Dr. Sebastián Roldán Vasco
Dr Sebastián Roldán Vasco

IDEAS VAGAS SOBRE LA CRISIS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR. 02

CRISIS EDUCATIVA. Qué tal si dejásemos un poco de arremeter contra nuestros estudiantes y sus limitaciones, ver que muchos tienen algo para aportar(nos) e incluso enseñar(nos), asumimos nuestra responsabilidad en lo que vemos en el aula, y acogemos la frase de un fallecido rector universitario: «la Educación es un acto de Esperanza».

Sebastián Roldán Vasco[1]

PROEMIO

CRISIS EDUCATIVA. Hace poco, un amigo Salesiano me invitó a escribir sobre la educación. Yo me comprometí con un sí, sin pensarlo mucho y asumiendo que sería un proceso de escritura sencilla, dado que llevo varios años como docente universitario y escribir es una tarea cotidiana en mis labores de investigación. Hasta que me senté a hacerlo y me pregunté: ¿ahora qué digo? Ahí me di cuenta de la empresa en la que me había metido.

 Primero, porque la escritura académica y científica de lo que algunos mal llaman ciencias duras a la cual estoy acostumbrado plantea una estructura mental muy diferente, basada en el rígido esquema de resumen-introducción-métodos-resultados-discusión-conclusiones.

Segundo, la enorme amplitud del tema, por su transversalidad, casi por su omnipresencia: educación en la casa, educación básica, secundaria, superior o posgradual, educación para la vida, educación especial, educación presencial, a distancia, virtual, híbrida. En fin, dependiendo del ámbito, de la modalidad, de la edad o del enfoque pedagógico que se elija, tendríamos tela para cortar un buen rato. Por sí solas, las leyes y decretos que regulan el ejercicio de la educación en cada una de estas modalidades daría para una amplísima discusión

Por esto decidí dirigir los reflectores hacia la Educación Superior, para profundizar la discusión en su crisis actual (¿acaso no siempre la ha habido?), no desde los fundamentos teóricos, más complejos y mejor estructurados de lo que soy capaz de escribir, sino desde lo vivencial, de lo que uno va encontrando semestre a semestre y, anticipo, con limitada corrección política. Y qué mejor para hacer ello que partir de una carta muy difundida hace un par de años, escrita por Daniel Arias-Aranda, profesor de administración de la Universidad de Granada (España).

El título es en sí mismo una bofetada: “Querido alumno universitario de grado: te estamos engañando”[2]. En esta, el profesor con más de 25 años de experiencia docente hace un sumario de la insulsez del estudiante universitario de hoy, consumidor compulsivo de entretenimiento barato y sin contenido de cualquier red social, indiferente al profesor y al conocimiento que está buscando impartir. En el aula universitaria es cada vez más difícil encontrar “un buen elemento”. O la calidad de estos va en declive. No solo se debe a la presencia de cada vez menos estudiantes.

 La pobre capacidad de atención se anula después del tiempo que puede durar un short, un reel o un Tik Tok. El asunto es encontrar la(s) causa(s) para ver si, tal vez, podemos hacer algo como profesores universitarios o es un caso perdido que debemos dejar a otros profesionales.

EL EXCESO DE LO DIVERTIDO

Al aprendiz de profesional lo está embruteciendo la aplanadora de lo divertido. Aquí quiero tomar una pausa para ofrecer disculpas por el término “embruteciendo” que acaba de leer. Si se siente ofendido, puede cambiarlo por el que estime más conveniente y hiera menos susceptibilidades pedagógicas. Gracias de antemano.

Continúo. ¿Cómo las ecuaciones de Maxwell, el derecho romano o la doble hélice de Watson & Crick pueden competir en entretenimiento con cualquier reto viral de los centenares que llevan a los adolescentes hasta el límite de la idiotez? Producto hijo no de la sociedad del espectáculo como diría Vargas Llosa, sino del divertimento vacío.

Salir del aula de clase a los pasillos de la Universidad nos ofrece un panorama filadelfiano, con celulares en lugar de Fentanilo, de jóvenes con las cabezas gachas en la ya casi normal postura del text neck o síndrome del cuello roto[3]. Bultos de carne cuya facultad para ejercer las funciones biológicas básicas es delatada por un sutil movimiento automático del pulgar para hacer scroll en una interminable serie de contenido basura.

La catarsis que hace el profesor Arias-Aranda frente al asunto dicotómico de “lo divertido” vs. “lo que se necesita” es el desahogo de muchos profesores universitarios que nos sentimos arrinconados entre la espada de esculpir la curiosidad intelectual del estudiante y la pared de sus profundas falencias a todo nivel: argumentativo, conceptual, de habilidades blandas.

Parece ir en contravía de toda lógica que el profesor universitario, es decir, el maestro orientador en un claustro de Educación SUPERIOR, así en mayúsculas a modo de énfasis y no de grito –o quién sabe…-, deba asumir el papel de recreacionista que muchos expertos en pedagogía nos han querido endilgar[4]. Y seamos honestos: ¿hay algo más aburrido, incluso desde la estética, que un profesor universitario?

Ahora bien, lo anterior no es una crítica del proceso de “aprender jugando”. De hecho, la diversión y el juego son una diada relevante para el desarrollo de la cultura, tal y como manifiesta Huizinga en su “Homo Ludens”. El aprendizaje basado en el juego y en la lúdica ha sido explorado particularmente en educación básica, tal y como lo expone UNICEF[5]. La crítica se hace sobre aquella idea que desde hace unos años ha intentado penetrar en el aula de clase universitaria, tristemente no por los alumnos, sino por algunos estrategas pedagógicos.

Llamados a la re-configuración del rol del profesor universitario para ser un motivador, caminan en una línea muy delgada entre la innovación pedagógica con capacidad de adaptación al cambio (tranquilo querido lector, no usaré la odiosa palabra que está pensando), y volverse en un recreacionista-amigo-parcero-pana-brother del estudiante. Bueno, no exageremos y démosle un título que nos deje contentos a todos: gestor del aprendizaje…

El llamado a la lúdica podrá sonar muy cool, hasta posmoderno si se quiere, lo cual no es malo per se. Pero no es inofensivo cuando riñe con aspectos que deberían ser innegociables en el proceso académico: la calidad, la exigencia, la conceptualización, el desarrollo del pensamiento crítico, y todo esto a su vez vinculado con el contexto profesional. ¿Acaso estamos formando al profesional que demanda la Sociedad? El fin último de la Educación Superior es hacer del estudiante un individuo competente para su ejercicio profesional, no un individuo feliz pero engañado que piensa que sabe lo que hace, cuando muchas veces no es así.

Y como sospecho crítica de su parte por el reduccionismo, le propongo imaginar que el estudiante universitario es un árbol de navidad. La Universidad es la que se encarga de que dicho árbol sea estructuralmente apto. Digamos que todos los constructos de pensamiento, conceptos, herramientas, son el material que hace que sea resistente. Si es endeble, está torcido o las ramas son de dudosa calidad, el árbol no sirve.

Ahora, para lucir bien, necesita guirnaldas, luces, bastones y demás. Sin estos, el árbol de navidad sirve, pero es feo y no luce bien. Todos estos accesorios son ética, liderazgo, capacidad de trabajo en equipo, capacidad argumentativa, buenas relaciones interpersonales, etc. Sin los accesorios, el árbol no luce, y sin árbol, los accesorios no sirven.

 Por esto, relajar la exigencia y la conceptualización es irresponsable, y es garantizarle un patadón en la cara al estudiante cuando se tenga que enfrentar a una realidad carente de juegos, nula lúdica, ambientes de trabajo hostiles en los cuales se evalúan los resultados y no la empatía, si tiene suerte de no terminar cabalgando en las cifras de desempleo juvenil enormes. Aprender a enfrentar esas realidades y prepararlos para plantar cara a eso, debería ser una labor de la academia.

¿EXISTE UNA SUBVERDIÓN DEL MODELO ASPIRACIONAL?

Hace no muchos años, en nuestros países latinoamericanos era un lujo ser profesional. Tener una profesión era garantía de bienestar económico, de salir a trabajar en las grandes industrias que dominaban el mercado en distintos sectores productivos. Es por ello que la Educación a secas, y la Superior con apellido, eran consideradas la mejor inversión a largo plazo. ¿Hoy es esto cierto? Titularse para regar la ciudad de hojas de vida no es precisamente un punto al cual un joven quiere llegar.

Adicionalmente, los tradicionales ejemplos de Fulanito de tal que era mensajero y llegó a ser gerente de banco son cada vez más difíciles de encontrar, dada la hiper – especialización de los trabajos. Es decir, un título de pregrado no es suficiente. Ahora se exige un posgrado, y mientras más se tenga, mejor.

 Para encontrarse con la realidad de que, por hacer tanto posgrado, se sobre perfiló el profesional y su empleabilidad se redujo a la mitad. Así, el camino académico, que como mínimo dura cinco años, ya no constituye la garantía de bienestar y seguridad financiera que era hace un par de décadas. Si está de acuerdo con la anterior idea, déjeme decirle que usted está equivocado, y qué pena con la confusión.

De acuerdo con observatorios de empleabilidad de diferentes países iberoamericanos, la tasa de desocupación disminuye a medida que aumenta el nivel de formación profesional[6],[7],[8].

 Entonces, ¿por qué solemos pensar que no es así? Es un asunto meramente estadístico de tendencia a la generalización. Bueno, y también de fallas en la lógica de postulados. Me explico con un ejemplo sencillo. Yo tengo un perro negro, luego todos los perros son negros. 

Para el lector es evidente la anterior falla lógica de generalización apresurada. ¿Y entonces por qué no es evidente la misma falla cuando conocemos un profesional buscando trabajo y decimos que esta es una realidad para todos los profesionales del país?  Y eso, sin lugar a duda, lleva a que muchos jóvenes lleguen a la conclusión de que estudiar una carrera en Vía Dolorosa para llegar al Gólgota de la carencia, no es la mejor decisión.

 Bueno, para sincerarnos, no les falta algo de razón frente a la dificultad de la movilidad social en países en vías de desarrollo[9]. Y también, que las cifras de desempleo juvenil son mayores a los de la población en general en varios puntos porcentuales, efecto acentuado en los meses de cuarentena por la COVID-19[10].

Ahora bien, independientemente de las causas -psicológicas, familiares, sociales, de formación básica- que originan esta forma de ver el costo-beneficio de la Educación Superior, hay algo claro: los jóvenes iberoamericanos ya no quieren ser profesionales y quieren ser influencers y youtubers[11].

La anterior idea fue la que circuló en muchos titulares de prensa; ideas efectistas, de fácil digestión, y con algunos números que parecen soportar las tesis. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que ello, y generalizar de ese modo siempre será una muestra de debilidad argumental. Los jóvenes aún quieren estudiar[12]. Pero pasados son los días en los que todos querían estudiar lo mismo: medicina, derecho, ingeniería.

¿Exageración? Los números de aspirantes a ingenierías son tan críticos, que varias universidades se han visto en la necesidad de cerrar programas académicos, situación particularmente alarmante en instituciones privadas de Educación Superior.

 ¿Cómo explicar eso en un país como Colombia, cuya cobertura en Educación Superior no llega al 56%?[13] Falta de dinero es la respuesta obvia. Pero cuando se observa una reducción en el número de aspirantes y estudiantes matriculados incluso en universidades gratuitas, indica que es más complejo que eso. Aparte de barreras sociales de acceso[14], hay factores históricos (atavismos de la época colonial)[15] y desafíos relacionados con la calidad y financiamiento del sistema educativo[16].

Entonces, va siendo hora de dejar de pensar en el joven como un mediocre desestructurado que no quiere estudiar como el responsable de la situación de la Educación Superior; en cambio, deberíamos abordar la generación de Políticas Públicas enfocadas no solo en dar más plata a las universidades (que es necesario), sino también a eliminar las barreras de acceso del sistema (que afortunadamente cada vez son menos), y algo un más profundo: a despertar la curiosidad intelectual de los niños y jóvenes, a mostrarles desde pequeños que las verdaderas superestrellas son Rodolfo Llinás, Nubia Muñoz, Francisco Lopera, o Diana Trujillo.

Y que, para ser como ellos, no tienen que ser genios ni ricos ni privilegiados; lo único que se necesita, parodiando a Alva Edison, es 1% de inspiración y 99% de transpiración.

TENDENCIA A LO PRÁCTICO

Frente a la crisis de matrículas en programas como ingeniería eléctrica, electrónica y de telecomunicaciones, discutía hace poco con un colega acerca de las posibles causas. Una de ellas, aducía, es la tendencia hacia lo práctico. Con el auge reciente de la inteligencia artificial y la analítica de datos, muchos jóvenes se están volcando a estudiar carreras cortas relacionadas, técnicas o tecnologías.

Y eso está muy bien, porque ganamos todos: los gobiernos, pues aumentan empleabilidad, las universidades porque aumentan el volumen de estudiantes=ingresos, los profesores porque conservamos nuestro trabajo con no mucho esfuerzo para dictar clases orientadas a lo práctico, y los estudiantes porque no se tendrán que devanar los sesos en laberintos teóricos que (dicen) no sirven para enfrentar el mundo real. Pero ya que estamos aquí, me quiero tomar la libertad de hacer una pregunta incómoda: ¿no estaremos enmascarando un cierto desprecio por la fundamentación teórica?

Parece que estamos eligiendo carreras tan prácticas que el único lugar donde se habla de teoría es en las reuniones de café, donde discutimos si la leche debe ir primero o el café. ¡Olvídate de los libros! Tenemos a ChatGPT que piensa por nosotros. Profe, ponme cualquier taller y te lo entrego en menos de un día, sin un solo atisbo de plagio y con una redacción que ni en tus más hondos deseos hubieses esperado de un estudiante como yo que, a duras penas, distingo el uso de un punto seguido y una coma.

Eso es lo que imaginamos que piensan algunos estudiantes cuando procedemos a evaluarlos de forma diferente a un examen escrito tradicional. El aprender haciendo, learning by doing que llaman.  Y tal vez esto corresponde a una mala interpretación del concepto de John Dewey[17], como un mero “hacer por hacer”, llevando a que los estudiantes se enfoquen en una casi primitiva ejecución de tareas sin comprender el sustrato conceptual que subyace a lo que están haciendo.

Y un enfoque excesivo en la práctica puede descuidar la importancia de la teoría, la cual proporciona un contexto crítico que puede enriquecer la experiencia práctica y ayudar a los estudiantes a desarrollar un entendimiento más profundo y significativo de los conceptos. Por otro lado, defensores del “aprender haciendo” argumentan que la enseñanza teórica a menudo no se relaciona con las experiencias del mundo real y carece de aplicabilidad[18].

Sin embargo, esto no tiene por qué se cierto, y nos corresponde como docentes universitarios no solo usar la teoría como marco referencial y conceptual, sino también integrar la teoría, que puede llegar a ser tan abstracta como una ecuación diferencial, con ejemplos prácticos y estudios de caso, mostrando cómo los conceptos se aplican en situaciones reales. Esto ayuda a los estudiantes a ver la relevancia de lo que están aprendiendo y a conectar la teoría con la práctica.

Si bien el enfoque de «aprender haciendo» tiene sus méritos, es crucial equilibrarlo con una sólida fundamentación teórica para asegurar un aprendizaje significativo y duradero. Y eso debería ser innegociable en la Educación Superior, y es una responsabilidad que tenemos los docentes.

¿CONCLUSIÓN?

A modo de conclusión, si es que podemos sacar alguna de todo este galimatías lleno de aperturas argumentales, ningún cierre y plagado de contradicciones, es que la responsabilidad de torcerle el cuello a la crisis de la Educación Superior recae en, y me disculpan la verdad de Perogrullo, el Estado, la Universidad, y el docente. Y volviendo al ensayo inicial que motivó varias ideas expuestas acá, sería conveniente dejar de victimizarnos como docentes.

Qué tal si dejásemos un poco de arremeter contra nuestros estudiantes y sus limitaciones, ver que muchos tienen algo para aportar(nos) e incluso enseñar(nos), asumimos nuestra responsabilidad en lo que vemos en el aula, y acogemos la frase de un fallecido rector universitario: la Educación es un acto de Esperanza.


[1] Nació en Medellín, Colombia. Realizó estudios de secundaria en el colegio Salesiano Domingo Savio (La Ceja – Antioquia). Estudió bioingeniería en la Universidad de Antioquia donde obtuvo el magister en ingeniería. Doctor en ingeniería electrónica y de computación. Trabajó como ingeniero en varias instituciones de salud en Medellín. Desde hace 10 años se dedica a la docencia universitaria y la investigación biomédica.

[2] https://es.linkedin.com/pulse/querido-alumno-universitario-de-grado-te-estamos-daniel-arias-aranda

[3] Ergonomía y Uso de Teléfonos Inteligentes. Síndrome del cuello roto “t – MED-TAC International Corp. (tactical-medicine.com)

[4] Los alumnos ya no quieren un profesor sino un recreacionista: Juan David Zuloaga – Oct/22 – El Observatorio de la Universidad Colombiana

[5] UNICEF-Lego-Foundation-Aprendizaje-a-traves-del-juego.pdf

[6] https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/fuerza-laboral-y-educacion

[7] https://www.randstadresearch.es/formacion-profesional-y-empleabilidad/

[8] https://www.ceu.es/blog/2024/la-fp-acelera-la-empleabilidad-la-tasa-de-empleo-alcanza-el-73-cinco-puntos-mas-que-la-media/

[9] https://forbes.co/2020/05/22/economia-y-finanzas/movilidad-social-una-materia-pendiente

[10] DANE – Mercado laboral de la juventud

[11] https://www.remitly.com/gb/en/landing/dream-jobs-around-the-world

[12] 0120-3916-rcde-80-101.pdf (scielo.org.co)

[13] https://snies.mineducacion.gov.co/portal/416243:El-Ministerio-de-Educacion-Nacional-pone-a-disposicion-la-informacion-estadistica-de-educacion-superior-2022#:~:text=La%20tasa%20de%20cobertura%20en,registrada%20en%20a%C3%B1o%20inmediatamente%20anterior.

[14] https://www.flacsoandes.edu.ec/sites/default/files/agora/files/1276880772.acceso_a_la_educacion.pdf

[15] LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN COLOMBIA: SITUACIÓN ACTUAL Y ANÁLISIS DE EFICIENCIA1 (redalyc.org)

[16] https://revistas.umariana.edu.co/index.php/Criterios/article/download/1792/1857

[17] Aprender haciendo – Ruta Maestra (santillana.com.co)

[18] Learning by doing, una metodología basada en la experiencia | HACK A BOSS

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