LA ADORACIÓN DEL CUERPO MÍSTICO
Políptico de los Hermanos Van Eyck Catedral de San Bavón de Gante – Bélgica . 1432.

CORDERO DE DIOS Jn 1,29-34

UN DIOS QUE DA MÁS QUE RECIBIR. UN CORDERO MÁS QUE UN LEÓN. UN DIOS QUE NO PIDE SACRIFICIOS, SINO QUE SE SACRIFICA. El cordero es imagen de la obediencia y del amor que va hasta la cruz y es imagen del siervo de Dios (Is 53,7). Jesús es presentado como Cordero, trasparentando la imagen de un Dios que por amor entrega a su Hijo para salvar a sus hijos.

II DOMINGO TIEMPO ORDINARIO CICLO A

DVQ


Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.» Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.” Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.»
PERSONAJESLUGARESCONTEXTO 
Jesús
Cordero
Un hombre
Yo
Espíritu
Paloma
    Israel
Cielo
    Juan ve venir a Jesús hacia él.Pecado Agua
Bautizar
Espíritu
Testimonio
Políptico de los Hermanos Van Eyck. aDORACIÓN DEL CORDERO

EL CORDERO DE DIOS EN LA TEOLOGÍA DEL ARTE

*Imágenes del artículo: LA ADORACIÓN DEL CUERPO MÍSTICO, Políptico de los Hermanos Van Eyck Catedral de San Bavón de Gante – Bélgica[1]. 1432.

El Cordero de Dios. Como abrebocas para introducirnos a la reflexión sobre el Cordero de Dios, recurramos al políptico de los hermanos Van Eyck titulado la adoración del cuerpo místico. Esta es la obra de arte más robada de la historia. Hittler y Napoleón la querían entre sus pertenencias y Estados Unidos la recuperó tras años de ocultamiento en tiempos de guerra. De ella sólo queremos rescatar algunos elementos desde la teología del arte. Ya el estudio científico se lo dejamos a los que conocen del tema.

Se trata de 16 paneles que se abren en dos puertas. Predominan el color verde para mostrar la realidad humana, y el color rojo para mostrar la naturaleza divina de Jesús. Juan Bautista está vestido de verde, signo del martirio que aún no ha llegado y la madurez en la fe que está por conquistar. El libro que María sostiene sobre sus manos es igualmente verde, significado de la que no es aún la Palabra, a diferencia del libro rojo que sostiene Juan quien además está señalando a Jesús, alusivo al testimonio que da del Mesías, con una tiara signo del poder heredado del Padre sobre todo lo creado (Col 1,16), lo mismo que la casulla roja que viste el Señor recordando al siervo sufriente de Isaías (Is 53,7) que es el mismo Cristo esperado y entregado desde los profetas de la Antigua Alianza.

Hacia abajo, la cruz sostenida por ángeles indica que la entrega del Hijo es una decisión del Padre y que Jesús la acepta. El altar, pintado con un rojo encendido y sobre él, el Cordero pascual de cuyo pecho sale sangre que se vierte sobre el cáliz, es preludio de la dimensión eucarística del Cordero de Dios rodeado de ángeles que lo inciensan, asisten, contemplan y adoran.

Al fondo el Sol que nace de lo alto (Lc 1,78) pero que es en realidad el Espíritu que abraza toda la escena con una potente luz tomando posesión de todos en el políptico, pero manteniendo su centro en la imagen del Cordero, cuyo rostro con ciertas características humanas recuerdan que es el Verbo encarnado.  Cristo es el sacerdote y la víctima y la Iglesia – humanidad de todos los tiempos, representados en los paneles inferiores laterales lo reconoce como tal.

EL VINIENTE

Tras el bautismo de Jesús en el Jordán, en el que el Señor se presenta a sí mismo como el que se sumerge en la miseria humana para sacar de la realidad del pecado al hombre y resumergirlo en el Espíritu (el nuevo bautismo que abre las puertas a la eternidad), la liturgia de la Iglesia presenta en este II domingo del tiempo ordinario a Jesús como el Cordero.

La perícopa de Jn 1,29-34 (del llamado libro de los signos) no tiene la finalidad de recontar el bautismo de Jesús sino de indicar cuándo y cómo el Bautista lo reconocerá como Mesías. Es la primera revelación que Juan hace, ahora como testigo, de Jesús frente a los discípulos. “Jesús no realiza ningún papel activo, sino que actúa como el catalizador que desencadena en el testimonio de los vv 29-34 (Moloney F)”.

El bautista había presentado como el “viniente” a Jesús: ve a Jesús venir. ¿Cómo puede verlo venir no sólo como un judío penitente sino como el Mesías? La respuesta es sencilla pero profunda. Juan tiene ojos de profeta y ve venir a Jesús no sólo sobre la orilla del Jordán, sino sobre la orilla de la humanidad de todos los tiempos. Ve venir a su Señor, aquel que, tras recibir el bautismo del Espíritu, no sólo del agua, deberá asumir las implicaciones de ese nuevo gesto compartido con Juan: darse como sacrificio por amor a sus hermanos en todos los tiempos.

Es así como Juan recurre a la imagen del cordero (Ex 12,1-28), una imagen inesperada de Dios. Un animal valorado por la lana, la leche y la carne, ofrecido sobre madera como gratitud y expiación recordando el tiempo de liberación de la esclavitud en el desierto por parte de Yahvé. El rito separaba la sangre de la carne del animal, de manera que el cordero se purificaba quedando apto para el sacrificio.

Ahora no es el cordero sino “el Cordero”, no es el animal sino la persona misma de Jesús, el Siervo sufriente del Padre que se ofrecerá a sí mismo como sacrificio de salvación. En el Nuevo Testamento esta expresión es usada exclusivamente para referirse a Jesús como Cordero pascual (Jn 1,29.36; Hch 8,32; 1Pe 1,19). Este cordero dará su sangre ya no para purificarse Él mismo sino para que la humanidad entera sea separada del mal y del poder del pecado.

ESTE ES EL CORDERO DE DIOS

El cordero es imagen de la obediencia y del amor que va hasta la cruz y es imagen del siervo de Dios (Is 53,7). Jesús es presentado como Cordero, trasparentando la imagen de un Dios que no pide sacrificios, sino que se sacrifica a sí mismo. Esta será la línea que marcará toda la teología y espiritualidad del evangélico de Juan. Un Dios dispuesto más a dar que a recibir.

Esta disponibilidad propia de la humildad del siervo sufriente en Isaías, ahora la de Jesús, presenta la actitud del Señor presto a que Dios sea su Pastor (Jn 10,10), se deja conducir por el Padre. Se desprende de aquí la línea narrativa de los capítulos I al IX donde Jesús es revelado como el Cordero. Esto es fundamental a la hora de realizar una lectura espiritual y práctica del texto. No se puede pastorear a nadie si no se sabe ser oveja. El cristiano no puede dar testimonio de su fe ni laborar por el Reino de Dios sin ser previamente disponible – humilde a la guía de su Pastor y si no se camina en el arte de aprender a ser oveja.

QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO

Este importante título mesiánico es retomado dos veces (Jn 1,29.36) y constituye uno de los grandes títulos cristológicos de la teología joánica. Un Siervo inocente que carga sobre sí el pecado del mundo. Como siervo – oveja destruirá las tinieblas del mal (Cf Is 42,1-4; 52,13-53,12). Sólo aprendiendo a ser oveja, y experimentando en sí mismo el cuidado del Padre, Jesús puede sanar a la humanidad enferma, y lo hace ahora, el en inmediato presente, aquí, en el ¡ya!. Así lo indica el evangelista al colocar “el pecado” en singular.

¿A qué se refiere con pecado? Al rechazo de Dios, la falta de caridad, vivir la vida sin el impulso del amor, dando la espalda al proyecto de vida que el Padre tiene de salvarnos, de salvar a la humanidad de todos los tiempos. Jesús YA era el viniente que venía a salvar al mundo. “La salvación es una extensión de la vida, el pecado una atrofia de la existencia”[2]. Jesús no asumirá la función de ser un mesías político triunfante sino la de un mesías humilde sufriente que no conocerá el prestigio humano. Este es el Cordero que quita el pecado del mundo, es sin duda, el trasfondo de la acción salvífica del Señor.

Jn 1,29Jn 1,34 
Vi venir …… lo he visto… ha dado testimonio de esto

DAR TESTIMONIO DEL CORDERO…

Ver y testimoniar son dos palabras fundamentales en la estructura del evangelio que pone sus bases teológicas en este fragmento introductorio. Dar testimonio de Jesús es la tarea que le compete a quien lo ha visto. Juan ha cumplido con esta tarea pues ha crecido con Él, ha caminado con Él, ha comprendido quién es Él: El Cordero de Dios. También nosotros, discípulos y misioneros tenemos la tarea de Juan para dar con la misma santidad testimonio del Cordero.

EN LA TEOLOGÍA SALESIANA

Leer la Escritura con las constituciones salesianasLeer las constituciones salesianas con la Escritura
He visto al EspírituEl Espíritu suscitó… Art.1
Yo no le conocíaNuestra ciencia inminente conocer a Jesucristo. Art.34
Doy testimonio del elegido de DiosSer signos y portadores del amor de Dios. Art.2

EL ESPÍRITU SUSCITÓ

 Juan en el evangelio da testimonio también del Espíritu, lo ha visto, es decir, ha tenido una experiencia real, vital, activa, ha evidenciado además su acción profunda en el misterio bautismal, reconoce su presencia y comprende la necesidad de la docilidad, la misma que Jesús ha observado en su encuentro con el bautista con el signo del agua, pero bajo la custodia del Espíritu que descendía en forma de paloma.

Las constituciones salesianas comprenden desde la más profunda actitud de fe que ha sido el Espíritu quien ha suscitado a Don Bosco y, por tanto, al carisma salesiano y toda la familia salesiana que asume desde allí el evangelio de Jesús.

El proyecto de vida de los salesianos afirma que:

La familia salesiana reconoce al Espíritu Santo activamente presente en ella y su docilidad a la voz del Espíritu. La acción de Dios, como es evidente, no autoriza ninguna forma de pasividad; al contrario, aumenta nuestra responsabilidad, nuestra colaboración con El resulta una necesidad de cada día.  La fe en la presencia activa del Espíritu determina dos actitudes muy positivas: la esperanza y la fidelidad:

· La esperanza: La familia salesiana no quiere apoyarse en sí misma ni en sus recursos y éxitos, sino en Dios, que la sostiene; por, esto puede nutrir toda clase de esperanzas: es la esperanza lo que sostiene la labor apostólica y lo que el salesiano está llamado a irradiar entre los jóvenes (cf. Const. 17 y 62),

 · La fidelidad: La familia Salesiana sabe que puede ser fiel a Don Bosco en la medida en que sea fiel al Espíritu que lo suscitó. Por eso, alimenta constantemente su fidelidad en las fuentes del Amor. [3]

De este modo se comprende que sin el Espíritu que precede y preside toda la acción educativo – pastoral en medio de la Iglesia, la familia salesiana se estaría proyectando a sí misma pues no estaría envuelta ni poseída por quien garantiza que el proyecto del reinado de Dios sea realmente comunicado. Sin la presencia del Espíritu en el corazón salesiano lo que se pondría en movimiento sería el ego de una institución que habría perdido su norte. Por ello, las mismas constituciones salesianas recuerdan que la ciencia eminente es conocer a Cristo y revelar su insondable misterio.

CONOCER A JESUCRISTO

El Art.34 de las constituciones salesianas afirma que Nuestra ciencia más eminente es, por tanto, conocer a Jesucristo, y nuestra alegría más íntima, revelar a todos las riquezas insondables de su misterio

Juan firma en el evangelio que, a Jesús, no el primo de Nazareth sino aquel Jesús en el que se revela el Hijo de Dios, como Mesías, como salvador, como el predilecto y el amado del Padre, no lo conocía. Esta es de hecho la tragedia más grande de la humanidad de hoy, desconocer a Jesús en su insondable misterio, vivir sin Dios, acostumbrados a la ceguera espiritual que crea estructuras esclavizantes del pecado y mata. Muchos saben de Jesús, pero muy pocos le conocen.

¿Qué es conocer a Cristo? Es el trato y la profundidad de la relación personal y diaria con él; es la frecuentación de su Palabra y de su misterio; es contrastar los problemas de nuestra vida personal y social con la visión que Él tiene; es el estudio diligente de todo lo necesario para poderlo comunicar a los sencillos. ¡Vivencia personal y preocupación pastoral, conocimiento y ciencia! Evangelizar y catequizar es revelar las «riquezas insondables»; educar en la fe es introducir en el misterio de Cristo, salvación del hombre. Más que «oficio», es alegría; más que mandato de las Constituciones es donación amorosa de sí mismos. [4]

Conocer a Cristo para amarlo es formar parte de la carne de aquel Cordero que quita el pecado del mundo dejando todo de sí para que el “viniente” llegue y nos transforme desde las orillas de nuestra existencia, miedos y esperanzas. Conocer a Cristo no es una tarea intelectual sino un movimiento necesario para el corazón. Quien le niega al corazón el movimiento que impulsa la búsqueda de Jesús está buscando la muerte de sí mismo. Conocer a Cristo es para la teología/espiritualidad salesiana permitirle al corazón degustar de las riquezas insondables del misterio pascual de las cuales viene, a consecuencia de todo lo anterior, otro movimiento del corazón: dar testimonio de Jesús.

TESTIMONIO DEL AMOR DE DIOS

 El testimonio de Dios encuentra su traducción salesiana en la expresión Ser signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes, del artículo 2 de las constituciones salesianas. Es una definición maravillosa, pero también compromiso tremendamente exigente, porque afecta a toda la persona, vida y acción de todo creyente, desasiéndose de sí mismos para hacerlos girar, simultáneamente, en torno a dos polos: Cristo vivo y la juventud (como a todo hermano en la fe), y en el encuentro de uno ‘y otro en el amor.

Compromete a los creyentes (y por tanto a los miembros de la familia salesiana) a ser doblemente servidores, primero de Cristo —que nos envía— y en segundo lugar compromete a los hermanos salesianos (los jóvenes en el carisma salesiano) —a quienes somos enviados— a revelar el amor-llamada de Cristo y a suscitar el amor respuesta de los jóvenes. ¡Tal es el significado último de todas sus «obras de caridad espiritual y corporal»![5]

Cristo vivo y la juventudEl encuentro de uno y otro en el amor
Los creyentesLos hermanos – los jóvenes
Nos envíaA quienes somos envidos

En nombre de Jesús, cada salesiano y miembro de la familia salesiana es el siervo sufriente que reúne a los hijos de Israel, para nosotros los jóvenes, mediadores de la Salvación y portadores del amor de Dios para aquellos que sufren, especialmente los más pobres y necesitados. Como el Cordero, somos solidarios con el Padre y solidarios con los jóvenes.

Aquí encontramos una hermosa analogía entre Jesús y Don Bosco. El santo de los jóvenes acostumbraba a preguntar, si primero no nos llenamos de Dios, ¿qué le llevaremos a los jóvenes? Pues bien, Jesús, el viniente, viene pleno de Espíritu y esto es lo que le permite ser el salvador. Sin la presencia envolvente del Espíritu la identidad del cristiano es inválida

CORDERO DE DIOS[6]

UN DIOS QUE DA MÁS QUE RECIBIR.

UN CORDERO MÁS QUE UN LEÓN.

UN DIOS QUE NO PIDE SACRIFICIOS, SINO QUE SE SACRIFICA.

UN NIÑO COMO MODELO DEL REINO.

UNA PISCA DE LEVADURA,

DOS DENARIOS DE UNA VIUDA.

UN DIOS QUE NO SÓLO ESTÁ ENTRE NOSOTROS, SINO QUE SE HIZO PEQUEÑO COMO NOSOTROS,

MANSO Y HUMILDE COMO UN CORDERO.


[1] https://www.finestresullarte.info/es/cuadernosdeviaje/880v_el-poliptico-del-cordero-mistico-la-obra-maestra-de-hubert-y-jan-van-eyck-en-la-catedral-de-gante.php

[2] Cf. P. Fidel Oñoro. https://www.youtube.com/watch?v=qbhJ5ilBHLU

[3] Cf. Comentario del proyecto de vida de los sdb al Art. 1. www.sdb.org

[4] Comentario del proyecto de Vida de los sdb al Art.34.

[5] Cf. Comentario del proyecto de vida de los sdb al Art. 2.

[6] P. FIDEL OÑORO, CJM.

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