BEATO LUIS VARIARA, SALESIANO
DE VIARIGI A AGUA DE DIOS

Amigo de los enfermos de Lepra, Luis Variara, llega a Valdocco cuatro meses antes de la muerte de Don Bosco[1]. Nació en Viarigi en la provincia de Asti el 15 de enero de 1875 de una familia profundamente cristiana. Su padre Pietro escuchó a Don Bosco en 1856 cuando llegó a la aldea para predicar una misión y decide llevar a Luigi al oratorio de Valdocco para continuar sus estudios.
LA MIRADA DE DON BOSCO
Una noche de niebla invernal en el Oratorio de Valdocco, en Turín. Ochocientos muchachos gritan, se persiguen jugando frenéticamente y armando una alegre barahúnda. Uno de aquellos muchachos, Luis Variara, escribió: «De repente, de una y otra parte se oyó gritar: ¡Don Bosco! ¡Don Bosco! Instintivamente todos nos lanzamos hacia él. Lo rodeamos como un enjambre de abejas. Don Bosco se mostraba exhausto de fuerzas. (Era el 20 de diciembre de 1887, le quedaban cuarenta días de vida.)
En ese momento yo pude ponerme en posición tal de verlo a mi gusto. Me acerqué lo más que pude y vi que levantando su cariñosa mirada la fijó por largo tiempo sobre mí. Aquel día fue uno de los más felices de mi vida. Estaba cierto de haber conocido a un santo, y que también Don Bosco había descubierto en mi alma algo que solo Dios y él podían saber»[2].
Con Don Beltrami … y mira las misiones
Cuando terminó su escuela secundaria, pidió ser salesiano. Ingresó al noviciado el 17 de agosto de 1891. Variara estudió Filosofía en Valsálice[3], donde conoció a Don Andrea Beltrami, quien lo impresionó con la alegría con que se enfrentó a su enfermedad. En 1894, don Unia, el famoso misionero de los leprosos de Agua de Dios, se encontraba en Valsálice para elegir a un clérigo que cuidara de los jóvenes leprosos. Entre los 188 compañeros que tenían la misma aspiración, fijando su mirada en Variara, dijo: «Este es «.
AGUA DE DIOS: LA CIUDAD DEL DOLOR
Luigi llegó a Agua de Dios el 6 de agosto de 1894. Conocida como la ciudad del dolor, caracterizada por el calor extremo, la humedad alta, abundante vegetación, escasa agua y muchos mosquitos. Los enfermos de lepra eran llevados de toda Colombia al llamado puente de los suspiros, ubicado sobre el río Bogotá. Allí los enfermos de lepra eran despedidos para siempre a esta zona del país encerrada con su propia moneda para evitar el contagio.
El Lazareto estaba compuesto por 2000 habitantes, de los cuales 800 leprosos. Tan pronto como llegó, se convirtió en el alma de todos los pacientes, especialmente de los niños. Organizó una banda musical, animando a los enfermos con un ambiente festivo inesperado motivo por el cual Agua de Dios pasó de ser llamado la ciudad del dolor a ser llamada la ciudad de la esperanza.
Fundó la Congregación de las «Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María».
En 1898 fue ordenado sacerdote. Pronto se convirtió en un excelente director de espíritu. En 1905 concluyó la construcción del «Asilo don Unia», un hogar capaz de albergar hasta 150 huérfanos y leprosos, y garantizarles el aprendizaje de un trabajo y la futura inserción en la sociedad.
En Agua de Dios, junto con las Hermanas de la Providencia, se levantó la Asociación de las Hijas de María, un grupo de 200 niñas. Él era su confesor. Identificó en el grupo algunas llamadas a la vida religiosa contagiadas por la lepra.
El audaz proyecto nació, algo único en la Iglesia, de un instituto que permitiría la aceptación de pacientes con lepra. Intuyó, inspirado en Don Bosco, carisma salesiano victimal y fundó la Congregación de las «Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María» dedicadas a la atención de los enfermos de lepra, y la educación[4].
Ejemplo de obediencia
Para este fundamento tuvo mucho que sufrir por el malentendido de la gente y algunos superiores, quienes pensaron bien en sacarlo de Agua de Dios varias veces. Cómo don Bosco fue ejemplar en obediencia. Frente a la calumnia no dijo una palabra. Murió en Cúcuta, lejos de sus seres queridos enfermos. Ahora descansa en Agua de Dios, en la capilla de sus Hijas espirituales. Venerable el 2 de abril de 1993; beatificado el 14 de abril de 2002 por Juan Pablo II.
«DON BOSCO PUSO EN MÍ SU MIRADA»

Era una tarde de invierno:
Don Bosco! Don Bosco!
Llegaba el santo del patio,
Tu presencia llenó de luz la oscuridad del invierno.
Exhausto de fuerzas,
Eras entre todos el más joven,
Tu mirada a Luis llenó de alegría,
Llegaste Don Bosco a lo más profundo de su vida.
Concédenos Dios de la alegría
Que tus brazos desde lejos nos abracen.
Conquista nuestro corazón
Con la mirada que a estos santos donaste.
Por intercesión de estos salesianos,
Trae música espiritual a los jóvenes,
Sana a los enfermos,
Da a tus hijas abundantes vocaciones.
Por tu intercesión Beato Variara,
Alcánzanos del Padre nuestras peticiones,
Demos Gloria a Dios en el cielo,
Recibamos de Él, abundantes bendiciones.
[1] Cf. www.sdb.org
[2] Tomado de la autobiografía de Don Variara.
[3] De aquí deriva el nombre del colegio salesiano Valsálice. https://amorgatunoweb.wordpress.com/
[4] https://hhsscc.blogspot.com/
