CONQUISTA LA VIDA ETERNA A LA CUAL FUISTE LLAMADO. Tim 6,12

UNA IGLESIA CON JEANS Y TENIS 2026

«Que la Iglesia tome conciencia real de lo que tantas veces predica: la Iglesia no es el templo, la Iglesia somos todos. Pues bien, esto implica mucho más que palabrería y más manos a la obra».

Sebastián Roldán1

Una Iglesia con Jeans y Tenis. Sebastián nació en Medellín, Colombia. Realizó estudios de secundaria en el colegio Salesiano Domingo Savio (La Ceja – Antioquia). Estudió bioingeniería en la Universidad de Antioquia donde obtuvo el magister en ingeniería. Doctor en ingeniería electrónica y de computación. Trabajó como ingeniero en varias instituciones de salud en Medellín. Desde hace 10 años se dedica a la docencia universitaria y la investigación biomédica.

IMAGEN DE DVQ Y FABIÁN PINZÓN.

UNA IGLESIA CON JEAN Y TENIS

UNA IGLESIA CON JEANS Y TENIS. ¿La Iglesia (católica) tiene cabida en el mundo de hoy? Podría pensarse que esta pregunta está en el terreno de lo inútil, tal vez incluso de lo anacrónico. Porque cuando hablamos del hoy, estamos pensando en qué generaciones representan ese hoy. Y pues, la generación del hoy siempre les ha pertenecido, por mayor o menor protagonismo que hayan tenido, a los jóvenes del momento.

Y por jóvenes, tenemos un abanico que cada vez se amplía más, que podría abarcar desde aquel adolescente rebelde e impetuoso proclive a llevar la contraria porque sí, hasta el adulto contemporáneo que ha cruzado la barrera de “quedarse vistiendo santos”, quien suele despreciar con cierto ahínco aquella rebeldía sin causa que lo caracterizaba tan solo unos años atrás.

Pero bueno, no queremos entrar en el farragoso terreno de responder la pregunta de hasta cuándo se es joven; lo que queremos, con cierto sentido del masoquismo, es intentar responder la pregunta planteada originalmente desde una profunda ignorancia, que acredito como mi mayor credencial. Empecemos asumiendo a la juventud como un conjunto amorfo con vaya usted a saber cuántas cabezas de Hidra.

Y asignémosle ciertas características básicas que, podría uno, suponer como ciertos rasgos comunes a una generación de jóvenes que vemos continuamente en la calle y que han sido producto de un montón de fenómenos sociales y hechos históricos que los sobrepasan: más títulos académicos que sus padres, con tal vez mayores inquietudes intelectuales que sus padres (y ríase, mayores certidumbres también, no necesariamente demostradas), con un sentido de propia valía que como una obstinada y bipolar onda electromagnética sufre crestas de arrogancia y valles de reducida autoestima y, por último, con una capacidad económica menor que sus padres.

¿O quién no ha escuchado el recurrente “a mi edad, mis padres tenían tres hijos y una casa… yo en cambio tengo un MBA, aunque me siguen manteniendo en esa misma casa”?

UNA GENERACIÓN MENOS PROCLIVE A LA IGLESIA

Un desafío de la Iglesia es precisamente no mostrarse como una privilegiada en un mundo con desigualdades meridianas. Una Iglesia austera, en coherencia con la predica bíblica enviaría un mensaje en la dirección correcta. Tal vez por esto, entre otras cosas, cristianos, musulmanes, ateos, etc., ven en el papa Francisco un nuevo aire, un influjo de respeto sobre lo que la Iglesia tiene el potencial de representar.
la soledad de los confesionarios. foto dvq

Pues bien, volviendo al punto, uno podría creer que dicha generación del hoy es menos proclive a la atracción de la Iglesia católica en particular. ¿Por qué? Varios asuntos se deben tener en cuenta, que se mencionarán sin ningún orden en particular. Uno de ellos es más reciente, y tiene que ver con el desprestigio, ocasionado principalmente por escándalos mediáticos que han tenido un impacto de profundidad en la manera de ver a la Iglesia como institución.

El chocante tema de la pederastia y la forma errática en la que ha actuado la Iglesia, a veces tapando, a veces condenando, a veces impávida, a veces fuerte, a veces obstinada en defender lo indefendible, y a veces ejemplar, genera enorme confusión e indignación en una generación que es cada vez más sensible y escrutadora de lo social.

Tanto ruido (y no es para menos) ha generado un cortocircuito con la sociedad, y el hecho de que se haya mostrado en los medios un halo de impunidad tan evidente, nos trae a la mente un concepto que cada vez se vuelve menos tolerable a la generación de la indignación: los privilegios.

Cuando el sacerdote, cualquiera sea su rango, es percibido como un privilegiado social, se genera inmediatamente un rechazo. ¿Quién se imaginaría hoy posible una escena como las que se veían en nuestros pueblos hasta hace poco menos de medio siglo, en la cuales se le besaba el anillo al obispo o en el que un peatón, independientemente de su condición, debía cederle el paso al sacerdote, independientemente de su condición?

Pues bien, un desafío de la Iglesia es precisamente no mostrarse como una privilegiada en un mundo con desigualdades meridianas. Una Iglesia austera, en coherencia con la predica bíblica (repito, soy un desconocedor del tema), enviaría un mensaje en la dirección correcta. Tal vez por esto, entre otras cosas, cristianos, musulmanes, ateos, etc., ven en el papa Francisco un nuevo aire, un influjo de respeto sobre lo que la Iglesia tiene el potencial de representar.

¿Qué podría ser más coherente para el desconocedor de las tradiciones eclesiales -es decir, para la gran mayoría de nosotros- que el denominado representante de Cristo use unos sencillos zapatos negros de cuero en lugar de los pomposos rojos de los anteriores papas? Y estamos hablando solo de símbolos, que ni suman ni restan mayor cosa, pero que cala en la cabeza de millones de personas que esperan, por lo menos, la tan anhelada coherencia.

¿ES MIEDO TALVÉS?

Otro tema desafiante es el rol de la mujer en la Iglesia. Mientras otras iglesias, como la anglicana o la protestante le han brindado a la mujer una participación que tiende, si no al protagonismo por lo menos a la paridad, en la Iglesia católica el rol de esta parece reservado para menesteres secundarios, un papel tímido frente a lo que espera la generación del hoy. Podrán argumentar algunos que la Iglesia ha empezado a hacer cambios, pero honestamente parecen nimios frente a la velocidad del cambio que se requiere.

¿Es miedo tal vez? ¿Es por algún dogma particular que tenga sentido en el mundo actual, o solo proviene de la tradición de una sociedad que en dos milenios ha tenido cambios sustanciales en la forma de ver a la mujer? Independientemente de las tradiciones, dogmas o miedos que generen el poco protagonismo femenino más allá del santoral o de la devoción a la Virgen, para la generación del hoy resulta cada vez más incomprensible la exclusividad de una sotana para un género en particular.

Recordemos que es la generación que todo lo cuestiona, y si no encuentra argumentos fuertes detrás de las costumbres, o las ignora o las cambia. Y cada vez con mayor ímpetu y desprecio de lo que creíamos como correcto.

Finalmente, un asunto que no es menor, y que demandará más imaginación de lo que hasta ahora ha tenido, es el lenguaje que usa. La Iglesia no se ha caracterizado precisamente por su capacidad de adaptar el lenguaje al tiempo que cambia el de sus feligreses.

Tener que esperar casi un milenio desde las Glosas Emilianenses hasta una misa dada completamente en español, es un buen ejemplo de ello. Y aquí, hablando solo del idioma, porque si entramos al terreno de la expresión, nos vamos dando cuenta del porqué de cierta “desbandada” de fieles católicos a otras iglesias, unas respetables y otras no tanto.

Un ejemplo: en mi país, los fines de semana se acostumbra transmitir en TV misas católicas en unos canales, y cultos cristianos no católicos en otros. Verlos en simultáneo es algo así como ver “La tierra y la sombra” y “Rápido y furioso veintialgo”. La primera tiene una tremenda profundidad argumental, pero verla al mediodía después de almorzar produce mayor efecto soporífero que una tableta completa de Lorazepam. Por el contrario, la segunda película es un show entretenidísimo con la misma profundidad argumental de la sección de farándula de un noticiero latinoamericano.

Es evidente que el objetivo de la Iglesia católica no es -ni debería ser- montar un circo de entretenimiento con un montón de payasos o niños predicadores, pero tampoco está haciendo mucho para que la generación de hoy se sienta identificada con una liturgia que le habla poco a sus realidades y que es susceptible de aprender de memoria con unas cuantas sesiones de asistencia. Siendo honestos, más allá de las excepciones salesianas con sus guitarras eléctricas y batería, se necesita una buena dosis de estoicismo para aguantarse una misa completa.

Ahora bien, ¿lo que quiere la Iglesia es que quien busque su mensaje tenga la disposición estoica de aguantarse el ritual completo, para que al final diga con profunda satisfacción para sus adentros “por fin”? O, por el contrario, ¿debería la Iglesia generar ese germen de alegría, de sentirse oído, de hablar en mi lenguaje, de hablarle a mis problemas, dudas y necesidades, en lo que las otras iglesias son expertas?

LA IGLESIA SOMOS TODOS

Para ello, es necesario que la Iglesia tome conciencia real de lo que tantas veces predica: la Iglesia no es el templo, la Iglesia somos todos. Pues bien, esto implica mucho más que palabrería y más manos a la obra, rebajarse en el buen sentido: el joven no tiene por qué hacer más esfuerzos en entender el mensaje de la Iglesia de los que la Iglesia debe hacer para que el joven entienda su mensaje. Me atrevería a hacer una comparación con un tema de actualidad, como son las vacunas anti Covid-19 o anti lo que sea.

Para poder desarrollar una vacuna, se requiere el uso de conceptos bastante complejos de la biología celular y molecular, bioquímica, ingeniería de proteínas, ingeniería genética, fisiopatología, bioestadística, epidemiología, entre otras ramas del conocimiento. Pensemos, por otro lado, en una persona que no tiene experticia en estos temas, por ejemplo, el panadero del barrio.  Todos queremos – asumiendo un mundo ideal sin personas que crean que le van a introducir un chip con una jeringa – que el panadero se vacune, para no dispersar la enfermedad.

Para ello, ¿queremos nosotros que el panadero se vuelva experto en todas las disciplinas mencionadas anteriormente, con el fin de que se vacune? O, por el contrario, ¿queremos que entienda el mensaje principal de que las vacunas pueden salvar su vida y la de los demás? Claramente, queremos lo último, por simple eficiencia y ahorro energético.

Para lograrlo, no es necesario que el panadero escuche una entrevista de un ingeniero genético que le explique la función del RNA mensajero en la expresión de una proteína, ¿cierto?

Es más sencillo que el panadero escuche a un DIVULGADOR de la ciencia, posiblemente un periodista que entienda de temas científicos y que tenga la capacidad de difundirlos en el lenguaje más sencillo posible, de tal forma que el panadero entienda el mensaje principal, y se vacune.

Pues bien, algunas doctrinas fueron diseñadas en un mundo que ya pasó, con unas realidades que ya no son, en un lenguaje que ya no se usa, que puede tener unos fundamentos teológicos profundos pero que en muchos casos pareciera estar más orientada a satisfacer postulados o dogmas propuestos por doctores de la Iglesia, y como tal les habla a estos. ¿Es lo que la Iglesia quiere?

Si los políticos aprendieron que el cabello largo y ondulado, las selfies, el blue jean y los tenis permiten conectarse con el electorado, ¿por qué no ponerle blue jean y tenis al lenguaje de la Iglesia? Esto significa conectarse con las realidades de la generación del hoy, y hablarles a estas:

personas con alta formación académica que cuestionan todo, incluidos los dogmas y la autoridad, con problemas para conseguir trabajo, con preocupaciones asociadas al cambio climático, que les parece más chocante ver un oso hormiguero de mascota que dos hombres cogidos de la mano. Una generación, para la que al obispo no se le dice “su reverencia” sino que se le llama por su nombre. Una Iglesia que no lo trate a uno de usted, sino de .

ARTÍCULO DE INTERÉS

“¡Hagan lío!”,[1] ENCUENTRO CON LOS JÓVENES ARGENTINOS EN LA CATEDRAL DE SAN SEBASTIÁN. Jueves 25 de julio de 2013


[1] https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2013/july/documents/papa-francesco_20130725_gmg-argentini-rio.html

  1. ↩︎
TEOEDUCANDO