CONVIÉRTANSE Mt 4,12-23

La conversión, cambio esencial y radical, indica directamente una dinámica interior, como la de un vaso con agua lleno de agua sucia, por tanto, quieta, muerta, estancada, que se coloca bajo la caída de una fuente de agua pura. El agua limpia entrará poco a poco, en el ejercicio de su movimiento, al vaso con agua impura e irá sacando de él el agua sucia, hasta limpiar totalmente el interior del recipiente. Este movimiento no depende del vaso, sino de la fuente.

Domingo tercero de Adviento – A

EL LOBO TRANSFORMADO POR LA CARIDAD EN CORDERO EN EL SUEÑO DE LOS NUEVE AÑOS. IMAGEN: P. FRANCISCO ENRIQUEZ. SDB.
CONVIÉRTANSE!
Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazareth, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.» Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.» Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

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Leer la Escritura con las constituciones salesianasLeer las constituciones salesianas con la Escritura
«Conviértanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado.»La Palabra de Dios nos llama a una conversión continua. Art. 90.
le siguieronJesús llamó personalmente a sus apóstoles para que estuvieran con Él y para enviarlos. Art. 96

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ContextoPersonasLugares 
Prendimiento de Juan, ministerio de Jesús en Galilea, llamada de los apóstoles.  Juan
El pueblo
Gentiles
Los que habitan en las sombras
Simón Pedro
Andrés
Santiago
Juan
Isaías
Pescadores
Su padre
Galilea
Nazareth
Cafarnaúm
Tierra de Zabulón y Neftalí
El jordán
El mar
Sinagogas
La barca
Sombras de muerte
Conviértanse 

Los dos primeros domingos del tiempo ordinario han puesto ante la contemplación de todos, el nuevo bautismo por el Espíritu y el testimonio primero sobre Jesús por parte de Juan como el Mesías. Ahora la Iglesia nos propone en el tercer domingo de este tiempo ordinario el evangelio de Mt 4,12-23 en el que aparece el vocablo que regirá el camino de quienes seguimos al Señor: la conversión.

¡Conviértanse! Esta expresión del evangelio es el motor que mueve la actitud humana a dejar cuanto no pertenece al reino de los cielos y dispone el corazón humano a la comprensión y aceptación del plan de Dios en cada creatura.

GALILEA

galilea en tiempos de jesús. tomado de https://dialogosparacomprender.blogspot.com/2012/03/galilea-en-tiempos-de-jesus.html

Mt 4,12-23 está elaborado sobre el texto de Isaías 8,23 – 9,1 y está enmarcado en la noticia del prendimiento de Juan que causa en Jesús un profundo dolor. Históricamente, de acuerdo a los historiadores y exégetas, esta asociación entre el ministerio de Jesús en la marginal Galilea y la injusticia cometida contra el bautista está profundamente relacionada porque motiva en Jesús el anuncio de la justicia. El texto de Mateo presenta de hecho, la misión pública de Cristo: el anuncio del Reino, la curación de los enfermos, la conversión de los pecadores.

Galilea es la tierra en la que creció Jesús, un territorio periférico si se compara con Judea y en ella, Jerusalén, donde se ubicaba geográficamente la vía al mar (via maris), un corredor marítimo que conectaba el comercio del norte con el sur trayendo consigo comerciantes con diversidad de culturas, religiones, costumbres, lenguas, alimentos, animales y vicios, por lo que era una región considerada proclive a la impureza e impiedad.

De otra parte, en la comunidad mateana había fuerzas judeocristianas de gran resistencia, si no de oposición absoluta, a la apertura universal del mensaje cristiano lo que perfila la narrativa bíblica del evangelio. Es la galilea de los paganos. Mateo quiere mostrar a la comunidad cristiana primitiva que no se trata solo del salvador de Israel, sino que es el salvador del mundo, de todos los hombres en sombra de muerte que buscan la liberación ya aperturada en el AT y en la que Dios se ha hecho cercano reinando entre nosotros.

En Isaías, es visible en la tradición profética la percepción de la salvación universal más allá de las fronteras de Israel:

  • El sentido socio cultural de la realeza para significar la acción salvífica de Dios, creador de los cielos nuevos y la tierra nueva (Is 66,22).
  • Reconciliación de los pueblos en una nueva humanidad (Is 19,24-25)
  • Dar la paz cósmica y conceder la justicia perfecta (Is 2,1-21)
  • Vencedor de nuestra muerte a causa de las tinieblas (Is 25,8)

Pues bien, “el Reino de Dios significa todo esto”[1]. Ahora se trata de vivir el futuro anunciado en el presente de la continua conversión. El Reino de Dios ha llegado en la persona de Jesús que nos llama y nos convoca, no solo a los de Israel, sino a cada uno de los seres humanos de toda época y tiempo. El Reino de Dios se hace cercano a la humanidad. Con Jesús la llegada del Reino es inminente, se ha acercado aquella espera orada en el Padre Nuestro cuando se reza ¡venga tu Reino!

CONVIÉRTANSE!

Jesús, a diferencia de Juan Bautista, sale en busca de la gente y lo hace donde considera que es urgente su presencia, misión y anuncio: Galilea. Él observa la fuerte tendencia del ser humano a las sombras de muerte, la tendencia al mal presente en la humanidad y la indiferencia a la realidad del pecado. ¿Cómo vencer a las sombras de muerte fruto de la agresividad del pecado? Para Jesús la respuesta está en la conversión y la aceptación del Reino de Dios

Conversión, μετανοεῖτε, metanoia, cambio radical de la mente, refieren en este fragmento del evangelio a la profunda transformación, renovación radical, el volver a nacer desde cuanto impulsa en lo profundo del corazón humano su actuar, allí donde se gesta cuanto motiva al hombre en su pensar, su sentir, su hablar, su ser total.

La conversión, cambio esencial y radical, indica directamente una dinámica interior, como la de un vaso con agua lleno de agua sucia, por tanto, quieta, muerta, estancada, que se coloca bajo la caída de una fuente de agua pura. El agua limpia entrará poco a poco, en el ejercicio de su movimiento, al vaso con agua impura e irá sacando de él el agua sucia, hasta limpiar totalmente el interior del recipiente. Este movimiento no depende del vaso, sino de la fuente. Así el ser humano, así la vida del creyente.

La conversión no es tarea humana, depende del Espíritu, aquel tan mencionado en el evangelio de los dos domingos precedentes. El Espíritu, es quien satura del Reino de Dios al corazón humano, como el agua de la fuente al vaso con agua sucia. ¿Qué le corresponde hacer al ser humano?

  • Seguir a Jesús para conocer el Reino de Dios y encontrar en él la motivación fundamental para su conversión.
  • Abandonarse con humildad (aquella mostrada por Jesús en el bautizo) y disponibilidad en la providencia divina para que, en el corazón de quien sigue a Jesús, todo comience a ser nuevo.

EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA

ἤγγικεν (se ha acercado). El verbo eggiso, está según su gramática, en perfecto, activo indicativo, esto quiere decir que, el movimiento del verbo, la acción “está cerca” ya sucedió, ya es un hecho, ya aconteció, nos afecta, aún que no sea perceptible a los sentidos. Este verbo que ya nos afecta es Jesús el Cristo, y con Él ya todo está siendo nuevo.

El pecado consiste justamente en oponerse, resistirse, contra atacar el acontecimiento de Cristo en la vida y el corazón humano, refrenar el proyecto de Dios. En lugar del seguimiento al evangelio de Jesús, ejercer hostigamiento al evangelio de Jesús.

Seguirlo es fundamentalmente disponer el corazón con humildad, disponer la vida entera al plan de Dios y permitirle al Espíritu convertirnos al deseo incansable de poseer y hacer parte del Reino. Es la invitación que hace Jesús al decir ¡vengan conmigo!

LA CONVERSIÓN EN LA TEOLOGÍA SALESIANA

Las constituciones salesianas titulan el artículo 90, comunidad en continua conversión, y afirma: La palabra de Dios nos llama a una conversión continua. Conscientes de nuestra fragilidad, respondemos con la vigilancia y el arrepentimiento sincero, la corrección fraterna, el perdón recíproco y la aceptación serena de la cruz de cada día. El sacramento de la Reconciliación lleva a su plenitud el esfuerzo penitencial de cada uno y de toda la comunidad. Preparado con el examen de conciencia diario y recibido frecuentemente, según las indicaciones de la Iglesia, nos proporciona el gozo del perdón del Padre, reconstruye la comunión fraterna y purifica las intenciones apostólicas. Llegamos al tercer grupo de artículos del capítulo.

El proyecto de vida de los salesianos[2] nos traen algunos apartes explicativos de este texto que enriquecen la esencia teológica de la conversión a la que Jesús hoy exhorta a toda la Iglesia en el Evangelio de este domingo.

[…Se emplea la palabra conversión. ¿Qué significa? Podría creerse que un religioso fiel es ya un convertido que sólo debe progresar. No obstante, la Escritura, la Iglesia y la misma experiencia humana dicen que el pecado sigue entrando en su vida. Necesita purificación y penitencia, dirigidas hacia un amor más auténtico y pleno. Una expresión del decreto conciliar Presbyterorum Ordinis[3], que en parte inspira el artículo 90, puede iluminar tal proceso: «El acto sacramental de la Penitencia … preparado con el diario examen de conciencia, favorece en gran manera la necesaria conversión al amor del Padre de las misericordias».

Se trata pues, de convertirse al amor de Dios y de los hermanos, de pasar de actitudes negativas a actitudes positivas y, quizá todavía más, de pasar de un amor inseguro, escaso e insuficiente a un amor más firme y generoso: ¡algo que no se termina nunca!

…esta palabra (convertirnos) no cesa de ponernos delante nuestra responsabilidad y nuestro pecado, de invitarnos a la conversión y penitencia, de revelarnos la misericordia de Dios siempre dispuesto a perdonarnos y llevarnos por el camino de la reconciliación y del amor. Respondemos a esta palabra individualmente, por conciencia de las flaquezas personales, y comunitariamente al ver las exigencias, terribles en ocasiones, de la vida común: paciencia, tolerancia recíproca, perdón mutuo, lucha contra el individualismo, etc.

…El sacramento de la penitencia debe comenzar escuchando la Palabra de Dios, porque precisamente con su palabra Dios llama a la penitencia y lleva a la conversión del corazón[4]

…Se trata de reconstruir a diario lo que nuestro egoísmo y olvido destruyen…

… Se recomiendan cinco actitudes de cara a una conversión continua:][5]

1Vigilancia (guarda del corazón y dominio de sí mismo), que supone conciencia de la propia debilidad innata y lleva a un abandono filial en las manos del Padre
2Arrepentimiento sincero, que conduce a la voluntad de enmendarse
3Aceptación serena de la cruz de cada día, medio de expiación muy salesiano, en la línea del «trabajo y la templanza
4Perdón recíproco y corrección fraterna, como medios para reconstruir permanentemente la comunión
5La penitencia comunitaria de los viernes y de la cuaresma.

Ante la pregunta planteada en uno de los párrafos previos ¿Cómo vencer a las sombras de muerte fruto de la agresividad del pecado? estos cinco elementos ofrecidos desde la espiritualidad salesiana, son pedagógicamente muy concretos para fortalecer el camino – proceso de conversión.

EN VEZ DE ANIMALES FEROCES APARECIERON MANSOS CORDEROS

[6]

En la línea de la conversión desde la mirada salesiana, es obligatorio hacer un alto en el sueño profético de Don Bosco de los nueve años cuando el santo de la juventud narra:

… me pareció encontrarme cerca de casa, en un terreno muy espacioso, donde estaba reunida una muchedumbre de chiquillos que se divertían. Algunos reían, otros jugaban, no pocos blasfemaban. Al oír las blasfemias, me lancé inmediatamente en medio de ellos, usando los puños y las palabras para hacerlos callar…. En aquel momento apareció un Hombre venerando, de aspecto varonil y noblemente vestido. Un blanco manto le cubría todo el cuerpo, pero su rostro era tan luminoso que no podía fijar la mirada en Él. Me llamó por mi nombre y me mandó ponerme a la cabeza de los muchachos, añadiendo estas palabras:’

No con golpes, sino con la mansedumbre y con la caridad deberás ganarte a estos tus amigos… Al mirar, me di cuenta de que aquellos chicos habían escapado y, en su lugar, observé una multitud de cabritos, perros, gatos, osos y otros muchos animales … He aquí tu campo, he aquí donde tienes que trabajar. Hazte humilde, fuerte, robusto; y cuanto veas que ocurre ahora con estos animales, lo deberás hacer tú con mis hijos …  Volví entonces la mirada y, en vez de animales feroces, aparecieron otros tantos mansos corderos.

Al detenerse en el sueño profético de los nueve años, es notable cómo durante la evolución narrativa de Don Bosco se puede identificar una realidad de pecado, por tanto, de rechazo al Reino de Dios, pero que sufre una conversión radical que lleva, además, a la conversión de los otros con el más poderoso de los elementos que un creyente tiene en sus manos: La caridad. Gráficamente nos lo presenta el P. Francisco Enríquez en el hermoso ícono que acompaña este texto en el cual, un lobo atraviesa por el Amor de Dios, representado en el corazón, y al cruzar, recibe la gracia de la conversión volviéndose un manso y tierno Cordero.

La conversión entendida como aceptación gozosa del Reino, trae para quien sigue a Jesús la alegría expresada en santidad y oración gratificante. San Agustín lo testimonia:


«TARDE TE AMÉ»

[7]

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,
y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti. 


[1] SNACKENBURG

[2] Cf. Proyecto de vida de los salesianos, comentario al Art.90.

[3] PO 18.

[4] Cf. Ordo paenitentiae, 24; cf. también núm1.

[5] www.sdb.org

[6] https://www.sdb.org/es/Don_Bosco/Don_Bosco/Sueno_de_los_9_Anos

[7] Cf. AGUSTÍN DE HIPONA, Confesiones, libro VIII, capitulo 12, nº. 29.

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