V domingo del tiempo Ordinario
DVQ

| Sal y luz del mundo. En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa. Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos». |
*Imagen: Luz del mundo, William Holman Hunt, (1851-1854) Localización: Keble College, Universidad de Oxford, Oxford, Bandera del Reino Unido Reino Unido[1].
| Contexto | Personas | Lugares | Figuras |
| La misión de los discípulos | Jesús Discípulos El Padre Los hombres | La tierra El mundo Monte Casa Los cielos Una ciudad | Luz Sal Candelero |

[2] *Imagen. Salar de Uyuni, Bolivia.
EL SALAR DE UYUNI
Sal y Luz del mundo. En Bolivia se encuentra la reserva de sal (litio) más grande y hermosa del mundo. Considerada una de las grandes maravillas naturales del planeta, ofrece dos fenómenos que asombran.
En primer lugar, Uyuni es un lugar donde se realizan grandes cantidades de extracción de sal. Lo increíble está en que, durante la noche, la sal se regenera a sí misma cubriendo las enormes cavidades que quedan con la explotación, dejando intacta la hermosa vista de este paraíso terrenal durante el día. Esto se debe a la acogida que la sal realiza del agua lo cual mediante un proceso natural la regenera.
En segundo lugar, al contacto con el agua de invierno especialmente, se forma sobre la sal un espejo que confunde el cielo con la tierra. La sal se refleja a sí misma dando un espectáculo visual sin precedentes.
SAL Y LUZ EN EL EVANGELIO MATEANO
El evangelio de Mateo nos presenta hoy a Jesús como Sal y Luz del mundo.
La luz y la sal están llenas de significado para el oyente del pueblo judío. Con ellas, San Mateo busca comunicar el sentido de la misión de Jesús, y el testimonio que del mismo deben dar sus discípulos.
La luz y la sal están vinculadas a las bienaventuranzas puesto que con estas imágenes Jesús deja en claro que las bienaventuranzas no pueden quedarse en algo intimista, reservado, rezagado o emotivo, por tanto, infecundo, sino que se debe dar el paso al compromiso eclesial, por tanto, a la caridad con el prójimo, lo que es inseparable con el discurso de la montaña. Bienaventuranzas y la sal – luz del mundo se dirigen la una a la otra.
De este modo, la sal evoca valores del primer Testamento como la solidaridad, la sabiduría, la vida, la curación y la Alianza, mientras que la luz refiere a la primera obra creadora de Dios, fuente de la vida.
De una parte, la teología de los evangelios nos permite degustar en la escucha de la Palabra, el sabor que ella da a la vida en sus diversas circunstancias, retos y alegrías, dificultades y logros, de modo que el sabor con que se camina en el presente de la historia, está enriquecido por la esperanza divina que orienta hacia la dicha de la resurrección la existencia del discípulo de Jesús. Los discípulos están llamados a dar nuevo sabor al mundo y a preservarlo de la corrupción con la sabiduría de la Palabra acogida y vivida.
De la Luz, particularmente el evangelista Juan gustaba identificarla con Jesús «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12). ¿Cuál es la razón? La luz tiene la capacidad de entrar a donde no puede hacerlo el ojo. Basta tan solo una pequeña flama de fuego y la oscuridad se disipa, deja de existir.
Jesús es la luz del mundo, Él entra hasta lo más profundo de nuestro corazón, de sus tinieblas y penumbras para transformar la oscuridad en claridad, el llanto en alegría, el miedo en certeza. El cristiano tiene la responsabilidad de permitir la entrada de esa Luz para transmitirla a sus semejantes particularmente aquellos que agonizan en vida por la ausencia de Dios.
Como podemos aprender del salar boliviano de Uyuni, si al agua del Espíritu, aquel del que nos hablaba el Evangelio de Juan al iniciar el año litúrgico[3], no se le permite el contacto permeante con todo nuestro ser, será imposible la permanente regeneración de nuestra fe y de nuestra vida cristiana. Como consecuencia, no podremos ser espejo de Jesús, del Reino ni de sus grandiosas maravillas evitando convertirnos en sal insípida si valor ni posibilidad de re-crearse, o luz escondida confabulada con el miedo, la oscuridad y la muerte.
SAL Y LUZ DESDE LA PERSPECTIVA SALESIANA

[4] *Imagen: Don Bosco, altar Parroquia Santa María Liberatrice. Testaccio – Roma.
En la parroquia Santa María Liberatrice[5], en el centro de Roma, en el antiguo sector del Testaccio, existe una hermosa pintura que custodia el altar mayor. Se trata de Don Bosco acogiendo al que sería el primer joven del oratorio que se hospedó en casa durante una tormenta y a la que Mamá Margarita le dio algunos consejos llamados en la tradición salesiana, las buenas noches.
En la pintura se puede observar a Don Bosco acogiendo al joven con un candelabro que expide una luz potente que ilumina la escena y el rostro de ambos evocando la perícopa del evangelio en la que un dueño de casa no tiene pan y sale a media noche a pedírselo a un amigo.[6]
Es el salesiano que porta en sus manos la luz de Cristo, o mejor, que es luz de Cristo para darla a los jóvenes y los pobres preferencialmente.
El P. Pascual Chávez, sucesor de Don Bosco, nos regala unas líneas salesianas en las actas del consejo general # 397 sobre la sal y luz del mundo que encajan perfectamente con el compromiso que tenemos todos los que estamos tras los pasos de Jesús identificándonos cada vez más con Cristo, sal y luz del mundo. Nos dice el P. Pascual:
[Los cristianos, en general, y los religiosos, en particular, están llamados a ser «sal de la tierra» y «luz del mundo».
Ante pueblos con tradiciones religiosas antiquísimas y venerables, que empapan en gran medida su cultura, es natural que el cristianismo sea visto como una religión occidental y, por tanto, extranjera y extraña. Por esto, los seguidores de Jesús deben dar prueba de que el cristianismo, además de saber convivir con otras formas religiosas fuertemente arraigadas en los pueblos, es una religión que se puede inculturar en todas las culturas del mundo, aunque sin poder identificarse con ninguna de ellas, puesto que todas deben ser purificadas y elevadas por Cristo.
Se requiere sí un cualificado y comprometido esfuerzo de inculturación, pero, ante todo, esto exige del cristiano una clara identidad. En el discurso de la montaña Jesús nos dice que ser discípulo es cuestión de ser, no de hacer. Y esto es en todo caso expresión de cuanto se es «sal» y «luz, es decir, auténticos discípulos de Jesús, el cual no duda en decir cuál sería la suerte de sus seguidores si perdieran su identidad, la misma de la sal que ha perdido el sabor: «No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente».
Nuestra vida debe brillar por la altísima calidad espiritual y por el obrar empapado de caridad, de modo que ambos aspectos, experiencia de Dios y misión, nos hagan una presencia transfigurante de Cristo, que dé luz a todos los que están en la casa. He aquí cuál es el auspicio de Cristo, que hago mío: «Brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,16).
Hablando de la vida cristiana como anuncio, Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Ecclesia in Asia escribe: «Tal anuncio es una misión que tiene necesidad de hombres y mujeres santos, que hacen conocer y amar al Salvador a través de su vida. Un fuego no puede encenderse sino mediante algo que esté ardiendo» (núm. 23).
Para nosotros, Salesianos, estas imágenes de la sal y de la luz encuentran su equivalente en la pasión espiritual y apostólica del Da mihi animas, que cada hermano está llamado a despertar en su corazón.
En la Iglesia no habría contradicción mayor que una presencia cristiana religiosa salesiana secularizada, sin una clara y atrayente experiencia de Dios, una presencia aburguesada, sin un compromiso solidario hacia los más pobres, que Sea signo eficaz del Reino].[7]
Salesianos que son sal y luz para la juventud, y de la juventud para la Iglesia, es el gran fruto y aporte carismático que la Familia Salesiana puede ofrecer en nombre de Cristo al mundo, su presente y su historia.
HIMNO: LUZ MENSAJERA DE GOZO

Luz mensajera de gozo,
hermosura de la tarde,
llama de la santa gloria,
Jesús, luz de los mortales.
Te saludamos, Señor,
oh luz del mundo que traes
en tu rostro sin pecado
pura la divina imagen.
Cuando el día se oscurece,
buscando la luz amable
nuestras miradas te siguen
a ti, lumbre inapagable.
Salve, Cristo venturoso,
Hijo y Verbo en nuestra carne,brilla en tu frente el Espíritu,
das el corazón del Padre.
Es justo juntar las voces
en el descanso del viaje,
y el himno del universo
a ti, Dios nuestro, cantarte.
Oh Cristo que glorificas
con tu vida nuestra sangre,
acepta la sinfonía
de nuestras voces filiales. Amén.
[1] https://www.keble.ox.ac.uk/
[2] https://www.salardeuyuni.com/es/
[3] He visto al Espíritu que bajaba Cf. Jn 1,24-39.
[5] https://www.santamarialiberatrice.com/
[6] Lucas 11,5-13
[7] Cf. Chávez Pascual, Actas del Consejo General, 397. Recursos www.sdb.org
[8] Himno I Vísperas Liturgia de las horas.
