Samuel Relating to Eli the Judgements of God upon Eli's House, oil on canvas by John Singleton Copley, 1780. Wadsworth Atheneum Museum of Art, Hartford, Connecticut.
SAMUEL EXPLICA A ELÍ EL JUICIO DE DIOS SOBRE SU CASA

SAMUEL: EL JOVEN PROFETA QUE ESCUCHÓ LA VOZ DE DIOS. Los jóvenes en la Sagrada Escritura. 05

SAMUEL es un joven disponible, obediente, que sirve con generosidad. Su servicio no es pasivo. Él sabe escuchar con humildad y hace consistir su servicio a Dios en el templo, denunciando la injusticia y siendo testimonio de virtud y santidad. Dios necesita de los jóvenes para denunciar el olvido de Dios, para desenmascarar el pecado y luchar contra la injusticia. No lo hacen a nombre propio. Lo hacen a partir de la escucha de la Palabra que se encarga de hacer crecer a cada joven en gracia delante de Dios y de los hombres. TEOEDUCANDO

Samuel (1Sm 1,10-11; 2,18; 3,1-19)

וּשְׁמוּאֵ֕ל מְשָׁרֵ֖ת אֶת־פְּנֵ֣י יְהוָ֑ה נַ֕עַר חָג֖וּר אֵפֹ֥וד בָּֽד׃ 1Sam 2,18

וְהַנַּ֧עַר שְׁמוּאֵ֛ל מְשָׁרֵ֥ת אֶת־יְהוָ֖ה לִפְנֵ֣י עֵלִ֑י וּדְבַר־יְהוָ֗ה הָיָ֤ה יָקָר֙ בַּיָּמִ֣ים הָהֵ֔ם אֵ֥ין חָזֹ֖ון נִפְרָֽץ׃ ס 1Sam 3,1              

    

EL JOVEN PROFETA QUE ESCUCHÓ LA VOZ DE DIOS

LAS ALUSIONES A LA JUVENTUD DE SAMUEL

Considerada la primera obra historiográfica de Israel[1]. Se trata de un texto menos teológico y moralizante y más secular o laico que narra justamente el nacimiento de Samuel שְׁמוּאֵ֕ל y no el de un rey[2]. Las alusiones a la juventud de Samuel se encuentran en tres fragmentos ubicados en los tres primeros capítulos del libro primero de Samuel. En 1Sam 1,20; 1Sam 2,18; 1Sam 3,1-19.

EL LENGUAJE DEL AMOR ORANTE DE ANA

Samuel es el fruto del amor orante de una madre. Ana se levantó (v.10), estaba ella llena de amargura y oró a YHWH llorando sin consuelo (v.10) e hizo este voto: Oh YHWH Sebaot. Si te dignas mirar la aflicción de tu sirva y te acuerdas de mí, si no te olvidaras de tu sierva y le das un varón, yo lo entregaré a YHWH por todos los días de su vida y la navaja no tocará su cabeza (v.11).

La descendencia era fundamental para los israelitas. Los hijos eran signo de abundancia, de bendición, de la cercanía de Dios, la seguridad de prolongar la prole y la fe del pueblo elegido, la promesa de habitar una tierra heredada por YHWH.

La angustia de no tener un hijo varón también la experimenta Ana. De allí surge su amargura y su angustia. Pero al igual que Abrahán, Ana sabe a quién recurrir y cómo recurrir: a YHWH a través de la oración. Le habla con confianza y respeto si te dignas mirar… si te acuerdas … si no te olvidas. Se reconoce a sí misma como sierva, por tanto, está acogida a los deseos de Dios con absoluta obediencia.

La oración de Ana no es egoísta. Ella no quiere un hijo para sí misma, ella no desea acapararlo ni tomarlo posesivamente como una pertenencia personal. Ella quiere un hijo para ofrecerlo Yo lo entregaré para servir a YHWN todos los días de su vida (1Sam 1,11).

Continúa aquel hilo teológico en el que los padres, bien sea Abrahán, Jacob, la madre de Moisés o Ana, ven en el hijo, pedido y dado, no una pertenencia sino una bendición-elección que permitirá a Dios seguir revelándose a la humanidad de todos los tiempos. En esa dinámica Ana continúa orando: ella prolongaba su oración (1Sam 1,12). La oración prolongada, insistente, constante, será una característica esencial en la Sagrada Escritura. Dios obra donde se ora insistentemente.

DIOS ESCUCHA LA ORACIÓN DE ANA

En todos los casos anteriores y posteriores, YHWH escuchó la oración (v.20). Dios da un hijo a Ana y a Elcaná. En 1Sam 1,22-25, encontramos el seno familiar de Samuel. Eran devotos, se respetaban, Elcaná respetaba lo que sentía Ana y cómo quería presentarlo a YHWH. Entonces Ana se dedica al cuidado y la alimentación del niño. Y al crecer, al llegar el momento justo, Ana lo ofrece como había prometido en 1Sam 1,11.

El segundo momento de la juventud de Samuel inicia en 1Sam 2,11. El muchacho (נַ֖עַר ‘ar) servía a Elí. Cumplía con aquello para lo cual había sido pedido, dado, engendrado, alimentado, cuidado: Servir en el templo. Lo hacía con la sana obediencia y disponibilidad en un ambiente de entrega y generosidad. En ello radicaba su alegría.

LOS JÓVENES PECADORES

En contraste a la virtuosidad de Samuel en 1Sam 2,28 se contrapone 1Sm 2,11 presentando la molestia de Dios por el pecado de los jóvenes. YHWH consideraba grave el pecado de los jóvenes (han-nə-‘ā-rîm) (1Sam 2,17). El texto se refería a los hijos de Elí, que conocía bien el sufrimiento de Ana y había visto su oración y la providencia de Dios frente al amor de una madre. ¿Porqué YHWH consideraba grave el pecado de aquellos jóvenes? 1Sm 2,12-16 da los detalles.

– Eran unos malvados – No conocían a YHWH – No conocían las normas de los sacerdotes respecto al pueblo – Utilizaban el culto del sacrificio para su propio provecho y causaban explotación e injusticia. – Por su causa la gente despreciaba la ofrenda hecha a YHWH (v.17)

De por sí, desconocer a Dios implica desconocer al otro, desconocer la autoridad sacerdotal significaba actuar con anarquía y, por tanto, ausente YHWH en la vida de estos jóvenes (han-nə-‘ā-rîm), el actuar nunca sería el bien, serán unos malvados, siervos del mal como Babel. Está así más que justificada la consideración de YHWH.

LA SANTIDAD DE SAMUEL

Poniendo de relieve la gravedad del pecado de estos jóvenes (han-nə-‘ā-rîm), el narrador cierra la perícopa donde se alude a ellos en 1Sam 2,12-18 y abre una nueva perícopa mencionando de nuevo al muchacho rescatando su virtud. Así, el muchacho (נַ֖עַר ná’ar) Samuel:

– Estaba al servicio de YHWH (v.18a) – Vestido de efod de lino (v.18b) – El niño crecía en gracia ante YHWH (v.21b) – Iba creciendo y hacíéndose grato tanto a YHWH como a los hombres (v.26)

El texto alude al vestido de Samuel que puede tener diversas interpretaciones. El efod de lino es una vestidura cultural típica de la época mencionada varias veces en el mismo libro (1Sam 22,18; 2Sam 6,14). No se trata de una vestidura característica del sumo sacerdote, pero sí podría indicar que Samuel es considerado más importante que Elí y sus jóvenes malvados hijos, reconocimiento así su servicio y autoridad en el Templo.

Es también una expresión de belleza, la misma que ha sido reconocida en Moisés. Belleza surgida justamente del amor de una madre que ora y de un Dios que escucha, la belleza de la donación y del servicio a YHWH que da un vestido especial. Ese vestido es la santidad. Belleza y santidad son aquí sinónimos. El traje que viste Samuel es el traje de la santidad en constraste con la maldad de los jóvenes que reprocha precedentemente el Señor. Y crecía justamente en santidad: crecer ante YHWH y ante los hombres en gracia (1Sam 3,17). 

Crecer en gracia delante de Dios y de los hombres, será junto al Cántico de Ana[3] (1Sam 2,1-10) otro de los elementos que el evangelista Lucas tomará como recurso para hacer mención de la infancia y la juventud de Juan Bautista y de Jesús (Lc 1,45-55). Lo que en clave salesiana se traduce como buenos cristianos (delante de Dios) y honestos ciudadanos (delante de los hombres).

SAMUEL: LA ESCUCHA DE LA PALABRA LO HACE JOVEN PROFETA

En 1Sam 3,1ss, encontramos por tercera vez (nuevamente la teología del tres) la expresión el joven (נַ֖עַר ‘ar) Samuel servía a YHWH. En esta ocasión es un conector para continuar el desarrollo de la historia, la vocación y la misión del muchacho[4]. Según la narración en aquella época:

 Era rara la Palabra de YHWH – Y no había visiones

Era la indicación de un distanciamiento claro de Dios con su pueblo, a causa en primer lugar, del pecado de los jóvenes y, en segundo lugar, de la permisividad de Elí. Lo confirma el 1Sam 3,2. Allí el texto afirma que cierto día (no dice exactamente cuándo, pues la expresión se lee desde el kairós, el tiempo de Dios) Elí estaba:

  •  Acostado en su habitación. No dice que soñaba como en muchos casos la Sagrada Escritura menciona. El sueño es un lugar teológico en el cual Dios se revela. Basta recordar los sueños de José, el hijo de Jacob, o de José, el padre de Jesús. Elí estaba acostado, pero no soñaba. Había una distancia entre Dios y él.
  • Tenía debilidad en sus ojos. Había dejado de ver la justicia y por ello no tenía la capacidad de reconocer la maldad de sus hijos permitiendo que cometieran idolatría olvidando a Dios e irrespetando los sacerdotes, y en ellos, al pueblo. Tenía adormecida la conciencia y bajo esa singular característica Dios no tiene entrada.

A pesar de lo anterior, no estaba apagada aún la lámpara de Dios (v.3) Dios nunca se deja vencer por el pecado y el mal. Nunca está ausente, aunque aparentemente así parezca. Él seguía brillando para su pueblo. Él continúa revelándose, y lo hacía en la juventud de Samuel, en su servicio, su generosidad, su presencia en el templo, su santidad. Por eso Samuel es “arca de Dios”.

Si hasta el momento Dios se revelaba prudentemente a través de Samuel, ahora lo haría de modo explícito. YHWH llamará tres veces a Samuel (la teología del tres) Samuel, Samuel שְׁמוּאֵ֕ל שְׁמוּאֵ֕ל). El muchacho responde de inmediato: Ya voy. De este modo expresa su ya experimentada obediencia y disponibilidad. Pero Elí no comprende que se trata de la llamada de Dios. Era natural, estaba acostado y tenía debilidad en los ojos, no podía escuchar ni ver a Dios.

Según el versículo 9 Elí comprende y Samuel escucha: Habla Señor que tu siervo escucha (שְׁמַע shemá). Inicia así un diálogo. Elí no intermediará más. Ya en el versículo 11, YHWH hace saber a Samuel que castigará a Elí y a sus hijos. Ahora todo cambia. Ahora será Samuel quien deba ayudar a Elí a comprender la voluntad de Dios para él y sus jóvenes y malvados hijos. Sucede entonces, en el versículo 18, que Samuel cumple con lo que ha dispuesto YHWH y lo hizo manifestando todo sin ocultar nada. No fue tibio en lo que se le encomendó, si usamos aquí, en ese sentido, el lenguaje de San Pablo.

Y una vez más, el narrador, deja en manos del lector y del tiempo de Dios el resto de la juventud de Samuel.

– Samuel crecía – y estaba con YHWH – y no dejó caer en tierra ninguna de sus palabras[5] – y todo mundo supo… que Samuel estaba acreditado como profeta por YHWH.

Al respecto, ya en páginas precedentes, veíamos lo que significa crecer y estar con YHWH, pero se adjunta un binomio fundamental: la Palabra – el profeta. Samuel debe acoger la Palabra, no la puede dejar caer, por tanto, su corazón debe mantenerse fértil para acogerla y de ella vivir y vivir para predicarla: Ser profeta[6].

REPENSAR LA JUVENTUD DE HOY A LA LUZ DEL PROFETA SAMUEL

Samuel es un joven disponible, obediente, que sirve con generosidad. Su servicio no es pasivo. Él sabe escuchar con humildad y hace consistir su servicio a Dios en el templo, denunciando la injusticia y siendo testimonio de virtud y santidad. Dios necesita de los jóvenes para denunciar el olvido de Dios, para desenmascarar el pecado y luchar contra la injusticia. No lo hacen a nombre propio. Lo hacen a partir de la escucha de la Palabra que se encarga de hacer crecer a cada joven en gracia delante de Dios y de los hombres.

La escucha y la acogida de la Palabra es la que se encarga de hacer de los jóvenes, profetas que comunican a Dios en el mundo y comunicar al mundo cuándo está alejado de Dios.

Paralelo narrativo entre el canto de Ana y el Magníficat

 CÁNTICO DE ANA MAGNIIFICAT
A.T1Sam 2,1-11 Sal 2,18N.TLc 1,45-55
   

CLICK PEDAGÓGICO

VIDEO PARA NIÑOSAnimaciónhttps://www.youtube.com/watch?v=34biq4ivs5I
VIDEOEl niño que escuchó a Dioshttps://www.youtube.com/watch?v=IPkMWfip1xI
ESTUDIO https://www-catholic-com.translate.goog/magazine/print-edition/1-2-samuel?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc&_x_tr_hist=true
DOCUMENTAL https://www.youtube.com/watch?v=wJ2VB3eiNTo
ARTÍCULOSAMUELhttps://www.worldhistory.org/trans/es/1-20614/samuel/

LOS JÓVENES EN LA SAGRADA ESCRITURA

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[1] Cf. G. von Rad, Estudios sobre el Antiguo Testamento, Salamanca 1976. 

[2]  Cf. J.L Ska, Introducción al Antiguo Testamento,75.

[3] Cf. E. Manicardi, Lo pose in una mangiatoia, 43-52.

[4] CF. S. Pongutá, Por medio de los profetas, 159.

[5] De aquí Lucas tomará la estructura narrativa para construir la respuesta de María. (Lc 1,38).

[6] CF. S. Pongutá, Por medio de los profetas, 166.

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