manos un crucifijo, que para ella fue como la joya más preciosa. Como no podía pertenecer a nadie, pues río arriba era completamente deshabitado, se fue feliz con su hallazgo y le improvisó un altarcito y lo colocó amorosamente en una cajita de madera.

Una noche oyó golpecitos en el sitio donde guardaba la imagen y se llevó una gran sorpresa cuando vio que el Santo Cristo y la cajita habían crecido notablemente, pero se imaginó que era ilusión de sus ojos debilitados por la edad.

La imagen siguió creciendo y cuando advirtió, tenía ya cerca de un metro de estatura. Le avisó al cura párroco y a los señores más importantes del pueblo, quienes al verlo y darse cuenta que la pobre señora no tenía dinero como para obtener un crucifijo de estas dimensiones, corroboraron que era un milagro.

Los devotos empezaron a quitarle pedazos para llevarlos consigo y fueron deteriorándolo hasta que un visitador especial llegado de Popayán ordenó quemarlo. Al ser echada a las llamas la imagen empezó a sudar tan copiosamente durante dos días que los vecinos empapaban algodones para llevarlos como reliquias y obtener curaciones.

Después de esto la imagen resultó más hermosa. La gente empezó a tener gran devoción con este milagro y llegaban de todas partes peregrinos y romerías a visitarla, obteniendo curaciones los enfermos y logrando beneficios los necesitados.

Después de estos sucesos cuenta la crónica de 1819, el ranchito de la anciana se convirtió en un sitio de reunión y se le dio el nombre por el cual se le conoce desde hace siglos: “El Señor de los Milagros”.

Después de la muerte de la anciana, se pensó en el lugar donde debía colocarse el crucifijo. Su ranchito quedaba junto al río y como creció, cambió de cauce y se desvió, dejó el sitio libre cerca al lugar de su aparición, para construirle allí su templo, el que se construyó pequeño y se le llamaba: “La Ermita”.

Es una imagen enternecedora, la cruz tiene 1,70 m de altura y 1,30 m de ancho, la imagen es de color oscuro. La cruz tiene el letrero INRI, que significa: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”; de la cruz salen rayos de plata, que le han obsequiado sus devotos.

La Cabeza del Santo Cristo está muy inclinada; sus heridas, especialmente el costado, derrama abundante sangre, la cabellera también ensangrentada cae en dos manojos sobre sus hombros. El rostro atormentado por el dolor conserva una expresión de resignación y de majestad impresionantes, los ojos cerrados y los labios entreabiertos.[5]

ORACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, bendecirte, y darte gracias por tantos favores que me has concedido.

Señor de los Milagros, porque te amo, me arrepiento de los pecados que he cometido. Te prometo comenzar desde hoy una vida nueva.

Señor de los Milagros, porque te amo, quiero verte presente en mis hermanos.

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del evangelio: Señor, si quieres, puedes curarme. Perdona mis pecados y cura las enfermedades que me hacen sufrir.

Señor de los Milagros, porque te amo, me consagro a tu servicio con mi familia, mis seres queridos, mis trabajos, estudios, problemas y alegrías.

Señor de los Milagros, porque te amo, quiero vivir contigo durante la vida para vivir contigo en el cielo.

Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, presenta esta consagración a tu divino Hijo. Amén.

ALGUNAS PREGUNTAS DE LOS PONTÍFICES PARA REFLEXIONAR
BENEDICTO XVI
¿Cómo oro yo? ¿Cómo oramos nosotros? ¿Cuánto tiempo dedico a la relación con Dios? ¿Se da hoy una educación y formación suficientes en la oración? Y, ¿quién puede ser maestro en ello?
FRANCISCO
¿Soy un cristiano de cultura del bienestar o soy un cristiano que acompaña al Señor hasta la cruz?». … ¿Creo en lo que digo? ¿Esta confesión de fe es auténtica o lo digo de memoria porque se debe decir? ¿O creo a medias?

CLICK PEDAGÓGICO: LOS MILAGROS DE JESÚS

Los milagros de Jesús para niñoshttps://www.youtube.com/watch?v=esQbgQLlCE4
Reflexiónhttps://www.youtube.com/watch?v=vlTsv62RA4A
Meditación y teologíahttps://www.youtube.com/watch?v=IaAtOli8SkQ
Cantohttps://www.youtube.com/watch?v=MBoO9LGfbdY&list=RDMBoO9LGfbdY&start_radio=1

CLICK PEDAGÓGICO: EL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE BUGA

Unos minutos https://www.youtube.com/watch?v=51krE_024fo
Consagración https://www.youtube.com/watch?v=4HIVVn83D28
Historia https://www.youtube.com/watch?v=7aAu02YMdvI
Testimonio https://www.youtube.com/watch?v=7aAu02YMdvI
Himno https://www.youtube.com/watch?v=getMp3zC94o&list=RDgetMp3zC94o&start_radio=1
cortometraje https://www.youtube.com/watch?v=BO_hrOuSn4Y&t=266s
Novena https://www.youtube.com/watch?v=BLbdhufh7Qw

[1] https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2014/documents/papa-francesco_20140110_credo-loros.html

[2] https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2011/documents/hf_ben-xvi_aud_20111130.html

[3] https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2013/documents/papa-francesco_20130927_camino-jesus.html

[4] https://www.vaticannews.va/es/papa-francisco/misa-santa-marta/2018-11/papa-santa-marta-anunciar-a-cristo-no-es-marketing.html

[5] https://www.milagrosodebuga.com/historia-del-cristo-de-las-aguas/

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