INTRODUCCIÓN: LENGUAJE TEOLÓGICO HACIA LOS JÓVENES
AUTOR: DVQ.SDB
En el discurso a la Curia romana, con motivo del saludo navideño del año 2019[1], el Papa Francisco resaltó cómo en nuestro tiempo «no estamos viviendo simplemente una época de cambios, sino un cambio de época»[2]. Una época cuyo factor de identificación son nuevos ídolos con nuevas promesas, que, si bien pueden congregar, unir y convocar, también representan un dinamismo que excluye, divide y mata[3].
Éstas nuevas promesas, donde el poder, el tener y el placer se convierten en ilusiones, nuevas seducciones, amores superfluos, son promovidos agresivamente por el complejo mundo digital de las redes sociales que han instaurado en el corazón de la juventud una globalización de la cultura líquida de la vida[4]. Los desafíos que los jóvenes plantean hoy a la Iglesia son cada vez más profundos, universales, requiriendo de su parte una voz profética que les dé razones de esperanza (1Pe 3,15).
MARCO DE COMPRENSIÓN
La globalización ha creado un lenguaje universal que conduce demasiado al mundo del mercado, el consumo y la apariencia, eliminando de su discurso, casi automáticamente, los valores del Evangelio. El Papa Francisco denuncia la cultura del descarte que va dando lugar a lo que él mismo denomina una población sobrante[5] y que, al no ser consumidora, es despreciada, desechada y sometida a todo tipo de exclusiones dando lugar a escenarios de desesperanza y muerte: el aumento de las guerras civiles y militares, el fenómeno migratorio, el desplazamiento forzado, la guerra, el fenómeno de la corrupción y el hambre.
Aparecen nuevas enfermedades que desafían permanentemente a la ciencia, se desgastan desmesuradamente los recursos naturales. Las oportunidades de trabajo digno disminuyen y aumenta la micro violencia. Los pueblos son destruidos en su riqueza cultural llevando a diferentes grupos humanos a un proceso de homogeneización de cultura universal occidental, donde el individualismo y al mismo tiempo, la visión de las personas como masas, crean dinámicas de muerte económica, social, cultural, ecológica y espiritual[6].
Los medios de comunicación social presentan permanentemente lenguajes con fuertes matices de violencia y tienen un marcado contenido sexual que va destruyendo la formación integral de los jóvenes mientras con frecuencia son parciales a la hora de comunicar la verdad. Toman fuerza las ideologías de género, se habla de polisexualismo, de relaciones abiertas. En temas políticos es frecuente observar cómo se crean conflictos fantasmas para justificar acciones bélicas e incluso el mismo deporte sirve en ocasiones para distraer mientras los gobiernos aprueban leyes que no siempre están a favor de los pueblos.
El panorama no es menos alentador en el plano de lo religioso y espiritual. Se siguen asesinando pueblos enteros en nombre de Dios; cambió el modelo de la familia. La Iglesia Católica pierde la credibilidad y la confianza por parte del pueblo santo de Dios. Disminuye el entusiasmo apostólico de la vida consagrada, la falta de testimonio de religiosos y religiosas distancian profundamente a los pastores de sus ovejas.
A esto se suma la escasez de vocaciones y la visible división que algunos intentan crear bajo los nuevos impulsos teológicos y pastorales del Papa Francisco. A su vez, la teología no logra llegar del todo a la vida pastoral de la Iglesia. Ella en ocasiones ofrece discursos teológicos y pastorales que no responden a los problemas y desafíos mencionados ni transforman la vida de los jóvenes. A la Iglesia y al religioso se acude mucho por fines sociales, económicos y administrativos pero pocas veces por fines pastorales y espirituales, contrario al espíritu de la sinodalidad cuando la multitud seguía y buscaba a Jesús y los doce mientras ellos se encontraban para orar, formarse y ser enviados a la misión[7].
Las incoherencias institucionales, tanto estatales como eclesiales, llevan a los jóvenes a tomar distancia ante los que consideran son sus grandes opresores: el Estado, la escuela y la Iglesia. Más que incrédula, la juventud de hoy es cada vez más indiferente a las propuestas religiosas cuestionando y radicalizando el desafío del anuncio del Evangelio[8].
La respuesta a estos escenarios empieza por el testimonio de vida de jóvenes creyentes convencidos de la alegría del Evangelio, capaces de asumir con imaginación y fidelidad creadora el plan de Salvación y enraizados en la experiencia de encuentro con la escucha de la Palabra de Dios, en la vida orante, la vivencia de los sacramentos y el ejercicio de la caridad[9].
Sin embargo, cada vez se hace más evidente el desafío del lenguaje propio de la teología con el cual la Iglesia debe dedicarse a la tarea de evangelizar a la juventud de frente a los actuales signos de los tiempos. La cuestión del lenguaje teológico debería estar al corazón de la reflexión teológica mucho más que otras disciplinas[10].
Si bien es cierto, como insiste el Papa Francisco, el kerigma no es una cuestión de proselitismo, también es cierto que existe la necesidad perenne de aggiornar el lenguaje teológico a los tiempos actuales donde la mutabilidad de las formulaciones del lenguaje y de discursos de los jóvenes es veloz[11]. Cambiaron las nociones teológicas como la gracia, el pecado, la conversión, la comprensión de la creación de las cosas, de los dogmas, de las verdades de fe[12].
Crecen discursos de todo tipo acerca de Dios, discursos fanáticos, apocalípticos, moralistas, legalistas, que parecieran estar diseñados para dividir más que para unir, para confundir más que para educar, para alejar del Evangelio más que para anunciar la Verdad, conduciendo a la humanidad al retorno del caos y de la confusión que existía antes de la creación.
El lenguaje adquirió algunas formas de expresión y nuevos discursos[13] desarrollando una poderosa capacidad de manipulación y de información parcializada a través de los medios masivos de comunicación social que busca cubrir los intereses políticos, económicos y sociales de las élites mientras que la sociedad en sí misma, recibe todo tipo de información sin haberse formado en la capacidad de escuchar y discernir con un espíritu crítico y hermenéutico que le permita definir qué es verdad y qué no lo es[14].
La forma de expresar los pensamientos y los sentimientos, incluso los religiosos, han cambiado. La ciencia ha modificado completamente la visión del mundo que tenían los antiguos y sobre la cual proyectaban toda su experiencia religiosa: hoy es la tecnología comunicativa[15]. Es más común el uso del signo y del símbolo en el lenguaje cibernético. Un símbolo, que en determinado momento social no es relevante, puede resultar un símbolo universal con solo un click, lo cual incide también en el lenguaje religioso y en las expresiones de fe del pueblo de Dios[16].
Es evidente el discurso universal que busca atacar lo eclesial, lo religioso y que intenta eliminar lo espiritual de su lenguaje. Frente al lenguaje sistemático, organizado y agresivo de quienes promueven las diversas formas de muerte, división y confusión a través de las redes sociales, el lenguaje de la Iglesia se muestra frágil, muchas veces desarticulado, pasivo, especulativo descontextualizado, desencarnado, esporádico, reduciendo significativamente la efectividad eclesial en el anuncio del Evangelio.
Ha pasado el tiempo en el que se podía hablar a los hombres a través de las palabras bien sean teológicas o piadosas[17]. C. Molari dilucidaba en el contexto del reciente Concilio Vaticano II el problema del lenguaje teológico afirmando que un signo claro de la tormenta de una cultura es la crisis de su lenguaje; improvisamente palabras comunes se vuelven insignificantes y fórmulas cotidianas sin valor[18].
Evidentemente es una preocupación que viene desarrollándose en la teología a partir del Concilio Vaticano II pero que no tiene aún la relevancia necesaria dentro de la reflexión teológica, eclesial y pastoral, lo cuál representa un reto fundamental para la reflexión.
STATUS QUAESTIONIS
Pablo VI recuerda en la encíclica Evangelii Nuntiandi que la evangelización es la vocación de la Iglesia. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia y su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa (§14).
La Constitución dogmática Dei Verbum recuerda que Dios habla a los hombres como amigos (§2) dejando en Él la iniciativa de salir al encuentro de sus creaturas, de comunicarse y narrarse a sí mismo para que le conozcan y puedan contemplar el misterio de la Revelación[19].
Benedicto XVI afirmó al clero de Roma que naturalmente palabras grandes de la tradición, como sacrificio, expiación, redención del sacrificio de Cristo, pecado original, son hoy, como tal, incomprensibles. No podemos trabajar simplemente con grandes fórmulas, grandes verdades, pero no contextualizadas en el mundo de hoy. Debemos mediante el estudio y cuánto nos dicen los maestros de la teología y nuestra experiencia con Dios concretizar, traducir estas grandes palabras para que puedan entrar en el anuncio de Dios al hombre de hoy[20].
Particularmente el Papa Francisco dedica a la Sagrada Escritura, en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, una extensa cantidad de numerales para hablar de la urgencia de redimensionar la forma como se está anunciando la Palabra de Dios. De ellos salen algunos elementos claves:
Dedicar tiempo, estudio y reflexión (§145); siempre bajo la invocación del Espíritu santo (§146); descubrir cuál es el mensaje principal, el que estructura el texto y le da unidad (§147); El predicador debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios, acercarse a la Palabra con un corazón dócil y orante (§149); la «lectio divina» (§152); El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar (§154).
Se pone en evidencia la preocupación que tiene la Iglesia por actualizarse en el lenguaje teológico frente al desafío de anunciar el Evangelio en un tiempo y un contexto en el que no estamos más en la cristiandad. «Hoy no somos los únicos que producen cultura, ni los primeros, ni los más escuchados. Por tanto, necesitamos un cambio de mentalidad pastoral, que no quiere decir pasar a una pastoral relativista.
No estamos ya en un régimen de la cristiandad porque la fe, especialmente en Europa, pero incluso en gran parte de Occidente, ya no constituye un presupuesto obvio de la vida común; de hecho, frecuentemente es incluso negada, burlada, marginada y ridiculizada»[21]. ¿Dónde se encuentra la falla? ¿En el contenido de las verdades de fe o en la forma no actualizada como se están comunicando?
¿Cuál es la tarea de la teología frente al desafío de un lenguaje teológico que tenga la capacidad de anunciar a Dios al joven (נַ֖עַר ná‘ar) de hoy? ¿Qué elementos teológicos puede aportar la teología para que la Iglesia pueda desarrollar un proceso de aggiornamento de su discurso teológico que la haga más cercana a las necesidades pastorales del pueblo de Dios y más efectiva en el anuncio del Evangelio a la juventud?
EN BÚSQUEDA DEL MÉTODO
La teología no teme cambiar los propios modelos y ponerse en actitud de conversión pastoral[22]. De cara a la necesidad de discernir y sustraer algunos elementos teológicos que ayuden a plantear un aporte al desafío del aggiornamento del lenguaje teológicoen la tarea evangelizadora de la Iglesia, se realizará una lectura bíblico creyente[23] y bíblico discernitiva[24] de algunos textos de la Escritura en los que Dios ha salido al encuentro de los jóvenes y se recurrirá al método teológico del Jesuita colombiano P. Alberto Parra: Textos, contextos y pretextos[25] para darle estructura al presente escrito.
Textos santos de tradición divino-apostólica que atraviesan los dominios especializados de la teología (Sagrada Escritura – Tradición – Magisterio)[26]:
Dentro de este marco, siendo el estudio de la Palabra de Dios el alma de la teología, será importante acercarse exegéticamente a algunos textos bíblicos y palabras concretas de la Sagrada Escritura referentes al lenguaje (דָּבָר dābār y שָׂפָ֣ה śāp̄āh) y la juventud (נַ֖עַרná’ar – νεαρός nearós) para que puedan iluminar y orientar el camino reflexivo del presente trabajo a la luz del lenguaje divino a través del cual se comunicaba la Buena Nueva a los jóvenes del pueblo de Israel y de las primeras comunidades cristianas.
Contextos históricos de interrogación[27]: el lugar, la realidad concreta del presente, los signos de los tiempos juveniles que cuestionan la reflexión teológica hoy. Se estudiará el magisterio de la Iglesia y el diálogo filosófico-teológico que la teología ha tenido frente al tema del lenguaje religioso a partir del Concilio Vaticano II y de la filosofía hermenéutica.
Pretextos de acción educativo-pastoral a los que tiende el plano inmanente y trascendente[28]. Los caminos a recorrer para que la juventud se oriente con sentido escatológico hacia la eternidad; Se tomarán elementos pedagógicos de la teología que permitirán construir algunos esquemas orientativos para que el teólogo, el pastor y el creyente puedan mantener una actitud de aggiornamento hermenéutico frente a los desafíos de los signos de los tiempos.
Para ello se valdrá de la reflexión teológico-pedagógica de teólogos, documentos eclesiales como el de Aparecida y algunos elementos específicos de la reflexión educativo-pastoral de los Salesianos de Don Bosco. A su vez, contará con la participación de jóvenes colombianos, bolivianos e italianos con los cuales se realizarán diversos métodos de lectura bíblica de los textos expuestos en el segundo capítulo. Los tres capítulos del presente trabajo están organizados según el método teológico de Alberto Parra.
Como forma de redacción del discurso se utilizará la forma de interpelación ascendente – respuesta descendente[29], mundo-teólogo, teólogo-mundo del P. Pedro Arrupe S.I cuya pedagogía crea una dialéctica entre el mundo juvenil que interpela a la teología y la respuesta de la teología al mundo juvenil que pide acompañamiento para hallar las respuestas[30].
El lugar del joven (נַ֖עַרná’ar; יֶּ֗לֶדyeled; νεαρόςnearós; παιδίονpaidión; νεανίσκος neanískos)en la história de la salvación
Los jóvenes[31] tienen un «lugar teológico» en la Sagrada Escritura. Cada uno de ellos es «lugar teológico» en la historia de la Salvación. Su presencia, testimonio, predicación, conversión, el camino formativo que vivieron, su mediación salvífica e incluso sus diversas formas de indiferencia, negación y respuesta creativa a la voluntad de Dios son fundamentales dentro de la teología bíblica.
A continuación, se presenta un grupo de jóvenes bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamento con la finalidad de enriquecer la reflexión teológico – bíblica sobre la juventud. Por una parte, se trata de dejarse iluminar por su ingenuidad, aprendizaje y sabiduría ante la perplejidad de sentirse mirados, elegidos y enviados del Señor. De otra parte, es dejarse interrogar por la capacidad de diálogo, comprensión y la fidelidad creadora con la cual ellos se lanzaban a los desafíos recibidos de la providencia Divina.
La finalidad última es admirar la relación entre Dios y los jóvenes a quienes el Señor les renueva cada día el llamado a servir, desafiándolos a ser profetas, santos y misioneros para vayan por el mundo a proclamar el Evangelio (Mc 16,15).
Acercarse a los jóvenes de la Escritura, toca el corazón de los mismos jóvenes de estos tiempos comprometiéndolos con todas sus fuerzas en la construcción del Reino de Dios.
A los educadores, les recuerda la misión de ser signos y testimonios del amor de Dios para que ellos, los jóvenes, descubran en sus vidas al Dios de la vida que los ama y necesita para construir una humanidad nueva y una Iglesia rejuvenecida. Las Constituciones Salesianas recuerdan que los educadores caminan con los jóvenes para conducirlos a la persona de Cristo Resucitado (Art. 34) de manera que experimenten con Él encuentros de eternidad[32].
Para dejarse permear del espíritu juvenil de la Sagrada Escritura se busca estudiar, meditar, contemplar, cuidando del estudio exegético, los diversos textos bíblicos en los cuales los narradores inspirados mencionan algún joven (נַ֖עַרná’ar – νεαρός nearós) convocado por el Señor para preparar los caminos de la revelación y la salvación del pueblo de Dios.
No queremos aquí entrar en la descripción minuciosa de los detalles técnicos del rigor científico en el estudio de cada uno de los textos seleccionados, lo cual no significa que no se hayan leído los textos previamente con los enfoques de los diversos métodos exegéticos, hermenéuticos e interpretativos de la Escritura.
[2] Francisco, Discurso del Santo Padre a la curia romana.
[3] Cf. M. Peressón, La Pedagogía de Jesús, 16.
[4] Cf. Z. Bauman., La vida líquida, Madrid 2005.
[5] Francisco, Discurso del Santo Padre a la curia romana.
[6] Cf. M. Peressón, La Pedagogía de Jesús, 16.
[7] Cf. Celam, Aparecida, §100.
[8] Cf. F. Cosentino, Incredulità, 47.
[9] Francisco, Gaudete et Exsultate, 147.
[10] Cf. G. Piccolo, Fatti di parole, filosofía del linguaggio, 122.
[11] Cf. C. Molari, La fede e il suo linguaggio, 23-31.
[12] Cf. D. Bonhoeffer, Carta a Eberhard, 348.
[13] Un youtuber como el chileno German Garmendia sube a las redes sociales un video con un contenido breve de tres minutos y llega a 33.000.000 millones de reproducciones en los primeros 15 minutos de publicación. A su vez, un religioso, que sube a las mismas plataformas un video explicando el Evangelio dominical, llega entre 2.000 y 10.000 reproducciones a lo largo de una semana. La exposición de un motivador personal en un auditorio de 1.000 jóvenes, puede mantener la atención de sus oyentes durante dos horas, mientras que un sacerdote puede realizar una prédica durante 15 minutos perdiendo la atención de los mismos oyentes a los 5 minutos de iniciada la predicación
[14] Cf. C. Vidal, «la manipulación del lenguaje como arma política», Universidad Francisco Marroquín, Guatemala, 06 de Agosto de 2018; https://www.youtube.com/watch ?v=FqjVc6BRuKU. En la misma linea de la manipulación encontramos L. Muiño, «El lenguaje como arma de manipulación»: Primer debate del XIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo dedicado al lenguaje en la era de la posverdad https:// www.you tube.com/watch?v=iav3iPsPX7Q , Fundeu, San Millán de la Cogolla, España, 21 de Junio de 2018. Es muy válido citar aquí el fuerte discurso del Papa Francisco a los representantes de la Sociedad Civil de Paraguay en donde el Santo Padre desarrolló la relación dialogo-proyecto de nación. El texto escrito: https://es.zenit.org/articles/texto-completo-del-discurso-del-papa-a-la-sociedad-civil-paraguaya/ ; En audiovisual: https://www.youtube.com/watch?v=vmEMrGrxbUU
[15] Cf. C. Molari, La fede e il suo linguaggio, 31-33.
[16] Cf. Z. Bauman, Lo Spirito e il clic, 21.
[17] Cf. D. Bonhoeffer, Carta a Eberhard, 348.
[18] Cf. C. Molari, La fede e il suo linguaggio, 8.
[19] La expresión «narrarse a sí mismo» utilizada en este trabajo está tomada del P. Gustavo Baena SJ, profesor de Sagrada Escritura en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Baena sostiene que la Revelación y la Escritura son un narrarse a sí mismo de Dios hacia los hombres para que estos descubran el amor continuo del Creador en Fenomenología de la Revelación, Teología bíblica y hermenéutica, Navarra 2001.
[20] Cf. Benedicto XVI, Discurso a los sacerdotes de la Diócesis de Roma.
[21] Francisco, Discurso del Santo Padre a la curia romana.
[22] Cf. Salesianos, La Pastoral Juvenil Salesiana, 34.
[23] La lectura creyente, propuesta de lectura exegética de Bruna Costacurta, Profesora de Sagrada Escritura en la Pontificia Universidad Gregoriana, miembro de la Pontificia comisión bíblica del Vaticano, plantea la necesidad de leer los textos bíblicos con rigor científico, pero sin perder la dimensión de la fe que realiza el creyente en su lectura.
[24] La lectura discerniente surge del curso sobre el discernimiento paulino del P. Fabrizio Piere, Profesor Sagrada Escritura y espiritualidad de la Pontificia Universidad Gregoriana. El lector no sólo lee con rigor científico el texto, sino que, desde la lectura creyente, entra en un proceso de discernimiento que lleva a la Cristificación del lector del texto bíblico.
[25] A. Parra, Textos, Contextos y Pretextos.
[26] Cf. A. Parra, Textos, Contextos y Pretextos, 12.
[27] Cf. A. Parra, Textos, Contextos y Pretextos, 12.
[28] Cf. A. Parra, Textos, Contextos y Pretextos, 12.
[29] Cf. P. Arrupe, La misión apostólica, clave del carisma Ignaciano, VII Conferencia en el Congreso Internacional Jesuítico, Loyola 07 septiembre de 1974. Arrupe sugería como método dialéctico de la teología: a) La teología que interpela a la teología; b) La teología que interpela al mundo; c) El mundo que interpela a la teología. El presente texto se opta por esta tercera opción, a saber, los jóvenes que interpelan a la teología y a la Iglesia.
[30] Cf. P. Arrupe, La misión apostólica, clave del carisma Ignaciano.
[32] Cf. J. Oniszczuk, Incontri con il Risorto in Giovanni 20-21, 187-202.
