ELEMENTOS FUNDAMENTALES DE REFLEXIÓN

DVQ
PROEMIO
La teología salesiana como definición resulta algo extraña porque no se trata de un concepto elaborado, una idea intelectual de Dios, una reflexión derivada de una clásica corriente de la teología fundamental o una vertiente inspirada en algún autor moderno de la misma. Para hablar de teología salesiana es necesario encontrarse con Cristo en la persona de Don Bosco, el santo de los jóvenes y gran educador de los últimos dos siglos de nuestra historia. Teología salesiana y Don Bosco son sinónimos, constituyen unidad, armonía, inseparabilidad evidenciada en el artículo 21 de las constituciones salesianas que afirman del santo:
- Lo estudiamos e imitamos
- Admiramos en él una espléndida armonía entre naturaleza y gracia
- Profundamente humano, profundamente hombre de Dios
- Llenos de los dones del Espíritu
- Un proyecto de vida: servir a los jóvenes.
Por inspiración de Dios, Don Bosco trasmitió un espíritu original de vida y acción: el espíritu salesiano (Art.10) que encuentra su fuente y modelo en el corazón mismo de Cristo (Art. 11). En este espíritu ORIGINAL de vida y acción, que en Don Bosco se armonizan y se sintetizan, surge la teología salesiana, entendida como un don del Espíritu a la Iglesia, con categorías teológicas específicas que enriquecen la fe y la misión eclesial haciendo realidad la presencia de Reino de Dios en el mundo.
No es otra teología sino parte de la teología, es un carisma que hace parte del cuerpo eclesial en la sinergia, en la acción colaborativa de todos los miembros del cuerpo con la cabeza de la Iglesia que es Cristo expresado en el Da mihi animas, caetera tolle» («Dame almas, llévate lo demás«).
En la medida en que se avanza en la lectura de las constituciones salesianas, las mismas van anexando las características que dan identidad propia al espíritu salesiano (por tanto a la teología salesiana) en la persona de San Juan Bosco: El Espíritu suscitó a Don Bosco (Art.1) formó en él un corazón de padre y maestro (art.1), su centro y síntesis es la caridad pastoral – el Buen Pastor – (Art.10), se inspiró en el humanismo de San Francisco de Sales (Art.4), contemplativo en la acción (Art.12), con un amor particular por la Iglesia y por el Papa (Art.13) con un estilo espiritual y pedagógico propio: el espíritu de familia, la alegría y el optimismo, el trabajo y la templanza (Arts 16-19) en una experiencia espiritual y educativa inspirada en la caridad de Dios: el sistema Preventivo. (Art.20).
Considerable es la influencia de San Francisco de Sales[1], San Ignacio de Loyola[2], San Alfonso María de Ligorio,[3] importantes teólogos de la Iglesia Católica también en la época del santo piamontés.
Se desprende de aquí, el “índice salesiano” de la teología – antropología, neumatología, cristología, escatología, eclesiología, mariología, axiología – salesiana, cuyo eje y principio fundamental es el Sistema Preventivo encarnado, desde el elemento fundante de la Sagrada Escritura hasta la praxis educativo – pastoral, en el amor y el servicio a la juventud, especialmente la más pobre y abandonada, encomendada a la familia salesiana mediante la pedagogía de lo sobrenatural.
LA TEOLOGÍA SALESIANA ENCARNADA EN LA PEDAGOGÍA DIVINA: LA PEDAGOGÍA DE LO SOBRENATURAL

La Constitución Dogmática Dei Verbum, sobre la divina revelación, precisa la existencia de la pedagogía divina en la historia de la salvación reseñada ya desde el Antiguo Testamento:
“La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico, más los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo.
Estos libros, adaptados a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oración, y en los que, por fin, está latente el misterio de nuestra salvación”[4].
La pedagogía divina, aquella que Don Juan Edmundo Vecchi llamó pedagogía de lo sobrentural,[5] hace parte fundamental del corazón de la Sagrada Escritura y su narrativa educativa va enriqueciéndose a lo largo de los siglos con el caminar del pueblo de Dios, guiado siempre por el Espíritu, que es el gran “asistente[6]”.
La Biblia da cuenta, no pocas veces, de la pedagogía divina que encuentra su culmen en la pedagogía de Jesús a quien se le reconoce de diversas maneras en el Nuevo Testamento. Jesús era reconocido como Maestro por los discípulos que acogían sus enseñanzas, por los contradictores que se dirigían a él con tono sarcástico y despectivo, por aquellos que deseaban seguirlo por las palabras que llegaban siempre a su corazón, y finalmente, por Él mismo, determinando su identidad como pedagogo de las cosas del Padre.
Sus palabras no eran exclusivas para un grupo sectorizado o específico. Por el contrario, sus enseñanzas, sus palabras, su ministerio tenían siempre una connotación implicativamente universal. El Maestro habla de la justicia, de la pobreza y los más pobres, de la realidad del pecado y sus estructuras. Enseñaba la importancia de la comunidad, las bienaventuranzas, el sentido trascendental de la vida.
No es solamente un líder religioso o espiritual, no es solo un conferencista o un predicador, no es el creador de un movimiento de época, ni tampoco es quien viene a dejarle a la humanidad una ideología. Jesús es el pedagogo de cada creatura y de toda la creación, por eso es el educador universal que trasgrede cada corazón, cada comunidad y a la humanidad entera. Estapedagogía divina, pedagogía del Maestro, es de hecho el fundamento de lo que la Iglesia viene llamando una cultura educativa y es la piedra angular de la misión de las instituciones educativas católicas hoy.
Cuando recorremos junto al Evangelio de San Mateo la predicación de Jesús sobre el reino de los cielos, nos encontramos en Mt 9,35 al Señor recorriendo todas las ciudades, enseñando en las sinagogas, proclamando y sanando, y especifica el texto, al ver la muchedumbre, sintió compasión de ellos. El texto paralelo del Evangelio de San Marcos, Mc 6,34 y Mc 4,33-34, complementa significativamente la escena: Jesús desembarcó a donde estaba la gente (no solo la vio), y al ver que estaban como ovejas sin pastor, se puso a enseñarles.
| Versión Mateana (Mt 9,359 | Versión de Marcos (Mc 4,33-34; 6,34) | |
| A | Recorriendo las ciudades | |
| B | Enseñando en las sinagogas | |
| C | Proclamando la buena nueva del Reino | |
| D | Sanando de toda enfermedad y dolencia | |
| E | Al ver la muchedumbre | |
| F | sintió compasión | |
| Desembarcó | ||
| E1 | Vió mucha gente | |
| F1 | Sintió compasión | |
| G | Porque estaban abatidos como ovejas que no tienen pastor | Pues estaban como ovejas que no tienen pastor |
| B1 | Se puso a enseñarles | |
| H | Y les anunciaba la Palabra con parábolas según su entender (Mc 4,33) | |
| I | Y a los discípulos les explicaba todo en privado (Mc 4,34) |
No podemos obviar el carácter educativo que nos presentan los dos evangelios enmarcados en la dinámica de la pedagogía divina / pedagogía de lo sobrenatural. Jesús desembarca a la realidad de su pueblo, lo ve, lo conoce. Bajar de la barca (Mt 14,14) es el signo de apropiación que el Señor hace de la vida de la comunidad con sus alegrías, esperanzas, retos y miedos. Siente compasión porque percibe la desorientación en la que se encuentran fruto de “la ausencia” de un pastor. En realidad, el Pastor no está ausente, está con ellos, en medio de ellos, los asiste, pero quizá no ha sido acogido, comprendido, amado, seguido, o simplemente las estructuras del pecado intentan eliminarlo del corazón humano.
Para solucionar este problema, Jesús recurre a la educación, se pone a enseñarles (Mc 6,34), y con formas y “métodos” según el entender de quienes le escuchan. Jesús responde a la miseria humana, la del corazón, que es la más agresiva de las miserias, educando en lo Sobrenatural, no en lo intelectual. Por tanto, vemos con admiración que Jesús como pedagogo está constantemente re-creando su método educativo para que la semilla del Reino sea sembrada eficazmente. Esto nos invita a permanecer frecuentemente actualizando los lenguajes y las propuestas con las cuales pueda anunciarse el Evangelio al pueblo de Dios y a la juventud para llevarlos a la persona de Cristo Resucitado (Const. Art.34).
En este punto es necesario evitar un riesgo. La teología salesiana no es una teología de la educación, o una pedagogía teológica, al menos no es sólo ello, sino que es una teología de lo Sobrenatural. Esto quiere decir que la teología salesiana pone su mirada en la presencia de Dios presente en el corazón de la persona y pone en el corazón de la persona a Dios mediante la educación.
La dinámica de descubrir las manifestaciones de Dios en el corazón del ser humano, especialmente en los jóvenes, y de llevar a las personas (a los jóvenes como núcleo carismático) al conocimiento de Cristo Resucitado para gusten de su misterio salvífico y sus insondables riquezas (Cf. Art.34), inspira la estructura de la teología salesiana con categorías teológicas propias que iremos desarrollando capítulo por capítulo teniendo justamente como punto de partida las constituciones salesianas.
PRINCIPIOS BÍBLICOS DE LA TEOLOGÍA SALESIANA EN LAS CONSTITUCIONES SALESIANAS
| PRIMERA PARTE | ||
| Ez 34, 11.23 | En la Iglesia | CAP I |
| Flp 4,9 | El espíritu Salesiano | CAP II |
| Mc 1,17-18 | La profesión religiosa | CAP III |
| SEGUNDA PARTE | CAP IV | ||
| Mc 6,34 | Enviados a los jóvenes | ||
| Lc 4,18-19 | Nuestro servicio educativo-pastoral | ||
| 1Cor 9,19-22 | Criterios de acción salesiana | ||
| 1Cor 3,8-9 | Corresponsables de la misión | ||
| Rm 12.9.10.13.16 | En comunidades fraternas | CAP V | |
| Flp 3,8.12 | Siguiendo a Cristo | CAP VI | |
| Hb 5,8-9 | Nuestra obediencia | ||
| Mt,19,21 | Nuestra pobreza | ||
| Rm 8,38-39 | Nuestra obediencia | ||
| Col 3,16-17 | En diálogo con el Señor | CAP VII | |
| TERCERA PARTE | |||
| Ef 4,15 | Formación Salesiana | CAP VIII | |
| 1Sam 3,9 | Formación inicial | ||
| Flp 1,6 | El proceso de formación | CAP IX | |
| CUARTA PARTE | |||
| Mc 10,43-45 | Principios y criterios | CAP X | |
| 1Pe 5,2-3 | Servicio de la autoridad a nivel mundial | CAP XI | |
| Hch 20,28 | Servicio de autoridad a nivel inspectorial | CAP XII | |
| 1Pe 4,10-11 | Servicio de la autoridad a nivel local | CAP XIII | |
| Hb 13,5.16 | administración de los bienes temporales | CAP XIV | |
| Salmo 118 | Conclusión | ||
Enmarcados los principios fundamentales de la teología salesiana, que están muy bien sostenidos por la Sagrada Escritura, podemos ahora sí especificar los brazos del cuerpo salesiano corresponsables con Cristo su cabeza, y la Iglesia su madre y maestra.
EXORDIO
| DA MIHI ANIMAS COETERA COLLE |
- ANTROPOLOGÍA SALESIANA
| Espléndida armonía entre naturaleza y gracia. |
| Profundamente humano |
| Rico en virtudes de su tiempo. |
| Profundamente hombre de Dios |
| Lleno de los dones del Espíritu Santo |
- NEUMATOLOGÍA SALESIANA:
| El Espíritu Santo suscitó… lo guio, lo formó. … presencia activa del Espíritu. |
| Dóciles a la voz del Espíritu. |
| El don del Espíritu. |
| Unidad de espíritu. |
| Presencia del Espíritu. |
| lleno de los dones del Espíritu santo. |
| y conducido por el espíritu santo que es luz y fuerza |
| la acción del Espíritu. |
- CRISTOLOGÍA SALESIANA
| Para seguir a Cristo y trabajar con Él en la construcción del Reino. |
| La Iglesia, como cuerpo de Cristo. |
| Un mundo más fraterno en Cristo. |
| Testigos del amor inagotable de su Hijo. |
| Es espíritu salesiano encuentra su modelo y fuente en el corazón de Cristo. |
| Su actitud de Buen Pastor. |
| Diálogo cordial y sencillo con Cristo vivo. |
| De nuestro amor a Cristo nace inseparablemente el amor por la Iglesia. |
| Coopera con Cristo en la construcción del Reino. |
| Su plena realización en Cristo. |
| Signo de encuentro entre el Señor que llama y el discípulo que responde. |
| Como respuesta al amor de Jesús, tu Hijo, que me llama a seguirlo. |
| Orientado a Cristo, hombre perfecto. |
| Les ayudamos a abrirse a la Verdad. |
| El amor liberador de Cristo. |
| Nuestra ciencia más inminente es, por tanto, conocer a Jesucristo, y nuestra alegría más íntima, revelar a todos las riquezas insondables de su misterio… |
| … llevarlos a la persona del Señor Resucitado… descubriendo en Él y en su evangelio, el sentido supremo de su propia existencia. |
- ESCATOLOGÍA SALESIANA
| El advenimiento |
| Nos sentimos en comunión con el reino celestial y necesitados de su ayuda. |
| El Reino. |
| La salvación de las almas. |
| Salvar la propia alma y la de los jóvenes. |
| Vivía como si viera al Invisible. |
- ECLESIOLOGÍA SALESIANA
| La vocación salesiana nos sitúa en el corazón de la Iglesia… contribuimos a edificar la Iglesia. |
| Actuar con la Iglesia y en su nombre. |
| Madre de la Iglesia. |
| Como miembros de la Iglesia. |
| La urgencia del Reino… congregar a los discípulos en la unidad. |
| Amor a su Iglesia… renovada conciencia de Iglesia… vivir en comunión y colaboración … Todo esfuerzo es poco cuando se trata del Papa y de la Iglesia. |
| Viva para el bien de su Iglesia. |
- MARIOLOGÍA SALESIANA
| Con la intervención materna de María … formó en él … lo guio |
| La virgen María indicó a don Bosco… creemos que María está presente…nos confiamos a Ella, humilde sierva |
| Don Bosco nos confió a María |
| Guiado por María, que fue su maestra |
| María santísima Auxiliadora |
- TEOLOGÍA DE LO SOBRENATURAL
| LA CARIDAD PASTORAL: Kerigma |
| El Sistema Preventivo |
| Sacramento de la Eucaristía |
| Sacramento de Reconciliación |
| El sacramento de la Presencia: la asistencia salesiana |
| Educadores de la fe: evangelizar – educando; educar – evangelizando |
- LOS JÓVENES
| Los jóvenes de y en la Sagrada Escritura |
| Los jóvenes en la vida de la Iglesia: Juvenum Patris – Christus Vivit |
| En el carisma salesiano |
| Buenos cristianos y honestos ciudadanos. |
El itinerario es exigente y la riqueza que será hallada incalculable. Con esta riqueza, continúan afirmando las constituciones salesianas, “nos proponemos llevar a los hombres el mensaje del Evangelio en íntima unión con el desarrollo del orden temporal[7] siguiendo un proyecto de promoción integral del hombre orientado a Cristo (Art 31), desarrollando en los jóvenes sus talentos y aptitudes (Art.32), les ayudamos a abrirse a la Verdad y adquirir una libertad responsable, compartiendo con ellos el pan y promoviendo su competencia profesión y cultural (Art.32), responsables morales, profesionales y sociales, de la justicia y la paz, construyendo una sociedad más digna, signo de la presencia del reino de Dios (Art.33)”.
Sin embargo, esta es una riqueza desconocida a la que es urgente volver, conocer, estudiar, amar, apropiar, pastoralizar, entregar hasta morir, (morir por la causa del Evangelio en clave salesiana). Es de vida o muerte para la familia salesiana y para los hijos de Don Bosco redescubrir su identidad carismática y la teología salesiana es un acertadísimo camino. “Época de cambios, cambio de época”: Mirada desde la teología fundamental.
DESCUBRIR LA TEOLOGÍA SALESIANA PARA REDESCUBRIR EL ESPÍRITU SALESIANO EN LA IGLESIA
ÉPOCA DE CAMBIOS, CAMBIO DE ÉPOCA: MIRADA DESDE LA TEOLOGÍA FUNDAMENTAL

“Como discípulos de Jesucristo, nos sentimos interpelados a discernir los “signos de los tiempos” a la luz del Espíritu, para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jesús, que vino para que todos tengan vida y “para que la tengan en plenitud”[8]. Esta exhortación de la Iglesia latinoamericana en Aparecida hace parte del llamado que el mismo Espíritu hace a la Iglesia Universal y por tanto a la teología.
El Papa Francisco resaltó cómo en nuestro tiempo «no estamos viviendo simplemente una época de cambios, sino un cambio de época»[9]. Una época cuyo factor de identificación son nuevos ídolos con nuevas promesas, que, si bien pueden congregar, unir y convocar, también representan un dinamismo que excluye, divide y mata[10].
Éstas nuevas promesas, donde el poder, el tener y el placer se convierten en ilusiones, nuevas seducciones, amores superfluos, son promovidos agresivamente por el complejo mundo digital de las redes sociales que han instaurado en el corazón de la humanidad una globalización de la cultura líquida de la vida[11]. Los desafíos que la humanidad plantea hoy a la Iglesia son cada vez más profundos, universales, requiriendo de su parte una voz profética que de razones de esperanza (1Pe 3,15).
La globalización ha creado un lenguaje universal que conduce demasiado al mundo del mercado, el consumo y la apariencia, eliminando de su discurso, casi automáticamente, los valores del Evangelio. El Papa Francisco denuncia la cultura del descarte que va dando lugar a lo que él mismo denomina una población sobrante[12] y que, al no ser consumidora, es despreciada, desechada y sometida a todo tipo de exclusiones dando lugar a escenarios de desesperanza y muerte: el aumento de las guerras civiles y militares, el fenómeno migratorio, el desplazamiento forzado, la guerra, fenómeno de la corrupción y el hambre.
Aparecen nuevas enfermedades que desafían permanentemente a la ciencia, se desgastan desmesuradamente los recursos naturales. Las oportunidades de trabajo digno disminuyen y aumenta la microviolencia. Los pueblos son destruidos en su riqueza cultural llevando a diferentes grupos humanos a un proceso de homogeneización de cultura universal occidental, donde el individualismo y al mismo tiempo, la visión de las personas como masas, crean dinámicas de muerte económica, social, cultural, ecológica y espiritual[13].
Los medios de comunicación social presentan permanentemente lenguajes con fuertes matices de violencia y tienen un marcado contenido sexual que va destruyendo la formación integral de las personas mientras con frecuencia son parciales a la hora de comunicar la verdad. Toman fuerza las ideologías de género, se habla de polisexualismo, de relaciones abiertas. En temas políticos es frecuente observar cómo se crean conflictos fantasmas para justificar acciones bélicas e incluso el mismo deporte sirve en ocasiones para distraer mientras los gobiernos aprueban leyes que no siempre están a favor de los pueblos.
El panorama no es menos alentador en el plano de lo religioso y espiritual. Se siguen asesinando pueblos enteros en nombre de Dios; cambió el modelo de la familia. La Iglesia Católica pierde la credibilidad y la confianza por parte del pueblo santo de Dios. Disminuye el entusiasmo apostólico de la vida consagrada, los escándalos sexuales y la falta de testimonio de religiosos y religiosas distancian profundamente a los pastores de sus ovejas.
A esto se suma la escasez de vocaciones y la visible división que algunos intentaron crear bajo los nuevos impulsos teológicos y pastorales del Papa Francisco. Se mantienen incluso resistencia al llamado al diálogo y la unidad de la Iglesia[14], la unidad de los cristianos[15] y la unidad y comunión en el mundo que ha marcado el inicio del pontificado de León XIV[16]. A su vez, la teología no logra llegar del todo a la vida pastoral de la Iglesia. Ella en ocasiones ofrece discursos teológicos y pastorales que no responden a los problemas y desafíos mencionados ni transforman la vida de los creyentes y los no creyentes. Mucho menos de los jóvenes. A la Iglesia y al religioso se acude mucho por fines sociales, económicos y administrativos pero pocas veces por fines pastorales y espirituales, contrario al espíritu de la sinodalidad cuando la multitud seguía y buscaba a Jesús y a los doce mientras ellos se encontraban para orar, formarse y ser enviados a la misión[17].
Las incoherencias institucionales, tanto estatales como eclesiales, llevan a la sociedad y por tanto a la juventud, a tomar distancia ante los que consideran son sus grandes opresores: el Estado, la escuela y la Iglesia. Más que incrédula, la humanidad de hoy es cada vez más indiferente a las propuestas religiosas cuestionando y radicalizando el desafío del anuncio del Evangelio[18].
La respuesta a estos escenarios empieza por el testimonio de vida de creyentes convencidos de la alegría del Evangelio, capaces de asumir con imaginación y fidelidad creadora el plan de Salvación, enraizados en la experiencia de encuentro con la escucha de la Palabra de Dios, en la vida orante, la vivencia de los sacramentos y el ejercicio de la caridad[19]. Sin embargo, cada vez se hace más evidente el desafío del lenguaje propio de la teología con el cual la Iglesia debe dedicarse a la tarea de educar y evangelizar de frente a los actuales signos de los tiempos. La cuestión del lenguaje teológico debería estar al centro del corazón de la reflexión teológica mucho más que otras disciplinas[20].
Si bien es cierto, como insistía el Papa Francisco, el kerigma no es una cuestión de proselitismo, también es cierto que existe la necesidad perenne de aggiornar el lenguaje teológico a los tiempos actuales donde la mutabilidad de las formulaciones del lenguaje y de discursos de la humanidad es veloz[21]. Cambiaron las nociones teológicas como la gracia, el pecado, la conversión, la comprensión de la creación de las cosas, de los dogmas, de las verdades de fe[22].
Crecen discursos de todo tipo acerca de Dios, discursos fanáticos, apocalípticos, moralistas, legalistas, que parecieran estar diseñados para dividir más que para unir, para confundir más que para educar, para alejar del Evangelio más que para anunciar la Verdad, conduciendo a la humanidad al retorno del caos y de la confusión que existía antes de la creación.
El lenguaje adquirió algunas formas de expresión y nuevos discursos desarrollando una poderosa capacidad de manipulación y de información parcializada a través de los medios masivos de comunicación social que busca cubrir los intereses políticos, económicos y sociales de las élites mientras que la sociedad en sí misma, recibe todo tipo de información sin haberse formado en la capacidad de escuchar y discernir con un espíritu crítico y hermenéutico que le permita definir qué es verdad y qué no lo es[23].
La forma de expresar los pensamientos y los sentimientos, incluso los religiosos, han cambiado. La ciencia ha modificado completamente la visión del mundo que tenían los antiguos y sobre la cual proyectaban toda su experiencia religiosa: hoy es la tecnología comunicativa[24]. Es más común el uso del signo y del símbolo en el lenguaje cibernético. Un símbolo, que en determinado momento social no es relevante, puede resultar un símbolo universal con solo un click, lo cual incide también en el lenguaje religioso y en las expresiones de fe del pueblo de Dios[25].
Es evidente el discurso universal que busca atacar lo eclesial, lo religioso y que intenta eliminar lo espiritual de su lenguaje educativo y por tanto de la educación cristiana. Frente al lenguaje sistemático, organizado y agresivo de quienes promueven las diversas formas de muerte, división y confusión a través de las redes sociales, el lenguaje educativo y evangelizador de la Iglesia se muestra frágil, muchas veces desarticulado, pasivo, descontextualizado, desencarnado, esporádico, reduciendo significativamente la efectividad eclesial en el anuncio del Evangelio. A la juventud, la porción más delicada de la sociedad y de la Iglesia, le es cada vez más irrelevante el “discurso” de la Iglesia. Creen en Dios y lo aman, quienes ven al Papa lo acogen y lo aceptan.
Aun así, el despertar religioso de los jóvenes quedó evidenciado el día de la elección del Papa León XIV, pero fuera de ahí, el lenguaje de los pastores (laicos y consagrados) se ha vuelto tan denso y lejano que sólo les produce aburrimiento, irrisibilidad y una agresiva indiferencia.
Ha pasado el tiempo en el que se podía hablar a los hombres a través de las palabras bien sean teológicas o piadosas[26]. C. Molari dilucidaba en el contexto del reciente Concilio Vaticano II el problema del lenguaje teológico afirmando que un signo claro de la tormenta de una cultura es la crisis de su lenguaje; improvisamente palabras comunes se vuelven insignificantes y fórmulas cotidianas sin valor[27]. Evidentemente es una preocupación que viene desarrollándose en la teología a partir del Concilio Vaticano II pero que no tiene aún la relevancia necesaria dentro de la reflexión teológica, eclesial y pastoral, lo cual representa un reto fundamental para la Iglesia.
Pablo VI recuerda en la encíclica Evangelii Nuntiandi que la evangelización es la vocación de la Iglesia. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia y su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa (§14). La Constitución dogmática Dei Verbum recuerda que Dios habla a los hombres como amigos (§2) dejando en Él la iniciativa de salir al encuentro de sus creaturas, de comunicarse y narrarse a sí mismo para que le conozcan y puedan contemplar el misterio de la Revelación[28].
Benedicto XVI afirmó al clero de Roma que naturalmente palabras grandes de la tradición, como sacrificio, expiación, redención del sacrificio de Cristo, pecado original, son hoy, como tal, incomprensibles. No podemos trabajar simplemente con grandes fórmulas, grandes verdades, pero no contextualizadas en el mundo de hoy. Debemos mediante el estudio y cuanto nos dicen los maestros de la teología y nuestra experiencia con Dios concretizar, traducir estas grandes palabras para que puedan entrar en el anuncio de Dios al hombre de hoy[29].
Particularmente el Papa Francisco dedica a la Sagrada Escritura, en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, una extensa cantidad de numerales para hablar de la urgencia de redimensionar la forma como se está anunciando la Palabra de Dios y educando en la fe. De ellos salen algunos elementos claves: Dedicar tiempo, estudio y reflexión (§145); siempre bajo la invocación del Espíritu santo (§146); descubrir cuál es el mensaje principal, el que estructura el texto y le da unidad (§147); El predicador debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios, acercarse a la Palabra con un corazón dócil y orante (§149); la «lectio divina» (§152); El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar (§154).
El Papa León XIV lo ha dicho con una hermosa expresión en el encuentro de educadores en Madrid: “Como les sucede a los navegantes, si se pierde de vista la estrella polar, no es raro que el barco se vaya a la deriva. Para la educación cristiana la brújula es Cristo. Sin su luz, la propia misión educativa se vacía de significado y se convierte en un automatismo sin esa capacidad transformadora que nos ofrece el Evangelio” (cf. Rm 12,2).[30]
Ante este escenario ¿Cómo descubrir la identidad de la teología salesiana para redescubrir el espíritu salesiano? León XIV considera que “la identidad no es, tampoco, un accesorio o un maquillaje que se hace visible con rituales aislados o incluso con mecanismos repetitivos, desprovistos de vitalidad. La identidad es el fundamento que articula la misión educativa, define su horizonte de significado y orienta sus prácticas cotidianas. Cuando la identidad no informa las decisiones pedagógicas, corre el riesgo de convertirse en un adorno superficial que no logra sostener el trabajo educativo frente a las tantas tensiones culturales, éticas y sociales, que caracterizan nuestros tiempos de polarización y violencia”.
La identidad salesiana sólo podrá ser redescubierta determinando el sarro que con el tiempo se ha solapadamente anexado a lo esencial creando polución espiritual y opacando la visión del Evangelio engendrando crisis de sentido, de fe y de misionalidad. Para que el alma pueda contemplar gozosa nuevamente las riquezas del Reino de Dios, hay que retirar el pterigión del alma que irrita, reseca y hace ver borrosa la presencia de Dios en el mundo.
LA REFLEXIÓN TEOLÓGICA SALESIANA

La reflexión teológica salesiana, por tanto, no es ajena a este sentir. Basta recordar aquí las palabras del P. Pascual Chávez cuando habla de la doble crisis, la externa y la interna[31].
De la crisis externa nos dice: [El fenómeno más grave de nuestro tiempo no es el ateísmo (GS 19)[32], sino la secularización de la sociedad, que ha alcanzado niveles de secularismo exacerbado y ha llegado a crear una cultura de la no-creencia, una cultura a-religiosa, prácticamente a-tea. Se vive en un clima de indiferencia y relativismo.
| Cultura de la no-creencia | Cultura a-religiosa | Cultura a-tea |
No se niega la existencia de Dios, pero se le niega un espacio donde sobrevivir; no se discute la racionabilidad de la fe, pero se vive prescindiendo prácticamente de ella; ahora no se debe justificar la incredulidad, sino la fe; Dios ya no es problema, porque su presencia ya no es evidente[33]. La práctica religiosa es menos visible; el Evangelio ya no resuena en una sociedad deteriorada por nuevos mensajes; Dios y lo sagrado, si persisten entre nosotros, es porque han sido interiorizados. Lo profano conquista terreno, se ha hecho dueño de lo social y se está apoderando de lo privado; la conciencia individual y la propia intimidad ya no son el hogar de Dios[34].
De la crisis interna el mismo P. Chávez resulta no menos contundente.
- Estábamos acostumbrados a definir la vida religiosa como estado de perfección; el Concilio Vaticano II ha afirmado que la vocación a la santidad es de todos los bautizados…Aún más radical es la debilitación desde el punto de vista de la misión. Hemos crecido en un clima en el que se consideraba que el doble deber del anuncio del Evangelio y de la diaconía de la caridad era una exclusiva de los presbíteros y de las personas consagradas…Nos hemos dado cuenta incluso de que ni siquiera el carisma, con la espiritualidad y la misión que lleva incluidos, puede ser poseído en exclusiva, como propiedad del Instituto. El carisma tiene por destinatarios a todos los que entran en contacto con él y alcanza su meta cuando es vivido también por éstos. ¿Qué función tienen los consagrados en relación al carisma? Estos interrogantes, aunque no siempre se proponen explícitamente, hacen menos clara y menos fuerte la conciencia de la propia identidad y función en la Iglesia.
- La visión de la vida religiosa centrada en la función, es decir, la visión funcional más que ontológica de la vida consagrada. La vida religiosa del Ochocientos se definía, y, más aún, se vivía como un medio para la misión. Así lo requerían los tiempos y los servicios ofrecidos eran evangélicamente significativos. Pero la evolución de nuestras sociedades modernas ha hecho que el Estado o grupos sociales asumieran muchos servicios creados y realizados por la vida religiosa. Hoy en las mismas obras que tienen las comunidades religiosas, los seglares participan cada vez más en la gestión y en la responsabilidad de la dirección.
Las obras de los religiosos funcionan bien, generalmente bastante mejor que las públicas; pero hay también un algo que deja profundamente inquietos: no sólo siguen sin venir las vocaciones, sino que se constata que la gente viene a requerir de nosotros prestaciones y servicios, mientras las razones para vivir las busca en otra parte. Entonces comienza a despuntar un interrogante que se va intensificando: ¿qué sentido tiene nuestra presencia en semejante situación?
- La superación de las estructuras pasadas. La vida consagrada ha corrido el riesgo de encerrar a sus miembros en una red de preceptos y normas, que no siempre han ayudado a las personas a madurar y a vivir según la libertad de los hijos de Dios. Más aún, las formas de vida religiosa, incluso las renovadas, no siempre corresponden a las nuevas situaciones en las que hoy debemos realizar nuestra vida y misión: basta pensar en los esquemas de vida comunitaria o en las formas de oración. Por otra parte, estas formas y estructuras tradicionales no logran expresar los nuevos valores, como los de la autonomía personal, del sentido del diálogo y de la participación.
Existe la sensación de que sabemos bien la dirección hacia la cual debemos caminar, pero en realidad todavía no hemos encontrado un modelo de vida y de acción que facilite y apoye este camino. Nos encontramos en una situación muy incómoda: hemos abandonado las estructuras pasadas e inadecuadas, pero no hemos logrado aún ni definido las nuevas[35]. Los Superiores Generales (USG) han expresado esto con una afirmación un poco fuerte, pero verdadera. Dicen que un modelo de vida religiosa ha llegado a su agotamiento y no es capaz de motivar ni siquiera a los que están dentro de ella. El Padre Maccise añade que hoy no estamos en condiciones de saber cuál será el modelo de vida religiosa de mañana].
Es evidente la preocupación que tiene la Iglesia por actualizarse frente al desafío de anunciar el Evangelio en un tiempo y un contexto en el que no estamos más en la cristiandad. «Hoy no somos los únicos que producen cultura, ni los primeros, ni los más escuchados. Por tanto, necesitamos un cambio de mentalidad pastoral, una conversión profunda, que no quiere decir pasar a una pastoral relativista. No estamos ya en un régimen de la cristiandad porque la fe, especialmente en Europa, pero incluso en gran parte de Occidente, ya no constituye un presupuesto obvio de la vida común; de hecho, frecuentemente es incluso negada, burlada, marginada y ridiculizada»[36]. ¿Dónde se encuentra la falla? ¿En el contenido de las verdades de fe o en la forma no actualizada como se están comunicando?
¿Cuál es la tarea de la teología, también la específica del carisma salesiano, frente a los desafíos que plantea la crisis de sentido[37] que viven tantos creyentes, de modo que tenga la capacidad de anunciar a Dios a los hombres de hoy? ¿Qué elementos teológicos propios, que la identifican, puede aportar la teología salesiana para que la Iglesia pueda desarrollar un proceso de aggiornamento de su misión teológico educativa y evangelizadora, que la haga más cercana a las necesidades pastorales del pueblo de Dios y más efectiva en el anuncio del Evangelio a la humanidad y a los jóvenes de hoy?
Don Pascual Chávez, siguiendo las líneas conciliares del Vaticano II, propone ser signo, mediante cuatro puntos de partida que bien pueden tomarse para empezar a construir y redescubrir la identidad de la teología salesiana – pedagogía de lo sobrenatural, en consonancia con la teología de la Iglesia Universal[38].
| a | Signo de la memoria viva de Jesús | Signo de la presencia y de la primacía de Dios | |
| Cristología en clave Salesiana | Neumatología en clave Salesiana | ||
| c | Signo de la novedad del Reino de Dios | d | Signo de la comunión eclesial |
| Kerygma – misión salesiana | Eclesiología en clave salesiana |
- [Signo de la memoria viva de Jesús, el cual prolonga su presencia reveladora a través de la vida de los que llevan en su propio cuerpo “los estigmas” de la pasión del Señor (Gal 6,17). Corresponde a la vida consagrada vivir y expresar públicamente “la adhesión ‘conformadora’ con Cristo de toda la existencia” (VC 16), que lleva a la configuración con el Señor Resucitado. “Esto conlleva una particular comunión de amor con Él, constituido el centro de la vida y fuente continua de toda iniciativa” (Caminar desde Cristo, CdC 22).
En efecto, la vida consagrada es en sí misma una “progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo” (CdC 15; cf. VC 65). “Es necesario, por tanto, adherirse cada vez más a Cristo, centro de la vida consagrada, y retomar un camino de conversión y de renovación que, como en la experiencia primera de los apóstoles, antes y después de su resurrección, sea un caminar desde Cristo. Sí, es necesario caminar desde Cristo” (CdC 21).
- Signo de la presencia y de la primacía de Dios en el mundo, del Dios de Jesús, fuente de vida y de humanidad, que se manifiesta en la necedad y en la debilidad de la cruz (cf. 1 Cor 1,22.31), que denuncia el pecado y abre a la acción vivificadora del Espíritu en la Resurrección. Es, pues, necesario que demos verdaderamente a Dios la primacía que le corresponde, como valor absoluto de nuestra vida, personal y comunitaria, íntima e institucional. Hacer experiencia de Dios no es para nosotros una ocupación intermitente ni tarea secundaria, sino nuestra razón de ser en la Iglesia y nuestra primera misión: “Hasta en la simple cotidianeidad, la vida consagrada crece en progresiva maduración para convertirse en anuncio de un modo de vivir alternativo al del mundo y al de la cultura dominante. Con su estilo de vida y la búsqueda del Absoluto, casi insinúa una terapia espiritual para los males de nuestro tiempo” (CdC 6).
- Signo de la novedad del Reino de Dios que está en el mundo, pero que no es de este mundo (cf. Jn 18,36), que asume los valores humanos, pero que al mismo tiempo los trasciende y los redime, introduciendo en ellos una verdadera y absoluta novedad. “La misma vida consagrada, bajo la acción del Espíritu Santo, se hace misión. Los consagrados, cuanto más se dejan conformar a Cristo, más lo hacen presente y operante en la historia para la salvación de los hombres” (CdC 9). Esto exige vivir con alegría y radicalidad las Bienaventuranzas como programa de vida y como fermento capaz de transformar el mundo. Misión peculiar de la vida consagrada es, en efecto, “mantener viva en los bautizados la conciencia de los valores fundamentales del Evangelio, dando un testimonio magnífico y extraordinario de que sin el espíritu de las Bienaventuranzas no se puede transformar este mundo y ofrecerlo a Dios” (VC 33).
- Signo de la comunión eclesial, que es vivida por quien hace profesión de vivir hasta el fondo el mandamiento de Jesús en la vida de comunidad, donde se hace “tangible de algún modo que la comunión fraterna, antes de ser instrumento para una determinada misión, es espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado (cf. Mt 18,20” (VC 42). La aportación específica que los consagrados y consagradas ofrecen a la evangelización “está, por eso, ante todo, en el testimonio de una vida totalmente entregada a Dios y a los hermanos, a imitación del Salvador” (VC 76; cf. CdC 34). Esto sucede gracias al amor recíproco de cuantos componen la comunidad, que antes de ser proyecto humano, es parte del proyecto divino (cf. La Vida fraterna en comunidad, VFC 7). “La vida de comunión representa el primer anuncio de la vida consagrada, porque es signo eficaz y fuerza atractiva que lleva a creer en Cristo. La comunión, entonces, se hace ella misma misión, más aún, la comunión genera comunión y se configura esencialmente como comunión misionera” (CdC 33; cf, Christifideles Laici, ChL 31-32): “Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo” (NMI 40)]
La teología no teme cambiar los propios modelos ni ponerse en actitud de conversión pastoral,[39] por el contrario, es siempre actualizada y actualizante, dinámica, renovadora e iluminativa para la vida del pueblo santo de Dios, como aporte a la vida de la Iglesia y a la construcción del Reino de Dios, educando en la fe a la juventud más pobre y abandonada preferentemente. Si había alguien que sabía estar un paso adelante a los ritmos del mundo y de la Iglesia, era Don Bosco, cuya visión teológica educativa – pastoral siguen hasta el día de hoy siendo una riqueza por descubrir y aportar.
Para empezar, este camino de la teología salesiana solicita la lectura orante-creyente de las Escrituras con las constituciones, la lectura orante-creyente de las constituciones con las Escrituras, y el referente carismático Don Bosco – los jóvenes. Así será posible descubrir la identidad de la teología salesiana que estamos buscando en beneficio de la misión de la familia salesiana en la Iglesia, el mundo y el hombre (los jóvenes).
ORACIÓN A SAN JUAN BOSCO

Caminando por la calle, solitario y sin padres,
Sin sentido de la vida,
Sin una mano que me guíe como hijo,
Te encontré en mi desierto Don Bosco, y te hiciste mi padre.
Pasando por la escuela, solitario y sin maestros,
Sin sentido de la fe,
Sin una voz que me guíe como discípulo,
Te encontré en el patio Don Bosco, y te hiciste mi maestro.
Cruzando por la plaza, solitario y sin amigos,
Sin sentido del amor,
Sin un corazón que me guíe como compañero,
Te encontré en el mundo Don Bosco, y te hiciste mi amigo.
En la soledad de mi joven corazón,
Tantas veces por el pecado envejecido,
Quédate Don Bosco a mi lado,
Para encontrar contigo a Cristo, mi razón de ser y mi destino. Amén
Autor DVQ
[1] https://salesianos.info/blog/don-bosco-y-san-francisco-de-sales/
[2] https://www.salesian.online/archives/6880
[3] https://donbosco.org.ar/uploads/recursos/recursos_archivos_1986_1432.pdf
[4] Dei Verbum, §15.
[5] VECCHI, Rasgos de la espiritualidad salesiana, 62.
[6] En el lenguaje salesiano, asistente es aquel que está presente de manera educativa y evangelizadora en medio de los jóvenes. Es la presencia de Cristo en el patio, es decir, los lugares donde los jóvenes acostumbran espontáneamente a encontrarse. Don Bosco inspiró esta figura educativa en el ángel custodio y el texto bíblico Ex 33,15 Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas partir de aquí.
[7] EN 31.
[9] Francisco, Discurso del Santo Padre a la curia Romana, con motivo de las felicitaciones navideñas, sábado 21 de diciembre de 2019: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14)».
[10] Cf. M. Peressón, La Pedagogía de Jesús, 16.
[11] Cf. Z. Bauman., La vida líquida, Madrid 2005.
[12] Francisco, Discurso del Santo Padre a la curia Romana.
[13] Cf. M. Peressón, La Pedagogía de Jesús, 16.
[14] https://www.youtube.com/shorts/XN27nnaGQbo
[15] https://www.youtube.com/watch?v=ht5rC7S1uc4
[16] https://www.youtube.com/watch?v=Fjop4V7Jaew
[17] Cf. Celam, V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, §100.
[18] Cf. F. Cosentino, Incredulità, 47.
[19] Francisco, Gaudete et Exsultate, 147.
[20] Cf. G. Piccolo, Fatti di parole, filosofía del linguaggio, 122.
[21] Cf. C. Molari, La fede e il suo linguaggio, 23-31.
[22] Cf. D. Bonhoeffer, Carta a Eberhard, 348.
[23] Cf. C. Vidal, «la manipulación del lenguaje como arma política» https://www.you tube.com/watch?v=FqjVc6BRuKU, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala, 06 de Agosto de 2018. En la misma linea de la manipulación encontramos L. Muiño, «El lenguaje como arma de manipulación»: Primer debate del XIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo dedicado al lenguaje en la era de la posverdad https://www.you tube.com/watch?v=iav3iPsPX7Q, Fundeu, San Millán de la Cogolla, España, 21 de junio de 2018. Es muy válido citar aquí el fuerte discurso del Papa Francisco a los representantes de la Sociedad Civil de Paraguay en donde el Santo Padre desarrolló la relación dialogo-proyecto de nación. El texto escrito: https://es.zenit.org/articles/texto-completo-del-discurso-del-papa-a-la-sociedad-civil-paraguaya/; En audiovisual: https://w ww.youtube.com/watch?v=vmEMrGrxbUU.
[24] Cf. C. Molari, La fede e il suo linguaggio, 31-33.
[25] Cf. Z. Bauman, Lo Spirito e il clic, 21.
[26] Cf. D. Bonhoeffer, Carta a Eberhard, 348.
[27] Cf. C. Molari, La fede e il suo linguaggio, 8.
[28] La expresión «narrarse a sí mismo» utilizada en este trabajo está tomada del P. Gustavo Baena SJ, profesor de Sagrada Escritura en la Pontificia Universidad Gregoriana de Bogotá. Baena sostiene que la Revelación y la Escritura son un narrarse a sí mismo de Dios hacia los hombres para que estos descubran el amor del continuo de Creador en Fenomenología de la Revelación, Teología bíblica y hermeneútica, Navarra 2001.
[29] Cf. Benedicto XVI, Discurso a los sacerdotes de la Diócesis de Roma, Roma 26 de febrero de 2009.
[30] Mensaje que el Santo Padre León XIV ha enviado a los participantes en el Congreso “Sin identidad no hay educación”, celebrado en el Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo de Madrid (22 de noviembre de 2025)
[31] Tomado de P. Chávez, Carta “TÚ ERES MI DIOS, FUERA DE TI NO TENGO NINGÚN BIEN” (Sal 16, 2).
[32] Pablo VI, “Ecclesiam Suam”: AAS (1964), pag. 650-651.
[33] J. Gómez Caffarena, Raíces culturales de la increencia, (Santander: Sal Térrea, 1988).
[34] P. Chávez, Carta “TÚ ERES MI DIOS, FUERA DE TI NO TENGO NINGÚN BIEN” (Sal 16, 2), pag 5.
[35] Cf. Angelo Arrighini, “Carisma e Istituzione. Intervista a Rino Cozza”: Testimoni 10 (2003), pag. 9-11.
[36] Francisco, Discurso del Santo Padre a la Curia romana.
[37] Aparecida §37.
[38] Cf. P. Chávez, pags 9-10.
[39] Cf. Salesianos, La Pastoral Juvenil Salesiana, 34.
