ISAAC
LOS JÓVENES EN LA SAGRADA ESCRITURA

ISAAC: Los jóvenes en la Sagrada Escritura. 02

ISAAC. La experiencia de ser el hijo de la fe no fue sencilla. Isaac tuvo que aprender y lo hizo gracias a un padre que le enseñó a caminar, a cargar la leña, a escuchar, respetar y guardar silencio, a creer en la Providencia y a ofrecerse en las manos de Dios. Isaac comprendía lo que debía hacer, no tanto por los discursos de Abraham, sino por el lenguaje del testimonio y del camino, el lenguaje del acompañamiento y de la fe con el que el Creador había sostenido al mismo Abrahán: La pedagogía del camino.

ISAAC: LOS JÓVENES EN LA ESCRITURA

[1]

1.Isaac[2](Gn 22,1-19)

וַיֹּ֨אמֶר אַבְרָהָ֜ם אֶל־נְעָרָ֗יו שְׁבוּ־לָכֶ֥ם פֹּה֙ עִֽם־הַחֲמֹ֔ור וַאֲנִ֣י וְהַנַּ֔עַר נֵלְכָ֖ה עַד־כֹּ֑ה וְנִֽשְׁתַּחֲוֶ֖ה וְנָשׁ֥וּבָה אֲלֵיכֶֽם

Gn 22,5

1.1  La inocencia de un muchacho

Según la tradición judía y cristiana, esta es una de las páginas sublimes del Antiguo Testamento[3]. Isaac es el primero de los jóvenes con el cual se inicia este recorrido. Su infancia se remonta a Gn 22,1-19, en el relato del sacrificio de Abrahán. El personaje de Isaac es mucho más blando que el de su padre[4]. Sólo en el capítulo 26 del libro del Génesis, Isaac aparece actuando en el escenario del texto, casi por sí mismo.

Al leer los orígenes de su historia juvenil, se observa el cambio narrativo entre Gn 21 y Gn 22 con el uso de la expresión conectiva transcurridos estos acontecimientos, recapitulando así su nacimient, la expulsión de Agar e Ismael, el episodio de Abimélec en Berseba y su regreso con Picol al país de los filisteos.

1.2  Un hijo para ofrecer en sacrificio

La redacción, tras crear narrativamente el empalme entre los capítulos de Génesis 21–22, retoma la relación entre Abrahán e Isaac. En el episodio bíblico YHWH llama a Abrahán y le pide ofrecer en holocausto a su hijo (Gn 22,2):

– Toma (laqah) a tu hijo – Tu único hijo – Al que amas – anda (halak) al país de Moria – A Isaac

Abrahán había sufrido por no tener un hijo que le diese descendencia. Tras un largo camino de fidelidad nace Isaac[5]. Pero después de todos los avatares que ya había vivido Abrahán, Dios quiere probarlo aún más. Él le había pedido dejar patria, parentela, padres, su pasado y ahora le pide abandonar y sacrificar a su hijo y, con él, su futuro[6].

Tomar y andar eran etapas que llevaban a la oferta del holocausto como se puede constatar a lo largo de la narración; Es el programa divino que ahora debe asumir Abrahán[7]. Entonces en medio de la prueba y sabiendo el camino que está delante, el patriarca debe hacer una elección entre el Padre o el hijo[8], debe dejar ir al Creador, o bien dejar ir a la creatura[9].

La reacción de Abrahán ante el pedido de Dios es inmediata, se pone en marcha, pero confiando profundamente en YHWH (Gn 22,3):

– Se levantó[10] – De madrugada[11] – Tomó el asno[12] – Acompañado de dos siervos[13] – Con Isaac.

Tras estas acciones, Abrahán e Isaac inician el camino hacia el holocausto. Posteriormente, en Gn 22,4, el texto menciona que al tercer día[14] Abrahán levantaba los ojos y veía el lugar de lejos[15]. A continuación, aparece el muchacho נַ֖עַר. Entonces el patriarca da la orden: Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho:

a. Iremos hasta allí.    b. Haremos adoración   c. Volveremos donde ustedes

Se preparan así para recorrer juntos el último tramo del camino previo al sacrificio (v.7). Entonces llega la intervención directa de Isaac a través de una pregunta llena de inocencia. Padre, aquí está el fuego y la leña, pero ¿Dónde está el cordero para el holocausto?

La respuesta de Abrahán tuvo que ser profundamente amarga. El hijo que, lleno de inocencia y ternura, preguntaba por el cordero para ser ofrecido y sacrificado, sería él mismo la ofrenda y el sacrificio. Generalmente eran los hijos los que eran sustituidos por animales en el altar. Aquí sucede lo contrario[16]. Abrahán, con plena confianza responde (en vocativo) lo propio de quien tiene fe: Dios proveerá el Cordero hijo mío (v.7). Llega así el momento más cruel del relato:

– Abrahán ata a Isaac[17]  –  Caminaban juntos hacia el altar – Lo puso sobre el ara – Sobre la leña[18]

Mientras tanto Isaac permanecía en silencio, fue disponible como arcilla en las manos del patriarca y tuvo fe en el padre, tal como Abrahán la tenía en Dios. Cuando Abrahán se disponía a cumplir con lo que había pedido YHWH, a saber, tomar un cuchillo y entregar la vida del hijo, interviene Dios para salvar al muchacho (v.12)

1.3Un Padre que prueba a otro padre

El relato conduce a la narración de Dios que pone a prueba un padre. Un Padre pone a prueba al otro, pre-anunciando lo que sucederá con Jesús, cuando Dios se pondrá a sí mismo a prueba para demostrarle a la humanidad entera cuánto la ama ofreciendo a su propio Hijo. La madrugada, el asno, la compañía, es un esquema visible en el relato del sacrificio de Isaac en el Antiguo Testamento y de Jesús en el Nuevo. Se trata de un contexto de muerte, donde todo se confabula para que, en la confusión de la incertidumbre y la oscuridad, actúe el espíritu del mal.

Lo que vivirá Jesús de Nazareth, había sido experimentado por su descendiente, padre en la fe, Abrahán junto a Isaac. De hecho, el hijo prometido es Isaac, pero para el cuarto evangelio, se trata en realidad de Jesucristo, el verdadero Isaac[19]. De la misma manera como el Padre tomaba a Jesús, el Hijo, el único Hijo, el Hijo amado (Mt 3,17), también Abrahán había tomado el hijo, su único hijo, al que amaba.

El correlato no puede ser menos emocionante. La historia del pueblo de Dios se ha debatido siempre entre la prueba y la fe, la noche y la luz, la muerte y la vida eterna, el dolor y la alegría de la Pascua.  

1.4  El joven Isaac en el contexto de la prueba

Isaac se encuentra en esa dinámica de tensión entre la incertidumbre y la confianza, la fe y la incredulidad, el miedo y la esperanza, el mal y el bien, la noche y la llegada del alba.

El texto habla de un muchacho נַ֖עַר. Como joven, también está disponible a cuanto le pide su padre, lo escucha, no hay en él indiferencia. Abrahán había cargado sobre él la leña que debían llevar por el camino para el sacrificio. Él no objeta nada. Cargar la leña sobre sus hombros (v.6a) significa asumir también él, a su edad, con sus propias fuerzas y capacidades, lo que le exige la vida, la familia, la Providencia.

Cargando con la leña (la misma que será usada como pesebre y como cruz) toma la responsabilidad de la vida, se pone en camino con su padre, con su historia, con sus exigencias. No se queja. ¡Asume! Gracias a esa actitud el plan de Dios avanza, aunque permanezca la incertidumbre. Responsabilidad significa literalmente asumir el gozo de responder[20].

Abrahán le recuerda la providencia de Dios y el joven nuevamente escucha (שְׁמַע shemá), guarda silencio como signo de fe, continúa caminando con disponibilidad y confianza, ya no solo en su padre Abrahán, sino en el Dios providente. Hasta el momento de llegar al altar construido por el mismo Abrahán, Isaac no volvió a decir nada.

Cuando Dios detiene a Abrahán, la Providencia se manifiesta para salvar al muchacho; y para hacer llegar a culmen la fe de Abrahán, lo convierte en el padre de todas las generaciones, tantas como mirar al cielo y contar las estrellas (Gn 15,5) fruto de la oración, de adorar a Dios según habló Abrahán a sus siervos. Abraham fue elegido por Dios para una función especial como padre de Israel, lo cual entraña dos promesas: «Yo haré de ti una gran nación» (v.2) y «a tus descendientes yo les daré esta tierra» (v.7)[21].

1.5  El Dios que salva y cree en el joven: el lenguaje del camino y del acompañamiento

De las narraciones bíblicas, la de Isaac es talvez la más actual y relevante para nuestra generación[22]. El texto pone de relieve una vez más que YHWH es el Dios de la vida y no de la muerte y que, por tal motivo, ha salvado al joven.

En este relato bíblico no existe un padre de la fe sin un hijo de la fe. No existe el anciano padre de cientos de miles de generaciones sin un joven disponible, dócil, creyente, capaz de decir sí, dispuesto a asumir la voluntad y la providencia de Dios, el camino de la historia y de la vida misma. YHWH no sólo necesitaba de la disponibilidad de Abrahán para ser padre de la fe.

También era necesario valerse de un joven que revelara los designios que el Padre tenía para el padre de la fe. Isaac se convierte en el prototipo de lo que deben ser todas las generaciones de jóvenes vistas y contempladas por Abrahán en las estrellas. Dios necesita de cada joven para revelar su voluntad en la historia de vida de tantas personas creyentes y no creyentes que están en búsqueda de respuestas antes los interrogantes más trascendentales de la existencia.

Con Isaac, la Sagrada Escritura pone el precedente con el que posteriormente todos los demás jóvenes bíblicos tendrán que responder al llamado del Creador.

Es por esa razón que la narración del sacrificio de Abrahán es más relevante de lo que parece. En ella se encuentra la respuesta de un joven valiente en la fe en medio de situaciones muy adversas. Es más, según la narración, al regresar, Abrahán es mencionado junto a los siervos, pero no menciona a Isaac. Un texto de tradición masorética hace desaparecer a Isaac como si finalmente Abraham lo hubiese ofrecido a Dios para que así el joven realmente viviera[23].  

La experiencia de ser el hijo de la fe no fue sencilla. Isaac tuvo que aprender y lo hizo gracias a un padre que le enseñó a caminar, a cargar la leña, a escuchar, respetar y guardar silencio, a creer en la providencia y a ofrecerse en las manos de Dios. Isaac, según puede leerse, comprendía lo que debía hacer, no tanto por los discursos de Abraham, sino por el lenguaje del testimonio y del camino, el lenguaje del acompañamiento y de la fe con el que el mismo Creador había sostenido al mismo Abrahán: La pedagogía del camino.

Gráfico 1. Paralelismo entre el sacrificio de Isaac y el de Jesús

 Promesa del hijoRecibe el hijoLe es pedido el hijoOfrece el hijoLe es devuelto el hijoISAACN.T
Gn 15,15-17.19Yo la bendeciré y de ella también te daré un hijo     Lc 1,36-37
Gn 21,1-7 Dió a Abrahán un hijo     
Gn 22,2  Toma a tu hijoOfrécelo allí en holocaustoNo alargues la mano contra tu hijo  
Gn 22,7     Puso la leña sobre la espaldaLc 23,26-21/Mt 27,31b-32/Mc 20b-22/Jn 19,7

[1] www.teoeducando.com

[2] https://www.youtube.com/watch?v=C1c9IYVutP8

[3] Cf. A. Wénin, Isaaco o la Prova di Abramo, 7.

[4] Cf. J.L Ska, Introducción al Antiguo Testamento, Sal terrae, Santander 2012, 37-38.  

[5] “El nacimiento de Isaac representa de alguna manera, a futuro, el nacimiento de Jesús. Ver  J.L. Ska, Abramo, padre di tutti i credenti: Alle radici delle tre grandi religioni monoteistiche, 50.

[6] Cf. J.L. Elorza, Drama y esperanza: Lectura existencial del Antiguo Testamento, 181-183.

[7]  Cf. A. Wénin, Isaaco o la Prova di Abramo, 25.

[8]  Esta idea será desarrollada a lo largo de la Escritura hasta su punto más alto cuando Jesús pida categóricamente dejar padre, madre, hermanos, hijos, casa, tierra…  Mt 10,37-38; Mc 10,28-31.

[9]  Cf. A. Wenin, Le scelte di Abramo: lasciare il padre, lasciare andare il figlio, EDB, Bologna 2019.

[10] Esta misma reacción la encontraremos en José, el padre de Jesús en Mt 2,14.

[11]  En la Sagrada Escritura existe una teología del alba, de la madrugada: Gn 26,31; 1Sam 30,17; Sal 63,1; Sal 127,2; Os 6,4; Os 13,3; Lc 24,22.

[12] El asno es un animal que aparece más de cien veces en la Escritura símbolo de posesiones. Curiosamente se le ve presente como testigo de algunos escenarios bíblicos como el episodio de la Burra de Baal (Num 22,23) o la entrada de Jesús en Jerusalén (Mc 11,2).

[13]  En el sepulcro habrá dos ángeles (Jn 20,12).

[14]  A lo largo de la Escritura es muy común el uso de la expresión tercer día (467 veces). En muchos de los textos aquí presentados será una expresión muy utilizada. El tres es en la Sagrada Escritura el número de la perfección que en clave del tiempo significa el tiempo perfecto de Dios. Tres no es un número contable, matemático, estrictamente cronológico. Se interpreta desde el kairós, el tiempo de Dios, el tiempo que Dios se toma para que las cosas por Él previstas lleguen a su perfección.

[15] Esta expresión también aparecerá en Lc 15,11-32: El Hijo Pródigo.

[16]  Cf. A. Wénin, Isaaco o la Prova di Abramo,8.

[17] También a Jesús atado para la flagelación (Mc 15,15).

[18] El leño de la Cruz (Jn 19,17).

[19]  Cf. J.L. Ska, Abramo, padre di tutti i credenti, 50.

[20] Cf. Salesianos, Cuadro de Referencia, 53.

[21] Cf. B. Childs, Teología Bíblica del Antiguo y Nuevo Testamento, 137-138.

[22]  Cf. E. Wiesel, Carta al Creador.

[23]  Una alusión a la Vida eterna como la verdadera vida que es muy profundizado en el discurso del Pan de Vida del Evangelio Joánico (Jn 6,25-68).

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