SAN JOSÉ, HIJO DE JACOB
José de Nazareth, el hombre del discernimiento, padre adoptivo de Jesús y gran custodio de la Iglesia, aparece por primera vez mencionado en el evangelio según San Mateo, verso dieciséis (Mt 1,16) como hijo de Jacob, esposo de María. Su presencia sigilosa, prudente y marcada por una profunda sabiduría suscita la pregunta por los detalles que de él se desconocen.
La Sagrada Escritura realmente ofrece muchos textos de los cuales surge una rica teología, una valiosa hagiografía, un verdadero modelo antropológico de fe con pocas referencias biográficas.
Los textos evangélicos nos dicen:
| MATEO | Mt 1, 16 | José, esposo de María |
| Mt 1,18 | María estaba desposada con José | |
| Mt 1,19 | Su marido José, que era justo | |
| Mt 1,20 | José, hijo de David | |
| Mt 1,24 | Despertando José del sueño | |
| Mt 2,19 | Se apareció el ángel en sueños a José | |
| Mt 13,55 | Hijo del carpintero | |
| MARCOS | Mc 6,3 | ¿No es este el carpintero? |
| LUCAS | Lc 2,4 | Subió José desde Galilea |
| Lc 2,16 | Encontraron a María y a José | |
| Lc 2,33 | Su padre y su madre estaban admirados | |
| Lc 2,41 | Sus padres iban a Jerusalén | |
| Lc 2,48 | Mira, tu padre y yo estábamos angustiados | |
| JUAN | Jn 1,45 | Jesús, el hijo de José, el de Nazareth |
José de Nazareth, el padre terrenal de Jesús, el carpintero o mejor, el trabajador de la construcción, esposado con María quizá alrededor de los 20 años según datos exegéticos, aparece catorce veces en los evangelios, y nunca fue citado por Pablo.
Si seguimos la línea del tiempo de los evangelios, José aparecería implícitamente en el evangelio de San Marcos, el más antiguo de los cuatro (Mc 6,3) en una aparente confusión que tienen los judíos al referirse a Jesús como el carpintero, no como hijo del carpintero.
Los coterráneos de Jesús le conocían como el τέκτων (tékton) lo que indica que Él ejerció tal oficio cuando se encontraba entre ellos (mientras crecía en estatura, gracia y sabiduría Lc 2,52) y con el que sin duda se le identificaba. Τέκτων muestra el oficio de quien sabe trabajar la madera, aunque también es posible que se refieran al tallado de la piedra. De allí la opción por la palabra latina faber, un obrero de construcción, que sería la traducción más oportuna. San Justino así lo menciona (Dial. cum Tryph., lxxxviii, en P. G., VI, 688), y la tradición ha aceptado esta interpretación
La traducción sin embargo no está exenta de dificultades. Gnilka en este contexto presenta tres variantes de traducción[1].
| Variante 1 | “El trabajador de la construcción, el hijo de María” | Todos los manuscritos mayúsculos y numerosos minúsculos |
| Variante 2 | “El hijo del trabajador de la construcción” | P45 13 124 |
| Variante 3 | “El hijo del trabajador de la construcción y de María | It arm Orig 33 69 |
| Variante 1 | Debe considerarse la más original | |
| Variante 2 | Se debe al influjo de Mc 13,55 | |
| Variante 3 | Es evidentemente un arreglo | |
Al no mencionar directamente a José, San Marcos tiene en cuenta que Jesús es hijo de María y resalta de esta forma el carácter virginal del nacimiento del Señor, sin rechazar del todo las interpretaciones más vecinas del texto que dan un espacio posible al conocimiento que se tenía sobre la existencia de José como padre de Jesús. En todo caso el deseo del evangelista es resaltar la presencia escandalosa de Jesús por incumplir la ley del sábado.
LÍNEAS GENEALÓGICAS
Mateo y Lucas son quienes más citan a José como hemos observado en el cuadro introductorio, pero ambos presentan una genealogía distinta.
| Mateo | Presenta la genealogía de Jesús desde al rey David, su descendencia orientada desde la línea real de Salomón |
| Lucas | Orienta la genealogía desde Natán, un hijo de David y Betsabé |
Lo cierto es que la mención de José en el Nuevo Testamento no es tan escasa como se considera ni su presencia es tan silenciosa como se le acostumbra a denominar. José se había desposado con María (1), escucha al ángel (2), despierta (3)y hace lo que le indica, tomando consigo a su mujer (4). Subió también desde Galilea para empadronarse (5), iba a Jerusalén la fiesta de la Pascua (6), buscaban a Jesús hasta encontrarlo en el Templo (7), era carpintero (8).
Estos episodios en los evangelios dan fe de un judío, perteneciente a un pueblo concreto, dedicado a un oficio específico como toda familia del momento.
José ha sido advertido del peligro que corre junto a su familia y debe huir. Esta no es una escena romántica sino la más cruda de las realidades. La familia de Nazareth debe ser cuidada por José. Huir implica pensar en un nuevo lugar de destino donde puedan estar a salvo, pensar en la geografía, tener en cuenta el clima que no afecte la salud ni la vida del recién nacido y muy posiblemente una madre convaleciente. No es menos importante pensar en el transporte pues en aquella época los recorridos no eran cortos y para salvarse lo lógico era buscan un lugar reservado.
José debe pensar, reflexionar, decidir, como cualquier padre preocupado, en lo que se debe llevar, el alimento necesario para que el niño no vea comprometida su existencia ni la madre sufra un inoportuno impase de salud.
No es menos irrisorio, en el contexto de la pobreza que vivían, pensar en el dinero, de dónde sacarlo cuando se debe abandonar el trabajo y qué hacer con las pertenencias básicas para la sobrevivencia del hogar.
La condición sicológica de José tuvo que ser para el patriarca una carga difícil de llevar. El evangelio es claro en mencionar que se le sugiere no temer, Mt 1,18. Aún durante el sueño debe trabajar. Debe cumplir con las estrictas normas religiosas de la época que lo llevaron a desposarse, pero al mismo tiempo a vivir la incertidumbre de ser padre de una creatura cuya madre no conocía afectivamente del todo, con todas las consecuencias que implicaba tan grave acto vivido en el silencioso repudio.
No es mágico presentar a Jesús en el templo. Es un acto litúrgico y jurídico de la época que exigía ser pensado y preparado. Tampoco es menor el sufrimiento vivido por la pérdida de Jesús en el templo. En su conjunto pueden sustraerse de la narración de los evangelios, el verdadero perfil del padre terrenal de Jesús, nada pasivo como pareciera serlo.
SAN JOSÉ EN LOS CUATRO EVANGELIOS
Podemos ahora describir rápidamente lo que afirman de José los evangelios:
SAN JOSÉ EN EL EVANGELIO DE SAN MATEO
- José obedece la indicación del arcángel de casarse con María.
- El nacimiento de Jesús.
- El ángel le pide en un sueño llevar a la familia a Egipto ante el inminente peligro por el edicto de Herodes, gobernante de la provincia romana de Judea, cuya orden es asesinar a los niños menores de dos años.
- Una vez muerto Herodes, de nuevo el ángel le dice a José que regrese.
- Se le indica en sueños irse a Nazareth ante el peligro de Arquelao, hijo de Herodes.
- En Mateo, el niño Jesús, al igual que la infancia de Moisés, está en peligro por órdenes represivas; al igual que Moisés, Jesús también tiene un antepasado llamado José que va a Egipto, ubicado en el pentateuco; El José del Antiguo Testamento como José de Nazareth, tienen a su padre llamado Jacob, marcados además por la teología del sueño en la tarea que cumplen en la historia de la salvación reconectando los dos testamentos.
SAN JOSÉ EN EL EVANGELIO DE SAN MARCOS
- Solamente se menciona al “carpintero” o al trabajador de construcción, dando paso a interpretaciones que implícitamente han involucrado a José como ya se ha explicado.
SAN JOSÉ EN EL EVANGELIO DE SAN LUCAS
- Presencia en Nazareth
- Presente en el pesebre.
- Acogida de los pastores
- Presentación de Jesús en el Templo
- La preocupación junto a María por la pérdida de Jesús y su hallazgo entre los doctores del Templo.
SAN JOSÉ EN EL EVANGELIO DE SAN JUAN
- Jesús, el hijo de José, el de Nazareth
José es esencial en la sedimentación no solo narrativa de los evangelios sino en formación de Jesús y, por tanto, en lo referente a la responsabilidad de garantizar el cumplimiento del kerigma desde su condición de paternidad. Su pronta desaparición en los textos bíblicos es posible debido a su prematura muerte de la que no hay descripción bíblica.
JOSÉ, EL HOMBRE DEL SILENCIO O DEL DISCERNIMIENTO?
José es llamado el «Santo del silencio». No conocemos palabras dichas por él. Tradicionalmente es la forma cariñosa como la piedad popular expresa su afecto y devoción al gran protector de la Iglesia. Sin embargo, la pregunta es si realmente es el hombre del silencio, o si quizá es otra cosa mayor, más profunda, más teológica.
La perícopa de Mt 1, 19-24 tiene dentro de su composición narrativa tres verbos que permiten construir la “estructura” del discernimiento de José.
| δειγματίσαι | ἐνθυμηθέντος | ἐγερθεὶς |
| Exponer | Discernir | Ser levantado |
Mt 1,19. La palabra griega δειγματίσαι (deigmatisai), utilizada en Mateo 1,19, expresa la decisión de exponer públicamente, avergonzar o deshonrar a una persona. José es reconocido como justo lo que significa que es cumplidor respetuoso de la ley.
El embarazo de una mujer desposada aun sin celebrarse el compromiso exige el repudio, que le permitía separarse de María en este caso. Sin embargo, el evangelio expresa que la decisión de José es distinta. Él ha pensado, ha buscado en su corazón lo que es más justo, más caritativo, lo que no la destruya a ella, lo que no la someta al señalamiento, al escarnio público, a la destrucción de su persona y su dignidad, ha decidido repudiarla en secreto.
Este es un primer acto de discernimiento, es decir, el acto consciente de entrar a lo más profundo del corazón y desde la fe, iluminar la decisión no desde lo que haría la ley humana sino desde cómo obraría la misericordia divina.
Al progresar la narrativa, Mt 1,20 coloca una nueva expresión: ἐνθυμηθέντος, que significa en el sentido bíblico, habiendo reflexionado, habiendo discernido (enthymēthentos). Es el participio aoristo pasivo/deponente del verbo griego enthumeomai, que en el contexto neotestamentario significa «reflexionar», «pensar», «considerar» «meditar» o “discernir” profundamente.
Se trata de un discernimiento activo, inspirado por la presencia del Espíritu ante una decisión que resulta fundamental. Este proceso lo ha realizado José, tarea nada fácil respecto lo que estaba sucediendo. Siendo el justo, deja en la presencia misma del Espíritu el paso a seguir. No actúa con impulsividad, ni irresponsabilidad, mucho menos motivado por el desconcierto, sino que depura la decisión de lo que ha de realizar, poniendo por encima de todo la preservación de la vida de la mujer y del niño, su propio Salvador.
Finalmente, Mt 1,24 menciona que habiendo sido levantado (ἐγερθεὶς), José hizo como le pidió el ángel del Señor.
El término greco bíblico ἐγερθεὶς (egertheis) significa literalmente «habiendo sido levantado» o «habiéndose levantado». Optamos por la primera, pues José no se levanta por sus propias fuerzas, o solo por iniciativa propia, sino que detrás de tal acción hay el impulso originante del Espíritu.
Siendo una forma verbal (participio aoristo pasivo) de la raíz egeirō (ἐγείρω), se comprende que el discernimiento llega a su nivel más alto con la acción de despertar, abrir los ojos, apertura a la luz, de modo que inmediatamente se pone en pie y obedece al ángel. Es la plenitud del discernimiento. que se traduce como despertar, levantar o poner de pie.
Pensar una decisión distinta a la ley humana, reflexionarla profundamente a la luz de la fe y permitir que el Espíritu sea quien motive la acción concreta de realizar la voluntad de Dios son, sin excluir ninguno de estos elementos, las características fundamentales del discernimiento bíblico.
No ha sido José sino el Espíritu quien ha obrado de manera tan maravillosa frente a María y Jesús, el Salvador. El silencio de José no es más que el discernimiento en el Espíritu. No existen palabras de José porque el Espíritu tiene un lenguaje concreto en el actuar misericordioso y no en la palabrería que no fecunda ni salva. Más que el hombre del silencio, José es el santo del discernimiento, discernimiento en el Espíritu.
LA MUERTE DE SAN JOSÉ
La Sagrada Escritura da razón de san José sólo hasta el hallazgo de Jesús en el Templo, a los doce años de edad del Señor. Como hemos mencionado en el comentario a Mc 6,3 Jesús es identificado como el carpintero, pero en esta ocasión, se habla del hijo de María y no de José. Por el oficio que realizaba él y su familia se le ha identificado inconfundiblemente, como ya se ha dicho, como el tékton, el que trabaja la madera y la piedra.
Sin embargo, no es costumbre identificar a Jesús con su madre teniendo en cuenta que siempre se le llamó hijo del carpintero, por tanto, del padre. Por esta razón se ha llegado a pensar que para entonces José ya habría muerto. Otros detalles más elementales tienen que ver con el regreso de Jesús a Galilea, su tierra, donde el evangelista Juan cita en las bodas de Caná a María, pero no a José, dando pie a que los exégetas interpreten que ya al inicio del ministerio de Jesús su padre no vivía.
SAN JOSÉ EN LA TEOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD SALESIANA
No se puede prescindir, aunque sea como referencia, de la figura educativa y espiritual de San José en la educación salesiana. A continuación, una breve reflexión.
[De muchos escritos de Don Bosco se desprende de qué manera el santo piamontés amaba a San José: lo había nombrado patrono del Oratorio, había puesto a los artesanos bajo su protección y lo había proclamado protector de los exámenes de los estudiantes.
En el texto del «Giovane Provveduto» (Joven prevenido/instruido) escribe: “San José, habiendo tenido la envidiable suerte de morir asistido por Jesús y María, es considerado el protector de los moribundos. Durante nuestra vida tenemos devoción a San José, para que nos ayude en el momento de la muerte” (El joven prevenido, OE XXXV, 3).
La tarde del 17 de febrero, según las Memorias Biográficas, Don Bosco dijo a sus jóvenes: «Mañana comienza el mes de San José y quiero que todos se pongan bajo su protección: si le piden de corazón, él les obtendrá cualquier gracia que necesiten, ya sea espiritual, ya sea temporal”. (MB VII, 636).
Y en el folleto «Vida de San José», escrito especialmente por él, declara: «¿No debemos creer que entre los bienaventurados que son objeto de nuestro culto religioso, San José, después de María, sea el más poderoso de todos con Dios, y el que más justamente merece nuestra confianza y nuestro homenaje?”.
Don Bosco recurría a San José para todas sus necesidades e instaba a otros a invocarlo. Varias veces a lo largo del año comentaba la eficacia de su intercesión, hacía celebrar la fiesta del mecenazgo el tercer domingo después de Pascua. Se sintió muy feliz cuando, el 8 de diciembre de 1870, Pío IX lo proclamó Patrón de la Iglesia Universal; y en 1871 declaró que, en todas sus casas salesianas, el 19 de marzo, se debería observar un día de descanso.
En las iglesias que hizo construir, Don Bosco siempre quiso que se pusiera un altar a San José. De hecho, los peregrinos que, siguiendo los pasos de Don Bosco, visitan la Basílica de María Auxiliadora en Turín y la del Sagrado Corazón en Roma, pueden admirar dos espléndidos cuadros que lo representan, siempre junto a María y Jesús.
En la de Turín, de Tommaso Lorenzone, Jesús entrega a San José unas rosas, que derrama como gracias sobre la casa de Valdocco.
En la pintura romana, de Giuseppe Rollini, el Patrón y Protector de la Iglesia Católica manifiesta majestuosamente esta función, custodiando desde lo alto con una mano la Basílica de San Pedro, que le presenta un ángel arrodillado
Ambos lienzos están coronados en la parte superior por un par de querubines que extienden una banda, en la que se indica un mensaje para los observadores: “Ite ad Joseph”, “¡Vayan a San José!”. Artículo de salesianos.info][4] .
SAN JOSÉ EN LA BASÍLICA DE MARÍA AUXILIADORA
[(ANS – Turín) – En el altar de San José en la Basílica de María Auxiliadora de Turín, hay un gran cuadro del pintor Lorenzoni que representa a la Sagrada Familia. Constituye una invitación para que toda obra salesiana sea una familia y el estilo educativo se base en las relaciones familiares. Pero también una invitación a recuperar la centralidad espiritual y educativa de San José, en un mundo que tanto necesita de los padres.
Aparecen dos escritos en el lienzo. La invitación «Ite ad Joseph» (Ve hacia San José), en la cinta sostenida por los ángeles pintada en el lienzo; y luego, en el entablamento debajo del tímpano el verso bíblico: “Constituit eum dominum domus suae”, es decir, “lo hizo señor de su casa”. Quizás este sea uno de los secretos de Don Bosco.
Para ir a Jesús, además de referirse ciertamente a María, Don Bosco recuerda la figura de San José. Por eso, como dice el escrito, debemos «ir a José». No para quedarse allí con él, sino para que nos acompañe a Jesús, tal vez por eso mismo Don Bosco quiso que fuera «señor de su casa». Valdocco es, por lo tanto, una escuela de paternidad y filiación.
San José ejerce su custodia – de María, de Jesús, y de la Iglesia – con discreción, con humildad, en silencio, pero con presencia constante y total fidelidad, incluso cuando no comprende. Desde el matrimonio con María hasta el episodio de Jesús de 12 años en el Templo de Jerusalén; está al lado de María en los momentos serenos y difíciles de la vida, en el camino a Belén para el censo y en las angustiosas y alegres horas del parto; en la dramática huida a Egipto y en la frenética búsqueda de su hijo en el Templo; luego en la vida cotidiana de la casa de Nazaret y en el laboratorio donde le enseñó el oficio a Jesús. José, por tanto, vive su vocación de custodio en constante atención a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, no tanto al propio.
En él se puede ver cómo se da respuesta a la propia vocación, con disponibilidad y prontitud; pero también vemos cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. ¡Custodiando a Cristo en la propia vida, para custodiar a los demás!
En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre y es una responsabilidad que concierne a todos, ¡porque todos están llamados a ser custodios de los dones de Dios! Por lo tanto, es fácil imaginar a San José como modelo de padres, educadores, y de todo aquel que cuida a alguien.
Además de esto, José enseña a «custodiar el misterio». Debemos aceptar que no entendemos todo, especialmente los deseos de Dios, cuanto más confiamos y nos encomendamos a la voluntad de Dios, más hijos nos volvemos. Este es un aprendizaje largo, una escuela muy compleja. Una escuela -recuerda todavía el Papa Francisco- que «nos molesta», que «tantas veces nos hace ir por caminos que no queremos». Para San José fue así.
También Don Bosco tuvo que aprender poco a poco a ser hijo, aceptando realizar la voluntad de Dios: que San José nos ayude a todos a ser padres y a ser hijos.]
P. Enrico Lupano
CLICK PEDAGÓGICO
CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE SAN JOSÉ
ORACIÓN A SAN JOSÉ
| San José, padre amoroso, custodio poderoso y defensor invencible: De tu paternidad espiritual engendra amor y reconciliación entre la humanidad sufriente e incrédula de hoy. (Mt 1,16) De tu mano cálida, junto al auxilio de María, toma bajo tu custodia y tu protección a la Iglesia Universal y a todos los que sufren la envestida del Mal y del pecado. (Mt 1,18) De tu sabiduría prudente y educativa, da a tus hijos la capacidad de ser justos y misericordiosos para que brille siempre el amor entre todos. (Mt 1,19) De tu discernimiento y contemplación, ayúdanos a escuchar la voz del Maestro y a vencer la sordera espiritual del corazón y de la mente. (Mt 1,20) De tu corazón noble y fecundo, concédenos la gracia de dejarnos guiar con confianza total del Espíritu providente del Señor. (Mt 1,24) De tu disponibilidad generosa, anímanos a vivir y a caminar, sin espera, a la Voluntad del Dios del Amor en nuestras vidas. (Mt 2,13) Y en tus brazos acógenos junto a Jesús. Preséntanos al Padre con todas nuestras miserias, miedos, esperanzas y alegrías para amarte y servirte hasta el final. Amén. (Lc 2, 41-50) |
[1] Cf. J. Gnilka, El evangelio según san Marcos, I, 268, Sígueme.
[2] https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20220831-udienza-generale.html
[4] https://alcala.salesianos.edu/blog/la-devocion-de-don-bosco-a-san-jose/
[5] https://www.infoans.org/es/secciones/especiales/item/12479-italia-san-jose-y-el-arte-de-custodiar
[6] https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/el-sueo-de-san-jose/933bf488-5283-40e4-bc82-2c4296dbf2e7
