EL CIEGO DE NACIMIENTO
La curación del ciego, fresco de autor anónimo (siglo XII), muro lateral de la Basílica Benedittina en Sant’ Angelo in Formis, Capua, Italia

EL CIEGO DE NACIMIENTO. Jn 9

EL CIEGO DE NACIMIENTO. Justo cuando, ante el mundo, el ciego era excluido, viene el milagro: Jesús lo busca y le devuelve la luz, un camino en el que crece la luz para el ciego y aumenta profundamente la ceguera para los fariseos. TEOEDUCANDO

El ciego de nacimiento: Cuarto Domingo de Cuaresma. A

En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista. Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.   Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.

EL CIEGO DE NACIMIENTO

EL CIEGO DE NACIMIENTO. Considerada por algunos una catequesis bautismal (Cullman, Hosskyns, Corell, Stanley, Brown, Niewalda…) o por otros una catequesis cristológica (Schnackenburg, Strathmann, Mollar, Barret, Bultman, Sabugal…), la perícopa es muy posiblemente la reacción apologética de la primitiva comunidad de Juan frente a la oposición de la Sinagoga ante los grupos nacientes del cristianismo que eran vistos como peligrosos herejes. Una verdadera obra de arte joánico.

El capítulo noveno del evangelio de San Juan trae una hermosa escena introductoria. Jesús ve pasar un ciego de nacimiento. Un hombre tan pobre, que sólo se tiene a sí mismo. Jesús se frena en el camino solamente para Él pues lo ha mirado[1]. La mirada misericordiosa de Jesús frente a uno que no puede ver, y la acción misericordia del Señor ante su situación, abren esta porción del Evangelio.

La perícopa se inserta en la tercera parte del libro de los signos (Cap 5-10) y ocupa el último de los cuatro signos que allí se encuentran. El centro teológico de este encuentro no está en la curación de la vista, interpretada como milagro, sino en lo que suscita esta acción de Jesús en la vida del ciego que regresa a la luz.

De esta manera, el episodio muestra bellamente cómo el ciego progresa en la fe y demuestra a su vez cómo su ceguera es paralela a la de los fariseos quienes no avanzan hacia la luz, sino que se profundizan en las penumbras propias de su radical ceguera. El evangelio presenta la situación en diversos vértices.

EL PROBLEMA

Jesús realiza una curación en sábado. Surge así la controversia entre los expertos religiosos contra quien ha curado y quien ha sido curado.

PERSONAJES

JESÚSEL CIEGOLos padres del ciegoLos discípulosLOS VECINOSLOS FARISEOS

PREGUNTAS PRESENTES EN LA PERÍCOPA

¿No es ese el que se sentaba a pedir?¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?¿Qué dices del que te ha abierto los ojos?¿Nos vas a dar lecciones a nosotros?¿Crees tú en el Hijo del Hombre?

COMENTARIOS SOBRE JESÚS EN EL EVANGELIO

v.16“No viene de Dios”v.16“No guarda el sábado”
V.16.24“Un pecador”v.17“Un profeta”
v.29Ése no sabemos de dónde es”  

Tres veces el ciego afirma no conocer a Jesús

v.12v.25v.27
No lo séSi es un pecador no lo seOs lo he dicho ya varias veces

A cada pregunta hecha al ciego viene una confesión sobre Jesús:

Jn 9,11Jn 9,17Jn 9,33
Un hombre llamado JesúsUn profetaUn enviado de Dios

Un camino de fe que parece concluir en 35-37

Jn 9,35-37Hijo de Hombre. El Señor.

La iniciativa es de Jesús.

 Es él quien nota que el ciego ha sido expulsado. Los discípulos interrogan a Jesús sobre el origen de su enfermedad refiriéndola o bien a sus padres, o bien a él mismo. Inmediatamente Jesús rechaza ese prejuicio y anticipa la forma como se desenvolverá lo que está por suceder: ni él ni sus padres, sino para que se manifieste en él las obras de Dios.

En efecto, se desencadenan una serie de acciones para tal propósito.

  • Jesús escupe en la tierra
  • La unta en los ojos del ciego
  • Lo envía a lavarse a la piscina de Siloé

Dando continuidad al episodio, aparecen nuevos personajes

  • Los vecinos empiezan a realizar preguntas
  • Respuesta del ciego
  • Es llevado ante los fariseos
  • Nuevo interrogatorio por parte de los fariseos
  • Nueva respuesta del ciego

Lo anterior, afirma el evangelio, crea dudas, escándalo por violar las normas del sábado, y división ante los mismos fariseos.

  • Tercer interrogatorio
  • Tercera respuesta del ciego

Ante la sorpresa, el evangelio explicita que los judíos se negaban a creer, llevándolos a interrogar a los padres del ciego quienes dan fe de la condición con que nació su hijo, pero mostrándose incapaces de explicar por qué ahora puede ver.

  • Nuevo interrogatorio al ciego. En esta ocasión se refieren a Jesús como pecador, de la misma manera como los discípulos se han referido al ciego y a sus padres.
  • Nueva respuesta del ciego quien ante la morbosa insistencia de los judíos reafirma la presencia de Jesús en su curación.
  • El ciego recibe improperios, insultos
  • Es expulsado.

EL ESCÁNDALO DE LA SANACIÓN

Es evidente que para la mentalidad de la época el sufrimiento estaba asociado al pecado y por secuela a la enfermedad, pero el Evangelio quiere mostrar con absoluta claridad que la realidad del milagro es un proceso de fe, un camino que ha de recorrerse y que depende de la total disponibilidad de quien acoge a Jesús cuando Él toma la iniciativa de acercarse.

El milagro depende de un proceso. Justo cuando, ante el mundo, el ciego era excluido, viene el milagro: Jesús lo busca y le devuelve la luz, un camino en el que crece la luz para el ciego y aumenta profundamente la ceguera para los fariseos.

Lo anterior no resuelve el problema de aquel misterioso, tildado de pecador por los expertos religiosos de la época. El hombre sale de la piscina de Siloé, pero no encuentra a su sanador. Él será quien posteriormente saldrá a su reencuentro para ayudarlo a dar el paso definitivo: hacerle comprender que, en su curación, en el regreso de la vista, se ha revelado el poder del Hijo del Hombre. De ahí el binomio de las dos expresiones que cierran con broche de oro la perícopa del capítulo noveno de Juan: ¿Tú crees en el Hijo del Hombre? … “Le has visto, quien habla contigo, ese es”.

 El misterioso ahora es conocido, es el mismo Hijo de Dios ante quien se postra mostrando así haber comprendido lo que ha sucedido, entendiendo quién es su Salvador y llegando al culmen de un grandioso proceso que poco a poco ha orientado el mismo Jesús.

De algún modo todos experimentamos cierta ceguera de nacimiento: no conocer a Jesús, no poderlo contemplar en su total magnificencia ni comprender sus insondables misterios. Como el ciego, estamos de paso, en la penumbra, viviendo de la limosna del mundo sin la certeza del lugar que pisamos y trasegando la vida en ausencia de la luz, en ausencia de Jesús.

Jesús ha tomado la iniciativa desde el principio de nuestra existencia, de acercarse en el camino mientras pasamos para poner barro en nuestros ojos, recordando que Él puede dar la vida y la luz de la misma forma que en la creación del mundo el Padre tomó la tierra, dio vida al hombre y sobrepuso a las tinieblas el día. No sabemos inicialmente quién es Él, pero Él se acercó y ahí está, no de modo pasivo sino activo, nos ha mirado.

La mirada de Jesús es penetrante: por ella el sufrimiento del otro llega hasta su corazón al punto de conmoverse visceralmente por la situación, nos ve necesitados de acogida, comprensión y ayuda[2]. Dentro del sufrimiento el ciego aprende a caminar hacia la luz.

Jesús pone su saliva, se acerca, vuelve por segunda vez y las veces que sean necesarias a acercarse, su mirada es compasiva y su acción misericordiosa. Él responde siempre al abatimiento del ser humano, atendiendo sus necesidades vitales con una acción concreta y eficaz. Cura al ciego, al hombre y al curar al hombre, Jesús realiza una nueva creación.

Nos corresponde, por tanto, hacer el camino, ser incluso sometidos a la incomprensión, al señalamiento una y otra vez, a ser excluidos, injuriados, expulsados, considerados enfermos y pecadores, a recibir el látigo y el rigor de la ley y del sábado por encima de la caridad fraterna y la misericordia.

Pero parte del camino es también la fidelidad y la perseverancia, la confianza, la disponibilidad para escuchar a Aquel que no vemos al pasar pero que es diferente a los que pertenecen al mundo. Parte del camino es la escucha de su voz y su Palabra que nos conduce a la Pascua definitiva, la Pascua del amor de Dios hasta verlo a Él que es la Luz, vencedor de nuestras penumbras, nuestras tinieblas y noches oscuras, los miedos, las dudas, las incertidumbres y desesperanzas.

No hay que desfallecer. Justo en el peor de los momentos Él se revela, justo cuando la noche es más oscura, es cuando empieza a amanecer, por ello que entre más grande es la lucha, más grande es la gloria, no la nuestra sino la de Él, para que se manifieste en él (léase en cada uno de nosotros) las obras de Dios.

¡Qué consuelo nos proporcionan estas palabras! Nos hacen escuchar la voz viva de Dios, que es Amor providencial y sabio. Ante el hombre marcado por su limitación y por el sufrimiento, Jesús no piensa en posibles culpas, sino en la voluntad de Dios que ha creado al hombre para la vida. Y por eso declara solemnemente: «Tengo que hacer las obras del que me ha enviado. (…) Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo» (Benedicto XVI)[3]

EN LA TEOLOGÍA SALESIANA

[4]

Fidelidad y perseverancia son dos ejes fundamentales en la consagración que tiene la familia salesiana en la misión evangelizadora de la Iglesia. El texto 195 de las constituciones salesianas afirma que nuestra perseverancia se apoya totalmente en la fidelidad de Dios, que nos ha amado primero. Lo desarrolla así el proyecto de vida de los hijos de Don Bosco.

[Nuestra fidelidad es respuesta a Dios, ayudados por su Espíritu. Fidelidad y perserverancia. Es la misma realidad desde dos ángulos diferentes: Fidelidad es continuidad en las relaciones entabladas libremente en el momento del bautismo: fidelidad a sí mismo, a la Congregación, a los jóvenes y, sobre todo, al Señor; perseverancia es continuidad en el esfuerzo necesario por, conservarse fiel, «esfuerzo diario de crecer”.

En la fidelidad entran, naturalmente, muchas motivaciones humanas muy apreciables: rectitud personal, respeto a la palabra dada, amistad fraterna, preocupación por un bien común en el que se participa… Sin embargo, nuestra fidelidad de salesianos consagrados tiene una raíz muchísimo más profunda: nos mantenemos fieles, en primer lugar, a alguien, que nos «ha amado primero», nos ha consagrado a sí mismo por su gracia, y ha sellado una «alianza especial» con nosotros…

La fidelidad no es más que esta «respuesta renovada constantemente». Ser fiel, por tanto, es vivir en la lógica del acto decisivo de la profesión, «una de las opciones más elevadas para la conciencia de un creyente». Pero no basta la conciencia de tener que ser fiel a Dios y a la donación hecha el día de la profesión. Es también imprescindible ver con claridad que no se puede ser fiel sin Él.

Si la fidelidad fuera solamente fruto de una voluntad indómita de perseverar en una línea elegida, cabría la posibilidad de que, en ciertos días de tinieblas y cansancio, tal voluntad se viniera abajo. Pero la fidelidad se basa en la fe, es fe ciega en alguien que la merece y que nos precede con su fidelidad.

Toda la Escritura es un canto de alabanza aI Dios fiel: Es la roca de Israel (Dt 32, 4); su palabra permanece para siempre (ts 40, 8); sus promesas se cumplirán sin que fallen (Tob 14, 4); no miente ni se arrepiente como los hombres (Nm 23, 19). El plan de Dios, que es designio de amor, subsiste por siempre (Sal 31, 11). San Pablo recuerda a los cristianos de Corinto: «Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y él es fiel!» (1 Cor 1,9).

A la totalidad de nuestra donación corresponde, pues, el «apoyo pleno» que hallamos en él y en la alianza de amor que se dignó sellar con nosotros. Es importante captar la precisión que hace aquí el texto de la Regla: «Nuestra perseverancia … se alimenta con la gracia de su consagración en el acto consagrante de Dios «con el don de su Espíritu» (Const. 3), descubrimos la razón profunda de nuestra fidelidad: Dios nos tomó para sí; nos vinculó a sí mismo en su Hijo y con la fuerza de su Espíritu: es un don duradero, infinitamente dinámico; es una presencia viva, «fuente perenne de gracia y apoyo en el esfuerzo diario de crecer en el amor perfecto»][5].

LA VOZ DE BENEDICTO XVI

No dejan de resonar además las palabras de Benedicto XVI en este camino de conversión que nos plantea el tiempo de cuaresma al poner en su pedagogía el texto del ciego de nacimiento en la reflexión de la Iglesia.

[Al ciego curado Jesús le revela que ha venido al mundo para realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos. En efecto, en el hombre es fuerte la tentación de construirse un sistema de seguridad ideológico: incluso la religión puede convertirse en un elemento de este sistema, como el ateísmo o el laicismo, pero de este modo uno queda cegado por su propio egoísmo][6]

Y que el Santo Padre despida nuestra reflexión:

[Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el «gran pecado» (cf. Sal 19, 14): el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al engendrar a Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz][7].

CLICK PEDAGÓGICO

CANTOEl Ciego de Siloéhttps://www.youtube.com/watch?v=UX8brqVnwe4&list=RDUX8brqVnwe4&start_radio=1
VIDEOReflexión teológicahttps://www.youtube.com/watch?v=MqARlCzt1sc
IN ITALIANOP. Giorgio Zevinihttps://www.youtube.com/watch?v=lorVyeibVAY

POEMA: El ciego de nacimiento

¿Qué hace ese pobre ciego al margen del camino?

¿Para qué está en el mundo quien ciego al mundo vino

                  Con nombre de intelice?

¡Silencio! El representa la humanidad caída,

Que poniendo en el cielo la vista amortecida,

                  «¡Una limosna!» dice.

Este es el hombre mismo, el pecador doliente

Que sentado en el polvo, mustia la regia frente,

                  Humilde pordiosea.

¿Qué pide? el pan del alma; luz y verdad mendiga.

Tiene el presentimiento que al fin el Señor diga:

                  «La luz del alma sea».

Sidonio afortunado, tú serás la figura

De este excelso misterio, de esta gran aventura;

                  ¿Y habrá quien desespere?

Dios nacer deja al ciego para que luz reciba;

Dios caer deja al hombre para que se alce y viva;

                  Misericordia quiere.

¡Oh, ved la luz del alma; oh, ved la luz del mundo!

Su majestad velando, Jesús de amor profundo

                  Ejerce ministerio.

Virtud lleva consigo doquier su pie dirija;

Jesús ve al pobre ciego, y en él sus ojos fija:

                  ¡Oh mirada! ¡oh misterio!

Jesús se acerca al ciego; su aliento soberano

Deja húmedo en el polvo caer, y al ojo humano

                  ya mustio, el lodo aplica.

La luz va a dar al ciego, va a darla al mundo todo:

Pues, luminoso emblema, su aliento unido a lodo

                  Su encarnación publica.

Jesús junta a este emblema otro emblema elocuente,

Que él con obras nos habla; de Siloé en la fuente

                  Lavarse al ciego ordena;

Y así al mundo se ostenta por víctima enviado

Que larva con su sangre las manchas del pecado

                  Y redime la pena.

¿Y este es aquel mendigo? Ya el párpado alza y gira

El ojo en su amplia órbita, los horizontes mira

                  Y el infinito cielo.

Nada le satisface, aunque todo le encanta;

Y por el autor mismo de maravilla tanta

                  Pregunta con anhelo.

Sidonio, tu ignorancia semeja el extravío

Del mundo, que antes ciego, la espalda ha vuelto impío.

Miguel Antonio Caro[8]


[1] Cf Fidel Oñoro. https://www.youtube.com/watch?v=MpRZpEtEEyw

[2] PERESSÓN Mario, La pedagogía de Jesús.

[3] https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/angelus/2008/documents/hf_ben-xvi_ang_20080302.html

[4] www.teoeducando.com

[5] https://archive.sdb.org/Documenti/Salesiani_DB/Progetto_vita_SDB/progetto_SDB_parte_3_4_es.pdf

[6] www.vatican.va

[7] www.vatican.va

[8] https://www.poesi.as/mcaro954.htm

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