CARNE EUCARÍSTICA.
CARNE EUCARÍSTICA Jn 6,51-58.

«COMAN MI CARNE». El escándalo Eucarístico. Jn 6,51-58

CARNE EUCARÍSTICA. «Si al salir de misa estás igual que como entraste, algo no funciona bien (FRANCISCO)» “La Eucaristía sostiene y transforma la vida comunitaria. En la comunión eucarística está incluido a la vez ser amados y amar a los otros. Por lo cual, una Eucaristía que no comporte un ejercicio concreto del amor es fragmentaria en sí misma. (BENEDICTO XVI)».
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre»

COMER SU CARNE: LA GRAN CATEQUESIS EUCARÍSTICA

“La Eucaristía sostiene y transforma la vida comunitaria. En la comunión eucarística está incluido a la vez ser amados y amar a los otros. Por lo cual, una Eucaristía que no comporte un ejercicio concreto del amor es fragmentaria en sí misma[1].

Estamos en la catequesis eucarística más profunda, densa y rica que Jesús nos ha heredado en el capítulo sexto del evangelio de San Juan, conocido comúnmente como el discurso del pan de vida, pronunciado en la sinagoga de Cafarnaúm.

Jesús expresa en esta perícopa ochos veces que quien no coma mi carne no poseerá la vida eterna. La afirmación no es fácil de digerir ni para el intelecto ni para las comprensiones espirituales de la época. ¿Cómo se le ocurre a Jesús pedir que un ser humano consuma la carne de otro, bajo pretexto que esto les dará la vida después de la muerte? El desconcierto es absoluto, incluso para creyentes y no creyentes del hoy.

COMER SU CARNE: «Escándalo Eucarístico».

Comer (φάγω) es en la sagrada Escritura un reconocimiento vital y al mismo tiempo una acción vital. Cuando se ayuna, el ser humano siente fragilidad, percibe que por sí mismo no puede subsistir porque necesita que el alimento, entrando y desde dentro, distribuya la fuerza, la energía y mantenga la vida. Cuando el cuerpo percata la necesidad de alimentarse, lógicamente se debe recurrir a la acción de comer para no morir.

En el texto sagrado, con el acontecimiento del maná (מָן) en Ex 19 en el Antiguo Testamento, se introduce al camino bíblico de la teología eucarística. Ante la crisis de hambre que el pueblo de Dios sufre durante la travesía del desierto, Yahvé les da el maná para que al consumirlo no perezcan. Ahora, ese pan es Jesús mismo, el Hijo revelado al mundo.

Cuando Jesús sostiene que se debe comer su carne (σάρξ) para vivir eternamente, no se está refiriendo al estado biológico de su cuerpo sino a la acción creyente de permitirle a Él entrar en lo más profundo del ser, esto es, su Palabra, aquella que anunció desde la pérdida en el Templo en su juventud.

Comer su carne, beber su sangre, es referirse totalmente a Jesús en su humanidad integrada a Dios, Él que está presente en cada fibra del ser humano amando, curando, levantando.

Se trata de acoger la totalidad de su amor transformante, aquel expresado en el encuentro con los enfermos, los pobres, los muertos, los hambrientos y sedientos del monte de las bienaventuranzas. Es asumirlo a Él desde sus llagas, con sus heridas, desde el sufrimiento de la cruz por salvación de la humanidad entera. Que Jesús entre todo a lo más hondo del alma desde su propia humanidad compartida con la nuestra.

EL PAN DE VIDA ETERNA

Para hacerlo comprensible, Jesús recurre a la figura del pan. El pan es una realidad santa, es todo lo que nos hace vivir. El Señor se identifica con este alimento tan propio de los hogares desde todos los tiempos. En efecto, este alimento trae el bienestar al cuerpo y a la casa. Sin embargo, a diferencia del maná, pan que perdura temporalmente, Jesús es el pan de vida que alimenta eternamente.

En efecto, comer la carne de Cristo es, además, hacer propia la misión de Jesús, a saber, asumir la responsabilidad de anunciar el Reino de Dios, con todo el ser, con todas las fuerzas, con la disponibilidad total de dar la propia vida, el propio cuerpo, la sangre misma entregadas incluso hasta el martirio por amor a Dios y a nuestro prójimo. Por ello no basta seguir a Jesús.

Es necesario consumirlo para hacerse con Él una sola carne que renueva su entrega en la Eucaristía y halla su fin último en la Pascua del Señor.

¿Qué se debe hacer entonces para vivir más allá de la muerte? Él mismo es la respuesta: Comer su carne y beber su sangre. Yo soy el pan vivo, si alguien come vivirá eternamente. Jesús es dado a nosotros por el Padre como don: el pan que yo daré, mi carne para la vida del mundo. ¿Quién recibe un don y lo rechaza? El desagradecido y el desordenado, el que no tiene sentido del valor ni es capaz de renunciar a su burbuja para adquirir algo mejor.

Sólo quien está en locura rechazaría un don de valor incalculable.

Pensamos cotidianamente en la muerte, pero con la eucaristía pensamos en la vida, la vida eterna. La Eucaristía nos recuerda que Dios viene siempre dentro de sus creaturas como alimento. El viene como la levadura dentro del pan, dentro del cuerpo, en lo más profundo, la levadura del amor. Es la liturgia de la existencia: cuando uno lo asume a Él y se deja transformar por Él, todo empieza a tener sentido de eternidad.

Que en todo nuestro ser fluya su amor, que todo lo exprese a Él. De esto se trata el permanecer (μένω: habitar) en (ἐν) la preposición indica posesión, guardar dentro a quien se ama. Comer su carne asumiendo la responsabilidad de mí mismo delante de la voluntad divina. Vale aquí la pena recordar la famosa expresión del Papa Francisco:

«Si al salir de misa estás igual que como entraste, algo no funciona bien»[2]

PROFUNDIZAR, ASUMIR, TESTIMONIAR

La Iglesia, la teología, la catequesis, la educación cristiana y cada creyente tiene la tarea de profundizar en el conocimiento del sentido y significado de la Eucaristía, asumiéndolo como una realidad espiritual que es al mismo tiempo camino, el camino que día a día debe dar pasos que expresar la capacidad de interiorizar este misterio sagrado y testimoniando de manera natural lo que va creando en la persona y en la comunidad cristiana la presencia Eucaristía.

En este sentido la Iglesia y la teología tienen un reto pedagógico ante la que aún no han sido respuesta sólida. No se trata de ir adelante con algunas iniciativas particulares, sino que la eucaristía debe ser el lenguaje de la Iglesia entera. (El cuidado de la liturgia, por ejemplo, o una catequesis menos conductual y más educativo – discernitiva).

EL ESCÁNDALO DE LA ETERNIDAD

En un mundo donde los católicos son 1.400.000 millones, es doloroso y cuestionable que la Eucaristía no logre transformar la vida del planeta, por el contrario, haciendo evidentes las divisiones entre los mismos creyentes. Nos une la Eucaristía y nos divide la política, el deporte, la raza, la geografía. La gran vergüenza de la Iglesia está celebrar tantas eucaristías que se viven sólo desde el rito y no como un modo de vida que nos hermana.

Consumir la carne de Jesús es superar todo cuanto mencionamos precedentemente para que Él, alimento de vida eterna, nos haga una sola carne que propone al mundo el escándalo de la eternidad.

LA EUCARISTÍA EN LA TEOLOGÍA SALESIANA

El artículo 88 de las constituciones salesianas definen el corazón teológico de la eucaristía en perspectiva salesiana. Reza así:

La escucha de la Palabra encuentra su lugar de privilegio en la celebración de la Eucaristía. Ésta es el acto central de cada día para toda comunidad salesiana, que lo celebra como una fiesta en una liturgia viva.

En ella la comunidad celebra el misterio pascual y recibe el cuerpo de Cristo inmolado para construirse en él como comunión fraterna y renovar su compromiso apostólico.

La concelebración pone de manifiesto las riquezas de este misterio: evidencia la triple unidad del sacrificio, del sacerdocio y de la comunidad, cuyos miembros están todos al servicio de la misma misión.

La presencia de la Eucaristía en nuestras casas es para nosotros, hijos de Don Bosco, motivo para visitar frecuentemente al Señor. De Él sacamos dinamismo y constancia en nuestro trabajo por los jóvenes.

La lectura teológica de la eucaristía, a la luz del concilio Vaticano II está claramente expresada en el proyecto de vida de los salesianos de Don Bosco. Nos dice:

[En la Iglesia, la palabra culmina siempre en el sacramento: lo que anuncia la primera lo actúa misteriosamente el segundo. Por ello, con muy buena lógica, el artículo sobre la palabra desemboca en el de la Eucaristía, que es al mismo tiempo lugar de privilegio de la palabra y su actualización.

El artículo, con cuatro párrafos, trata dos temas muy unidos entre sí: la celebración eucarística comunitaria (párrafos 1, 2 y 3) y la presencia eucarística, fuente de la devoción eucarística personal (párrafo 4). En el primer punto el texto expone simultáneamente el significado de la Eucaristía para la comunidad y la participación activa de la comunidad celebrante. Vamos a considerar por separado estos aspectos.

Antes conviene recordar lo que nos legó. Don Bosco y tener en cuenta el papel esencial de la Eucaristía en su vida. Ya se ha indicado al hablar de nuestra ‘misión y de nuestro método educativo, el puesto central de la Eucaristía en el pensamiento de Don Bosco (cf. Const. 36). Ahora podemos añadir que la Eucaristía es uno de los pilares donde se apoya todo el edificio de la santidad de nuestro Fundador y de sus hijos.

 El amor apasionado de Don Bosco a Jesús en la Eucaristía lo tenemos atestiguado en muchas páginas de las, Memorias Biográficas. «Frecuentemente —escribe su autor—, cuando predicaba y describía el amor inmenso de Jesús a los hombres, lloraba de emoción y hacía llorar a los demás.

Hasta durante el recreo, si hablaba de la Eucaristía, se encendía su rostro y decía con frecuencia a los muchachos: Queridos muchachos, ¿querernos estar alegres y contentos? Amemos con todo el corazón a Jesús sacramentado.[3]

 Aun reconociendo que la doctrina eucarística de Don Bosco no tiene la amplitud eclesial del Vaticano II (naturalmente depende de la teología de su tiempo), podemos comprender bien que la Eucaristía es para Don Bosco una realidad viva, presencia actual y viva de Cristo resucitado bajo el signo del pan: la mesa eucarística y el tabernáculo son los lugares, donde se puede tener con él, hoy también, un contacto real y vital.

Por medio de la comunión Don Bosco vive la amistad concreta, tierna y fuerte, con Cristo, y quiere en sus jóvenes el mismo amor: «Ah, si yo pudiera infundir un poco en vosotros este gran amor a María y a Jesús Sacramentado, ¡qué dichoso sería! … Para alcanzarlo, estaría dispuesto a llevar mi lengua por el suelo desde aquí hasta Superga.[4]

Tras este breve y sucinto recuerdo de nuestro Fundador, podemos comprender mejor el texto de la Regla.

Acción de Cristo en la comunidad por medio de la Eucaristía.

 De la celebración eucarística afirma el Concilio que es «fuente y culminación de toda la predicación evangélica … centro de la asamblea de los fieles», «centro y. cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana[5]. «Ninguna comunidad cristiana se edifica, si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la santísima Eucaristía, por la que consiguientemente debe comenzarse toda educación en el espíritu de comunidad[6]«.

Con mayor razón expresiones tan vigorosas se aplican a una comunidad de religiosos apóstoles. Con la Eucaristía la comunidad salesiana recibe dos beneficios fundamentales: se reconstruye en Cristo como comunidad fraterna y en él halla el fervor de un renovado esfuerzo apostólico. Dos frases breves, pero muy densas, lo explican.

· Con la Eucaristía la comunidad celebra a diario el misterio pascua, aquel misterio del que se ha dicho en el artículo 85 que hizo brotar la misma Iglesia: la muerte de Cristo acabó con toda división, la vida nueva en el Espíritu es el principio de la unidad profunda de los salvados. Al celebrar la Eucaristía, la comunidad salesiana celebra, con toda verdad, el acto de amor redentor que ha sido y es la fuente de su unidad.

 · Además, recibe el cuerpo de Cristo inmolado. Unirse al cuerpo eucarístico de Cristo es inserirse en su cuerpo místico, según la gran doctrina de san Pablo[7] recibir a Cristo es establecer comunión fraterna en él.

La concreción del sacramento hace brillar con todo su esplendor la afirmación del artículo 85: Es Dios quien «mantiene unida nuestra comunidad», y es el cuerpo de su Hijo quien la reconstruye continuamente; como es obvio, según la fe viva de los participantes, estimulados a la caridad fraterna.

 Refiriéndose a esta realidad, el Capítulo General Especial comenta: «En la incesante construcción de la comunidad, el instrumento fundamental y decisivo es la. Eucaristía, ‘signo y causa de unidad, fermento y exigencia de unidad al- mismo tiempo: es decir, signo de la unidad que es meta de nuestra vida. Pero signo en la medida en que vivamos de hecho y nos esforcemos incesantemente por construir la comunión entre nosotros.: En esta medida, el sacramento es también ‘causa’ de unidad».[8]

En la celebración de la Eucaristía, además, la comunidad salesiana se abre con vigor a los horizontes apostólicos y nutre, no sólo el amor fraterno, sino también su caridad pastoral. «La Eucaristía —sigue diciendo el Capítulo General Especial— es punto de partida y punto de llegada de todo el trabajo apostólico de la comunidad»[9].

Cuando celebra el misterio pascual, toma en sus manos la existencia concreta de los jóvenes y de los, fieles, para transfigurarla en el ofrecimiento de Cristo a gloria del Padre. Y al recibir el cuerpo de Cristo, los miembros se unen al buen pastor que dio la vida por sus ovejas y se preparan ‘a inmolarse por el bien .de los jóvenes, haciéndose pan que salva y da vida [10].

Participación activa de la comunidad en la Eucaristía

Pero estos frutos maravillosos se miden por la fe de los celebrantes. Ya en el primer párrafo se hace un llamamiento a esta fe, cuando se habla de la Eucaristía como de acto central década día … que se, celebra como una fiesta. ¿No hay contradicción de términos? Convertida en diaria, ¿la fiesta sigue siendo tal?

Aquí se quiere decir que la Eucaristía hay que celebrarla como el momento festivo de cada día, convencidos de su valor extraordinario. Por ello, se necesita una preparación íntima, un corazón atento y amante. Se necesita también, en lo – externo, un estilo de celebración que ayude y estimule la. fe. Liturgia viva es una liturgia que vence la rutina, que cada día encuentra algo de libertad creadora, aun dentro de la fidelidad a los ritos’ de la Iglesia, que facilite a cada uno participar ‘activamente.

El espacio dado a la acción de gracias viva e intensa por el don recibido es muestra de amor y principio del contacto permanente con Cristo, que se prolongará durante todo el día.

En la comunidad, familia reunida en torno a la Eucaristía, adquiere un valor particular la concelebración, que las Constituciones recomiendan.

Ofrece ocasión para una liturgia viva, directamente vinculada al aspecto comunitario, del misterio eucarístico, pues, la concelebración evidencia la triple unidad:

  • la unidad del sacrificio, ya que las misas celebradas por los diversos sacerdotes no son otra cosa que el único sacrificio de Cristo (sólo se multiplica el rito sacramental);
  • la unidad del sacerdocio: los diversos sacerdotes no son más que signos eficaces del único Sumo Sacerdote que ofrece su sacrificio (se multiplica sólo su obra sacramental de actualización);
  • la unidad de la comunidad, congregada en torno a un solo altar para una celebración única, donde cada uno desempeña el papel sacerdotal (ministerial y común) que le corresponde.

 Sin embargo, se puede concebir esta comunidad en dos ámbitos: la sola comunidad salesiana, cuyos miembros renuevan su compromiso de dedicación a la misma tarea y,’ mejor aún, la comunidad ampliada a los jóvenes y. a los fieles: en torno al altar aparece entonces la comunidad salesiana unificada por el servicio a un grupo de fieles y dentro de una comunidad eclesial más amplia.

Presencia de la Eucaristía y devoción que suscita

El último párrafo se refiere a un aspecto más bien personal, no litúrgico. Trata de la presencia de la Eucaristía en nuestras casas y de la devoción que tal hecho suscita. Para los, hijos de Don Bosco la capilla con el tabernáculo es el corazón vivo de la casa y de la comunidad. Aquí se habla de la visita a Jesús sacramentado. Sabemos cuánto se interesaba por ella Don Bosco y cómo la recomendaba a salesianos y jóvenes.

El Concilio la recomienda explícitamente a los sacerdotes: «A fin de cumplir con fidelidad su ministerio, gusten de corazón del cotidiano coloquio con Cristo Señor en la visita y culto personal de la Santísima Eucaristía[11]«

 No estará de más recordar el significado de este culto, perfectamente tratado en la instrucción Eucaristicum Mysterium[12]. Ante todo, depende estrechamente de la celebración eucarística: «Esta presencia se debe al sacrificio y está destinada a la comunión, tanto sacramental como espiritual», es decir, Cristo en el santísimo sacramento es siempre el Cristo víctima y alimento.

Por otra parte, tiene una orientación diversa: la misa ‘es acción litúrgica de Cristo y de la asamblea, ofrecida al Padre; el culto eucarístico se dirige a Jesús sacramentado, con formas sobre todo privadas. Su fruto esencial es estimular la fe y el amor a Cristo redentor. El artículo de las Constituciones dice muy bien: De él sacarnos dinamismo y constancia en nuestro trabajo por los jóvenes.

Don Bosco nos repite: «Vayamos a visitar con frecuencia a Jesús en las iglesias, donde nos aguarda día y noche … Los amigos del mundo encuentran tanta alegría al estar unos con otros, que a veces pierden días enteros por estar juntos.

¿Por qué no hallaremos nosotros alguna hora del día para entretenemos con el mejor de los amigos? Pues, ¡mucho más dulce es la compañía, de Jesús! ¿Quién será capaz de expresar la plenitud de gozo que experimentó san Juan en la última cena, cuando en compañía de Jesús, más aún, a su lado, pudo reclinar la cabeza en el pecho divino, como niño en el seno de su madre? Pues bien, muy similar es la alegría que se siente al estar en compañía de Jesús en el sacramento].[13]

Algunos elementos más a tener en cuenta de la espiritualidad eucarística salesiana, a modo de mención por ahora, son:

La Eucaristía en la educación salesiana[14]

“El Pueblo de Dios… no es nunca la mera suma de los bautizados, sino el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión, todavía peregrino en el tiempo y ya en comunión con la Iglesia del cielo”
Fuente de comunión y unidadCuerpo de Cristo del que se alimenta la IglesiaElla es el Templo del Espíritu Santo

La Eucaristía en la educación salesiana[15]

Fuente y cumbre de la acción y santidad de la IglesiaCentro vital de la comunidad oranteOblación eterna que brota de la Última Cena y la CruzSacramento de unidad eclesialSigno y causa de unidad[16];
Fermento y exigencia de unidad.Aceptar a Cristo no solo en cuerpo y sangre sino toda su PersonaPunto de partida y de llegada del trabajo apostólico.Luz para robustecer la caridad pastoralDa sentido y valor a los sacrificios de la fe y de la vida

Comulgar a Cristo[17]

ALas bienaventuranzasEsforzarse por modelar la propia mentalidad a la de Cristo
BEl mandamiento nuevoModelar la vida pensando en los demás como piensa Él de los demás
CDios como PadreModelar el ser al del Padre
DLa voluntad del PadreQuerer lo que Él quiere
EA todos los hombresQuerer a todos los que Él quiere
FHasta la muerteEntregarse como Él se entrega
GLa propia vidaHacer la vida para Él
HComo liturgiaConfigurar la vida escuchándolo a Él (la Palabra)

Teología fundamental de la Eucaristía[18]

El acto central de la comunidad de feEs la fiesta de la liturgia viva

En ella la comunidad

Celebra el misterio pascualRecibe el cuerpo de Cristo inmoladoRenueva su compromiso apostólico

Eucaristía: triple unidad

SacrificioSacerdocioComunidad

Dos beneficios fundamentales

Se reconstruye en Cristo como comunidad fraternaHalla el fervor de un renovado esfuerzo apostólico

Dos acciones de Cristo en la comunidad de fe por medio de la Eucaristía

Celebra el misterio pascualRecibe el cuerpo de Cristo inmolado

Los horizontes apostólicos que se nutren de la Eucaristía[19]

“signo y causa” de unidad y fermentoExigencia de unidadPunto de partida y punto de llegada del trabajo apostólico de la comunidad

CLICK PEDAGÓGICO

REFLEXIÓNhttps://www.youtube.com/watch?v=U31AhsBb8Ks  
CANTOhttps://www.youtube.com/watch?v=21RDvBdGcaQ&list=RD21RDvBdGcaQ&start_radio=1
JESÚS AMIGOhttps://www.youtube.com/watch?v=TMH959zYDgc&list=RDTMH959zYDgc&start_radio=1

[1] Benedicto XVI, Deus Caritas Est. 14.

[2] Francisco https://www.youtube.com/watch?v=D4A2kWxFfLw

[3] MB IV, 457.

[4] MB VII, 680-681. Sobre la doctrina eucarística de Don Bosco puede verse, J. AUBRY, L`Eucaristia nella prassi salesiana, en Rinnovare la nostra vita salesiOna, LDC, Turín 1981, vol. I, págs. 176 ss.

[5] Cf. PO 5; CD 30. La constitución Sacrosanctum Concilium aplica estas expresiones a la liturgia, cuyo corazón es la Eucaristía: «La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza» (SC 10), como recuerda el artículo 36 de nuestras Constituciones.

[6] P06

[7] El pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo? … Formamos un solo cuerpo porque comemos todos del mismo pan (1Cor 10, 16-17).

[8] CGE 543

[9] CGE 543

[10] «Los presbíteros … al alimentarse del cuerpo de Cristo, participan de corazón en la caridad de aquel que se da en manjar a los fieles» (PO 13).

[11] P018.

[12] Eucaristicum mysterium, 25 de mayo de 1967, núm. 50.

[13] J. BOSCO, Nove giorni consacrali all’augusta Madre del Salvaiore sollo molo di Marta Ausiliatrice, 1870, en OEXXII, págs. 330-331.

[14] Sínodo de la Sinodalidad, 16.

[15] CGE 383-384.

[16] LG 3.7.11.26.

[17] CGE 383.

[18] Art.88. PVSDB 755-761.

[19] CGE 53

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