JOSÉ, PASTOR Y SOÑADOR
JOSÉ, PASTOR Y SOÑADOR

JOSÉ, PASTOR Y SOÑADOR. Los jóvenes en la Sagrada Escritura. 03

JOSÉ. En el relato resto del relato José no vuelve a decir nada. Permanece silencioso ante todo lo que le sucedía. Sabía tras quien iba: el Invisible. Como Isaac, José también era el amado del padre. Ambos fueron protegidos y permitieron a Dios continuar con la historia de la salvación gracias a su disponibilidad y obediencia auténtica.

DVQ.SDB

José y sus hermanos (Gn 37,2-36)

  אֵ֣לֶּה תֹּלְדֹ֣ות יַעֲקֹ֗ב יֹוסֵ֞ף בֶּן־שְׁבַֽע־עֶשְׂרֵ֤ה שָׁנָה֙ הָיָ֨ה רֹעֶ֤ה אֶת־אֶחָיו֙ בַּצֹּ֔אן וְה֣וּא נַ֗עַר אֶת־בְּנֵ֥י בִלְהָ֛ה וְאֶת־בְּנֵ֥י זִלְפָּ֖ה נְשֵׁ֣י אָבִ֑יו וַיָּבֵ֥א יֹוסֵ֛ף אֶת־דִּבָּתָ֥ם רָעָ֖ה אֶל־אֲבִיהֶֽם׃

JOSÉ: Un joven soñador

El segundo de los jóvenes se encuentra en Gn 37. La historia de José יֹוסֵ֞ף, un hebreo de la diáspora[1] y sus hermanos es la pieza más importante del Génesis. José es presentado como ideal, no solo como un ser humano real[2]. Su redacción se distingue del resto del Pentateuco desde el punto de vista literario. El estilo narrativo es más refinado, el estudio de la psicología de los personajes es más profundo y la composición del relato está más trabajada”[3].  La narración introduce algunos detalles.

– Tiene 17 años – Pastor de ovejas[4] – Denuncia a sus hermanos ante el Padre – Era el hijo amado de Israel[5] – Tenía una túnica[6]

JOSÉ: El joven pastor

La narración inicia mencionando la edad de José. Tenía 17 años y aclara el texto que era aún un muchacho dedicado a una labor específica: es pastor de ovejas junto a sus hermanos. Ésta figura de pastor es frecuente entre varios de los jóvenes de la Escritura.

Ser pastor va más allá de un día de trabajo. El oficio implicaba una gran responsabilidad, vivacidad, fortaleza e incluso cierta malicia militar y estratégica para defenderse de los diversos peligros. José es pastor, no por ser el menor de todos, o por ser el más frágil. Tampoco es una actividad irrelevante dejada a cualquiera para distraerse y ocupar el tiempo.

Pastor no es solo el que cuida un rebaño, es aquel que comparte la vida con las ovejas, sufre el sol, el frio, el hambre con ellas. Quien cuidaba las ovejas, cuidaba desde la economía hasta el status social de una familia tribal.

El texto precisa que este oficio de pastor lo realizaba con sus hermanos, hijos de dos de las mujeres de su padre que jugarán un papel fundamental en la historia de José como gobernante. Existía, por tanto, una convivencia, un trabajo compartido y frecuente entre hermanos. Pero la Escritura menciona que José había comunicado a su padre lo mal que se hablaba de ellos (v.2).

José: entre el odio y la absoluta desgracia

Cuando José denuncia la corrupción y el pecado por el cual eran conocidos sus hermanos, aún ellos no habían hecho nada contra él. Sin describir las razones por las cuales José había comunicado a su padre el mal comportamiento de sus hermanos, ya ellos exteriorizaban su maldad.

– llegaron a aborrecerle – hasta el punto de quitarle el saludo – Acumularon contra él el odio (v.8); – envidia (v.11); – Conspiraron para matarlo (v.18); – lo despojaron de su túnica (v.23); – lo sujetaron – y lo arrojaron al pozo (v.24); – lo vendieron (v.28).

Son razones más que suficientes para dar crédito a la maldad que poseía el corazón de los hermanos de José y para motivar una comunicación de tal problemática al padre mas no al juez. Éste pequeñísimo detalle no puede pasar por alto. Comunicar al padre lo que sucede con sus hermanos llevados por el mal, hace evidente que el corazón de José era misericordioso. Él creía que quizá, recurriendo al amor familiar y comunitario, no todos estarían perdidos, y no habría la necesidad de recurrir a entes jurídicos y disciplinarios de la época para que se les castigasen.

El trasfondo teológico de esta actitud compasiva podemos leerla a la luz de la narración del Evangelio de Lucas, cuando un joven es llevado fuera de la ciudad por la comunidad para ser enterrado tras su muerte pero encuentra en el camino a Jesús, es resucitado y reincorporado a la comunidad con la vida de Cristo (Lc 7,11-17). O el ejemplo del joven Eutico que muere tras caer de una ventana pero que es levantado por los hermanos de la comunidad para que se reincorpore a la celebración litúrgica que presidía Pablo (Hch 20,9).

En la dinámica misericordiosa de Dios, la comunidad se hace responsable de sacar de la muerte al que está excomulgado (fuera de la comunión) para reincorporarlo, salvarlo y continuar amándolo. Es un cierto anticipo de la teología del sacramento de la reconciliación, es el modus operandi de José frente a sus hermanos. Pero en contraste al amor salvífico de José por sus hermanos, estos actuaron distinto.

El aborrecimiento es la reacción bíblica ante alguien impuro que, a causa de una enfermedad de piel, generaba asco. Generalmente se relacionaba con el pecado propio o el pecado de los antecesores que la persona enferma está pagando. El enfermo era desvinculado de la comunidad por la impureza, el pudor, le sometían a la exclusión de todo tipo y a la humillación. Los hermanos de José le trataban peor que a un leproso. En esa línea se debe interpretar el gesto de no saludar. El destino de José describe, de hecho, la vida de un hebreo de la diáspora, fuera de la tierra prometida[7].

Como si lo anterior fuera poco, el joven es despojado de la túnica, humillación y vergüenza extrema que violenta la intimidad a la que, de una vez sea dicho, también fue sometido Jesús. Esta era, en la época de la antigüedad, la peor de las humillaciones públicas. Pero no se frena allí la situación. Es sujetado, inmovilizado, le impiden defenderse, valerse de sus propios medios, lo reducen humanamente al máximo y lo ponen en un pozo, una especie de tumba – sepulcro, con una crueldad desmesurada.

JOSÉ: La teología del sueño

¿A qué se debe la inmensa desgracia de José? A un sueño. José es un joven soñador, no en el sentido fantasioso de la palabra. Existe también una teología del sueño[8] como lugar en el que Dios se revela.  

José había contado el sueño a todos. Resulta que estábamos nosotros atando gavillas en el campo, cuando de pronto mi gavilla se levantó y se puso derecha, mientras que vuestras gavillas le hacían rueda y se inclinaban hacia la mía (v.8)

La interpretación que los hermanos realizaron del sueño fue muy pulsional. De inmediato imaginaron que José buscaba pleitesía. Luego, este tuvo un segundo sueño. Resulta que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí (v.9) Jacob, el padre, reprendió a José. También él hacía una hermenéutica preventiva de los sueños muy natural pues parecían estar atravesados por el egocentrismo y el narcicismo: hacia la mía – ante mí.

La envidia es casi humanamente explicable. Aún así, aunque todos escuchaban los sueños con incredulidad, la diferencia entre el padre y los hermanos está expresada en la misma narración: Mientras sus hermanos le tenían envidia, su padre reflexionaba (v.11).

Ver el Invisible

Continuando con la narración, el texto describe que todos los hermanos se hallaban lejanos excepto el menor, José. El padre ordena a José ir a buscarles de parte suya. La respuesta de muchacho es maravillosa: Estoy listo (v.13). La distancia entre él y sus hermanos parece significativa si detallamos que, según la narración, el joven se pierde.

Perdido en el camino, aparece en la narración un hombre que lo orienta (v.15), un hombre que toma la iniciativa de acercarse a José. Un hombre sin nombre[9], Un Invisible en el texto. Sólo aparece aquí, no dice de donde viene ni a donde va. No se da el más mínimo detalle de esta persona. Es aparentemente un personaje casi que, agregado a la fuerza, un extra de la historia que prácticamente no había necesidad de poner en la narración.

¿Por qué aparece aquí? ¿Quién es ese extraño? ¿De quién se trata? Podríamos afirmar que se trata de un ángel de Dios o de Dios mismo pues se aparece para orientar al joven. Pero ¿No es especular demasiado o decir lo que no quiere comunicar el texto? ¡No! No nos equivocamos al decir que se trata de Dios. La interpretación debemos hacerla desde lo sucedido justamente con su padre Jacob en Gn 32,23-33.

Allí aparece Jacob, sólo, luchando contra alguien hasta el despuntar del alba (Gn 32,25). Ese alguien le ganaba en fuerza, le había dislocado el fémur y lastimado las articulaciones. Ninguno cedía en la lucha. La narración vuelve a mencionar a ese alguien con el apelativo de el otro (Gn 32,28).

Entonces Jacob le pregunta el nombre. Dime por favor tu nombre (Gn 32,30a) Ese alguien, el Otro, el sin nombre, le responde: ¿Para qué me preguntas mi nombre? (Gn 32,30b) El texto no menciona nombre alguno, pero hace la aclaración más importante de todas. Aquel desconocido, extraño, el Invisible, ese otro, el sin nombre, le bendijo allí mismo. He aquí la respuesta, una respuesta teológica de fe. Sólo Dios bendice.

Cuando Dios da su bendición en aquel lugar a Jacob, se revela, se deja ver, da el nombre. El que es Invisible se hace Visible no para los ojos físicos sino para los ojos del corazón. Los mismos ojos que necesitó Abrahán para contemplar las estrellas. Jacob sabía que era Dios, por eso en la lucha que habían sostenido se atrevió a decirle no te soltaré hasta que me hayas bendecido (Gn 32,27).

Ese hombre Invisible que se encontró a Jacob en la soledad del camino, es el mismo que salió al encuentro en la soledad del camino con José para orientarlo en el sendero. A partir de ese momento Dios trazaba la vía que le esperaba recorrer al joven José[10]. Fue un encuentro cordial, confiable, hubo diálogo, preguntas, respuestas y obediencia. José fue detrás de aquel hombre. De esta manera es guiado hasta convertirse en un poderoso personaje que llegará incluso a ocupar un importante puesto político en la corte del Faraón[11].

De José a Jesús

Al verlo de lejos, los hermanos quieren matarlo y planean cómo hacerlo[12] (vv. 18-20). Será Rubén en el versículo 21 quien cambia la historia, el rumbo del trágico escenario cuando persuade a sus hermanos de no matar a José. Judá será otro de los hermanos que sugiere venderlo mas no terminar con su vida. Son los dos hermanos que de algún modo lo defienden.

Lo que sucede a continuación es bastante confuso puesto que el texto parece sugerir que José fue robado y secuestrado para ser posteriormente vendido mientras sus hermanos estaban ajenos a dicha circunstancia[13]. Lo cierto es que desaparece del grupo de hermanos y continúa la narración.

– Le quitan la túnica – Le ponen sangre de animal – Engañan al padre – Le hacen llorar[14] – José es vendido a Putifar

En el trascurrir del relato José no vuelve a decir nada. Permanece silencioso ante todo lo que sucedía. Sabía tras quien iba: el Invisible. Como Isaac, José también era el amado del padre. Isaac no tenía hermanos, pero José sí. Lamentablemente lo odiaban. Ambos fueron protegidos y permitieron a Dios continuar con la historia de la salvación gracias a su disponibilidad y obediencia.

No es posible no pensar en la sintonía que existe entre la narración de la juventud de José y la vida de Jesús.

Como José, Jesús es el amado del Padre. Él vino de parte de Dios, como José de parte de su padre, para anunciar a sus hermanos la justicia y denunciar el pecado presente en la humanidad entera lo cual le trajo el odio, la envidia, y la traición de todos los que son de su sangre.

También Jesús fue despojado de su túnica para ser manchada por la sangre de sí mismo y portada al Padre como signo de sacrificio. José, vendido a Putifar, nos recuerda a Jesús vendido a Herodes. La suerte que han corrido los jóvenes de la Escritura no es distinta de la que ha corrido el mismo Hijo de Dios. El amor de Dios por los jóvenes es el mismo que el dado a su Hijo, y tanto necesita YHWH de los jóvenes como de Jesús para anunciar que el Reino de Dios está cerca (Mc 1,15).

El lenguaje teológico – pedagógico de la amistad

Una vez más, aparece el lenguaje del acompañamiento, del camino, pero también el lenguaje de la amistad, la confianza y la obediencia. El punto de partida está justamente en los versículos 15-17: El encuentro con el Invisible es definitivo para desarrollar, tanto el texto como en la narración, la voluntad de Dios que sigue escribiendo junto a los jóvenes la historia de la Salvación.

Un joven calumniado por cumplir con la misión de abrirle los ojos a los suyos poseídos por el mal pero que resultará ser su salvador en la hambruna que vivirá su pueblo dejándoles una gran enseñanza de humildad y una inmensa lección de lo que es el perdón divino, la reconciliación fraterna y la Providencialidad de Dios.

Gráfico 2. Paralelismo entre la narración de la infancia de José y el misterio pascual de Jesús en los evangelios

A.T    N.T
Gn 37,5.9Sueños de José   Mt 2,13
Gn 37,15-16 El Invisible  Col 1,15
Gn 37,18-24.31  Sacrificio de José Mt 27/Lc 23/Mc 15/Jn 18
Gn 37,20.24.28  Lo arrojaron al pozo Jn 4,6
Gn 37,25  Al alzar la vistaGn 22,4Lc 15,11-32
Gn 37,34  Rasgó sus vestiduras Mt 27,35/Mc 15,24/Lc 23,34/Jn 19,23
Gn 37,35  Su padre lloró Lc 15,11-32

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BREVE HISTORIAhttps://www.youtube.com/watch?v=0omhIms5COU
RELATO PARA NIÑOShttps://www.youtube.com/watch?v=_XbKEj0QqRw
DOCUMENTALhttps://www.youtube.com/watch?v=d7e03p5kHN8
LECTURAhttps://israelbiblicalstudies.com/es/blog/category/jewish-studies/jose-y-sus-hermanos-y-la-guerra-de-israel/

[1]  Cf. J.L Ska, Introducción al Antiguo Testamento, 41

[2] Cf. L. Alonso Schokel, ¿Dónde está tu hermano?, 257.

[3] Cf. J.L Ska, Introducción al Antiguo Testamento, 41.

[4] www.teoeducando.com

[5] Tres veces el texto menciona que José era amado: nuevamente la teología del tres.

[6] Cf. Salmo 22,18; Mt 27,35.

[7] Cf. J.L Ska, Introducción al Antiguo Testamento, 41.  

[8] Cf. C. Souvay, Interpretation of Dreams, V, 154-156.

[9] Posteriormente, en el Evangelio de Juan, se habla de un discípulo sin nombre, cuando se menciona la portera en la madrugada en que Jesús es aprehendido. Lo analizaremos también en el presente trabajo (Jn 18,15-25).

[10] Nota: En éste sentido, considero que, al menos de modo implícito o tácito, las apariciones e intervenciones de Dios Invisible no se reducen a Gn 46,1-5 y Gn 50,24-25 como expresa el profesor Jean-Louis Ska en Introducción al Antiguo Testamento, Sal terrae, Santander 2012, 39. Opto por la interpretación a la voz vedere l’invisibile de la profesora Bruna Costacurta en el último curso ofrecido por ella en la Pontificia Universidad Gregoriana en 2018-2019 como una imagen teológica transversal del Invisible en todo el texto bíblico.

[11] Cf. J.L Ska, Introducción al Antiguo Testamento,41.  

[12] Se repite aquí la expresión “vio de lejos” de la historia de Abrahán – Isaac. En ambos casos ver de lejos prepara un escenario de aparente muerte. Hace parte de una teología del sufrimiento que atraviesa la Sagrada Escritura que culmina siempre con la alegría y la vida.

[13]  Cf. J.L.Ska, Introducción a la lectura del Pentateuco, 88-91.

[14] En el Evangelio de Lucas se encuentra también la imagen del Padre misericordioso que se conmueve entrañablemente al ver de lejos el hijo que regresa a casa (Lc 15,11-32).

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