En el bautismo, Cristo se sumerge a nuestra realidad de pecadores, de allí nos saca y nos sumerge a la realidad nueva de la Gracia divina para darnos la vida plena y en abundancia (Jn 10,10). Gesto que se repetirá cuando descienda a los infiernos para liberarnos de ese lugar condenatorio con su propia muerte y la resurrección.
Autor: El Greco

VIO AL ESPÍRITU DE DIOS BAJAR. Mt 3,13-17

«Vio al Espíritu de Dios bajar». En el bautismo, Cristo se sumerge a nuestra realidad de pecadores, de allí nos saca y nos sumerge a la realidad nueva de la Gracia divina para darnos la vida plena y en abundancia (Jn 10,10). Gesto que se repetirá cuando descienda a los infiernos para liberarnos de ese lugar condenatorio con su propia muerte y la resurrección.

Bautismo del Señor. Ciclo A

Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: ‘Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’

Jesús le respondió: ‘Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.’ Entonces le dejó.

Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.

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Leer la Escritura con las constituciones salesianasLeer las constituciones salesianas con la Escritura
Este es mi Hijo amado, en quien me complazco  Me consagraste el día de mi bautismo. Art.24
Vio al Espíritu de Dios que bajabaUna comunidad de bautizados que dóciles a la voz del Espíritu Santo. Art.2

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ContextoPersonasLugares 
Jesús viene de Galilea a donde Juan para ser bautizadoJesús – Hijo amado
Juan
Espíritu
Dios
Galilea
Jordán
El agua
Los cielos
Una voz
Paloma

Iniciamos este tiempo ordinario contemplando el bautismo de Jesús en el Evangelio de Mateo, gozoso porque vio al Espíritu de Dios bajar . Por su redacción es un texto muy original de este evangelista. Se trata de un diálogo entre Juan y Jesús en el que se manifestará la sacramentalidad del Bautismo. Este bautismo, el del siglo I de las comunidades cristianas primitivas, no tenía la forma que hoy conocemos. Cuando Jesús se acercó para recibirlo de Juan muy posiblemente no representó una novedad para los primeros creyentes pues observaban de algún modo que el Señor se unía al grupo de penitentes del Bautista.

El compendio del catecismo de la Iglesia católica nos recuerda que “en la Antigua Alianza se encuentran varias prefiguraciones del Bautismo: el agua, fuente de vida y de muerte; el arca de Noé, que salva por medio del agua; el paso del Mar Rojo, que libera al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto; el paso del Jordán, que hace entrar a Israel en la tierra prometida, imagen de la vida eterna”[1].

Y continúa: “Estas prefiguraciones del bautismo las cumple Jesucristo, el cual, al comienzo de su vida pública, se hace bautizar por Juan Bautista en el Jordán; levantado en la cruz, de su costado abierto brotan sangre y agua, signos del Bautismo y de la Eucaristía, y después de su Resurrección confía a los Apóstoles esta misión: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19-20)”[2].

Adentrándonos así en el relato de Mt 3,13-17, detallamos que Jesús es quien viene. Toma la iniciativa de llegar hasta Juan, desde Galilea, pues busca ser bautizado. Entonces aparecen en el texto las circunstancias de aquella sencilla liturgia que demarcan el camino que propone el evangelio de Mateo para quienes van tras los pasos de Jesús:

IMPEDIR

En primer lugar, narra el Evangelio que Juan trataba de impedírselo. Se trata de una oposición con diversas vertientes. Juan sabe muy bien que Jesús es su Salvador, que es el Maestro y que Él le supera en “dignidad”. También hace parte de cierta ignorancia teológica en la que el Bautista no ha logrado comprender ni dimensionar la sacramentalidad que dará origen al nuevo bautismo que Jesús quiere revelar en la persona de Él mismo y para lo cual fue elegido.

LA RESPUESTA DE JESÚS

Por supuesto viene la respuesta del Señor, Jesús habla, Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia. (Conviene: pretón estín expresión griega que indica que bautizarse en el Jordán no es iniciativa de Juan sino de Jesús). Se trata de la exigencia del abandono, abandonar las propias convicciones “deja ahora” para dar paso al cumplimiento de la voluntad del Padre expresada en la justicia. El bautismo es la llave de entrada para recorrer el camino que dará realización a los propósitos del Creador, particularmente la justicia, indicando la solidaridad de Jesús con los desiguales.

BAUTIZADO

La palabra bautismo significa “inmersión”. Es justamente lo que realiza el sacerdote cuando en la pila bautismal sumerge al niño o al catecúmeno en el agua. Este gesto litúrgico tiene el más profundo y bello sentido de lo que significa el sacramento desde su cristología. Cristo se sumerge a nuestra realidad de pecadores, de allí nos saca y nos sumerge a la realidad nueva de la Gracia divina para darnos la vida plena y en abundancia (Jn 10,10). Gesto que se repetirá cuando descienda a los infiernos para liberarnos de ese lugar condenatorio con su propia muerte y la resurrección.

BautismoPascua
Cristo se sumerge a nuestra realidad de pecadores, nos saca y nos sumerge a la realidad nueva de la Gracia.Jesús desciende a los infiernos, nos saca para liberarnos de la muerte con su propia muerte y hacernos partícipes de la Resurrección

En Mateo, no ha sido Jesús quien ha querido el bautismo sino Dios Padre. Se cumple el deseo del Padre cuando Jesús cumple su voluntad y al mismo tiempo el Padre presenta su Hijo amando a todas las generaciones como rey escatológico en quien se complace (Cristología mateana). Así, Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua.

SALIÓ DEL AGUA

Es un fino detalle narrativo de Mateo. Con esta expresión, el evangelista quiere mostrar cómo Jesús exalta lo pequeño, la creación, la naturaleza, anticipando su señorío sobre todo lo creado pues salió de las aguas, caminó sobre las aguas y agua brotó de su costado en el suplicio de la cruz. Esta secuencia permite recordar que el bautismo sacramental sólo puede comprenderse y tiene su sentido más alto desde a la luz del misterio Pascual.

Mesianismo esperadoPoder del MesíasPascua mesiánica
Salió del aguaCaminó sobre las aguasDe su costado brotó agua…

EL ESPÍRITU

Para Mateo, el Espíritu desciende sobre el bautizado desvelando aquello que en Jesús estaba escondido. Es el momento decisivo de la historia de la Salvación pues en Jesús el bautismo llega a su plenitud y a través de él, el Padre podrá operar en favor de la humanidad. La paloma es aquí una imagen simbólica que muestra el poder y la fuerza salvífica con que Dios posee al hombre.

SE ABRIÓ EL CIELO

Es una escena que Mateo construye para presentar en Jesús la revelación divina y el misterio profundo de su persona.

MI HIJO AMADO, EN QUIEN ME COMPLAZCO

Mateo retoma la proclamación de Isaías 42,1. Un mesianismo que surge de la debilidad y el sufrimiento del siervo sufriente de Yahvé en Isaías, que es el mismo del siervo sufriente de Dios, Cristo, y en Él, de los siervos sufrientes de la humanidad de todos los tiempos. El Espíritu conforta a sus siervos sufrientes con la frescura del Agua el Espíritu, del bautismo, lo cual constituye por consecuencia la misión de la Iglesia: dar frescura al que sufre, renovación de cada siervo sufriente de Dios en el Espíritu.

Antiguo TestamentoNuevo TestamentoIglesia
Siervo sufriente de IsaíasCristo el siervo sufriente de DiosLa Iglesia, cuerpo sufriente de Cristo.

ESPIRITUALIDAD DEL TEXTO BÍBLICO

Mateo nos involucra en la escena del diálogo entre Jesús y Juan. El orgullo, la soberbia, la ausencia de escucha o el poco ejercicio en el discernimiento lleva tantas veces a que, quien sigue a Jesús, viva sometido a la ceguera del espíritu que impide reconocerlo como Aquel en quien las cosas son totalmente nuevas. El gesto de Juan el Bautista exhorta a cada cristiano a que le permita a la Providencia divina ejecutar en la vida de cada hombre y mujer el plan trazado por el Creador.  

Sin duda alguna esto implica abandono absoluto en las manos de Dios. Estar siempre en actitud de humildad. Al observar el óleo del bautismo de Cristo cuyo autor es el Greco, utilizado para presentar este comentario, puede contemplarse cómo en el trazo de la escena Jesús está más bajo que Juan quien soporta sus pies sobre la Piedra mientras que el rostro y las manos del Señor expresan su absoluta disponibilidad a la gracia que está recibiendo. Sólo la humildad le permite al ser humano que la gracia de Dios le abrace, entre y le transforme.

El abandono de sí mismo, de las propias comodidades, mentales, espirituales y físicas, favorecen que sea acogida la Voluntad de Dios cuyo deseo no es otro que el hacernos degustar desde ahora las delicias espirituales que sólo pueden ser percibidas y saboreadas por el don de la fe y la íntima cercanía con Jesús. Esta no es una tarea fácil porque el ego humano es demasiado fuerte. Es cuando el bautismo, que se prolongará durante toda la vida humana mediante los demás sacramentos, entra, filtra, toma posesión, permea, penetra, se sumerge en lo más profundo para apartar cuanto impida la presencia de Dios.

Para quien decide aceptar y emprender este camino, le espera la entrega total de sí. Volviendo a la pintura del bautismo de Cristo, en el cuadro del Greco, puede observarse cómo los ángeles llevan una frazada roja, representando el martirio de Cristo, martirio que no es otro que el sufrimiento que debe padecer quien sufre las incomprensiones y la violencia a causa del Evangelio, en otras palabras, cada siervo sufriente de nuestros tiempos.

La luz que atraviesa en forma de suave fuego todo el centro de la pintura del Greco sobre el bautismo de Jesús desde el Padre nos recuerda que la presencia del Espíritu enviado por el Señor estará siempre disipando la oscuridad, la incertidumbre, el miedo, las dudas y fortaleciéndonos en la fe, la esperanza y el amor.

EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO LEÍDO DESDE LA TEOLOGÍA SALESIANA

museo de prado, el bautismo de cristo, el greco.

Núcleos de la espiritualidad salesiana referentes al bautismo

ElecciónConsagraciónRespuesta personal y comunitaria
Profesión religiosaDimensión educativaSANTIDAD

Como San Mateo, también la teología salesiana asume el bautismo como elección (1) y consagración (2), personal y comunitaria (3), que se extiende en la profesión religiosa (4) confirmando el misterio de la Alianza bautismal, dándole el acento educativo que le es propio (5) y alcanzando su plena maduración en el auténtico testimonio de vida: la santidad (6).

Como elección y consagración, Dios nos llama con nombre propio a amarle y seguirle, pero es el amor y la respuesta concretada en el seguimiento, los que nos convocan a ser comunidad, pueblo de Dios. El realiza nuestro encuentro mediante una vocación o llamada; El sostiene nuestra comunión mediante su «inspiración»[3]. Inspiración, llamada y respuesta llevan a que, por el compromiso bautismal, el creyente vea al Espíritu Santo, sea dócil a su voz y se proponga vivir un proyecto de vida apostólica en clave salesiana: ser en la Iglesia signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, especialmente a los más pobres.

Este proyecto de vida, “confirma el misterio de la alianza bautismal expresada en la profesión religiosa. La raíz más honda de la profesión es el bautismo, sacramento de la fe que inicia la vida nueva en Cristo. Sumergido en el agua bautismal —el agua es signo de baño, purificación y muerte, pero también elemento primordial de donde procede la vida—, el cristiano está muerto al pecado y, purificado y renovado, ha entrado en la vida de Cristo resucitado; ha muerto el hombre viejo, y ha nacido el nuevo, el redimido; el hombre se hace hijo, de Dios, ciudadano del nuevo pueblo de los santos, partícipe de la santidad de Dios, sellado de modo indeleble, en tensión continua hacia la madurez plena en Cristo.

El día de su bautizo, el cristiano queda habilitado para compartir el triple ministerio de Cristo: profético, sacerdotal y regio (cf. 1 Pe 2, 9-10). Don Bosco manifestaba gran alegría «por haber sido hecho cristiano en el santo bautismo y haber llegado, así, a ser hijo de Dios». El mismo Espíritu que en el bautismo, transforma la vida de una persona y la hace crecer, en el acto de la profesión religiosa informa de nuevo, con su potencia a quienes, acogiendo la llamada divina y ofreciéndosele sin reserva, se obligan públicamente a vivir según el Evangelio y se ponen a su disposición para la, misión que el Señor les encomiende[4].

La profesión es, así, «expresión más perfecta de la consagración bautismal», renovación y confirmación de la alianza, que se apoya en un nuevo dan de amor por parte del Padre y que se vive con un nuevo propósito de fidelidad por parte del discípulo. Se evidencia también, por parte del creyente, la calidad excepcional que lo que define como una de las opciones más elevadas y significativas para un cristiano: con plena libertad se ofrece a sí mismo en toda su vida, historia y futuro, para ponerse al servicio de Dios. ¿Puede un creyente hacer algo más grande que entregarse por entero y dar toda su vida únicamente por amor?”[5].

Esta entrega hecha por amor se revela salesianamente en la misión educativa de Jesús. (Les enseñaba como a ovejas que no tienen pastor. Mt 9,36). La Familia salesiana lo hace educando a los jóvenes (los siervos sufrientes de Don Bosco y por tanto, de la familia salesiana) para que desarrollen su propia vocación humana y bautismal[6]. «Educamos a los jóvenes para que desarrollen su propia vocación humana y bautismal, mediante una vida diaria progresivamente inspirada y unificada por el Evangelio».

Ayudamos, por tanto, a los jóvenes a comprender que la existencia personal es una vocación, porque cada uno está llamado a vivir a imagen y semejanza de Dios, a la vida, entendida como vocación, ilumina la relación del hombre con el mundo, su comunión de destino con los demás hombres y, sobre todo, la invitación de Dios a un diálogo cada vez más explícito con él, a una respuesta consciente y libre de colaboración, para llegar a vivir en su comunión.

 Acoger la vida como quehacer, don y misión, y aceptar en ella la presencia divina es la decisión primera y más importante de la persona, punto de partida para una autodefinición posterior. Esta vocación humana recibe nuevo significado cuando el hombre se hace consciente de que está llamado a ser hijo de Dios y miembro de su pueblo siguiendo a Jesucristo. Es desde entro de la vocación bautismal que se sitúa el asunto de las vocaciones eclesiales específicas.[7]

Antiguo TestamentoNuevo TestamentoIglesiaLa Familia Salesiana
Siervo sufriente de IsaíasCristo el siervo sufriente de DiosLa Iglesia, cuerpo sufriente de Cristo.Los jóvenes, siervos sufrientes de Don Bosco

Ofrecerse a sí mismo en toda su vida, historia y futuro, para ponerse al servicio de Dios, y cumplir así toda justicia, como invita el evangelio de hoy, tiene su más profunda raíz en el testimonio perfecto que puede dar un discípulo de Jesús a la Iglesia y a los jóvenes: La santidad. Es así como el las constituciones salesianas cierran en el art. 60 titulándolo comprometidos a vivir la gracia bautismal. Lo expresa así:

“El doble movimiento de amor, iniciativa de Dios y humilde respuesta de nuestra parte, tiene sus raíces profundas en la gracia del bautismo, por medio del cual el Padre nos llamó a ser hijos en el Hijo y, por el sello de su Espíritu, nos hizo miembros vivos del pueblo nuevo que es la Iglesia, partícipes de su misión de salvación… «[Todo cristiano] está llamado a realizar esta vocación bautismal mediante la caridad evangélica, inspirada en las bienaventuranzas: un solo mandamiento —el amor filial al Padre y fraterno al prójimo, siguiendo el ejemplo de Cristo— es el único camino hacia la misma santidad para todos los bautizados»”[8].

Concluía el evangelio de San Mateo 3,13-17, haciendo notar que Juan vio al Espíritu de Dios que bajaba …  venía sobre él. Y una voz que salía… La elección – consagración, llamado – respuesta personal y comunitaria, educación en la fe que encuentran su nivel más alto en la santidad, pero no son alcanzables simplemente con las fuerzas humanas. Es necesaria la presencia del poder del Espíritu Santo. Quien lleva a cabo esta reunión es el Espíritu Santo (cf. Const. 1). Por eso queremos ser dóciles a su voz afirmará el Art. 1 de las constituciones salesianas. Y de quien se recibe ayuda para acoger con alegría sus promesas. Es el Espíritu Santo quien guiará a cada discípulo y misionero suyo para que en su nombre pueda sumergir en las aguas del bautismo sacramental a los siervos sufrientes del pueblo santo de Dios para que se cumpla en ellos el plan de salvación.

Referencias de la Familia Salesiana https://www.sdb.org/

VIÓ AL ESPÍRITU DE DIOS BAJAR

Visítanos Señor en nuestras miserias y sumérgenos en el bautismo de la Caridad, para que jamás impidamos el plan salvífico del amor en nuestras vidas.

Que seamos dóciles a la voz del Espíritu, para que conduzca nuestros caminos y podamos dan alegría y fortaleza a los siervos sufrientes de hoy.

Haznos capaces de proclamar la justicia para que como Iglesia y los bautizados tengamos la valentía de defender a quienes se sientes abatidos perdiendo la fe.

Que nuestros ojos estén abiertos a tus designios para que puedan contemplar la presencia del Señor y proclamar con nuestro vida y santidad, que hemos visto bajar al Espíritu.


[1] Cf. Catecismo 1217-1222. Compendio del catecismo N. 253.

[2] Cf. Catecismo 1223-1224. Compendio del catecismo N. 254.

[3] Proyecto de vida de los SDB.

[4] Cf. CGE 122. M811, 25.

[5] Cf. Proyecto de vida de los SDB, Art. 23.

[6] Art. 37 Constituciones salesianas.

[7] Cf. Proyecto de vida de los SDB, Art. 37.

[8] Cf. Proyecto de vida de los SDB, Art.60.

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