In segno di gratitudine a Padre Nicolas Steeves, illustre teologo gesuita, grande studioso e pedagogo della predicazione. DVQ.SDB
TEOLOGÍA DE LA PALABRA DE DIOS: INTRODUCCIÓN
Un youtuber que sube a las redes sociales un video de cinco minutos puede llegar a 33 millones de reproducciones en los primeros 15 minutos de publicación. A su vez, un religioso, que sube a internet un video explicando el Evangelio dominical correspondiente a la liturgia, llega entre 2.000 y 10.000 reproducciones a lo largo de una semana.
La exposición de un motivador personal, en un auditorio de 5.000 jóvenes, puede mantener la atención de los oyentes durante dos horas, pero un sacerdote puede realizar una prédica durante 15 minutos, y sin embargo, llega a perder la atención de los mismos oyentes a los 8 minutos de iniciada la predicación[1].
Independientemente del contenido y la profundidad de aquello que se publique o exponga en las disertaciones, no cabe duda que algo funciona en el lenguaje de unos y falla en el lenguaje de los otros. Las nuevas plataformas de los medios de comunicación social están marcando la pauta en la formación religiosa de la sociedad principalmente en los adolescentes y jóvenes.
Esto significa que la voz de la Iglesia es cada vez menos escuchada, quizá por el implemento de pedagogías y lenguajes obsoletos en la homilía, las catequesis y la educación religiosa en general. Por tanto, hoy lo que se comunica en formación cristiana corre el riesgo de no decir nada a los sabios y confundir a los sencillos.
Ésta realidad, este cambio de lenguaje, cuestiona fuertemente hoy a la Iglesia en la misión que tiene de ir y anunciar el Evangelio a todos los pueblos (Mc 16,15-18) llevándoles la Palabra de vida eterna (Jn 6,68).
Dentro de los replanteamientos es evidente la necesidad que tiene el estudio de la Escritura y la reflexión de la teología a la hora de repensar la pedagogía y los nuevos lenguajes que son indispensables en el anuncio de la Palabra de Dios hoy.
Se piensan grandes pastorales diocesanas muchas veces distantes de una teología actualizada o de ideas teológicas alimentadas, más por el deseo de la defensa de doctrinas, que por la urgencia de comunicar la Palabra de Dios. A causa de ello, la Palabra se desvanece muy a menudo, pierde el sabor, no sazia más[2].
Por tanto, nos preguntamos en éste trabajo ¿Cómo repensar una nueva pedagogía teológica y nuevos lenguajes que permitan comunicar con mayor asertividad la Palabra de Dios a la comunidad de fe, fruto de un diálogo reflexivo entre la Escritura y la teología? ¿Qué actitud debe asumir al respecto el teólogo en la urgencia de predicar la Palabra de frente a una humanidad que toma más distancia de los discursos religiosos y va eliminando el sentido de Dios?.
Para buscar algunas respuestas, el siguiente trabajo escrito se dividirá en tres partes. En la primera parte, se presentará un enfoque bíblico de la predicación valiéndonos de la figura de San Pablo.
En la segunda parte, podrá verse la importancia de la corresponsabilidad de la Iglesia y de la Teología en el ministerio de la predicación, y finalmente, en la tercera parte, dilucidar algunos lenguajes y pedagogías que puedan concretar una algunas sugerencias ante las exigencias que hoy se le solicitan a quienes se dedican a la predicación dirigidas especialmente a los jóvenes, presente y futuro de la Iglesia y la sociedad.
I
La vocación de Pablo como predicador
Es bien conocida la figura bíblica de Pablo de Tarso, el apóstol, cuya capacidad misionera llevó a la conversión al cristianismo de muchas comunidades paganas y judías.
La segunda carta a los Corintios menciona un grupo de misioneros foráneos que predicaban contra Pablo cuestionando a la comunidad por escucharle. El mismo Apóstol los llama «superapóstoles» (cf. 2Cor 11,5). Su presencia en la comunidad de Corinto estuvo marcada no sólo por la confusión que traían respecto a las enseñanzas trasmitidas por Pablo, sino que su discurso llegó incluso a criticar el aspecto físico y la tartamudez del mismo para hablar.
Inicialmente el Apóstol no quiso poner cuidado a las insinuaciones molestas y peligrosas de éste grupo, menos cuando tenía por criterio no vanagloriarse ni defenderse a sí mismo. Sin embargo, el recio ataque lo obligó a realizar una apología en defensa de su ministerio condenando la confusión que dejaron sembrar los corintos ante un don ya recibido mediante la predicación suya.
Toleran muy tranquilos a cualquiera que se presenta predicando otro Jesús, distinto del que les prediqué, o proponiéndoles recibir un espíritu diferente del que recibieron y un Evangelio distinto del que han abrazado. (2 Cor 11,4).
Pero es el verso posterior, el que suscita inquietud, cuando Pablo reconoce no tener «elocuencia » pero sí «ciencia ». Sin embargo, no me juzgo en nada inferior a esos superapóstoles. Puede que carezca de elocuencia, pero no de ciencia. Y se los he podido siempre demostrar y en presecia de todos. (2Cor 11,5).
La pregunta en éste punto es, si Pablo carecía de un aspecto físico atrayente y no tenía facilidad para expresarse ¿Cómo lograba predicar con tanta vehemencia y fuerza el Evangelio de Cristo? ¿Dónde radicaba su capacidad comunicativa del Evangelio en medio de los límites personales que le eran propios y de todo el ataque externo que recibía?
1.1 Escuchar – conocer, creer, predicar: la dinámica primera en el corazón de la Iglesia y la Teología que predica
Es también conocido el pasaje donde Saulo cae y queda ciego (Cf. Hch 9,1-6; 22,6-9; 26,12-15). Convencido de agradar a Dios persiguiendo a los cristianos, comunidad naciente, Saulo va camino a Damasco enardecido y seguro de poderles exterminar. No esperaba aquella caída. Pero la ceguera de Pablo no es biológica ni física. La ceguera es la incapacidad que tiene el hombre de ver la presencia del Espíritu obrando, creando, transformando desde dentro de la persona misma como el principal protagonista de todo.
Quedarse ciego, en el contexto de la caída de Saulo, fuera de la figura popular de caer del caballo, recuerda el desconcierto y la confusión que reinan en la esencia misma de la creatura cuando ésta desconoce su origen verdadero, cuando ha suprimido de la propia existencia la acción de la trascendentalidad del Creador desde dentro de sí mismo donde Dios habita.
Rahner plantea en este sentido que el ser se pregunta en primer lugar por el ser en general[3]. Y continúa diciendo que la esencia del ser es conocer y ser conocido en una unidad primigenia, a la que nosotros nos place designar como, estar con nosotros mismos, como en estado de luminosidad[4]. Es lo que Rahner llamacognoscibilidad de principio de ser.
Estar ciego, en este contexto, significa desconocer que cada uno de nosotros, como ser, participa de la infinitud de Aquel que nos ha creado. Es por ello que Rahner llama estado de luminosidad, estado de luz, cuando el creyente experimenta, como primer paso, el encuentro cognoscible con el Ser.
Evidentemente Saulo se encontró de frente a un misterio que desbordaba su formación filosófica, su teología, su concepción de Dios y su radical forma de cumplir la ley. Esto lo desconcertaba, había quedado estupefacto, ciego, había conocido al Cristo, al que perseguía, y ello determina una primera clave de lectura para el tema de reflexión que nos preocupa.
No se predica de lo que no se conoce: nunca entre ustedes me he preciado de conocer otra cosa sino a Jesucristo, y a éste crucificado (1Cor 2,2-3).La teología y el teólogo de hoy, necesitan conocer, vivir el encuentro con aquella unicidad primigenia de la que participa. La teología y el teólogo de hoy, necesitan dar el paso de la ceguera a la luminosidad a través del conocimiento siempre inabarcable con Cristo.
En esta misma dinámica, Rahner continua diciendo que la esencia del hombre es la apertura absoluta al ser[5] y ésta apertura significa esencialmente tener oído atento a la Palabra de Dios[6]. Conocer a Dios tiene por exigencia e implicación escuchar. Las dos cosas van de la mano. Tras quedar ciego Saulo siente una voz: porqué me persigues![7] Entonces es cuando Pablo escucha por primera vez al Señor. En aquel momento de “luminosidad”, sucede la conversión y cree. Pablo conoce al Señor, escuchándolo. Y creyendo en lo que ha conocido, escuchando, inicia su maratónica misión como predicador. Creí y por eso hablé. También nosotros creemos y por eso hablamos (2Cor 4, 1.13)
| Predicar | ||
| Oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo! | por eso hablé | |
| por eso hablamos |
El P. Steeves afirma que cada predicador es ante todo, él mismo, oyente de la Palabra. Quien predica ha oido a Dios[8].Escuchar la Palabra es ante todo, dejarse mover por ella, dejar que Dios acontezca desde dentro del ser humano mismo, volviéndose luz. El paso entre la ceguera y la luminosidad se da cuando Saulo encuentra a Jesús, cuando tiene contacto por primera vez con Cristo al escucharlo. La teología y el teólogo, la Iglesia y los predicadores, tienen su primer encuentro escuchando al Señor. Allí está la Luz requerida para anunciar el Evangelio.
Entonces se empieza a dilucidar aquella novedad que tenía Pablo en la predicación, ante las dificultades para expresarse, sintiendo miedo y debilidad y en medio de los adversarios que trataban de humillarlo. Pablo era un hombre de Dios, habitado por Dios, era un hombre de Espíritu. Para predicar delante de los demás, el predicador parte ante todo de Dios[9] que es la Luz del mundo[10].
Benedicto XVI lo dejaba bien definido cuando afirmaba que para hablar de Dios es necesario primero hablar con Dios; antes de dedicarse a las cosas de Dios hay que estar con Dios[11]. Allí nace la autoridad ministerial de la predicación.
El anuncio de la Palabra empieza por tanto en la capacidad del encuentro con un Dios que se comunica a través de la Palabra, habitando en el interior del hombre mismo, creándolo continuamente.
El creyente, y por tanto, el predicador, el comunicador del Evangelio, debe desarrollar ésta sensibilidad, de manera que, abiertos a la acción constante de la Palabra escuchada, pueda dar razones de esperanza para los oyentes, más que exponer doctrinas con discursos aprendidos y repetidos.
Rápidamente, iluminados por el Apóstol Pablo, se comprende que, conocer, (no en el sentido de aprender racionalmente conceptos, sino en el sentido de vivir una experiencia profunda) y escuchar la Palabra, (Dios mismo que se narra a todos los que ama) son las dos primeras claves que necesita la Iglesia, la teología y el teólogo para predicar aquello que ha recibido por misión.
Pero aquí surge un nuevo reto. Quien escucha vive en un contexto determinado y la Palabra de Dios ha de iluminar la realidad humana, cultural, religiosa, social, histórica concretas en las que vive. Este es el momento donde se remarca el diálogo entre Escritura y teología, de manera que no sean reflexiones separadas e independientes, sino que, en constante diálogo, puedan ser la voz de Dios que continúa guiando y caminando con su pueblo.
II
Corresponsabilidad del Iglesia y la teología en el ministerio de la predicación
Como mencionaba anteriormente, el cristianismo no es sólo la obedicencia al magisterio, sino ante todo, la necesaria escucha a la voluntad de Dios que, a través de la teología siempre actualizada, lleve la Buena Nueva al pueblo santo de Dios. Bastaría por ahora realizar un paneo sobre lo que dicen al respecto algunos de los documentos eclesiales fundamentales.
2.1 A la luz de la Dei Verbum: Llamados, formados y enviados para predicar la Buena nueva
Muchos de los teólogos afirman que la Constitución Dogmática Dei Verbum constituye el centro del Concilio Vaticano II, puesto que todos los demás documentos se retroalimentan de él. Tal constitución está dividida en seis (6) capítulos y desde el inicio, citando la primera carta de Juan, remarca la dinámica que hemos venido considerando: lo que hemos visto y oído os lo anunciamos (1Jn 1,2-3). En el Evangelio de Marcos se puede observar que Jesús llamó a los doce, para que estuvieran con Él y enviarlos a predicar (Cf. Mc 3,13-14).
| Vocación | Formación | Misión | |
| 1Jn 1,2-3 | Lo que hemos visto | Lo que hemos oído | Os lo anunciamos |
| Mc 3,13-14 | Los llamó | Para estar con Él | Enviarlos a predicar |
Como es posible detallar en la gráfica, la dinámica del anuncio no se da sólo en el acto inmediato de salir a predicar, sino que previamente, hay un llamado y un tiempo de formación, y luego, posteriormente, como consecuencia natural de estos dos aspectos, llamada y formación, sucede el envío: la misión. Predicar y anunciar es el resultado obvio de dos cosas previas: sentirse llamados y haber estado con el Señor.
Ésta es la dinámica del Concilio que, a mi juicio personal, pone en el centro la escucha de la Palabra y determina a su vez, otro de los criterios necesarios en el ministerio de la teología y del teólogo predicador: tomar conciencia que nadie se ha convocado a sí mismo, ni se forma a sí mismo, ni se envía a sí mismo al ministerio de predicar.
Los tres aspectos son dones recibidos que se deben redescubrir constantemente. Personalmente me parece descubrir, en las citas bíblicas introductorias de la Constitución dogmática, ésta dinámica para mí fundamental a la hora de recordar, que ni la Iglesia, ni la teología, ni los teólogos, son los dueños de la mies[12].
2.2 El silencio como “lugar teológico” de colegialidad y discernimiento en la predicación de la Palabra
Al definir el tema de la Revelación y su transmisión, al plantear el tema de la inspiración y correcta interpretación de la Escritura, y al desarrollar la importancia de la unidad entre el Antiguo y Nuevo Testamento, el Concilio reubica la Escritura en la vida de la Iglesia y, por tanto, de la teología poniéndola al centro.
En la vida de la Iglesia, el documento Dei Verbum recomienda que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella[13], que los cristianos tengan amplio acceso a ella[14] y acercarse a la más profunda inteligencia de la Sagrada Escritura, para alimentar sin desfallecimiento a sus hijos con las divinas enseñanzas[15].
Del acercamiento a la «profunda inteligencia de la Escritura», la Constitución Apostólica Dei Verbum exhorta a exégetas y teólogos a trabajar, aunando diligentemente sus fuerzas, para investigar y proponer las Letras divinas[16].
La palabra clave aquí es “aunar”. No se puede hacer teología sin el diálogo con la Escritura, y la Escritura no se puede comunicar sin una profunda reflexión teológica que permita su adecuada aplicabilidad en la vida de la Iglesia. No son dos realidades separadas, cada uno con intereses distintos. Existe una reciprocidad y corresponsabilidad entre ellas a la hora de ser luz para el pueblo santo de Dios.
Por tanto, la Iglesia pide dedicación y cuidado de los estudios, para que, la obra felizmente comenzada, renovando constantemente las fuerzas, la sigan realizando con todo celo, según el sentir de la Iglesia[17].
En el Evangelio de Lucas, encontramos a los discípulos regresando para compartir lo que habían predicado, después de ser enviados de dos en dos. Cuando los discípulos regresaron, le contaron cuanto habían hecho. Él tomándolos consigo, se retiro aparte a una lugar llamado Betsaida (Cf. Lc 9,10). Aquel «lugar» es el espacio, primero, de la colegialidad, y segundo, del discernimiento y reencuentro con el Señor para renovar constantemente las fuerzas, y estar con Él (volvemos aquí a la importancia de sentirse convocados por el Señor, para estar con Él: Vocación – formación).
La Iglesia, y por tanto la teología, reciben la misión de anunciar la Palabra, pero el cumplimiento y los frutos de dicha misión retornan a Cristo mismo como acaba de mostrarlo Lucas en el Evangelio. El crecimiento de la semilla regada, no queda suelta, a la deriva, sin rumbo, descuidada, bajo la responsabilidad última de cada predicador. Por el contrario, los resultados de la predicación retornan al Señor mismo que envía, Él es el responsable último de hacer fructificar el apostolado de los enviados.
Sin duda alguna, aparece aquí una nueva condición en la vida de la teología y del teólogo predicador. La necesidad del «lugar teológico del silencio» aquel espacio de retiro donde se nutre la colegialidad y el discernimiento a la luz de la escucha del Señor.
Un lugar de silencio, entendido no como soledad, sino como el ecosistema espiritual donde se va del silencio de la perplejidad (donde no se comprende la voluntad de Dios), al silencio fecundo e inexpresable (que no encuentra palabras para comunicar la riqueza del encuentro con la Palabra). Aquello que el P. Steeves llama «estructura ternaria»[18] y que debe hacer parte en la dinámica de la relación entre Escritura y Teología y la predicación hoy.
| Silencio | Palabra | Silencio |
| Por no comprender nada. | ManifestarConsolar.Construir comunión comunidad. | Por no poder expresar del todo lo que se ha comprendido. |
| De la desgracia. | A la Gracia. |
2.3 El testimonio del Evangelio como predicación
Resulta muy interesante observar en el Evangelio mismo, que mientras estaban en retiro (no aislados para escapar de la gente) la multitud sabía que Jesús y sus discípulos están en retiro. También el Señor y los suyos perciben que la multidud está cercana a ellos. La multitud va tras aquella colegialidad congregada en torno a su Señor porque saben que allí encuentran lo que buscan: palabras de vida eterna. Y el Señor y los suyos, se las dan hasta saciarse (Cf. Lc 9,12-17).
El testimonio eclesial es también predicación que la Iglesia y la teología deben ofrecer como palabra de vida eterna a la humanidad. Esto constituye hoy un inmenso reto ante la mirada de un mundo creyente y no creyente que observa de lejos cientos de reuniones de episcopados o de reflexiones teológicas pero de modo distante y alejado sin sentir que puedan recibir algo bueno para la vida y la historia de la sociedad y de las personas.
Por supuesto que el testimonio no es un teatro o algo impostado. Surge del encuentro con el Resucitado, como podrá profundizarse más adelante.
2.4 Los contextos de la Iglesia, pretextos para el anuncio
Encontramos la versión donde el Evangelista Marcos dice que Jesús «vio» que estaban como ovejas sin pastor, sintió lástima y se puso a enseñarles[19].El verbo «ver», es central aquí. También el Génesis reafirma constantemente con la expresión y«vio» Dios que todo era bueno. O el Padre misericordioso que «ve» a la distancia el regreso de su hijo (Lc 15,11-32). «Ver» no es aquí solamente mirar. En el sentido bíblico, significa tener la capacidad de asimilar y sentir misericordia de la realidad del otro para caminar con el. No es una acción pasiva sino totalmente pro-activa.
Cuando Dios «ve» en el Génesis que todo está bien hecho, continúa creando; cuando el padre misericordioso «ve» que su hijo retorna renovado, arrepentido, convertido, lo abraza y lo reconstituye.
Ver, en la Escritura, y por tanto para la teología y el teólogo, significa captar la realidad concreta de lo que se ve, o de quien se ve, para serles también respuesta concreta de salvación. Este diálogo concreto entre Escritura y Teología es también el espíritu del Concilio y de la Dei Verbum cuando finaliza el numeral 23 recomendando el sentir de la Iglesia. Éste es el ver de Pablo de Tarso que no se reduce a conocer conceptualmente a Cristo, sino que, tras recuperarse de la ceguera, anuncia con todo celo el Evangelio según el sentir de la Iglesia naciente: Lo que hemos visto, lo que hemos oído, os lo anunciamos (1Jn 4,1-2)
Al observar la realidad concreta del pueblo de Dios, el teólogo hace de las exigencias de fe de la comunidad, su pretexto, para ser ahí portador de esperanza.
Se entiende entonces porqué el Concilio llama a la sagrada teología, a exégetas y teólogos, a clérigos, a catequistas, a la liturgia y a las instituciones que educan en la fe, a poner los cimientos del anuncio en la Escritura bajo esa dinámica de sentirse llamados, formados y enviados: vocación – formación – misión, pero con la capacidad de dar respuestas concretas a las necesidades del pueblo de Dios evitando ser abstractos e incomprensibles.
2.5 Hacia una pedagogía teológica: la Verbum Domini
Por su carácter de sinodalidad, es muy importante mencionar la Exhortación apostólica Verbum Domini de Benedicto XVI[20] y realizar, a modo de síntesis, algunos correlatos para identificar el desarrollo de lo que llamaría, una pedagogía teológica, en la reflexión emergente de la relación entre Escritura, teología y la predicación de la Palabra. Para no caer en el discurso extenso, quisiera señalar algunos aspectos de la Exhortación Apostólica que concretizan ese movimiento pedagógico creado por la Constitucuón Dogmática Dei Verbum.
| Dei Verbum | Verbum Domini |
| Que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella. 21. | La Iglesia se funda sobre la Palabra de Dios, nace y vive de ella. 3 Ella es el fundamento de toda realidad. 8. Para acoger la Revelación, el hombre debe abrir la mente y el corazón a la acción del Espíritu Santo que le hace comprender la Palabra de Dios, presente en las sagradas Escrituras. 25. Un criterio fundamental de la hermenéutica bíblica: el lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia. 29. El estudio de las sagradas Escrituras ha de ser como el alma de la teología.31. |
| Que los cristianos tengan amplio acceso a ella. 21. | Dios se da a conocer en el diálogo que desea tener con nosotros. 6. Esta experiencia de Jesús es indicativa de la situación del hombre que, después de haber escuchado y reconocido la Palabra de Dios, ha de enfrentarse también con su silencio. 21. Dios nos ha hecho a cada uno capaces de escuchar y responder a la Palabra divina. El hombre ha sido creado en la Palabra y vive en ella; no se entiende a sí mismo si no se abre a este diálogo. 22. |
| Acercarse a la más profunda inteligencia de las Sagradas escrituras. 21. | La comunidad eclesial crece también hoy en la escucha, la celebración y en el estudio de la Palabra .3. Es necesario que los exegetas, teólogos y todo el Pueblo de Dios se acerquen a ella según lo que ella realmente es, Palabra de Dios que se nos comunica a través de palabras humanas. 29. «Puesto que Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano, el intérprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y Dios quería dar a conocer con dichas palabras. 34. La reflexión teológica ha considerado siempre la inspiración y la verdad como dos conceptos claves para una hermenéutica eclesial de las Escrituras. 36. |
| Alimentar sin desfallecimiento a sus hijos con las divinas enseñanzas. 21. | Quien conoce la Palabra divina conoce plenamente el sentido de cada creatura. 10. Importancia de educar y formar con claridad al Pueblo de Dios… reconociendo la misma Palabra de Dios. Es muy importante desarrollar ésta actitud en los fieles. 18. Es importante educar a los fieles para que reconozcan la raíz del pecado en la negativa a escuchar la Palabra del Señor, y a que acojan en Jesús. 26. |
| Renovando constantemente las fuerzas. 22. | La Palabra divina en la vida de la Iglesia, fuente de renovación constante.1. |
| La sigan realizando con todo celo. 22. | Es necesario referirse a la misión del Espíritu en relación con la Palabra.15. |
| Según el sentir de la Iglesia. 22. | Desde el punto de vista pastoral mostrar la capacidad que tiene la Palabra de Dios para dialogar con los problemas que el hombre ha de afrontar en la vida cotidiana. 23. La pastoral de la Iglesia debe saber mostrar que Dios escucha la necesidad del hombre y su clamor. 23. La Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio, y en el evangelio encuentra siempre de nuevo orientación para su camino. Sólo quien se pone primero a la escucha de la Palabra, puede convertirse después en su heraldo. 51. |
Del cuadro anterior podemos sintetizar que:
- «El alma de la Teología es la Sagrada Escritura»
- No se entiende el estudio de las Escrituras sin el consucuente resultado de una teología que se renueva y comunica constantemente.
- Se insiste en el término «viva». La «Iglesia viva». Por tanto en movimiento. La esencia del anuncio no es cambiante pero los contextos en los que vive la vida la Iglesia sí y esto genera nuevos pretextos para que la teología sea respuesta a los nuevos contextos que surgen en la humanidad y la Iglesia.
- La Iglesia mantiene una actitud de apertura a los estudios de la Escritura y por tanto, al desarrollo de la teología. Junto a ésta apertura también crece la sensibilidad por reflexionar sobre pedagogías y lenguajes que permitan para el mundo de hoy, comunicar la Palabra de Dios y anunciarla respondiendo así a las exigencias espirituales del pueblo de Dios.
Evidentemente la Verbum Domini representa una evolución de la importancia que tiene la Sagrada Escritura dentro y en la vida de la Iglesia. El carácter de sinodalidad, la riqueza teológica de Joseph Ratzinger y doctrinal de Benedicto XVI, le han dado al documento una profundidad invaluable, pero también desarrolla una cierta pedagogía teológica que le es propia al Evangelio, evitando que los documentos de la Iglesia terminen siendo letra muerta.
¿Cuáles son, por tanto, aquellos elementos que permitirían el desarrollo de nuevos lenguajes y una pedagogía teológica respondiendo a la nuev urgencia que tiene hoy la Iglesia de predicar la Palabra de Dios?
Hasta el momento se han encontrado varios de esos elementos fundamentales, a saber:
- Escuchar la Palabra para encontrarse con el Señor que llama, forma y envía.
- El silencio como lugar teológico en el que la Iglesia y la teología crean colegialidad y disciernen la Palabra.
- El testimonio de vida del encuentro con el Resucitado.
- Asumir la vocación, la formación y la misión como un don, no como una propiedad personal, de la cuál somos instrumentos pero cuyo responsable primero y último es siempre el Espíritu. En este sentido, no es posible sentirse enviados a predicar el Evangelio, cuando no hay la llamada de Dios, ni se ha dejado al Espíritu formar el corazón para el ministerio de la predicación.
- El predicador debe desarrollar la capacidad de ver y contemplar el contexto donde vive su fe el pueblo de Dios para ser respuesta a los clamores del presente.
De algún modo éste es como el ritmo circadiano del cuerpo de la Iglesia y de la Teología que funciona siempre correlativa y corresponsablemente. Al centro está la Sagrada Escritura: Dios mismo que se narra, que se revela a su pueblo.
La Iglesia, la teología y el teólogo, conoce y encuentra a Cristo en la escucha de la Palabra, sólo a través del silencio, en el silencio que permite escuchar, estar con Él y ser testigos de su presencia dejándose formar por el Espíritu permanentemente para, finalmente, dar testimonio y ser enviados a predicar y anunciar la Buena Nueva.
Con el ánimo de ser aún más concretos y proponer a la pastoral de la Iglesia un lenguaje y una pedagogía teológica mas específica, aún en la responsabilidad del anuncio y la predicación, podrían mencionarse algunos elementos más que puedan contribuir efectivamenteen el ejercicio de éste ministerio.
III
Hacia nuevas lenguajes y una pedagogía en el ministerio de la predicación
Una vez más San Pablo ilumina ésta reflexión: sabiendo que Dios en su misericordia nos ha confiado este ministerio, no nos desanimamos. Al contrario, evitamos los silencios vergonzosos, el proceder con astucia y el falsificar la Palabra de Dios. Y ante el juicio que puedan hacer todos los demás delante de Dios, nuestro testimonio consiste en proclamar abiertamente la verdad (2 Cor 4, 1-2).
De manera particular, tras el Concilio Vaticano II, ni la Iglesia ni la teología se han desanimamdo en proclamar abiertamente la Verdad. Tampoco ha dejado de buscar los caminos adecuados para hacerlo. Es así como el magisterio de la Iglesia ofrece caminos. Resaltemos algunos.
3.1 Pablo VI y la Encíclica Evangelii Nuntiandi: los medios adecuados para la evangelización
La osada encíclica de Pablo VI recuerda que la evangelización es la vocación de la Iglesia. Evangelizar, constituye en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia y su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa[21].
En la segunda parte de la encíclica el Santo padre expone lo que significa evangelizar, identifica algunas problemáticas y reconoce que es necesaria la búsqueda de los medios adecuados. La evidente importancia del contenido no debe hacer olvidar la importancia de los métodos y medios de la evangelización. Este problema de cómo evangelizar es siempre actual, porque las maneras de evangelizar cambian según las diversas circunstancias de tiempo, lugar, cultura; por eso plantean casi un desafío a nuestra capacidad de descubrir y adaptar[22].
Y explicita espacios concretos fuera de la homilía en los cuales también es posible la predicación: la liturgia (43) la catequesis (44) los medios de comunicacion (45) el encuentro personal (46) los sacramentos (47) la piedad popular.
3.2 La Evangelii Gaudium de Francisco en relación a la predicación
Particularmente el Papa Francisco dedica a la Sagrada Escritura, en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, un número extenso de numerales en relación a otros temas para hablar de la preparación de la predicación.
De ellos salen también algunos elementos claves: Dedicar tiempo, estudio y reflexión (145); siempre bajo la invocación del Espíritu santo (146); descubrir cuál es el mensaje principal, el que estructura el texto y le da unidad (147); El predicador debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios … acercarse a la Palabra con un corazón dócil y orante (149); la «lectio divina» (152); El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar (154).
Todos éstos elementos dan realmente un mayor movimiento a la predicación. Sin embargo, posterior al numeral 154 de la exhortación apostólica, el Papa presenta algunos recursos pedagógicos como aprender a usar imágenes en la predicación, es decir, hablar con imágenes; La sencillez y la claridad (158) Otra característica es el lenguaje positivo… intenta mostrar también un valor positivo que atraiga, para no quedarse en la queja, el lamento, la crítica o el remordimiento (159).
Evidentemente, el Pontificado mismo de Francisco se ha caracterizado por atraer nuevamente hacia la Iglesia a las jóvenes generaciones, en particular, por la serie de gestos sencillos y claros con los que predica, yendo más allá de las palabras, utilizando justamente un lenguaje siempre positivo. Sus gestos son tan poderosos como el más elaborado de los discursos[23].
Con frecuencia bendice pero constantemente con humildad pide oración por él; baja del Papa móvil para saludar a los enfermos muy visiblemente afectados sin miedo a la exposición de su seguridad o subiendo al Papa móvil a personas que encuentra entre la gente, los amigos, los niños etc; usa los medios de comunicación social para llegar a los que le sea más posible; No acostumbra a permanecer sólo y frecuentemente sale a saludar, visita oficinas, come con las personas que le rodean especialmente las más sencillas; No se deja acaparar por los protocolos y deja fluir en él la espontaneidad de su personalidad; Es un puente entre los pueblos.
Con su simpatía y su claridad busca crear vínculos de unidad entre los pueblos comprometiéndose en la búsqueda de la paz y la fraternidad y levantando siempre la voz ante las injusticias cometidas contra los más débiles. Con todo lo anterior, se predica de modo claro el Evangelio, más allá de lo que dice, con lo que es y hace.
Gestos y signos que no son calculados sino que forman parte de la espontaneidad de un creyente que escucha la Palabra, se deja formar por ella y se siente enviado por ella. No son acciones premeditadas, por el contrario, esas cosas salen sin pensarlas, brotan espontáneamente[24].
3.3 El aporte a la predicación del Cardenal Carlo María Martini
Varios de los elementos que presenta Carlo María Martini es su texto el presbítero como comunicador,[25] están ya mencionados precedentemente. Quisiera aquí resaltar tres elementos más en el tema de la predicación que pueden ser considerados igualmente importantes en este campo.
3.3.1 La seguridad. Para el cardenal Martini, no se trata tanto de una seguridad académica, tener conceptos doctrinales muy claros y aprendidos. Él lo interpreta más como la actitud de una mente que no está bloqueada por el desaliento[26] sino que actúa con libertad y alegría aún en procesos de dolor y sufrimiento del cual el predicador es capaz de ser resiliente.
Ésta seguridad no es una imitación sino que surge de la contemplación del amor que brota de la cruz, la certeza que da el silencio interior de que Dios está siempre presente obrando desde dentro con su misericordia. Es la certeza de que con nuestro apostolado somos la fragancia del conocimiento de Dios, de que participamos de su triunfo[27]. La seguridad radica en el conocimiento de la iniciativa divina en mí[28].
3.3.2 El equilibrio pedagógico. En el texto, Martini menciona varios niveles de equilibrio, pero me detengo en el que llama equilibrio dinámico de la Escritura, que después llamará también, equilibrio pedagógico. Lo define como la capacidad de actuar en cada caso, dando a cada uno un remedio y alimento que precisa: (a) según la edad, (b) el tiempo y (c) el nivel espiritual en el que se encuentra[29].
También aquí encontramos el ejemplo de Pablo que, conciente de la presencia y problemática generada por los «superapóstoles» decide no presentarse a la comunidad de Corinto, sino escribirles. Es una sabiduría del corazón y una deducción de la inteligencia[30].
3.3.3 El equilibrio del predicador. Ante una crisis de credibilidad en la Iglesia, este aspecto no deja de ser una de las exigencias fundamentales y más radicales ante el mundo de hoy. Y si bien, el tema del equilibrio es algo que practicamente queda en la intimidad de la persona, es bien cierto que sin el pilar fundamental del equilibrio, la persona más que anunciar la Palabra, hará ruido con una voz que se levanta sin autoridad moral alguna. Justamente la moralidad nace del corazón como fruto del Espíritu, es por tanto el propio Espíritu de Dios quien se hace maestro interior de cada uno[31].
Para el cardenal Martini, muy acertadamente, pueden reinventarse los lenguajes y crearse métodos nuevos y usar la modernidad de los medios tecnológicos para anunciar la Palabra, pero, cuando el predicador carece de equilibrio, lo que predica cae por su propio peso, no hay autoridad moral que la respalde. Por este motivo la pedagogía debe ser teológica, es decir, nace del mismo Espíritu que forma y envía, no como un método científico y positivista que definde estándares medibles para llegan a los educandos.
3.4 Algunos espacios pedagógicos para comunicar la Palabra
Los desafios del siglo XXI pantean para la humanidad y la teología nuevos paradigmas y escenarios interrogantes: las nuevas formas de guerra, el hambre, la migración, la enfermedad, la ecología, la tecnología, las nuevas ideologías de género y la pluralidad de orientaciones sexuales, la pérdida de la credibilidad de la Iglesia, entre otros.
La reflexión misma de la Iglesia ha permitido el redescubrimiento de los escenarios a través de los cuales también se puede predicar la Palabra de Dios de frente a esos desafíos. Mencionamos sólo a modo de provocación, algunos de los que pueden resultar más significativos.
3.4.1 La lectio Divina. El magisterio de la Iglesia viene dando una relevancia a ésta importante forma de orar la Palabra que permite produndizar a nivel personal y comunitaria la vida de quienes la practican enriqueciendo profundamente el camino de los creyentes.
3.4.2 El medio ambiente. El Papa Francisco recuerda que san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: «A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor»[32] (Sb 13,5). Surge especialmente en América Latina un despertar de la oración contemplativa inspirada en la Palabra donde, el contacto con la naturaleza contribuye a la escucha, la formación y el alimento de la propia fe.
3.4.3 El encuentro con la persona. También el Papa Francisco insiste en la cultura de dejarse incomodar[33]. Darse siempre la oportunidad de salir al encuentro del otro, compartir la vida dejándose interpelar por la experiencia de fe de los demás. Cristianos en salida, hacia el otro y sus periferias, fruto del encuentro con Dios en la escucha de la Palabra que saca al hombre de sí mismo hacia el otro y lo Otro. Éste es uno de los gestos más evidentes del pontificado del Papa Francisco que ha logrado despertar una cultura del encuentro en medio de los pueblos.
3.4.4 La familia. En la crisis de credibilidad de la Iglesia, los laicos y la Iglesia han de empoderarse más del anuncio del Evangelio. Ésta percepción la comprendió Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Christifidelis Laici. Surgen experiencias donde son las familias las que, en conjunto con el párroco, preparan las catequesis pre sacramentales, pero son los padres de familia los encargados de realizarla. Éste tipo de experiencias favorecen una nueva comprensión de la predicación e incluso de la misma catequesis.
3.4.5 La catequesis. La catequesis está llamada a replantearse. No debe ser la repetición de una clase de religión sino una experiencia de escucha y encuentro con el Señor así como de encuentro y fraternidad con los demás. En un mundo juvenil atraído por la velocidad y el ingenio de la tecnología, las cátedras en las catequesis deben replantearse recurriendo al testimonio personal de vida y por el uso de signos y símbolos que resulten significativos según el grupo y el ambiente humano que participa de la catequesis.
3.4.6 La caridad. Crece también, en contraste con un mundo consumista y egoísta, la solidaridad de las personas de buena Voluntad. Oler a oveja, darse la oportunidad de compartir el dolor humano, ser misericordioso (sentir en el corazón propio, el dolor de la miseria del otro). El dolor humano y la caridad son otra forma de predicación a rescatar en la vida de la Iglesia en su misión de anunciar el Evangelio.
3.4.7 La liturgia. Conocí el caso de una comunidad parroquial que cada domingo llenaba el templo para participar de la Eucaristía. El sacerdote había logrado que la liturgia fuera voz, predicación, que hablara de la belleza de Dios. La Sacrosanctum Concilium habla de la Liturgia como la obra de Cristo[34]. Benedicto XVI comprende que la Liturgia es también es predicación y oración. Insiste por tanto en que las celebraciones deben ser conversación con Dios, sobretodo escucha y por lo tanto respuesta[35].
3.4.8 El Arte. Sin duda alguna el arte, entendido como cultura, música, danza, teatro, deporte, se han convertido en abanderados de la comunicación interpresonal, desarrollando nuevas formas de espiritualidad en la sociedad y en la Iglesia. Uno de los fenómenos que ha marcado la evangelización en América Latina y que plantean nuevos retos, aún no asumidos del todo por la Teología, es el resurgimiento de asociaciones artísticas con temáticas religiosas de diferente índole que logran tener fuerte influencia en los pueblos Latinoamericanos. Se constituye en una riqueza y una oportunidad por descubrir al servicio de la predicación.
3.4.9 Los medios de Comunicación social. Recientemente apareció en instagram, una aplicación juvenil llamada, poesía del cielo, con un formato de imágenes sobrias acompañadas por frases de contenido religioso que ya alcanza los 300.000 seguidores y muy desconocida por la Iglesia Católica, pero que tiene conquistada a la juventud hispanófona. Un importantísimo espacio pedagógico a través de cual se puede también anunciar el Evangelio.
3.4.10 El ejercicio de la Buena Muerte. Una práctica piadosa que fue muy usada en los orígenes en la educación de los Salesianos. No se puede pensar en la vida si no es en relación con la muerte. El ejercicio de la buena muerte era un acto de conciencia que le ayudaba a los jóvenes a descubrir que la vida por sí misma es pasajera pero que en ella Dios obra frecuentemente. Éste ejercicio curiosamente le dió origen a grandes predicadores misioneros en aquella órden religiosa.
Cuando el creyente toma conciencia que está de paso y sabe descubrir en su vida todo lo que Dios ha hecho siente la necesidad de salir y anunciar estos dos aspectos. Ese es el sentido del ejercicio de la buena muerte que aquí recupera su fuerza en el silencio del que se habló precedentemente.
Como es evidente, hay un camino por recorrer cuando se habla de predicación. Einstein afirmaba que las dos únicas instituciones que a lo largo de los siglos no han cambiado su modelo de educación han sido la escuela y la Iglesia. Esto es comprobable cuando la palabra predicación sólo se asocia con la homilía del domingo. Este es un campo amplio que exige mucho trabajo y reflexión de parte de la teología al servicio de la Palabra y por tanto de la predicación.
Pero es un trabajo necesario a la hora de pensar en nuevos ecosistemas de educación en la fe que sepan llevar al pueblo santo de Dios de hoy, el mensaje vivo del Evangelio, en un mundo que quiere eliminar de su ADN, la presencia de su Creador.
CONCLUSIÓN
Al profundizar la reflexión sobre «una teología de la Palabra de Dios» es evidente constatar aquel complejo error popular que hace considerar la predicación como un ministerio aislado de la Escritura y de la teología. No es posible comprenderla solamente como la capacidad de oratoria que se tiene frente a un público donde se elaboran discursos bien estructurados con el deseo de persuadir un grupo humano sin ir más allá de lo estrictamente intelectual y discursivo. Por el contrario, la predicación implica a la persona toda, en este caso al teólogo, desde sus raíces más profundas.
La predicación es como un iceberg que tiene tras de sí toda una constitución gigante y profunda en la cual se basa y se justifica. En este caso no se trata de una estructura o una ideología, mucho menos de una institución o de un discurso.
Se trata de una persona, a saber, Jesús de Nazareth, resucitado. Se predica a Cristo. A primera vista parece sencillo. Sin embargo, muchas veces la predicación parece más una proyección sicológica de quien predica que la comunicación y el anuncio de una experiencia de encuentro que alimenta la vida y crea comunidad de fe.
El encuentro mencionado, es el encuentro con Jesús, que sólo es posible con la escucha de la Palabra. No se puede predicar a Jesús si no se le conoce. San Jerónimo afirma que no hay peor ignorancia que desconocer las Escrituras. Desconocer la Escritura, es desconocer a Cristo, repetía. Es lo que en la primera parte del presente trabajo se identificó como ceguera en contraposición a la luminosidad, aquel momento donde el ser se comprende a sí mismo participando de una Unidad primigenia.
Conocer a Jesús significa escucharle en la Palabra misma donde Él se narra a sí mismo mostrando la imagen del Padre. Es la piedra angular, el principio fundamental en el ejercicio de la predicación que compete a la Iglesia y a la teología.
De otra parte, justamente la Iglesia y la teología, en la corresponsabilidad que tienen frente a la tarea de la predicación que les es propia, deben entrar en diálogo con la Escritura, de manera que no se caigan en la tentación de predicar doctrinas o ideologías aprendidas que muchas veces están lejos del espíritu del Evangelio y que confunden la vida de los creyentes.
La Iglesia en sus documentos eclesiales y la teología misma toman cada vez más conciencia de ésta corresponsabilidad que tiene como fin última la predicación acertada a las necesidades espirituales de la humanidad de hoy.
Finalmente, el campo de la predicación es cada vez más diverso, como diversa son las circunstancias de la humanidad que acoge la Palabra. Hoy la predicación no se refiere solamente a la homilía dominical. Esto representa para la Teología y la Iglesia en diálogo permanente con la Escritura, un reto de gran envergadura, en la tarea de descubrir nuevos lenguajes y una pedagogía teológica que permita llevar el Evangelio allí donde se hace necesaria con urgencia la esperanza de Cristo.

BIBLIOGRAFÍA
BENEDICTO XVI, exhortación apostólica Verbum Domini, San Pablo, Bogotá, 2010.
CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA Dei Verbum, Paulinas,Bogotá, 2011.
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H.U.BALTAZAR, Verbum Caro, ensayos teológicos I, Cristiandad, Madrid, 2001.
C. M.MARTINI, el presbítero como comunicador, PPC, Madrid, 1991.
G. PICCOLO – N. STEEVES, E io ti dico: immagina! L’arte difficile della predicazione, città Nuova, Roma, 2017.
K. RANHER, Oyente de la Palabra, Herder, Barcelona, 1976.
PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, Bogotá, 1975.
[1] J.C. VELEZ, exposición sobre el impacto de las redes sociales y la religión, 11 de noviembre de 2018, Medellín. Youtuber colombiano dedicado al estudio de impacto de lenguajes en audiencias masivas.
[2] G. PICCOLO – N. STEEVES, E io ti dico: immagina!, Città Nuova, 11.
[3] K. RAHNER, Oyente de la Palabra, biblioteca Herder, 60.
[4] Ibid, 60.
[5] Cf. Ibid, 60.
[6] Cf. Ibid, 240.
[7] Cf. Hch 9, 1-20.
[8] G. PICCOLO – N. STEEVES, E io ti dico: immagina!, 17.
[9] Cf. St 1,8.
[10] Cf. Jn 8,12.
[11] Cf. BENEDICTO XVI, Audiencia general del Papa, Ciudad del Vaticano, 28 de Noviembre de 2012.
[12] Cf. Lc 10,2.
[13] Cf. CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática Dei Verbum, 21b.
[14] Ibid, 22.
[15] Ibid, 23.
[16] Ibid, 23 b.
[17] Ibid, 23 c.
[18] N. STEEVES, apuntes de clase, Univerdidad Gragoriana, 23 de Enero de 2019.
[19] Cf. Mc 6,30-34.
[21] Cf. PABLO VI, Exhortación Apostólica, Evangelii Nuntiandi, 14.
[22] Cf. Evangelii Nuntiandi, 40.
[23] Roma sport. Publicación del 16 diciembre 2016.
[24] Entrevista al Papa Francisco por Valentina Alazraki, 15 de Mayo de 2015.
[25] C. MARTINI, el presbítero como comunicador, PPC, 1986.
[26] Cf. Ibid, 25.
[27] Cf. Ibid, 29.
[28] Cf. Ibid, 31.
[29] Cf. C. Martini, el presbítero como comunicador, 51.
[30] Cf. Ibid, 55.
[31] Cf. Ibid, 67.
[32] FRANCISCO, Exhortación Apostólica Laudatio si, 12,
[33] Discurso del Papa Francisco a los obispos de Centro América, Ciudad de Panamá, 24 de Enero 2019.
[34] Sacrosanctum Concilium, 5
[35] Cf. FRANCISCO, Audiencia general, La liturgia, lugar privilegiado del encuentro de los cristianos con Dios, Ciudad del Vaticano, del miércoles 26 septiembre 2012.
