EL SANTO ROSARIO: INTRODUCCIÓN
DVS.SDB
El 07 de octubre la Iglesia celebra litúrgicamente la memoria de nuestra Señora del Rosario. Ese día, se recuerda la derrota del Imperio Otomano en la batalla de Lepanto en 1571. Si bien las fuerzas turcas eran muy poderosas, los cristianos obtuvieron la victoria por la intercesión de María y el rezo del Santísimo Rosario[1].
En efecto, el Santo Rosario se ha constituido para la vida de los creyentes y la Iglesia, camino de contemplación de los grandes acontecimientos de la vida de Jesús, itinerario de los grandes misterios de la fe cristiana, senda de conversión personal y eclesial, ruta para el encuentro con Cristo, intercesión ante los desafíos de la vida, protección ante el poder del maligno y anticipo de la eternidad prometida por el Padre. Es, además, medio educativo – pastoral que garantiza el gozo espiritual de quienes lo rezan devotamente.
De modos diversos puede interiorizarse este regalo del Padre a todos los bautizados.
En esta ocasión, valiéndonos de la riqueza documental de la Iglesia, nos introducimos a la reflexión mediante la doctrina del proyecto de vida de los salesianos, posteriormente un breve recorrido por la historia del rosario evocando las promesas hechas por la Virgen a Santo Domingo, el paso por las batallas en las que el poder maternal de María se manifestó, una visión teológico – espiritual hasta llegar así hacia algunas contemplaciones hechas por el Papa Benedicto XVI y Francisco culminando con la pedagogía del sueño que tuvo Don Bosco conocido como la serpiente y el rosario Don Bosco.
MARIA EN LA VIDA Y EN LA ORACION
María, Madre de Dios, ocupa un puesto singular en la historia de la salvación.
Es modelo de oración y de caridad pastoral, maestra de sabiduría y guía de nuestra familia. Contemplamos e imitamos su fe, la solicitud por los necesitados, la fidelidad en la hora de la cruz y el gozo por las maravillas realizadas por el Padre. María Inmaculada y Auxiliadora nos educa para la donación plena al Señor y nos alienta en el servicio a los hermanos.
Le profesamos una devoción filial y fuerte. Rezamos todos los días el rosario y celebramos sus fiestas, a fin de estimularnos a una imitación más convencida y personal[2]. (Art.92)
[Las Constituciones ya han hablado de la presencia especial de María en la vida y en la misión de nuestra Sociedad (cf. en particular Const. 1, 8 y 9). Este artículo 92 presenta a María en la vida de oración del salesiano. La Virgen Santísima no es sólo objeto de nuestra devoción («ruega por nosotros»), sino que es quien nos enseña a orar («ruega con nosotros») y a vivir plenamente nuestra consagración apostólica.
Hay que leer el artículo a la luz de la constitución conciliar sobre la liturgia, que dice: «En la celebración del ciclo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser»[3].
Este texto, tan hermoso y denso, ayuda a comprender que el misterio de María está íntimamente unido al misterio de Cristo. La presencia de María en nuestra vida es un hecho que forma parte de nuestra vocación cristiana, y nuestra devoción a ella, aunque tiene momentos fuertes, es siempre una actitud permanente.
Debemos unir este artículo 92 a toda nuestra historia cristiana y salesiana. La devoción a María no depende de un instinto sentimental, sino de la lucidez de la fe. Es el reconocimiento de hechos objetivos y de la respuesta que les damos. De aquí las dos partes del artículo: los tres primeros párrafos por un lado y, después, el cuarto y el quinto.
Iniciativa y valor ejemplar de María
Los tres primeros párrafos unen los aspectos de la figura de María que más nos atraen como cristianos y como salesianos: son el fundamento de nuestra devoción mariana.
· Como cristianos, reconocemos que María, por disposición del beneplácito de Dios, ocupa un puesto singular en la historia de la salvación y en la construcción de la Iglesia a través de los siglos, puesto perfectamente descrito en síntesis por el último capítulo de la constitución Lumen gentium. En cuanto primera redimida y primera cristiana, María se nos presenta como el modelo más perfecto después de Cristo. Por tanto, en ella tenemos el modelo más logrado de santidad.
En una síntesis, que contempla los momentos principales de la vida de María, las Constituciones exponen las actitudes que debemos ver e imitar en María:
— su fe (cf. Const. 34), es decir, su modo de «acoger la palabra y meditarla» (ya señalado en el artículo 87): esta verdad nos manda al misterio de la anunciación y al «fíat» de la «esclava del Señor»;
— su gozo por las maravillas realizadas por el Padre: esto nos remite al magníficat;
— su solicitud por los necesitados: pensamos en la Virgen de la visitación y en su presencia materna en la boda de Caná; — su fidelidad en la hora de la cruz, momento decisivo de su participación en la salvación del mundo: «Junto a la cruz estaba María» (Jn 19,25).
| Lo que contemplamos | A donde nos remite |
| Su fe | Al misterio de la anunciación y al «fíat» |
| Su gozo por las maravillas realizadas por el Padre | Al magníficat |
| Su solicitud por los necesitados | A la visitación; a las bodas de Caná; A la hora de la cruz |
· Como salesianos, distinguimos en María otros rasgos más explícitamente conformes con nuestra vocación:
— es maestra de sabiduría y guía de nuestra familia: se nos manda al sueño de los nueve años de Juanito: (‘te daré la maestra bajo cuya disciplina podrás llegar a ser sabio»)[4] y al contenido del artículo 8;
— es modelo de oración y de caridad pastoral, que nos invita a «la laboriosidad incansable, santificada por la oración y la unión con Dios», que es nuestra característica, como dirá el artículo 95, pues María fue madre de familia y discípula activa de su Hijo;
— recordamos también lo que precisó el artículo 34: «la Virgen María es una presencia materna» en el camino de nuestros jóvenes hacia Cristo: «auxilia e infunde esperanza».
Todo esto forma parte de la vivencia espiritual de Don Bosco. Como ya se indicaba al comentar el artículo 8, Don Bosco percibía a la Virgen María en su vida y en su obra como una presencia materna, Auxiliadora potente.
Que María Santísima fuese para Don Bosco una persona viva y presente lo encontramos atestiguado repetidas veces en las Memorias Biográficas. Desde el sueño de los nueve años hasta la realización completa de lo que se le había indicado con él, María aparece al lado de Don Bosco. Le señala:
- El camino que ha de hacer para prepararse a su misión[5], guía sus pasos en las primeras etapas de la obra.[6]
- Le indica el lugar exacto de su sede definitiva[7]; le muestra el ampliarse progresivo de la obra[8].
- Le enseña el modo de hallar colaboradores[9] así como el medio para que sigan con Él.[10]
- Le indica también el método y el estilo de una formación que los prepare a la misión juvenil[11] y,
- Simultáneamente, le hace ver los campos destinados al celo de sus hijos[12].
La convicción de Don Bosco sobre la presencia viva de María en el oratorio y en toda casa salesiana y de las Hijas de María Auxiliadora la confirma la palabra emocionada dirigida con insistencia a las Hijas de María Auxiliadora en su última visita a Nizza Monferrato: «¡La Virgen está aquí verdaderamente, aquí, entre vosotras! La Virgen pasea por esta casa y la cubre con su manto»[13].
Tal presencia de María en la casa de Don Bosco es vista como presencia de Madre. Es la Madre del oratorio, la Madre de todos los jóvenes. Y así se la invoca, ante todo. Lo demuestran las biografías de los jóvenes oratorianos, en particular la de Domingo Savio.
Es significativa la oración que brota espontánea del corazón de Don Bosco cuando al morir su madre, Margarita, va a desahogar su dolor a los pies de la Virgen en el santuario de nuestra Señora de la Consolación: «Oh Virgen piadosísima, mis hijos y yo hemos quedado sin madre aquí, en la tierra. Os lo ruego, sed vos en adelante mi Madre y la suya» [14]. En el mismo lecho de muerte Don Bosco invocará a María con el dulce nombre de madre: «Madre, Madre, Madre … María Santísima, María, María…» [15].
Por último, no podemos olvidar que esta Madre es presentada como Madre poderosa, Auxiliadora de la Iglesia y de cada cristiano en su camino hacia el Señor. Así, juntó con la Eucaristía, la devoción a María resulta uno de los, pilares con que pueden contar la Iglesia y el mundo: «Creedlo; queridos amigos, me parece no exagerar si digo que la comunión frecuente es un gran pilar en que se apoya un polo del mundo; la devoción a la Virgen es el pilar en que se apoya el otro polo»[16].
Respuesta de nuestra devoción
Nuestra respuesta a María es muy amplia. Se trata de aceptar su presencia en nuestra vida, de acoger a esta Madre en casa, como el apóstol Juan. Es el significado más auténtico de la devoción a María. Es —asegura el Rector Mayor— un factor integrante del fenómeno salesiano en la Iglesia, «elemento imprescindible de nuestro carisma»[17].
De la contemplación de María en dos misterios más frecuentes en nuestra tradición (Inmaculada y Auxiliadora), obtenemos dos series de beneficios.
En cuanto Inmaculada, plenamente consagrada y disponible en manos de Dios, nos educa para la donación plena al Señor, especialmente por medio de los consejos evangélicos.
Como Reina de los apóstoles y Auxiliadora de los cristianos, al servicio de la expansión del Reino de su Hijo, nos estimula al cumplimiento de la misión apostólica en favor del prójimo. Nuestro amor a María, por tanto, no es una especie de compensación afectiva ni sólo aliento a las virtudes privadas; está en coherencia profunda con nuestra vocación de apóstoles y es un elemento de nuestro celo con los jóvenes, sus hijos.
Nuestra devoción a la Virgen, sólidamente cimentada en los motivos expuestos, se manifiesta también en actitudes y actos, que demuestran la alegría de haber recibido del Señor el don de tal Madre. Las Constituciones precisan que se trata de una devoción filial y fuerte. Dos adjetivos que indican, a la vez, nuestra ternura: hacia quien es la Madre amable y el propósito de imitarla en su entrega total a la voluntad de Dios.
Pero no hay que descuidar las manifestaciones externas de devoción personales y comunitarias. El texto de las Constituciones recuerda algunas.
Las fiestas litúrgicas de María son la mejor ocasión para demostrar nuestro amor a María[18] 16 y de «hacerla conocer» (Const. 34). El artículo 74 de los Reglamentos señala algunas prácticas salesianas: la conmemoración mensual del 24 de cada mes, la oración diaria con que termina la meditación, el uso frecuente de la bendición de María Auxiliadora.
En el plano personal, cada uno tiene su respuesta, según la propia sensibilidad espiritual, en las formas que prefiera, aunque siempre deben llevar a una imitación convencida de las virtudes de María. En esto, el rezo diario del rosario tiene un valor especial, porque en él «María enseña a sus hijos el modo de unirse a los misterios de Cristo». Ha sido siempre una preciada tradición familiar en las casas de Don Bosco][19].
HISTORIA DEL SANTO ROSARIO
[La Madre de Dios, en una aparición a Santo Domingo le enseño a rezar el rosario, en el año 1208. Le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.
Domingo de Guzmán era un santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la herejía albingense. Esta enseña que existen dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual. El malo, todo lo material. Como consecuencia, para los albingenses, todo lo material es malo. El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. Jesús tuvo un cuerpo, por consiguiente, Jesús no es Dios.
Como doctrina, negaban los sacramentos y la verdad de que María es la Madre de Dios, se rehusaban a reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias. Durante años los Pontífices enviaron sacerdotes celosos de la fe, que trataron de convertirlos, pero sin mucho éxito puesto que había factores políticos envueltos.
Domingo trabajó por años en medio de ellos. Por medio de su predicación, sus oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos, pero, muy a menudo, por temor a ser ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos. Posteriormente el santo dio inicio a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas. Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue allí donde Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.
La Virgen pide a Santo Domingo le ayuda a propagar la devoción al rezo del rosario y se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.
Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito porque muchos albingenses volvieron a la fe católica.
Lamentablemente como la situación entre albingences y cristianos estaba además vinculada con la política se llegó a la guerra. Simón de Montfort, el dirigente del ejército cristiano y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a rezar el rosario. Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más importante en Muret.
De Montfort consideró que su victoria había sido un verdadero milagro y el resultado del rosario. Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Rosario.
Las promesas de la Virgen María a los que recen devotamente el Santo Rosario
Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (más conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen.
El rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha devoción. Ella le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Sto. Domingo referentes al rosario.
Promesas de Nuestra Señora del Rosario, según los escritos del Beato Alano
1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida
2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.
4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.
7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.
14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.
La Virgen del Santo Rosario, ¡Auxilio de los Cristianos!
[20]
Europa y con ella toda la cristiandad estaba en grave peligro de extinción. Sabemos, por las promesas de Jesús, que eso no puede ocurrir, pero, humanamente, no había solución para la amenaza del islam. Los musulmanes se proponían hacer desaparecer, a punta de espada, el cristianismo. Ya habían tomado Tierra Santa, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y España.
En esas extensas regiones el cristianismo era perseguido, y muchos mártires derramaron su sangre, muchas diócesis desaparecieron completamente. Después de 700 años de lucha por la reconquista, España y Portugal pudieron librarse del dominio musulmán. Esa lucha comenzó a los pies de la Virgen de Covadonga y culminó con la conquista de Granada, cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, pudieron definitivamente expulsar a los moros de la península en el 1492.
¡La importancia de esta victoria es incalculable ya que en ese mismo año ocurre el descubrimiento de América y la fe se comienza a propagar en el nuevo continente!
La Batalla de Lepanto
En los tiempos de Santo Padre Pío V (1566 – 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente. El Papa pidió ayuda, pero no le hicieron mucho caso hasta que el peligro se hizo muy real y la invasión era certera.
El 17 de septiembre de 1569 pidió que se rezase el Santo Rosario.
El 7 de octubre de 1571 se encontraron las dos flotas, la cristiana y la musulmana, en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. La flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia, Génova y España y comandada por Don Juan de Austria entró en batalla contra un enemigo muy superior en número y buques de guerra. Se jugaba el destino de la Europa cristiana. Antes del ataque, las tropas cristianas rezaron el Santo Rosario con mucha devoción.
La batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos.
Mientras la batalla transcurría, en Roma el Papa recitaba el Rosario en su capilla. En eso, el Papa salió de su capilla y, por aparente inspiración, anunció a todos los presentes y con gran calma que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos. Semanas más tarde llegó finalmente el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria, quién, desde un principio, atribuyó el triunfo de cristiano a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario.
Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de «Auxilio de los Cristianos»[21]. Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario.
El sitio de Viena
Los turcos seguían siendo poderosos en tierra y, en el siglo siguiente, invadieron a Europa desde el Este y, después de tomar enormes territorios, sitiaron a Viena, capital de Austria. Una vez más, las tropas enemigas eran muy superiores. Si conquistaban la ciudad, el resto de Europa caería rendida. El emperador depositó su confianza y rogó protección a Nuestra Señora del Rosario.
Hubo una gran batalla y gran derramamiento de sangre y ya, cuando todo parecería perdido, el alivio llegó el día de la fiesta del Santo Nombre de María, 12 de septiembre, de 1683, cuando el rey de Polonia, Jan Sobieski, llegó con al rescate al frente de un ejército cristiano, derrotando a finalmente a los turcos.
La batalla de Temevar
Los turcos sufrieron otra gran derrota a manos del Príncipe Eugenio de Saboya, comandante de los ejércitos cristianos, en Temesvar (en la Rumania moderna), el 5 de agosto de 1716, en aquel entonces era la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves. El Papa Clemente XI atribuyó esta victoria a la devoción manifestada a Nuestra Señora del Rosario. En acción de gracias, mandó que la fiesta del Santo Rosario fuera celebrada por la Iglesia universal.
EL SANTO ROSARIO EN LA DOCTRINA DE LOS PONTÍFICES
A lo largo de los siglos los Papas han fomentado la pía devoción del rezo del rosario y le han otorgado indulgencias.
El Papa dominico, San Pío V (1566 – 1572) dio el encargo a su congregación de propagar el santo rosario. Desde entonces los Papas han sido grandes devotos del rosario y de su propagación.
S.S León XIII escribió doce encíclicas referentes al rosario. Insistió en el rezo del rosario en familia, consagró el mes de octubre al rosario e insertó el título de «Reina del Santísimo Rosario» en la Letanía de la Virgen. Por todo esto mereció el título de «El Papa del Rosario»
Todos los Papas del siglo XX han sido hijos devotísimos del Santo Rosario.
Su Santidad Juan Pablo II insiste en el rezo del Santo Rosario en familia, en grupos, en privado. Pide que se invite a todos a rezar, a no temer el compartir tan hermosa devoción, que es una catequesis de la fe. No alerta a que el mundo está en crisis y nuestras fuerzas humanas no bastan. La victoria, dice el Papa, vendrá nuevamente de la mano de Virgen María. Es la victoria de Su Hijo Jesucristo, el Señor, Rey del Universo.
Recomendado por la Virgen en varias de sus apariciones más importantes.
La importancia del rosario como medio eficaz de los creyentes ha sido confirmado no solo por los pontífices, sino por Nuestra Madre misma, la Virgen María. Es la oración de los sencillos y de los grandes, está al alcance de todos, en todo tiempo y lugar.
El rosario honra a Dios y a la Santísima Virgen de un modo especial. En Lourdes, la Virgen llevaba un rosario en la mano cuando se le apareció a Santa Bernardita. Y también llevaba un rosario cuando se les apareció a los tres pastorcitos de Fátima. Y fue en Fátima donde ella misma se reveló a los niños su título: «Nuestra Señora del Rosario»][22].
BENEDICTO XVI
VISITA PASTORAL AL PONTIFICIO SANTUARIO DE POMPEYA. MEDITACIÓN DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI. Domingo 19 de octubre de 2008
Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos religiosos y religiosas; queridos hermanos y hermanas:
Antes de entrar en el santuario para rezar junto con vosotros el santo rosario, me detuve brevemente ante la urna del beato Bartolo Longo y rezando me pregunté: «Este gran apóstol de María, ¿de dónde sacó la energía y la constancia necesarias para llevar a cabo una obra tan imponente, conocida ya en todo el mundo? ¿No es precisamente del rosario, acogido por él como un verdadero don del corazón de la Virgen?».
Sí, así fue exactamente. Lo atestigua la experiencia de los santos: esta popular oración mariana es un medio espiritual valioso para crecer en la intimidad con Jesús y para aprender, en la escuela de la Virgen santísima, a cumplir siempre la voluntad de Dios.
Es contemplación de los misterios de Cristo en unión espiritual con María, como subrayaba el siervo de Dios Pablo VI en la exhortación apostólica Marialis cultus (n. 46), y como después mi venerado predecesor Juan Pablo II ilustró ampliamente en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, que hoy vuelvo a entregar idealmente a la comunidad de Pompeya y a cada uno de vosotros.
Pero para ser apóstoles del rosario, es necesario experimentar personalmente la belleza y profundidad de esta oración, sencilla y accesible a todos. Es necesario ante todo dejarse conducir de la mano por la Virgen María a contemplar el rostro de Cristo: rostro gozoso, luminoso, doloroso y glorioso. Quien, como María y juntamente con ella, conserva y medita asiduamente los misterios de Jesús, asimila cada vez más sus sentimientos y se configura con él.
Al respecto, me complace citar una hermosa consideración del beato Bartolo Longo: «Como dos amigos —escribe—, frecuentándose, suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros, conversando familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los misterios del rosario, y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto»[23]
El rosario es escuela de contemplación y de silencio. A primera vista podría parecer una oración que acumula palabras, y por tanto difícilmente conciliable con el silencio que se recomienda oportunamente para la meditación y la contemplación. En realidad, esta cadenciosa repetición del avemaría no turba el silencio interior, sino que lo requiere y lo alimenta.
De forma análoga a lo que sucede con los Salmos cuando se reza la liturgia de las Horas, el silencio aflora a través de las palabras y las frases, no como un vacío, sino como una presencia de sentido último que trasciende las palabras mismas y juntamente con ellas habla al corazón.
Así, al rezar las avemarías es necesario poner atención para que nuestras voces no «cubran» la de Dios, el cual siempre habla a través del silencio, como «el susurro de una brisa suave» (1 R 19, 12). ¡Qué importante es, entonces, cuidar este silencio lleno de Dios, tanto en el rezo personal como en el comunitario!
También cuando lo rezan, como hoy, grandes asambleas y como hacéis cada día, es necesario que se perciba el rosario como oración contemplativa, y esto no puede suceder si falta un clima de silencio interior.
Quiero añadir otra reflexión, relativa a la Palabra de Dios en el rosario, particularmente oportuna en este período en que se está llevando a cabo en el Vaticano el Sínodo de los obispos sobre el tema: «La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia».
Si la contemplación cristiana no puede prescindir de la Palabra de Dios, también el rosario, para que sea oración contemplativa, debe brotar siempre del silencio del corazón como respuesta a la Palabra, según el modelo de la oración de María. Bien mirado, el rosario está todo él entretejido de elementos tomados de la Sagrada Escritura.
Está, ante todo, la enunciación del misterio, hecha preferiblemente, como hoy, con palabras tomadas de la Biblia. Sigue el padrenuestro: al dar a la oración una orientación «vertical», abre el alma de quien reza el rosario a una correcta actitud filial, según la invitación del Señor: «Cuando oréis decid: Padre…» (Lc 11, 2).
La primera parte del avemaría, tomada también del Evangelio, nos hace volver a escuchar cada vez las palabras con que Dios se dirigió a la Virgen mediante el ángel, y las palabras de bendición de su prima Isabel.
La segunda parte del avemaría resuena como la respuesta de los hijos que, dirigiéndose suplicantes a su Madre, no hacen sino expresar su propia adhesión al plan salvífico revelado por Dios. Así el pensamiento de quien reza está siempre anclado en la Escritura y en los misterios que en ella se presentan.
Por último, quiero aludir a la dimensión apostólica del rosario, una dimensión que el beato Bartolo Longo vivió intensamente inspirándose en ella para realizar en esta tierra tantas obras de caridad y de promoción humana y social. Además, quiso que este santuario se abriera al mundo entero, como centro de irradiación de la oración del rosario y lugar de intercesión por la paz entre los pueblos.
Queridos amigos, deseo confirmar y confiar nuevamente a vuestro compromiso espiritual y pastoral ambas finalidades: el apostolado de la caridad y la oración por la paz. No os canséis de trabajar con pasión en esta parte de la viña del Señor por la que la Virgen ha mostrado predilección][24]
PAPA FRANCISCO
7 reflexiones del Papa Francisco que animan a rezar el Rosario
[1. El Rosario fortalece la familia
Al inicio del mes de mayo de 2013, el Papa Francisco escribió en su cuenta de Twitter: «Sería hermoso, en este mes de mayo, recitar juntos, en familia, el Santo Rosario. La oración fortalece la vida familiar».
2. El Rosario es la oración de los sencillos
El 7 de octubre de 2016, el Papa Francisco afirmó en su cuenta de Twitter que «el Rosario es la oración que acompaña siempre mi vida; también es la oración de los sencillos y de los santos… es la oración de mi corazón».
3. Acerca el Cielo a los hombres
El 15 mayo de 2019, en la Audiencia General, dijo que el mes de María «tradicionalmente llama al pueblo cristiano a multiplicar sus gestos cotidianos de veneración e imitación de la Madre de Dios», y animó a rezar el Rosario cada día porque «acercaremos así al Cielo a los hombres».
4. Es un arma que protege de las tentaciones
En 2020, con ocasión de la Fiesta de la Virgen del Rosario, el Santo Padre animó a llevar siempre un rosario en el bolsillo y recitarlo, porque «es la oración más hermosa que podemos ofrecer a la Virgen María» y es «un arma que nos protege de los males y de las tentaciones».
5. Rezar el Rosario ayuda a superar las pruebas
En el contexto de la pandemia del coronavirus, el Papa Francisco escribió una carta el 25 de abril de 2020 en la que afirmó que «contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba».
6. Resume la historia de la salvación
En la Audiencia General del 19 de mayo de 2021, el Pontífice hizo referencia a los misterios de la oración mariana, al afirmar que en «el mes de mayo, mes dedicado a la Virgen, rezamos el Santo Rosario, compendio de toda la historia de nuestra salvación».
7. Ayuda a obtener la paz en el corazón
Ese mismo día, el Papa Francisco reiteró que «el Santo Rosario es un arma poderosa contra el mal, y un medio eficaz para obtener la verdadera paz en nuestros corazones. Que el Señor los bendiga y los proteja siempre de todo mal».][25]
REFLEXIÓN TEOLÓGICO – ESPIRITUAL: El “misterio” del rosario
[El rosario es la oración de los principiantes y de los místicos. ¡Qué fuerza que encierra esta expresión! ¿Será así? Que es una oración de principiantes no cabe duda: repetitiva, monótona… para algunos sumamente aburrida ¿A quién puede interesarle repetir como “loro” cincuenta Ave María? “Es un saludo a la Virgen”, podrán decir algunos piadosos, a los que uno puede responderles: “¿A quién le interesa que lo saluden cincuenta veces diciendo ‘hola, hola, hola…’?” La verdad es que mucho sentido no tiene… o pareciera no tener.
Manantial del alma
El rosario es una oración letánica, que bien distinto es a repetitiva. Diversas expresiones religiosas practican este modo de oración que permite unificar y aquietar la mente, posibilitar un estado de reposo interior, y por lo tanto abrir el corazón. En palabras de Pablo VI, es una meditación contemplativa de toda la vida y pasión de Jesús, caminando con María.
Vivimos una época de múltiples ofertas espirituales anti estrés: se enseña a respirar, dinámicas de autocontrol, diversos tipos de meditación.
El rosario es de una rica tradición que comienza de la mano de los padres dominicos con la intención de evangelizar. Ataban once nudos en una cuerda. En el primero se daba la catequesis sobre un misterio de la vida de Jesús y luego se rezaba en comunidad diez Ave María pidiéndole a la Virgen que ayudara a la comprensión. De ese método misionero se fueron conformando los misterios y organizando la oración. Al Padre nuestro y al Ave María se les agregó un Gloria como alabanza y reconocimiento de nuestro Dios trinitario.
Ahora bien, volviendo a nuestro concepto de letanía, la dinámica, la cadencia y el ritmo que genera el rezo predispone todo nuestro ser a sabernos en presencia de un amor más grande. Quizás este sea el sentido más profundo de toda oración, y el rosario no queda exento de ello.
Es una presencia sutil que va habitando el alma de quien reza. No puede enseñarse, hay que realizar la experiencia y es en esa experiencia que se toma conciencia de que también es la oración de los místicos. Ayuda en su ritmo a conquistar un estado de oración, a darnos cuenta que es una expresión de amor no acotada a un momento. Sostiene un particular ritmo de alabanza y reconocimiento.
A quienes realizan la práctica del rezo del rosario, a veces les basta con rozar sus cuentas para predisponer el alma, para tomar conciencia de que uno no es un absoluto en sí mismo, que el amor de Dios Padre nos sostiene y acompaña siempre, y que la maternidad de María es una realidad presente.
Vos sos mi obsesión…
Me imagino que muchos han escuchado una canción en la que se repite “Vos sos mi obsesión”, como una declaración de amor. “El rosario es la oración de los obsesionados por María”, podría decir alguno. ¡No, de ninguna manera! “No hay que confundir aserrín con pan rallado”, decía mi abuelo.
La obsesión tiene más que ver con el fanatismo que con la auténtica devoción. Hay muchos fanáticos del rosario, muchos que son casi “mariolátricos”.
Nada tiene que ver con ello esta práctica. Bien claro tenemos que María no es Dios, bien claro tenemos que es nuestra Madre; ni castradora, ni posesiva, sino aquella que nos conduce a Jesús: es rezar junto a ella —que nos antecedió en el camino de la fe, que es nuestra maestra, que dijo un sí que transformó la Historia, que guardaba todos los misterios de Jesús en su corazón— para acercarnos más y mejor a su hijo, nuestro Señor.
La oración es un encuentro. Santa Teresa tiene una expresión que define la oración de una manera tan simple como profunda: “La oración es tratar de amistad con quien sabemos nos ama”. ¡Qué hermoso! Propone un trato de amistad, cercano, lejos de cualquier protocolo, a corazón abierto, remarcando que podemos estar plenamente confiados porque es ante quien “sabemos nos ama”, quien ningún daño puede ocasionarnos sino todo lo contrario: puede sanarnos, liberarnos, expandirnos.
En el rezo del rosario se hace esta experiencia. No pocas veces mientras se recorren los Ave María en presencia de uno de los misterios, el corazón y los pensamientos recorren nombres, situaciones, dolores, proyectos, deseos y angustias que se van entretejiendo entre la plegaria. Justamente su dimensión letánica posibilita un “sostenimiento habitado”: no es una repetición tipo cadena de producción alienante, es la gota perseverante y delicada que orada la piedra.
Su práctica penetra en los lugares más recónditos de nuestro ser, mostrándonos que hay honduras de nosotros mismos que aún desconocemos.
La oración de Jesús
Las cuentas del rosario nos ayudan para todo tipo de oración letánica. Una muy conocida es la llamada Oración de Jesús. Quien quiera profundizar en ella le recomiendo la lectura de “Relatos de un peregrino ruso”.
La oración dice: “Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, ten piedad de mi”. Corta, sencilla, con profunda carga de sentido. Por un lado, el reconocimiento de Jesús como el Señor, el Cristo y el hijo de Dios. ¡Toda una auténtica confesión de fe! Y por el otro nuestra aceptación de pequeños necesitados de su amor. La palabra “piedad” tiene más que ver con la delicadeza amorosa que con la connotación que le damos de “perdona vidas”.
Quien pase las cuentas repitiendo en cada una de ellas esta pequeña oración —cuando va de camino, en bici, esperando el colectivo, en una breve caminata en el lugar de trabajo o estudio—, con el tiempo experimentará que afina el vibrar de su campana interior.
De la misma manera, pueden sumarse infinitas oraciones cortas que cargan significación en la propia vida. Si son bíblicas, mejor: la Palabra de Dios carga otra fuerza. Tomar por ejemplo la expresión de algún Salmo: “Yo confío en ti Señor, Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos” (Salmo 30). La oración letánica es la breve expresión del enamorado, quien no necesita de grandes sensaciones, sino de la continua y cuidada expresión del “te quiero”.
A rezar se aprende rezando…
¡Manos a la obra! Podríamos escribir mucho sobre la importancia del abrazo, pero les aseguro que ninguna palabra tendría la fuerza de recibir un abrazo: hay que buscar la experiencia. En un comienzo la oración del rosario puede resultar extraña.
Su repetición nos descoloca, puede pesar más lo del principiante que lo del místico, pero les aseguro que los grandes tesoros se les regalan a los perseverantes. Puede comenzarse con una decena, y dejar que el corazón mande. Aprovechar las caminatas, las esperas, los traslados, y dejar que obre.
Basta que se comience llevando un rosario encima, en el bolsillo, que se comience a “jugar” un poco con él…. Lo demás lo dejamos en manos de Dios y de María. ¿Cómo se reza? No faltará quien pueda enseñarte: en tu colegio, en tu parroquia, en tu casa, seguro encontrarás a alguien que ya descubrió su secreto][26].
Para concluir, presentamos un sueño de Don Bosco, en el que el santo de la juventud nos enseña que el Santo Rosario es también un medio educativo – pastoral en la formación de la fe y la vida de la Iglesia.
La serpiente y el rosario (1862): El sueño de Don Bosco
I parte
El 20 de agosto de 1862, después de rezadas las oraciones de la noche y de dar unos avisos relacionados con el orden de la casa, dijo don Bosco:
– Quiero contaros un sueño que tuve hace algunas noches. (Tal vez se trate de la precedente a la festividad de la Asunción de María Santísima). Soñé que me encontraba en compañía de todos los jóvenes en Castelnuovo de Asti, en casa de mi hermano. Mientras todos hacían recreo, vino hacia mí un desconocido y me invitó a acompañarle. Le seguí y me condujo a un prado próximo al patio y allí me señaló entre la hierba una enorme serpiente de siete u ocho metros de longitud y de un grosor extraordinario. Horrorizado al contemplarla, quise huir.
– No, no, me dijo mi acompañante; no huya; venga conmigo y vea.
– ¿Y cómo quiere, respondí, que yo me atreva a acercarme a esa bestia?
– No tenga miedo, no le hará ningún mal; venga conmigo.
– ¡Ah! exclamé; no soy tan necio como para exponerme a tal peligro.
– Entonces, continuó mi acompañante, aguarde aquí.
Y seguidamente fue en busca de una cuerda y con ella en la mano volvió junto a mí y me dijo:
– Tome esta cuerda por una punta y sujétela bien; yo agarraré el otro extremo y me pondré en la parte opuesta y así la mantendremos suspendida sobre la serpiente.
– Y después?
– Después la dejaremos caer sobre su espina dorsal.
– ¡Ah! No; por favor. ¡Ay de nosotros si lo hacemos! La serpiente saltará enfurecida y nos despedazará.
– No, no; déjeme a mí, añadió el desconocido, yo sé lo que me hago.
– No, de ninguna manera; no quiero hacer una experiencia que me pueda costar la vida. Y ya me disponía a huir. Pero él insistió de nuevo, asegurándome que no había nada que temer; que la serpiente no me haría el menor daño. Y tanto me dijo, que me quedé donde estaba, dispuesto a hacer lo que me decía.
El, entretanto, pasó al otro lado del monstruo, levantó la cuerda y con ella dio un latigazo sobre el lomo del animal. La serpiente dio un salto volviendo la cabeza hacia atrás para morder el objeto que la había herido, pero en lugar de clavar los dientes en la cuerda, quedó enlazada en ella como por un nudo corredizo. Entonces el desconocido me gritó:
– Sujete bien la cuerda, sujétela bien, que no se le escape. Y corrió a un peral que había allí cerca y ató a su tronco el extremo que tenía en la mano; corrió después hacia mí, tomó la otra punta y fue a amarrarla a la reja de una ventana de la casa.
Entretanto la serpiente se agitaba, movía furiosamente sus anillos y daba tales golpes con la cabeza y anillos en el suelo, que sus carnes se rompían saltando a pedazos a gran distancia. Así continuó mientras tuvo vida; y, una vez que hubo muerto, no quedó de ella más que el esqueleto descarnado.
Entonces, aquel mismo hombre desató la cuerda del árbol y de la ventana, la recogió, formó con ella un ovillo y me dijo:
– ¡Preste atención!
Metió la cuerda en una caja, la cerró, y después de unos momentos, la abrió. Los jóvenes habían acudido a mi alrededor. Miramos el interior de la caja y quedamos maravillados. La cuerda estaba dispuesta de tal manera que formaba las palabras: ¡Ave María![28]
– Pero ¿cómo es posible?, dije. Tú metiste la cuerda en la caja a la buena de Dios y ahora aparece de esa manera.
– Mira, dijo él; la serpiente representa al demonio y la cuerda el Ave María, o mejor, el Rosario, que son una serie de Ave María con el cual, y con las cuales se puede derribar, vencer, destruir a todos los demonios del infierno.
– Hasta aquí, concluyó don Bosco, llega la primera parte del sueño. Hay otra segunda parte más interesante para todos. Pero ya es tarde y por eso la contaremos mañana por la noche. Entretanto, tengamos presente lo que dijo mi amigo respecto al Ave María y al Rosario. Recémosla devotamente ante cualquier asalto de la tentación, seguros de que saldremos siempre victoriosos.
¡Buenas noches!
Al llegar aquí séanos permitido hacer algún comentario, ya que don Bosco no dio ninguna interpretación a esta escena.
El peral que aparece en el sueño es el mismo al que don Bosco niño amarrara una cuerda asegurando el otro extremo de la misma a otro árbol poco distante, para entretener con juegos de destreza a sus paisanos, obligándoles de esta manera a escuchar sus lecciones de catecismo.
Nos parece poder comparar este peral con aquel árbol del cual se lee en «El cantar de los Cantares», capítulo II, versículo 3: Sicut malus inter ligna silvarum, sic dilectus meus inter filios. (Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi Amado entre los mozos). El comentarista Tirino y otros renombrados intérpretes de la Sagrada Escritura hacen notar que el manzano representa aquí a cualquier árbol frutal.
Dicha planta, productora de una sombra agradable y salutífera, es símbolo de Jesucristo, de su cruz, de la virtud de la cual dimana la eficacia de la oración y la seguridad de la victoria. ¿Será éste el motivo por el que un extremo de la cuerda, fatal para la serpiente, fue atada al peral? Y la otra punta, amarrada al enrejado de la ventana, podría simbolizar que al morador de aquella casa y a sus hijos les había sido confiada la misión de propagar el Rosario por todas partes.
Así parece que lo comprendió don Bosco.
En I Becchi instituyó la fiesta anual del Santo Rosario; quiso que los alumnos de sus casas rezasen todos los días la tercera parte del mismo; en sus pláticas y mediante la publicación de numerosos folletos, procuró resucitar esta devoción en el seno de la familia.
Defendía siempre que el Rosario era un arma capaz de proporcionar la victoria, no sólo a los individuos, sino a toda la Iglesia. Por eso sus discípulos publicaron todas las encíclicas de León XIII sobre esta oración tan del agrado de María; y con el Boletín Salesiano animaron al cumplimiento de los deseos del Vicario de Jesucristo.
II parte
Al día siguiente, 22 de agosto, le rogamos insistentemente que, si no quería hacerlo en público, al menos nos contase en privado la segunda parte del sueño. Se resistía a condescender con nuestros deseos, más después de reiteradas súplicas accedió y nos aseguró que por la noche continuaría el relato. Así lo hizo. Rezadas las oraciones, continuó:
– Dadas vuestras continuas peticiones, narraré la segunda parte del sueño. Si no todo, al menos os diré lo que puedo referiros. Pero antes es necesario que os ponga una condición, a saber, que nadie escriba ni diga fuera de casa lo que voy a contar. Comentadlo entre vosotros, tomadlo a risa si queréis, haced lo que os plazca, pero sólo entre vosotros.
Mientras hablábamos aquel personaje y yo, sobre el significado de la cuerda y de la serpiente, me volví hacia atrás y vi algunos jóvenes que recogían pedazos de carne de la serpiente y se los comían. Entonces les grité inmediatamente:
– Pero ¿qué es lo que hacéis? ¡Estáis locos! ¿No sabéis que esa carne es venenosa y que os hará mucho daño?
– No, no, me respondían los muchachos; está muy buena.
Pero, después de haberla comido, caían al suelo, se hinchaban y se tornaban duros como una piedra. Yo no sabía qué hacer, porque a pesar de aquel espectáculo, cada vez era mayor el número de los que comían de aquellas carnes. Yo gritaba a uno y a otro; daba bofetadas a éste, un puñetazo a aquél, intentando impedir que comiesen; pero era inútil.
Aquí caía uno, mientras allá comenzaba otro a comer. Entonces llamé a los clérigos en mi auxilio y les dije que se mezclasen entre los jóvenes y se industriasen de manera que ninguno comiese aquella carne. Mi orden no tuvo el efecto deseado, sino que algunos de los mismos clérigos se pusieron también a comer carne de la serpiente y cayeron al suelo igual que los demás. Yo estaba fuera de mí, al ver a mi alrededor a tan gran número de muchachos tendidos por tierra en el más miserable de los estados.
Me volví entonces al desconocido y le dije:
– Pero ¿qué quiere decir eso? Estos jóvenes saben que esa carne les ocasiona la muerte, y con todo la comen. ¿Cuál es la causa?
Él me contestó: -Ya sabes que animalis homo non percipit ea quae Dei sunt: (el hombre animal no capta las cosas del espíritu de Dios (1Cor 2,14)
– Pero no hay remedio para que esos jóvenes vuelvan en sí?
– Sí, que lo hay.
– Y cuál sería?
– No hay otro más que el yunque y el martillo.
– El yunque? ¿El martillo? ¿Y cómo hay que emplearlos?
– Hay que someter a los jóvenes a la acción de entrambos instrumentos.
– Cómo? ¿Acaso debo colocarlos sobre el yunque y luego golpearlos con el martillo?
Entonces aquél explicando su pensamiento, dijo:
– Mira: el martillo significa la Confesión; el yunque, la Comunión; hay que usar estos dos medios. Puse manos a la obra y comprobé que los indicados eran unos remedios eficacísimos, mas no para todos. Muchísimos recuperaban la vida y curaban, pero el remedio era inútil para algunos. Estos son los que no se confesaban bien.
Cuando los jóvenes se retiraron a los dormitorios -continúa Provera-, pregunté a don Bosco por qué su orden a los clérigos, para que impidiesen a los muchachos comer la carne de la serpiente, no había conseguido el efecto deseado. Y me respondió:
– No todos obedecieron; por el contrario, vi a algunos de los clérigos, como ya dije, que también comían de aquella carne». Estos sueños representan, en resumidas cuentas, la realidad de la vida. Con las palabras y con los hechos don Bosco refleja el estado interior de una, de cien comunidades en las que, en medio de grandes virtudes, también existen miserias humanas. Y no hay que maravillarse de ello, tanto más que el vicio, por su propia naturaleza, tiende a expandirse más que la virtud, de donde nace la necesidad de una vigilancia continua.
Alguien podrá objetar que habría sido más conveniente atenuar u omitir alguna descripción un tanto enojosa, pero nuestro parecer no es el mismo. Si la historia ha de cumplir su noble oficio de maestra de la vida, debe describir el pasado tal y como fue en realidad, para que las generaciones futuras puedan animarse ante el ejemplo del fervor y de la virtud de los que les precedieron y, al mismo tiempo, conocer sus faltas y errores, deduciendo de ellos la prudencia con que debe regular los propios actos.
Una narración que sólo presentase un lado de la realidad histórica, conduciría irremisiblemente a un falso concepto de la misma. Errores y defectos, repetidas veces cometidos, al no ser reconocidos como tales, volverían a ser causa de nuevas transgresiones sin gran esperanza de enmienda. Una mal entendida apología de nada sirve a los benévolos, ni convierte a los mal dispuestos; en cambio, una franqueza ilimitada engendra crédito y confianza.
Por tanto, nosotros, al exponer nuestra manera de pensar diremos, además, que don Bosco dio al sueño las explicaciones más adecuadas para las inteligencias de los jóvenes, dejando entrever otras de no menor importancia.
No las presentó con toda claridad, porque no creyó llegado el momento oportuno para hacerlo. En efecto: vemos que en lo sueños habla no solamente del presente, sino también del porvenir lejano, como sucede en el de la Rueda y en otros que iremos exponiendo.
Las carnes podridas del monstruo no podrían significar el escándalo que hace perder la fe; ¿la lectura de los libros inmorales, irreligiosos? ¿Qué indican la desobediencia al Superior, la caída al suelo, la hinchazón, la dureza de los miembros, sino la culpa, la soberbia, la obstinación en el mal, la malicia?
El veneno es el mismo con que ha contaminado aquella comida maldita el dragón descrito por Job en el capítulo XLI, que aseguran los Santos Padres ser figura de Lucifer. El versículo 15 de dicho capítulo, dice así: Su corazón es duro como roca. Y así se trueca el corazón de los miserables envenenados en rebelde y obstinado en el mal. -Y cuál será el remedio contra tal dureza?
Don Bosco emplea un símbolo un tanto oscuro, pero que señala un remedio sobrenatural. A nosotros se nos ocurre esta explicación: es necesario que la gracia preveniente, obtenida mediante la oración y con los sacrificios de los buenos, encienda los corazones endurecidos y los haga maleables; se necesita que los dos sacramentos, es decir, el martillo de la humildad que golpea y el yunque de la eucaristía sobre el que recibe una forma constante y artística, para ser después enfriado, ejerzan su eficacia divina y concurran a realizar la obra de templar un corazón llagado y dócil a la par.
Será entonces cuando éste, rodeado de un nimbo de espléndidos rayos de luz, vuelva a ser lo que fuera en otro tiempo.
Así expresada nuestra idea, volvemos a las crónicas. Con la protección de María Santísima, don Bosco estaba seguro de recibir y vencer los ataques del enemigo infernal y, en consecuencia, preparaba a sus alumnos para la fiesta de la Natividad de la Madre de Dios. El 29 de agosto dio la primera florecilla y otras cinco en las noches sucesivas. Bonetti las escribió.
1.ª Hagamos todo un esfuerzo para pasar esta novena sin cometer pecado alguno, ni morral ni venial,
2.ª Dar un buen consejo a un amigo.
En la noche siguiente lo dio él a todos en general y dijo que nos hiciésemos generosa violencia para corregir nuestros malos hábitos mientras somos jóvenes; y que tuviésemos con los superiores gran confianza, lo mismo para las cosas del alma que para las cosas del cuerpo.
3.ª Pensar si sería bueno hacer una confesión general, y esto para los que aún no la han hecho; los que ya la hicieron, rezar un acto de contrición por todos los pecados de la vida pasada.
4.ª Nos contó lo que una vez dijo don José Cafasso a un comerciante que le preguntó qué era lo que más le gustaba a la Virgen. Replicóle él:
– Qué es lo que más gusta a las madres?
El otro contestó:
– A las madres les gusta mucho que se acaricie a sus hijos.
– Bravo, respondió don José Cafasso, has contestado bien; si, por tanto, quieres hacer algo muy agradable a la Virgen, haz muchas caricias a su Divino Hijo Jesús; primero, con una santa comunión, y después, teniendo lejos de tu corazón toda clase de pecado, aunque sólo sea venial. Así dijo don José Cafasso y lo mismo os digo yo a vosotros.
(MB IT VII, 238-239.242-245 / MB ES VII,201-202.204-205)][29]
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| Contenido | DAVQ | www.teoeducando.com |
Documentos de los Sumos Pontífices SOBRE MARIOLOGÍA Y EL SANTO ROSARIO[30]:
- Visita pastoral del Santo Padre León XIV a Pompeya: Santa Misa y Súplica a Nuestra Señora de Pompeya en la Plaza Bartolo Longo (8 de mayo de 2026)
- Carta del Papa Francisco a todos los fieles para el mes de mayo de 2020 (25 de abril de 2020)
- Videomensaje del Santo Padre Francisco con ocasión de la Jornada de oración y ayuno (11 de marzo de 2020)
- Santo Rosario del Santo Padre Francisco al incio del mes de mayo (1 de mayo de 2018)
- Visita pastoral al Pontificio Santuario de Pompeya (19 de octubre de 2008) – Benedicto XVI
- Discurso al final del rezo del Santo Rosario en la Basílica de Santa María la Mayor (3 de mayo de 2008) – Benedicto XVI
- Visita Pastoral al Santuario de la Santísima Virgen María del Santo Rosario de Pompeya, 7 de otubre de 2003 – Juan Pablo II
- Audiencia general, 16 de octubre de 2002
- Rosarium Virginis Mariae (16 de octubre de 2002): Carta apostólica del Santo Padre Juan Pablo II
- Marialis Cultus (2 de febrero de 1974): Exhortación apostólica del Santo Padre Pablo VI
- Christi Matri (15 de septiembre de 1966): Carta encíclica del Santo Padre Pablo VI
- Grata Recordatio (26 de septiembre de 1959): Carta encíclica del Santo Padre Juan XXIII
- Ingruentium Malorum (15 de septiembre de 1951): Carta encíclica del Santo Padre Pío XII
- Superiore Anno (30 de agosto de 1884): Carta encíclica del Santo Padre León XIII
- Supremi Apostolatus Officio (1 de septiembre de 1883): Carta encíclica del Santo Padre León XIII
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| Cómo rezar el Santo Rosario | https://www.youtube.com/watch?v=iEcxHH9yFBM |
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| Don Bosco y el Santo Rosario | https://www.youtube.com/watch?v=fn_TzCqvumw |
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| Rosario para los jóvenes | https://www.youtube.com/watch?v=hajpRTdppJc |
| Novena a la Virgen del Rosario | https://www.youtube.com/watch?v=qNiU52O2YFs |
| Virgen del Rosario de Chiquinquirá | https://www.youtube.com/watch?v=54abAe46azg |

[1] https://www.ewtn.com/es/catolicismo/fiestas-liturgicas/nuestra-senora-del-rosario-21248
[3] SC 103.
[4] MB I, 124.
[5] Cf. MBI, 125.
[6] Cf. MBII, 243-245. Cf. MB XVIII, 537;
[7] Cf. MBII, 430.
[8] Cf. MBII, 298-300.
[9] Cf. MBII, 243-245.
[10] Cf. MBII, 298- 300.
[11] Cf MB III, 32-36.
[12] Cf MB XVIII, 73-74.
[13] MBXVII, 557.
[14] MB V, 566.
[15] cf. P. STELLA, Don Bosco nella storia della religiosita cattolica, LAS, Roma 1969, II, pág. 175.
[16] MB VII, 583; cf. VII, 586.
[17] E. VIGANÓ, María renueva la familia salesiana, en ACS núm. 289 —año 1978—, pág. 29.
[18] Cf. LG 67.
[19] Cf. PABLO VI, exhortación apostólica Marialis cultus —año 1974—, núms. 42-55. Después de subrayar el carácter evangélico del rosario, su orientación cristológica y su dimensión contemplativa, el Papa expone las relaciones que hay entre liturgia y rosario. Sobre el aspecto familiar de esta oración leemos: «Nos place pensar y deseamos de corazón que, cuando la reunión familiar se hace oración, el rosario sea su expresión más frecuente y agradable» (núm. 53).
[20] Aquí empieza a surgir la devoción que posteriormente tendrá como su gran apóstol a San Juan Bosco: María Auxiliadora de los cristianos.
[21] No podemos pasar en alto esta profunda armonía y unidad existente entre el Auxilio de la Santísima Virgen y el poder del rezo del Santo Rosario. En este sentido, existe un bello testimonio. Arcángelo Calovi, salesiano sacerdote, misionero, de profunda devoción a María Auxiliadora y quien llegó a ser director de escuelas salesianas incluso superados sus 90 años de edad, alumno de un novicio de Don Bosco, acostumbrara a recitar con frecuencia y en alta voz ¡potencia del Rosario! Quienes le conocieron afirman que ante toda dificultad, la presencia de la Virgen siempre se anticipaba a las acciones del P. Calovi.
[22] https://www.ewtn.com/es/catolicismo/santos/historia-del-rosario-14896 Esta información fue tomada de la página de Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María (www.corazones.org)
[23] I Quindici Sabati del Santissimo Rosario, 27ª ed., Pompeya 1916, p. 27; citado en Rosarium Virginis Mariae, 15.
[24] https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2008/october/documents/hf_ben-xvi_spe_20081019_pompei.html
[25] https://www.aciprensa.com/noticias/93834/7-reflexiones-del-papa-francisco-que-animan-a-rezar-el-rosario
[26] https://www.boletinsalesiano.com.ar/el-misterio-del-rosario/
[27] Vale la pena anexar el siguiente telegrama escrito a Don Rúa, en el que se agradece a la Pia Sociedad Salesiana, la propagación de la devoción al Santo Rosario mediante el Boletín salesiano: Reverendísimo Padre (don Miguel Rúa):
A mi regreso a Roma, después del Congreso Eucarístico de Nápoles, veo con mucho agrado que la exhortación dirigida a los párrocos en el Boletín Salesiano comienza a producir sus frutos. Doy por ello las gracias a V.S. Rdma. y le aseguro que ha realizado una obra muy grata al Santo Padre, el cual desea muchísimo se mantengan vivas sus encíclicas sobre el Rosario mediante la creación de la Cofradía del mismo título.
A los sentimientos de gratitud, añado además una súplica; y es que, de cuando en cuando, renueve con breves líneas su recuerdo a párrocos y rectores de iglesias, para que el olvido no les haga perder de vista la fundación de la Cofradía del Santo Rosario.
Dios ayude siempre a V.S. Rdma. de quien me profeso.
Seguro servidor en Jesús y María.
Roma, Palacio del Santo Oficio. 27 de noviembre de 1891.
† Fr. VICENTE LEON SALLUA
Arzobispo de Calcedonia
[28] Para Don Bosco una sola Ave María representa el poder maternal de María ante el Maligno. De ahí, su devoción por las tres Ave María, antes de irse a descansar.
[29] https://www.donbosco.press/es/suenos-de-don-bosco/la-serpiente-y-el-rosario-1862/
[30] https://www.vatican.va/special/rosary/index_rosary_sp.htm
