
| BIENAVENTURADOS. Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegráos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros |
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| Leer la Escritura con las constituciones salesianas | Leer las constituciones salesianas con la Escritura |
| Subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron | La colina de los Becchi como «montaña de las bienaventuranzas juveniles». |
| Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. | Cada uno de nosotros se alegra de poder participar de la bienaventuranza prometida por el Señor a los pobres de espíritu, |
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| Contexto | Personas | Lugares | |
| El sermón de la montaña, las bienaventuranzas. | Muchedumbre Discípulos Pobres Mansos Humildes Los que lloran. Los que tienen hambre y sed de la justicia. Los misericordiosos. Los limpios de corazón. Los que trabajan por la paz. Los perseguidos | Monte Reino de los cielos Tierra | Les enseñaba. |
PRIMER DISCURSO DE JESÚS
Tras el llamado de Jesús a la conversión !Conviértanse! Mateo enruta al lector – creyente al itinerario de Jesús. Nos encontramos ante el primero de los cinco discursos de Jesús que articulan la narrativa teológica y kerigmática del evangelio Mateano. Con esta perícopa el evangelista presenta la visión programática del anuncio introduciendo de manera inmediata lo propio de la teología del Reino.
La elaboración estructural que Mateo realiza de las bienaventuranzas nos remite a Moisés. Jesús sube a la montaña y se siente para enseñarles, una característica sobresaliente de Jesús, como testifica el Antiguo Testamento cuando Moisés subió a la montaña y bajo a comunicar lo que había dialogado con YHWH.
De otra parte, cuando Mateo cita la expresión abriendo su boca, nos remite a la enseñanza de Jesús que, según la tradición hebrea, corresponde a la Torá oral junto a la “escrita por Moisés” y trasmitida por generaciones a las generaciones, creando unicidad entre el primer y segundo Testamento.
“Las bienaventuranzas son la carta de identidad del cristiano”. [1]Ahora bien, al adentrarse en el camino espiritual con Jesús, propuesto por Mateo, valdría la pena citar aquí las llamadas cinco claves interpretativas o transversales que propone el P. Fideo Oñoro[2] como ejes orientadores:
| Jesús pronuncia ocho veces la Palabra bienaventurados. |
| Hay una bienaventuranza de felicidad que no corresponde a la acción humana, sino que está movida por Dios directamente. |
| Una inclusión: Reino de los cielos. |
| Tiene en cuenta el Antiguo Testamento. |
| Una novedad: Nuevo modo de ver la vida, mientras el mundo ve la pobreza o la injusticia como una desgracia, Jesús es claro en afirmar el valor redentor del sufrimiento del que Dios no es ajeno. |
Con estos puntos de partida, la reflexión teológica, espiritual, pastoral es muy amplia. A modo de síntesis podemos citar dos documentos que alimentarán sin duda el camino espiritual propuesto para este IV domingo del tiempo ordinario.
LAS BIENAVENTURANZAS EN LA VOZ DE BENEDICTO XVI

En este cuarto domingo del tiempo ordinario, el Evangelio presenta el primer gran discurso que el Señor dirige a la gente, en lo alto de las suaves colinas que rodean el lago de Galilea. «Al ver Jesús la multitud —escribe san Mateo—, subió al monte: se sentó y se acercaron sus discípulos; y, tomando la palabra, les enseñaba» (Mt 5, 1-2).
Jesús, nuevo Moisés, «se sienta en la “cátedra” del monte» (Jesús de Nazaret, Madrid 2007, p. 92) y proclama «bienaventurados» a los pobres de espíritu, a los que lloran, a los misericordiosos, a quienes tienen hambre de justicia, a los limpios de corazón, a los perseguidos (cf. Mt 5, 3-10).
No se trata de una nueva ideología, sino de una enseñanza que viene de lo alto y toca la condición humana, precisamente la que el Señor, al encarnarse, quiso asumir, para salvarla. Por eso, «el Sermón de la montaña está dirigido a todo el mundo, en el presente y en el futuro y sólo se puede entender y vivir siguiendo a Jesús, caminando con él» (Jesús de Nazaret, p. 96).
Las Bienaventuranzas son un nuevo programa de vida, para liberarse de los falsos valores del mundo y abrirse a los verdaderos bienes, presentes y futuros. En efecto, cuando Dios consuela, sacia el hambre de justicia y enjuga las lágrimas de los que lloran, significa que, además de recompensar a cada uno de modo sensible, abre el reino de los cielos.
«Las Bienaventuranzas son la transposición de la cruz y la resurrección a la existencia del discípulo» (ib., p. 101). Reflejan la vida del Hijo de Dios que se deja perseguir, despreciar hasta la condena a muerte, a fin de dar a los hombres la salvación.
Un antiguo eremita afirma: «Las Bienaventuranzas son dones de Dios, y debemos estarle muy agradecidos por ellas y por las recompensas que de ellas derivan, es decir, el reino de los cielos en el siglo futuro, la consolación aquí, la plenitud de todo bien y misericordia de parte de Dios… una vez que seamos imagen de Cristo en la tierra» (Pedro de Damasco, en Filocalia, vol. 3, Turín 1985, p. 79).
El Evangelio de las Bienaventuranzas se comenta con la historia misma de la Iglesia, la historia de la santidad cristiana, porque —como escribe san Pablo— «Dios ha escogido lo débil del mundo para humillar lo poderoso; ha escogido lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta» (1 Co 1, 27-28).
Por esto la Iglesia no teme la pobreza, el desprecio, la persecución en una sociedad a menudo atraída por el bienestar material y por el poder mundano. San Agustín nos recuerda que «lo que ayuda no es sufrir estos males, sino soportarlos por el nombre de Jesús, no sólo con espíritu sereno, sino incluso con alegría» (De sermone Domini in monte, I, 5, 13: CCL 35, 13).
BIENAVENTURANZAS EN CLAVE SALESIANA: La colina de los Becci, montaña de las bienaventuranzas juveniles.

[4].
En las constituciones salesianas tres artículos citan las bienaventuranzas, los arts 25, 62,75. Al comentar el artículo 25, el proyecto de vida de los salesianos expresa:
“Tras meditar la vocación de Don Bosco y su mensaje, un grupo de jóvenes definió la colina de los Becchi como «montaña de las bienaventuranzas juveniles».
Es una intuición que ha provocado estimulantes reflexiones sobre la santidad salesiana, y que ha hecho descubrir en profundidad el sistema preventivo como algo unido al espíritu de las bienaventuranzas. El mundo no puede ser transformado sin el espíritu de las bienaventuranzas del Evangelio.
Fueron proclamadas para todos, son el modo más concreto de vivir el proyecto renovador de Jesucristo. Los salesianos hemos recibido la invitación a «escucharlas de nuevo con los jóvenes, a fin de suscitar en el mundo una esperanza nueva»‘». Se trata de vivir, en medio de los jóvenes y con ellos, la caridad proclamada por el Evangelio, practicándola en la pobreza, en la mansedumbre, en la pureza de corazón, en la búsqueda de la justicia y de la paz: bondad, la moderación, el espíritu de familia del ambiente salesiano son su mejor testimonio.
En todas las partes del mundo vemos hoy a los salesianos esforzándose por lanzar un movimiento juvenil salesiano que sea como una espiritualidad apropiada, para inyectarla en los múltiples grupos de nuestros muchachos y muchachas. Sin embargo, para no trabajar en el aire y actuar en serio, es indispensable introducir en tal movimiento la levadura de las bienaventuranzas, pues «la espiritualidad juvenil no se fabrica con palabras, sino que se basa en el testimonio de la vida».
Las bienaventuranzas, encarnadas en nuestra misión juvenil, nos llevan de verdad a ser signos y portadores del valor supremo testimoniado por Jesucristo: el amor. Como sabemos, no suprimen los mandamientos, ni marginan la moral, ni devalúan la ética, ni prescinden de las virtudes; sino que van más allá de la ley, siempre necesaria y santa. «Desde el espíritu de las bienaventuranzas no se pregunta uno si lo que hace está bien o mal; se interroga si lo que hace, manifiesta y comunica el corazón de Cristo, es decir, si damos testimonio o no de su amor».
Las Constituciones nos aseguran que el salesiano que vive con plenitud su vocación es testigo de las bienaventuranzas del Evangelio, revela de modo concreto su valor único, es decir, el valor supremo para renovar y salvar la humanidad.
El don más precioso que podemos ofrecer a los, jóvenes es precisamente esta escuela de santidad evangélica y salesiana. Inaugurada por Don Bosco, enriquecida por una tradición de santos y confirmada por el testimonio diario de innumerables hermanos, esta corriente de santidad resulta ser la fuerza más grande de nuestras comunidades.
Forjada en Valdocco, mueve al salesiano a sumergirse entre los jóvenes y la gente, a fin de llevar la bondad y la salvación de Jesucristo. Cimentada en la sencillez generosa de la donación cotidiana de sí mismo, reviste de alegría todas las exigencias de un trabajo intenso, concentra humildemente el ejercicio de la fe, la esperanza y el amor en la caridad pastoral. Toda comunidad salesiana, donde los hermanos viven con todas las consecuencias la donación hecha en la profesión, se convierte en escuela familiar de santidad salesiana.
Se comprueba que a medida que crece el testimonio de nuestra santidad, se transforma el corazón de los jóvenes y florecen en ellos la esperanza y el amor: la transformación del corazón de los jóvenes es paralela a nuestra santificación”.
EL SERMÓN DE LA MONTAÑA DE Carl Heinrich Bloch (1834 -1890)
Las bienaventuranzas recogen el dolor de la humanidad en todas sus expresiones. Junto a redacción al texto del Buen Pastor en el evangelio de Juan, el de las bienaventuranzas es de las Perícopas que más llegan al corazón del oyente.
Muchos se identifican con la realidad de la pobreza en sus expresiones materiales, existenciales, espirituales, con la experiencia de la injusticia, el dolor y el llanto, la injuria y el hambre. Y no son los más pudientes del mundo quienes logran comprender estas certezas humanas.
Jesús alude a los mansos, los humildes de corazón, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, porque ellos viven en carne propia el dolor de sus semejantes, de su prójimo y desde su sencillez son capaces de captar lo que significa el Reino de Dios y lo trasmiten. Por eso son bienaventurados, porque lograrán degustar la paz, el amor, la caridad, la fuerza y la presencia de Dios y al mismo tiempo, harán bienaventurados a todos aquellos a cuantos se acerquen con la caridad con la que se acerca el Buen Pastor.
Este es el realismo que expresó Carl Heinrich Bloch, pintor danés (1834 – 1890) en el sermón de la montaña en el que, sin duda, al contemplarlo una y otra vez, es posible identificarse con alguno de los rostros allí plasmados.
BIENAVENTURANZAS DE LOS JÓVENES
| BIENAVENTURADOS los jóvenes que tienen un concepto claro de que los hombres no son cosas, y defienden la justicia, la libertad y la verdad; porque participan de la bondad de Dios. BIENAVENTURADOS los jóvenes que creen en el amor; porque encontrarán razones para vivir. BIENAVENTURADOS los jóvenes de corazón generoso, que viven gratuitamente para los demás, con disponibilidad y alegría; porque han elegido el MEJOR camino para ser felices. FELICES los jóvenes que están atentos a las llamadas de los otros; porque ellos serán sembradores de alegría. FELICES los jóvenes que dan testimonio de hermandad en un mundo dividido y enfrentado; porque en ellos se hace presente Jesús, el HERMANO de todos. DICHOSOS los jóvenes que luchan por un mundo mejor: porque ellos se sentirán más humanos. DICHOSOS los jóvenes que luchan por la paz; porque en su entorno no habrá nunca violencia ni guerra. DICHOSOS los jóvenes que luchan por la justicia; porque de ellos brotará la paz. BIENAVENTURADOS los que lo dan todo, sin esperar nada a cambio; porque en ellos se manifiesta el rostro de Dios. BIENAVENTURADOS los que se oponen a la opresión, porque valoran la libertad. FELICES los jóvenes que lo arriesgan todo por amor a los demás; porque recibirán el ciento por uno. DICHOSOS los jóvenes que, con su testimonio de entrega, son una «llamada» para todos los jóvenes de todas las razas; porque son portadores de los valores del REINO. FELICES SERÁN, SOBRE TODO… si saben reconocer al Señor en todos los que encuentran: * ellos han encontrado la verdadera Luz * han encontrado la verdadera Sabiduría * han encontrado el AMOR. Autor: Monseñor Leónidas Proaño – Obispo emérito de Riobamba |
[1] https://www.youtube.com/watch?v=-mKmZdqT7mg
[2] https://www.youtube.com/watch?v=heW7GaasHVM
[3] Plaza de San Pedro. Domingo 30 de enero de 2011. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/angelus/2011/documents/hf_ben-xvi_ang_20110130.html
[4] “Cf. Proyecto de vida de los salesianos, 142-144.
