
Domingo I de Adviento – Ciclo A.
| TIEMPO DE ESPERANZA. «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada. «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. |
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| Leer la Escritura con las constituciones salesianas | Leer las constituciones salesianas con la Escritura |
| «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor» | Respondemos con la vigilancia y el arrepentimiento sincero. Art 91 |
| Estad preparados | Preparado con el examen de conciencia diario. Art.91 |
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| Contexto | Personajes | Lugares | Objetos |
| Los días de Noé, Días que precedieron el diluvio La noche El día En vela | Noé Hijo del Hombre Mujer (dos mujeres) El marido El Señor El ladrón | El campo La casa | El arca El molino |
ES TIEMPO DE ESPERANZA
Es tiempo de esperanza y en «esperanza fuimos salvados» (Rom 8,24). Esta gran esperanza sólo puede ser Jesús al que empezamos a acoger en la sencillez del espíritu del pesebre. La llegada del Hijo del Hombre no es, por tanto, una amenaza, tampoco una visita momentánea y apocalíptica. No llega una persona que generará ansiedad y perturbará la armonía de los que estén en casa. No es ese el acento fatalista con el que se debemos acoger este fragmento del Evangelio según S. Mateo.
Se trata de una gran noticia, la visita esperada de la Persona del Mesías (el niño de Belén) a lo largo del Antiguo Testamento por profetas, reyes, pueblos, que convertirá la noche en luz, la tristeza en alegría y que encenderá en lo más profundo del corazón un gozo que sólo se puede describir desde la experiencia de la fe. Es la parusía: llega el Señor Jesús. Es inminente su llegada a nosotros como inminente es nuestra partida hacía Él: «Vamos alegres al encuentro del Señor» respondemos al estribillo del salmo 121.
Es la promesa del Mesías que viene a mostrarnos y a hacernos experimentar desde lo más íntimo del ser, la belleza del Reino que colma todas nuestras ansiedades, preocupaciones, miedos, angustias; viene para alentar nuestros sueños, las esperanzas, el anhelo de Dios; viene para dar a nuestra vida la alegría en su plenitud porque Él está con nosotros y en medio de nosotros. Está cerca nuestra salvación.
Para que esta experiencia de Dios sea realidad, Mateo desarrolla una pedagogía en estos versos del Evangelio. El evangelista indica al lector dos actitudes fundamentales que deben acompañar el sendero espiritual que el cristiano debe trazar para la llegada de su Señor y la salida al encuentro con su Él: vigilar y estar preparados.
Velad, pues, ¡porque no sabéis qué día vendrá!
Vigilar, Velar. Las primeras comunidades cristianas le daban una gran importancia a esta actitud de fe y es la palabra clave de este tiempo litúrgico. Significa mantener la fidelidad al proyecto de Dios en la vida de la persona (de ahí el llamado de la Iglesia a vivirlo como tiempo de esperanza) , de la comunidad, por tanto, es fidelidad a una misión previendo el juicio final.
No es tiempo para dormir, ni de estar absorbidos por la vida terrenal como se describe en la escena «en los tiempos de Noé» donde todo giraba en torno a comer, beber, gozar la vida sin grandes preocupaciones. Es necesario despertar de la inconciencia. La inconciencia que deja morir la percepción del amor de Dios presente en la vida del cristiano, la inconciencia que amuralla el corazón para que la gracia de Dios no pueda transformar nuestras oscuridades en luz.
La inconciencia que nos impide contemplar en la naturaleza la belleza del Creador, la inconciencia que evita observar en el humilde la presencia de Cristo que nos llama a servir y ver en el rostro de quien sufre el clamor de Jesús para que, con nuestras manos, Él pueda curar; la inconciencia que nos impide prestar los pies para que Jesús pueda salir al encuentro del que ha perdido la razón de ser de su existencia.
La inconsistencia adormece y si no despertamos nos engañamos a nosotros mismos con las temporalidades del mundo y nos hacemos cómplices de la muerte en tantas de sus solapadas manifestaciones. Quien no despierta del sueño que nos genera el mundo con sus ofertas efímeras no construye reino de Dios, sino que lo destruye. La incerteza de este peligro debe sugerir una constante atención de alerta para no ser condenados por el pecado, el ladrón, el maligno, el devastador. “Solo quien está despierto no será tomado de sorpresa” advertía en una homilía Benedicto XVI.
EL LADRÓN
Si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche va a venir el ladrón, estaría en vela aclara con precisión Jesús en esta perícopa. Sugestiva en este sentido del “ladrón malo” es la obra de Hans Von Tübingen, sobre la Crucifixión, realizada en el año 1430.
https://arthive.com/es/artists/102~Hans_von_Tbingen/works/18633~The_crucifixion

En la obra de Tübingen, algunos analistas resaltan la manera como el pintor dibuja al ladrón malo. El ladrón está junto a Jesús y el otro ladrón arrepentido. Mientras en la obra puede observarse que este han declinado su cabeza como signo de aceptación de la cruz, y por tanto de su salvación, el ladrón malo tiene la cabeza hacia arriba, signo de su soberbia y de su negación al Salvador.
Las mujeres están a los pies de Jesús llorándolo, la multitud contempla al crucificado con diversas expresiones de dolor y el fondo de la pintura para ellos dos en claro y cálido, los abraza la luz. Pero no así para el ladrón malo. Lo pisan en la cara unos pequeños seres con alas de murciélago, nadie lo observa, en la escena es un total desconocido y tras de sí se observan las lanzas que han causado la más grande injusticia de los tiempos, ícono del dolor y de la muerte.
Es el trágico destino del ladrón. Ser un destructor destruido debido a su soberbia y negación a Dios. De ahí la recomendación del Evangelio por estar vigilantes y despertar de la inconciencia que asesina la presencia de la gracia. La muerte es un ladrón que despoja al hombre de todo lo bello y bueno de la presencia de Dios en lo íntimo del ser, sólo por estar dormidos.
Veinte siglos han pasado desde el evento de la Pascua de Jesús y la humanidad parece resignarse a vivir adormecida en tiempos de muerte renunciando al tiempo de esperanza. Ese no es el proyecto de Jesús ni mucho menos manifestación del Reino de Dios.
ESTAD PREPARADOS!
Aquí es cuando aparece la segunda recomendación del Evangelio: «estén preparados». ¿Cómo prepararse para vivir este tiempo de esperanza? Para ello, el Evangelio siguiendo sus líneas pedagógicas, recurre a diversas figuras bien conocidas por los miembros de la comunidad mateana y judía de la época que también pueden iluminarnos:
El diluvio y el arca: Es la alusión que la Escritura hace de la mortalidad. En este mundo todo tiene principio y todo tiene fin, pero lo que está construido sobre la Palabra de Dios resiste ante la adversidad como el arca de Noé. San Mateo nos pone frente a la necesidad de ubicar la vida donde corresponde: en Jesús, enfocada en la Palabra, alimentada en la Palabra, guiada por la Palabra, inspirada en la Palabra, porque en la vida del cristiano sólo la Palabra es roca, lo demás es arena.
El desafío de la humanidad hoy, incluso en los creyentes y seguidores de Jesús, necesita frecuentemente replantearse dónde está enfocada su historia, su existencia, sus opciones y decisiones, plantearse si es Jesús hecho carne y Palabra el que ilumina e inspira lo que somos y hacemos, o si sólo caemos en ritualismos, dogmatismos, moralismos, la fe superficial.
Entonces la vida cristiana estaría construyéndose sobre lo que es pasajero, el ego, la autosuficiencia, el narcicismo, la auto referencialidad, la necedad, y lo que está edificado sobre la necedad se derrumba. Sólo quien cree en Él vivirá, el resto morirá, nos enseña San Juan.
El otro elemento es el campo: Nos recuerda que el hombre colabora con la obra de Dios en la creación. Que en el diario vivir es donde se construye el Reino (tiempo de esperanza), en lo concreto, en el presente, en lo que nos corresponde hacer hoy, en el cumplimiento sencillo de la misión que cada día pone Dios en nuestras manos. Ese es el sentido de las dos mujeres en el molino: ellas no están haciendo un acto extraordinario, sino que nos enseñan que es en lo cotidiano en lo que construimos nuestra morada hacia la pascua, hacia la eternidad.
SER CONVERTIDOS
Nos preparamos, en la cotidianidad, en la aceptación serena de la cruz de cada día, a la venida del Salvador y construimos nuestra morada hacia la Pascua superando lo temporal y abandonando todo en quien superó lo límites del tiempo: Jesús Resucitado. Como todo lo anterior no acontece muchas veces en la vida de quienes vamos tras los pasos de Jesús, se hace más que necesaria la disponibilidad del corazón para ser convertidos.
No somos nosotros los que hacemos que las cosas cambien. Ese trabajo lo hace el Espíritu cuando abandonamos todo en sus manos y aportamos nuestra total disponibilidad a la acción de la gracia divina. Sólo así sucederá la conversión radical que viene como don de Dios con el Hijo del Hombre.
EN LA TEOLOGÍA SALESIANA
En el Art. 90 de las constituciones salesianas, al exhortar a la comunidad a una continua conversión, el texto afirma:
La Palabra de Dios nos llama a una conversión continua. Conscientes de nuestra fragilidad, respondemos con la vigilancia y el arrepentimiento sincero, la corrección fraterna, el perdón recíproco y la aceptación serena de la cruz de cada día. El sacramento de la reconciliación lleva a su plenitud el esfuerzo penitencial de cada uno y de toda la comunidad. Preparado con el examen de conciencia diario y recibido frecuentemente, según las indicaciones de la Iglesia, nos proporciona el gozo del perdón del Padre, reconstruye la comunión fraterna y purifica las intenciones apostólicas
La familia salesiana, que permanece en tiempo de esperanza, al ser miembro del pueblo santo de Dios y de la Iglesia, está llamada continuamente a realizar un esfuerzo de vigilancia y penitencia. El proyecto de vida de los salesianos lo explica así:
“La Palabra de Dios nos llama a una conversión continua. Al mismo tiempo, esta palabra nos juzga y no cesa de ponernos delante nuestra responsabilidad y nuestro pecado, de invitarnos a la conversión y penitencia, de revelarnos la misericordia de Dios siempre dispuesto a perdonarnos y llevarnos por el camino de la reconciliación y del amor.
Respondemos a esta palabra individualmente, por conciencia de las flaquezas personales, y comunitariamente al ver las exigencias, terribles en ocasiones, de la vida común: paciencia, tolerancia recíproca, perdón mutuo, lucha contra el individualismo.
Se trata de reconstruir a diario lo que nuestro egoísmo y olvido destruyen. Se recomiendan cinco actitudes (de las cuales menciono aquí cuatro) de cara a una conversión continua:
— Vigilancia que supone conciencia de la propia debilidad innata y lleva a un abandono filial en las manos del Padre;
— Arrepentimiento sincero, que conduce a la voluntad de enmendarse;
— Aceptación serena de la cruz de cada día, medio de expiación muy salesiano, en la línea del «trabajo y la templanza»: «Acepta las exigencias de cada día y las renuncias de la vida apostólica»;
— Perdón recíproco y corrección fraterna, como medios para reconstruir permanentemente la comunión”[1]
Al llamado de estar vigilantes que Jesús nos hace en Mt 24,37-42, el cristiano, y quien se identifica como salesiano, partiendo de la necesidad de conversión y del deseo del tiempo de esperanza, se prepara a la venida del Mesías también con las herramientas que se desprenden de la espiritualidad salesiana:
conciencia de las flaquezas personales, con la paciencia, la tolerancia recíproca, el arrepentimiento sincero, la aceptación serena de la cruz, el perdón recíproco, la caridad fraterna y la vida sacramental particularmente el sacramento de la reconciliación que lleva a plenitud la acción iluminadora y transformante de Dios comenzada por la Palabra[2].
Quizá así, el ladrón de este evangelio, que puede ser cada uno de nosotros, aprenda de aquel que estaba a la derecha de Jesús, aceptando de Él que es su Salvador y su salvación.
Nada temo, porque tú vas conmigo
¡Es tiempo de esperanza!

Danos un corazón de carne que haya vencido la dureza de la piedra,
Un corazón humilde, que haya vencido la soberbia del huracán,
Un corazón despierto, que haya vencido el sueño de las tinieblas,
Un corazón de puertas abiertas, que no niegue la llegada de tu luz en la oscuridad.
Que nuestro más profundo ser sea fiel a Ti, permaneciendo vigilante de todo lo que nos asecha para separarnos. Que desde la intimidad inescrutable podamos preparar tu venida gloriosa para que, desde la ternura del pesebre, y la sencillez de la familia de Nazareth, la Salvación que sólo proviene de Ti, sea una realidad para la humanidad entera.
ARTÍCULO DE INTERÉS
Spes non confundit. BULA DE CONVOCACIÓN DEL JUBILEO ORDINARIO
DEL AÑO 2025. FRANCISCO. Obispo de Roma[1].
[1] https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html
[1] Cf. Proyecto de vida de los sdb, Págs 224 ss.
[2] Cf. Proyecto de vida de los sdb, pag 224.
