MARÍA AUXILIADORA
MARÍA AUXILIADORA

9 SÚPLICAS A MARÍA AUXILIADORA

SÚPLICAS A MARÍA AUXILIADORA EN TIEMPOS DIFÍCILES. «Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo: —Ya no tienen vino». TEOEDUCANDO

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu Creador,

visita las almas de tus fieles

y llena de la divina gracia los corazones,

que Tú mismo creaste.

Tú eres nuestro Consolador,

don de Dios Altísimo,

fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;

Tú, el dedo de la mano de Dios;

Tú, el prometido del Padre;

Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos;

infunde tu amor en nuestros corazones;

y, con tu perpetuo auxilio,

fortalece nuestra débil carne.

Aleja de nosotros al enemigo,

danos pronto la paz,

sé Tú mismo nuestro guía,

y puestos bajo tu dirección,

toda culpa logremos evitar.

Por Ti conozcamos al Padre,

y también al Hijo;

y que, en Ti, Espíritu de ambos,

creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre,

y al Hijo que resucitó,

y al Espíritu Consolador,

por los siglos infinitos.

Amén.

V. Envía tu Espíritu y serán creados.

R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor.

R. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN CON EL SALMO 50

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,

Dios, ¡Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado

tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo

PRIMERA SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA: En los tiempos de incertidumbre.

El anuncio del ángel Lc 1,26-34
Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre que se llamaba José, de los descendientes de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel, le dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor está contigo; bendita eres tú entre las mujeres. Pero ella se turbó mucho por estas palabras, y se preguntaba qué clase de saludo sería este. Y el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.

Fuiste elegida Madre del Salvador para auxiliar al mundo consumido por la corrupción del pecado, la negación de Dios, el odio entre naciones y la guerra entre hermanos.

Las palabras del Arcángel Gabriel, aquel que es voz de Dios para anunciar la Buena Noticia, expresó la ternura del Creador para contigo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor está contigo; bendita eres tú entre las mujeres”. Admiración eterna del Padre por criatura tan pura y generosa.

Madre del Salvador, nos sentimos aturdidos y turbados ante la incomprensión humana que surge cuando no logramos discernir la voluntad del Padre en nuestras vidas. La incertidumbre que padecemos desgasta nuestros pensamientos, humilla nuestros sentimientos y desalienta nuestras acciones.

Auxiliadora de los cristianos, te suplicamos con toda la fuerza de nuestra oración y el coraje de nuestra fe, que nos alcances del Señor aquella serenidad necesaria en los momentos de nuestra historia en los que nos es difícil interpretar la presencia de Dios en los ritmos de las circunstancias.

Que la incertidumbre, ante aquello que no comprendemos, se disipe por la presencia del Espíritu Santo, para que Él ilumine toda inteligencia y haga surgir la fuerza interior de modo que tengamos plena confianza en los designios del Padre.

Que a nuestros oídos nos hagas llegar las palabras del ángel cuando nuestros senderos están abrazados por las tinieblas: No temas, porque has hallado gracia delante de Dios (Lc 1,30).

Salmo 121   Dirijo la mirada hacia los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.   No deja que tu pie dé un paso en falso, no duerme tu guardián;’ jamás lo rinde el sueño o cabecea el guardián de Israel.   El Señor es tu guardián y tu sombra, el Señor está a tu diestra. Durante el día el sol no te maltratará, ni la luna de noche.   Te preserva el Señor de todo mal, él guarda tu alma. Él te guarda al salir y al regresar, ahora y para siempre.
El rezo de 10 avemarías y 10 veces la jaculatoria ¡María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

SEGUNDA SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA: En los tiempos de desesperación.

En el Templo: Lc 2,41-52,
José y María caminaron un día entero, pensando que Jesús iba entre los compañeros de viaje. Después lo buscaron entre los familiares y conocidos, pero no lo encontraron. Entonces volvieron a Jerusalén para buscarlo. Al día siguiente encontraron a Jesús en el templo, en medio de los maestros de la Ley.  Él los escuchaba con atención y les hacía preguntas. Todos estaban admirados de su inteligencia y de las respuestas que daba a las preguntas que le hacían. Sus padres se sorprendieron al verlo, y su madre le reclamó:  —¡Hijo! ¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado. Estábamos muy preocupados por ti. Pero Jesús les respondió: —¿Y por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo estar en la casa de mi Padre? Ellos no entendieron lo que quiso decirles. Entonces Jesús volvió con sus padres a Nazaret, y los obedecía en todo. Su madre pensaba mucho en todo lo que había pasado. Mientras tanto, Jesús seguía creciendo en sabiduría y en estatura

Pedagoga de Jesús, lo llevas al Templo para educarlo en la fe. Es un muchacho que ha aprendido las labores cotidianas y las oraciones de piedad rezadas en familia. Su lugar no es la casa sino el Templo como el más docto entre los doctos de la Ley.

Has confiado Madre del Maestro en que Él caminaba a tu lado junto a los suyos. Pero Él no estaba regreso a casa, es necesario salir a buscarlo.

Al verlo allí, escuchando las preguntas de los expertos religiosos, ¡te has sorprendido y le has reprendido! ¿Por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado. Estábamos muy preocupados por ti. (Lc 2,48). Es la angustia de una madre, la preocupación visceral de la procreadora, la desesperación más profunda de quien lo ha llevado en el vientre, la incomprensión de aquella humilde mujer que no comprendía lo que pasaba.

Auxiliadora de los cristianos, tantos son los momentos sorpresivos y prolongados de desesperación. Tantas veces el alma busca en las fuentes de tu amor el consuelo del corazón, la paz del alma, la quietud de los pensamientos y la claridad del camino por recorrer cuando no sabemos dónde están las soluciones que el Padre nos tiene preparadas.

 Desde tu corazón de madre, que vive la desesperación de lo que no lograbas comprender, te suplicamos que dirijas con tu voz la desesperación que nos duele y los afanes que nos ahogan. Cuando experimentemos que tu Hijo está lejos de nosotros recuérdanos las palabras de Jesús: ¿No sabían que yo debo estar en la casa de mi Padre? Que sepamos buscar a Jesús en la Iglesia, en la Eucaristía, en los sacramentos y en su Palabra meditada.

SALMO 85   Inclina tu oído, Señor; escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en ti.   Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti;   porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.   En el día del peligro te llamo, y tú me escuchas. No tienes igual entre los dioses, Señor, ni hay obras como las tuyas.   Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios.»   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
El rezo de 10 avemarías y 10 veces la jaculatoria ¡María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

TERCERA SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA: En los tiempos de dolor y abandono.

VISITA A SU PRIMA ISABEL Lc 1,39-56
A los pocos días María emprendió viaje y se fue de prisa a un pueblo en la región montañosa de Judea. Al llegar, entró en casa de Zacarías y saludó a Elisabeth. Tan pronto como Elizabeth oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre.

Elizabeth era ya anciana, sus fuerzas estaban disminuidas y no tenía hijos. Era señalada por ser infecunda, y considerada pecadora, vivía la exclusión, pero el Señor la había mirado misericordiosamente y le había dado un progenitor: el Bautista.

Pronto has salido al auxilio de aquella a la que llamaban estéril, a la larga distancia.

Tu presencia suscitó en el corazón de Isabel, llena del Espíritu Santo, la más emotiva de las oraciones: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el hijo que darás a luz! Pero ¿cómo es esto que la madre de mi Señor venga a verme? Te digo que tan pronto como llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de alegría la criatura que llevo en el vientre. ¡Dichosa tú que has creído, porque lo que el Señor te ha dicho se cumplirá! (Lc 1,45-48).

Auxiliadora de los cristianos, en los momentos de dolor y de lágrimas, de enfermedad y desesperación, cuando nadie está presente y sólo se es señalado, asístenos pronto con tu presencia maternal y trae contigo al Salvador, Jesús de Nazareth, para que nuestra tristeza se convierta en alegría y nuestro llanto en dicha. (Jn 16,20-22).

Cuando no podamos soportar aquello que nos lastima el alma, el cuerpo o el corazón, susurra a nuestros oídos las palabras de Isabel: ¡Dichosa tú que has creído, porque lo que el Señor te ha dicho se cumplirá!

Aún desde la desesperanza danos la gracia de creer y confiar en las promesas de Dios que nos serán dadas.

Salmo 3 – CONFIANZA EN MEDIO DE LA ANGUSTIA.   Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí; cuántos dicen de mí: «ya no lo protege Dios.»   Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza. Si grito invocando al Señor, él me escucha desde su monte santo.   Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene. No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor.   Levántate, Señor; sálvame, Dios mío: tú golpeaste a mis enemigos en la mejilla, rompiste los dientes de los malvados.   De ti, Señor, viene la salvación y la bendición sobre tu pueblo.   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
El rezo de 10 avemarías y 10 veces la jaculatoria ¡María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

CUARTA SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA: En tiempos de peligro y persecución.

HUIDA A EGIPTO. Mateo 2,13-15
Después de que los sabios regresaron a su país, un ángel de Dios se le apareció a José en un sueño y le dijo: «Levántate. Escapa a Egipto con el niño y con su madre, y quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» Esa noche, José escapó a Egipto con María y con el niño, y se quedó allí hasta que Herodes murió. Así se cumplió lo que Dios había dicho por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

El peligro es inminente. La muerte está al asecho. La familia de Nazareth se ve obligada a escapar, nuevamente a migrar, la vida del niño sometida a la persecución. Nuevamente hacia una tierra desconocida, nuevamente la incertidumbre ante un futuro incierto. Tiempos difíciles y de difíciles decisiones.

El ángel del Señor una vez más es enviado en auxilio del Salvador, a la familia de Nazareth y al pueblo santo de Dios.

Auxiliadora de los cristianos, suplicamos desde el más difícil momento de persecución y peligro por la Iglesia, los sacerdotes, las familias, los hijos, los amigos y cuantos deben abandonar cuanto tienen por la presión de las injusticias.

El demonio ha buscado vencernos de nuevo para destruir la obra de Dios en nosotros, en su pueblo. Los obstáculos del mal siguen al asecho, la fidelidad al amor divino se ve nuevamente probado por las insidias que satanás ha puesto para que no se haga la voluntad del Padre

Tú que eres la madre de Dios, asístenos como ejército en orden de batalla contra los peligros del mundo y las asechanzas del mal. Tu manto de gracia nos custodie y cuide ante todo peligro para vernos libres de todo daño.

En los momentos de la más profunda angustia, recuérdanos las palabras del arcángel Gabriel, ¡Levántate, no tengas miedo!

Salmo 35 – DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS   El malvado escucha en su interior un oráculo del pecado: «No tengo miedo a Dios, ni en su presencia.» Porque se hace la ilusión de que su culpa no será descubierta ni aborrecida.   Las palabras de su boca son maldad y traición, renuncia a ser sensato y a obrar bien; acostado medita el crimen, se obstina en el mal camino, no rechaza la maldad.   Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes, tu justicia hasta las altas cordilleras; tus sentencias son como el océano inmenso.   Tú socorres a hombres y animales; ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!; los humanos se acogen a la sombra de tus alas;   se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz.   Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón; que no me pisotee el pie del soberbio, que no me eche fuera la mano del malvado.   Han fracasado los malhechores; derribados, no se pueden levantar.   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
El rezo de 10 avemarías y 10 veces la jaculatoria ¡María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

QUINTA SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA: En los tiempos de necesidad.

NO TIENEN VINO. Jn 2,3-4
Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo: —Ya no tienen vino. —Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? —respondió Jesús—. Todavía no ha llegado mi hora.

En este diálogo con Jesús la vemos realmente como Madre que pide, que intercede.

Conviene profundizar un poco en este pasaje del evangelio, para entender mejor a Jesús y a María, y también para aprender de María el modo correcto de orar. Ella propiamente no hace una petición a Jesús; simplemente le dice:  «No tienen vino» (Jn 2, 3).

Las bodas en Tierra Santa se celebraban durante una semana entera; todo el pueblo participaba y, por consiguiente, se consumía mucho vino.

Los esposos se encuentran en dificultades y María simplemente se lo dice a Jesús. No le pide nada en particular, y mucho menos, que Jesús utilice su poder, que realice un milagro produciendo vino. Simplemente informa a Jesús y le deja decidir lo que conviene hacer.

Auxiliadora de los cristianos, cuando lleguen las carencias, danos la gracia de la humildad para aceptar y pedir aquello que estamos necesitando siempre que sea para provecho del alma o del cuerpo, de la familia o la Iglesia.

Danos la gracia de la esperanza para sufrir con sencillez, y al mismo tiempo, poner toda nuestra confianza en la divina Providencia que todo lo da en el tiempo oportuno y justo.

Salmo 55, 2-7b. 9-14 – CONFIANZA EN LA PALABRA DE DIOS   Misericordia, Dios mío, que me hostigan, me atacan y me acosan todo el día; todo el día me hostigan mis enemigos, me atacan en masa.   Levántame en el día terrible, yo confío en ti.   En Dios, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temo: ¿qué podrá hacerme un mortal?   Todos los días discuten y planean pensando sólo en mi daño; buscan un sitio para espiarme, acechan mis pasos y atentan contra mi vida.   Anota en tu libro mi vida errante, recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío.   Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco, y así sabré que eres mi Dios.   En Dios, cuya promesa alabo; en el Señor, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temo: ¿qué podrá hacerme un hombre?   Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias; porque libraste mi alma de la muerte, mis pies de la caída; para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida.   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
El rezo de 10 avemarías y 10 veces la jaculatoria ¡María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

QUINTA SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA: En los momentos de tristeza

JUNTO A LA CRUZ. Jn 19, 25-27
Estaban de pie junto a la cruz la madre de Jesús, la hermana de su madre, María la esposa de Cleofás y María Magdalena.  Cuando Jesús vio a su madre al lado del discípulo que él amaba, le dijo: «Apreciada mujer, ahí tienes a tu hijo». Y al discípulo le dijo: «Ahí tienes a tu madre». Y, a partir de entonces, ese discípulo la llevó a vivir a su casa

María, unida al Hijo en el ofrecimiento del Sacrificio, extendió su maternidad a todos los hombres y, en particular, a los discípulos de Jesús

El autor del cuarto Evangelio, san Juan, el único de los apóstoles que permaneció en el Gólgota junto a la Madre de Jesús y a otras mujeres, fue testigo privilegiado de ese acontecimiento.

La maternidad de María, que comenzó con el fiat de Nazaret, culmina bajo la cruz. Es verdad, como observa san Anselmo, que desde el momento del fiat María comenzó a llevar en su seno la vocación y la misión de todos los creyentes cuando Cristo le dijo:  «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19, 26).

Viendo desde lo alto de la cruz a su Madre y a su lado al discípulo amado, Cristo agonizante reconoció la primicia de la nueva familia que había venido a formar en el mundo, el germen de la Iglesia y de la nueva humanidad. Por eso, se dirigió a María llamándola «mujer» y no «madre»; término que sin embargo utilizó al encomendarla al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19, 27).

Narra el evangelista: junto a la cruz estaba María (cf. Jn 19, 25-27). Su dolor forma un todo con el de su Hijo. Es un dolor lleno de fe y de amor. La Virgen en el Calvario participa en la fuerza salvífica del dolor de Cristo, uniendo su «fiat», su «sí», al de su Hijo.

Unidos espiritualmente a la Virgen de los Dolores, renovemos también nosotros nuestro «sí» al Dios que eligió el camino de la cruz para salvarnos. Se trata de un gran misterio que aún se está realizando, hasta el fin del mundo, y que requiere también nuestra colaboración. Que María nos ayude a tomar cada día nuestra cruz y a seguir fielmente a Jesús por el camino de la obediencia, del sacrificio y del amor.

Auxiliadora de los cristianos, te suplicamos en estos momentos de tristeza para que tu abrazo maternas nos conforte y de fortaleza. Cuando el llanto intente conquistar el corazón susurra al oído las palabras de Jesús en la cruz para cada uno de nosotros: ¡Ahí tienes a tu madre!

Salmo 129 – DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR. Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.   Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.   Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.   Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
El rezo de 10 avemarías y 10 veces la jaculatoria ¡María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

SÉPTIMA SÚPLICA

SÉPTIMA SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA: En los momentos de duda y desierto espiritual.

Pentecostés. Hch 1,14
Todos se reunían y estaban constantemente unidos en oración junto con María la madre de Jesús, varias mujeres más y los hermanos de Jesús.

No hay Pentecostés sin la Virgen María. Así fue al inicio, en el Cenáculo, donde los discípulos «perseveraban en la oración con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de sus hermanos», como nos relata el libro de los Hechos de los Apóstoles (1,14). Y así es siempre, en cada lugar y en cada época.

En medio de nosotros está María, la Madre de Jesús. En cualquier lugar donde los cristianos se reúnen en oración con María, el Señor dona su Espíritu.

También nosotros queremos estar espiritualmente unidos a la Madre de Cristo y de la Iglesia invocando con fe una renovada efusión del divino Paráclito

Auxilio de los cristianos, cuando nuestra fe decline y nuestra confianza en Jesús decaiga, llama a nuestro corazón y alienta nuestro amor al Señor para que la fe venza la debilidad con la fuerza espiritual y no abandonemos los caminos de Dios.

Salmo 140, 1-9 – ORACIÓN ANTE EL PELIGRO   Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.   Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios; no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes.   Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo opondré mi oración a su malicia.   Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables; como una piedra de molino, rota por tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.   Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso; guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores.   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
El rezo de 10 avemarías y 10 veces la jaculatoria ¡María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

OCTAVA SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA: En las asechanzas del demonio.

Contemplando a su Hijo moribundo en el Calvario había comprendido que la «gloria» de su maternidad divina alcanzaba en aquel momento su ápice, participando directamente en la obra de la redención.

Además, había comprendido que a partir de aquel momento el dolor humano, hecho suyo por el Hijo crucificado, adquiría un valor inestimable.

Hoy, por tanto, la Virgen de los Dolores, firme junto a la cruz, con la elocuencia muda del ejemplo, nos habla del significado del sufrimiento en el plan divino de la redención.

Ella fue la primera que supo y quiso participar en el misterio salvífico «asociándose con entrañas de madre a su sacrificio consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado» (Lumen Gentium 58).

Íntimamente enriquecida por esta experiencia inefable, se acerca a quien sufre, lo toma de la mano y lo invita a subir con ella al Calvario y a detenerse ante el Crucificado.

Auxiliadora de los cristianos, son tantos los que en el mundo sufren. Cada día haces tuyo el dolor de las madres, de las familias, de los que trabajan arduamente sin ver recompensado su trabajo, de los niños que sufren las formas de violencia y abandono. Haces propio el dolor que en lo más profundo de las entrañas viven los jóvenes lastimados en sus sueños y esperanzas. Haces tuyo el dolor de la naturaleza destruida cuando ella sólo da vida.

Sé nuestro amparo y nuestra protección ante todas las formas silenciosas y destructivas del mal. Que tu presencia maternal y poderosa combata junto a la fuerza de nuestra oración ante las asechanzas del maligno para que en toda manifestación del sufrimiento de manifiesta la gloria de Dios y sea vencida la sevicia del mal.

Salmo 141 – ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TU ERES MI REFUGIO   A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor; desahogo ante él mis afanes, expongo ante él mi angustia, mientras me va faltando el aliento.   Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo me han escondido una trampa.   Me vuelvo a la derecha y miro: nadie me hace caso; no tengo adónde huir, nadie mira por mi vida.   A ti grito, Señor; te digo: «Tú eres mi refugio y mi heredad en el país de la vida.»   Atiende a mis clamores, que estoy agotado; líbrame de mis perseguidores, que son más fuertes que yo.   Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor.   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
El rezo de 10 avemarías y 10 veces la jaculatoria ¡María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

NOVENA SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA: En los momentos de crisis espiritual

Apocalipsis 12
Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días

La Virgen nunca pidió nada para sí misma, nunca. Sí para los demás: pensemos en Caná, cuando va a hablar con Jesús. Nunca dijo: “Soy la madre, mírenme: seré la reina madre”. No lo dijo nunca. No pidió algo importante para ella en el colegio apostólico. Sólo acepta ser madre.

 Acompañó a Jesús como discípula, porque el Evangelio muestra que siguió a Jesús: con sus amigas, mujeres piadosas, seguía a Jesús, escuchaba a Jesús. Una vez alguien la reconoció: “Ah, ahí está su madre”, “Tu madre está aquí” (cf. Mc 3,31).

Seguía a Jesús hasta el Calvario. Y allí, de pie la gente seguramente decía: “Pobre mujer, lo que sufre”, y los malos seguramente dijeron: “Ella también tiene la culpa, porque si lo hubiera educado bien este no habría acabado así”. Allí estaba, con el Hijo, con la humillación del Hijo.

Auxiliadora de los cristianos, cuando exista la sensación del abandono de Dios en nuestra vida, o cuando no nos sea posible comprender cual es su voluntad, desesperados por tener el control de las cosas, recuérdanos al oído del alma aquella expresión que dijiste a los servidores de las bodas de Caná cuando se acabó el vino: hagan lo que Él les diga (Jn 2,5). En Ti madre de Dios encontremos el camino para aceptar la voluntad de Dios y permitirle hacer lo que más conviene para nuestro destino y el de todos los que nos rodean.

Salmo 142, 1-11 – LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA   Señor, escucha mi oración; tú que eres fiel, atiende a mi súplica; tú que eres justo, escúchame. No llames a juicio a tu siervo, pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.   El enemigo me persigue a muerte, empuja mi vida al sepulcro, me confina a las tinieblas como a los muertos ya olvidados. mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.   Escúchame en seguida, Señor, que me falta el aliento. No me escondas tu rostro, igual que a los que bajan a la fosa.   En la mañana hazme escuchar tu gracia, ya que confío en ti; indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma a ti.   Líbrame del enemigo, Señor, que me refugio en ti. Enséñame a cumplir tu voluntad, ya que tú eres mi Dios. Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana.   Por tu nombre, Señor, consérvame vivo; por tu clemencia, sácame de la angustia.   Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
El rezo de 10 avemarías y 10 veces la jaculatoria ¡María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros!

ORACIÓN A MARÍA AUXILIADORA

ORACIÓN DE SAN JUAN BOSCO A MARÍA AUXILIADORA

SÚPLICA A MARÍA AUXILIADORA
MARÍA AUXILIADORA

Oh María, Virgen poderosa,

grande e ilustre defensora de la Iglesia,

singular auxilio de los cristianos,

terrible como un ejército ordenado para la batalla.

Tú sola has triunfado de todas las herejías del mundo.

Oh Madre, en nuestras angustias,

en nuestras luchas, en nuestros apuros,

líbranos del enemigo y en la hora de la muerte

llévanos al cielo.

Amén

OFRENDAS A MARÍA AUXILIADORA

  • Ofrece a María Auxiliadora una celebración eucarística pidiendo por tus intenciones y necesidades y las de la Iglesia.
  • En casa tener en un lugar digno una imagen de María Auxiliadora
  • Donar o regalar a alguna persona una imagen de María Auxiliadora
  • Hacer un acto de caridad en honor a la Virgen.
  • Propagar la devoción a María Auxiliadora y verán lo que son milagros (San Juan Bosco)
Novena a María Auxiliadorawww.teoeducando.com
Recorrido por el Santuario de María Auxiliadorahttps://www.youtube.com/watch?v=HVtSe2L8GV0     https://basilicamariaausiliatrice.it/
Historia de la Devoción a María Auxiliadorahttps://www.youtube.com/watch?v=zNsiFfNxHjM
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LECTIO DIVINA 01

¿Cómo leer hoy la Palabra de Dios? ¿Cómo acercarse a la lectura bíblica para conocer a Cristo, interiorizarlo, amarlo y vivirlo? ¿Cómo ayudar a los jóvenes para que vivan una vida de fe interiormente rica y comprometida con el Evangelio y la misión de la Iglesia? De ahí surge la necesidad de leer y orar metódicamente la Sagrada Escritura.
TEOEDUCANDO

MÉTODO MESTERS 02

Mesters ha abierto un camino de lectura de la Escritura a partir de la riqueza de los pueblos, de las culturas, de las realidades concretas de los diversos grupos humanos a los cuales el Señor se ha revelado como amigos. (Dei Verbum). Método Mesters. Él plantea en la lectura de la Biblia, la relación e interacción de 3 elementos: la Palabra de Dios (texto) la comunidad (contexto), la vida (pretexto).