LOS ÚLTIMOS DIAS DE LA VIDA DE DON BOSCO

DON BOSCO, el Santo de los muchachos, había cumplido aquella promesa, cuando en riesgo de muerte, ellos oraron tanto que le salvaron la vida: «He prometido que hasta mi último aliento será por los jóvenes». Estaba anciano, su cuerpo demacrado peor su sonrisa no desaparecía. Llegaba aquel 31 de enero de 1888 el momento de llevar el carisma salesiano al mundo de la Pascua para dar gloria a Dios y salvar a la juventud.
1887
11 de Diciembre
El 11 de diciembre de 1887 Don Bosco celebró con dificultad su última misa en su capilla privada junto a su dormitorio. Ya tenía bastante fiebre y con todo eso quería confesar.
20 de Diciembre
El día 20 al atardecer ya no podía mantenerse de pie. Se fue a la cama para no levantarse más. La enfermedad tuvo tres periodos distintos. El primero, que se podía morir de un momento a otro. El segundo, que hubo una notable mejoría y el tercero, que se desarrolló la crisis definitiva.
23 de Diciembre
El 23 de diciembre Don Bosco pidió que alguien le administrara la Unción de los Enfermos. Cuando llegó Monseñor Cagliero le dijo: “Dirás al Papa que la congregación y los salesianos tienen por fin especial sostener la autoridad de la Santa Sede”. Cuando llego el Cardenal Alimonda don Bosco le dijo: “Eminencia, ruegue por mi para que pueda salvar mi alma”. Pero, Don Bosco ¡Usted ha recomendado a tantos que estén siempre preparados!
24 de Diciembre
El 24 de diciembre Monseñor Cagliero le administro la Unción de los Enfermos antes de ir a celebrar la misa en el templo de María Auxiliadora. Don Bosco rezaba: “Que se haga la voluntad de Dios”. Tres eran los médicos que lo atendieron durante sus últimos instantes. Durante su enfermedad Don Bosco tenía dolores de cabeza, dolores en la columna vertebral, fiebre, náuseas, vómitos, inapetencia, insomnio, respiraba con dificultad.
29 de Diciembre
El 29 de diciembre hizo llamar a Don Rúa y a Don Cagliero y les dijo: “Ámense como hermanos, ayúdense y sopórtense como hermanos. No les faltará la ayuda de Dios ni de la María Auxiliadora.”
1888
LA CRISIS DECISIVA

22 de Enero
La mañana del 22 de enero se perdió toda esperanza. Don Bosco empezó a empeorar rápidamente. Los dolores de la enfermedad eran atroces. Don Lemoyne le sugirió: “Piense en Jesús en la cruz. También él sufría sin poder moverse”. A Don Bonetti que estaba a su lado le dijo: “Dile a mis muchachos que los espero a todos en el Paraíso”.
29 de Enero
El 29 de enero, fiesta de San Francisco de Sales, recibió la última Comunión. Estaba sereno y tranquilo.
30 de Enero
El 30 de enero le dijo a Don Rúa: “Hazte querer”. Los médicos anunciaron que Don Bosco moriría al amanecer del día 31 de enero.
La noticia corrió como reguero de pólvora por todo el Oratorio. Don Rúa permitió que los jóvenes solo pasaran a besarle la mano. Se acercaron alumnos del oratorio y de los otros colegios. Su rostro parecía sereno y normal con el crucifijo en el pecho. Todo el día duró esta procesión. En esos precisos momentos se recibió la noticia de la llegada de los Salesianos al Ecuador.
31 DE ENERO
31 DE ENERO[1] a las 2 de la mañana, don Rúa, luego de pasar la estola sobre su cuerpo, recita algunas oraciones y dice a Don Bosco “le pedimos perdón por todos los disgustos causados por nuestra culpa” y le pide por última vez su paternal bendición.
Don Bosco, el fundador de la congregación y la familia salesiana, el “Patrono de la Juventud”, entregó su alma a Dios a las 4:45 hrs. del día 31 de enero de 1888 a los 72 años de edad, 5 meses y 15 días. Monseñor Cagliero se quitó la estola y se la puso en los hombros de Don Bosco y en sus manos colocó el crucifijo que tantas veces él había besado.
Nacía en el Cielo y para la eternidad Don Bosco y para sus muchachos el espíritu original de vida: el carisma salesiano inspirado en el Da mihi animas, caetera tolle que será además el fundamento de la espiritualidad y la teología salesiana.
ORACIÓN A DON BOSCO

Caminando por la calle, solitario y sin padres,
Sin sentido de la vida,
Sin una mano que me guíe como hijo,
Te encontré en mi desierto Don Bosco,
y te hiciste mi padre.
Pasando por la escuela, solitario y sin maestros,
Sin sentido de la fe,
Sin una voz que me guíe como discípulo,
Te encontré en el patio Don Bosco,
y te hiciste mi maestro.
Cruzando por la plaza, solitario y sin amigos,
Sin sentido del amor,
Sin un corazón que me guíe como compañero,
Te encontré en el mundo Don Bosco,
y te hiciste mi amigo.
En la soledad de mi joven corazón,
Tantas veces por el pecado envejecido,
Quédate Don Bosco a mi lado,
Para encontrar contigo a Cristo, mi razón de ser y mi destino. Amén
INSTRUMENTAL
Marco Frisina a Don Bosco
